No trabajes para la SEP, estás avisado

Sep pagame2Ya en abril había escrito sobre este problema: la Secretaría de Educación Pública no había cumplido con los pagos a ilustradores, editores, diseñadores y demás colaboradores que habían entregado su trabajo para la publicación de diversos libros de texto.

Con tristeza les confirmo que, a un año de que la mayoría de estos freelanceros entregaron su trabajo, la SEP continúa sin cubrir los honorarios de aproximadamente 300 profesionales independientes. A ellos se suman más personas que comenzaron a trabajar en proyectos editoriales a partir del 2014.

La excepción fueron unos pocos ilustradores a los que se les adeudaba menos de $20,000 pesos mexicanos. Todos los colaboradores que superaban esta suma continúan sin recibir pago alguno. Cálculos aproximados hacen suponer que la SEP les adeuda cerca de $16 millones de pesos (sí, leyó usted bien).

En la conferencia de prensa que llevó a cabo en CENCOS el pasado 7 de noviembre, un grupo de trabajadores expertos en revisión de libros denunció que los representantes de la SEP les han dado toda clases de excusas para no entregarles los contratos con los que se habían comprometido a pagarles. Ver boletín de prensa.

Cualquiera de los afectados explica cómo la SEP los invitó a trabajar en los libros de texto, sin contratos ni acuerdos por escrito. Esta irregular manera de trabajar ha sido una constante en la forma en que los freelanceros han colaborado por años con la Secretaría de Educación Pública. Uno de estos colaboradores comentó que un empleado de la SEP  los invitó a participar en los libros de Geografía ofreciéndoles el pago “sin impuestos” ¡una Secretaría de Gobierno ofreciendo trabajo informal sin recibos!

¿Dónde está el dinero?

Supuestamente la SEP contaba en el 2013 con la partida presupuestal que permitía la contratación de los servicios profesionales necesarios para la elaboración de los libros de texto, pero extráñamente esa partida nunca se ejerció y se “devolvió” al final del 2013 (!) Nadie sabe dar razón de ella.

Recientemente me enteré que el problema de falta de pago también se extiende a los freelanceros que comenzaron a trabajar para la SEP en el 2014. Algunos de ellos ya han comenzado acciones legales en la Contraloría Interna.

Apóstandole al cansancio

Las negativas del personal que da la cara en la SEP hacen suponer que la dependencia está apostándole a que, tarde o temprano, sus deudores se cansarán de llamarles, escribirles o darse vueltas y vueltas a sus oficinas. Piensan que después de hacerlos perder tiempo, dinero y esfuerzo se resignarán a nunca ver un centavo del trabajo que ya realizaron y actualmente se encuentra en uso en las aulas de las escuelas, desde preescolar hasta educación media.

Urgente advertencia

Si bien las acciones en contra de la SEP no se detendrán es importante que todos los que trabajamos por nuestra cuenta pasemos la voz e informemos a nuestros amigos y conocidos sobre la falta de solvencia de esta dependencia:

  • Si un empleado de la SEP te invita a trabajar en un proyecto relacionado con sus publicaciones ¡aléjate lo más pronto que puedas! perderás un tiempo valioso que podrías dedicar a proyectos realmente rentables.
  • Si un amigo te pide que “le eches la mano” para terminar un trabajo urgente para la SEP considera que es muy probable que nunca recibas el pago prometido.
  • Si una editorial te ofrece un proyecto interesantísimo para colaborar con los libros de texto exige un contrato escrito y no comiences a laborar sin un anticipo.
  • Si piensas que es un “honor” que tu trabajo forme parte de los libros de la SEP, aunque no te paguen, mejor piensa que con “honor” no se paga el súper o la gasolina.

Perdiendo la fe en las instituciones

La situación actual de nuestro país me hace pensar que todo está perdido, que estamos solos y que nadie vendrá a ayudarnos, pero luego me acuerdo que sólo cuando levantamos la voz conseguimos ser escuchados por las personas que tienen la capacidad de resolver los problemas. Me queda claro que la insistencia y exigencia pueden rendir frutos… siempre y cuando los responsables escuchen y dejen de hacerse tontos, actúen y eviten “echarle la bolita” a sus antecesores. ¡SEP, paga ya!

 

 

 

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Peripecias en territorio Godínez

Las últimas palabras del cliente eran las deseadas “Muchas gracias por todo Leonora, mi jefa quedó muy contenta con el proyecto y ya firmó tu Acta de entrega-recepción.”

Muy bien, pensé para mis adentros, ahora viene la parte que menos me gusta: la cobranza. Sentí un pequeño ardor en el estómago al repasar todos los trámites que había realizado hasta ese momento para cotizar, concursar y ganar este proyecto para una dependencia del Gobierno Federal. Ahora tenía que armarme de paciencia para concluir los trámites para ingresar mi factura y, si San John Lennon me era favorable, recibir el pago en, más o menos, 30 días.

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Junté todos y cada uno de lo papeles que tenía en expediente, les saqué copia y los ordené como mejor pude. Me puse mis zapatos más cómodos y me dirigí a la dependencia. Saliendo del metro no fue difícil localizar la puerta principal del edificio, sólo había que seguir a todas las personas que, como yo, llevaban una carpeta o portafolios con documentos. Luego de sortear decenas de puestos callejeros, representantes de las más variadas viandas chilangas, llegué a la recepción donde me canalizaron a los últimos pisos.

El elevador que tomé se esforzaba en transportar a los pasajeros. Una miserable plaquita decía: “Máximo 8 personas”, pero no aclaraba cuál era el peso máximo que se esperaba de cada uno. De lo contrario, los reclamos y las miradas acusadoras no se harían esperar.

El viaje hasta mi destino tomó más de 6 minutos, deseaba haber contemplado las escaleras, pero ya estaba enbarcada en el paseo. La apertura de puertas en cada uno de los pisos mostraba escenas imborrables: en uno se ancanzaba a ver a una decena de personas con enormes rebanadas de pastel servidas en microscópicos platos de plástico, todas empeñadas en caber en el cubículo de la festejada. En otro piso ví un improvisado puesto de Herbalife que competía con otro de perfumes genéricos.

En el penúltimo piso las puertas se abrieron para mostar una escena peculiar: todo el hall estaba inundado con garrafones de agua, la mitad vacíos, la mitad llenos. No quiero imaginar al  pobre empleado encargado de realizar el cambio.

Al llegar a mi destino me presenté con la persona indicada; cual sería mi sorpresa cuando me contestó:

—No señorita, usted no está dada de alta en nuestro sistema, me hubiera acordado de su nombre.
Hice una inspiración profunda, como si deveras supiera yoga, y dije:
—Estoy segura de que estoy dada de alta en el sistema, de lo contrario no habría recibido el contrato ¿podríamos revisarlo en su computadora?

Le dedicamos los siguientes minutos a “cazar” una silla para que pudiera sentarme, parece ser que en esos lugares las sillas son consideradas objetos de lujo y son propiedad privada. Luego de “robar” con éxito la silla del que se fue a la Villa, el funcionario se tomó su tiempo para buscar y corroborar, a su pesar, que sí me encontraba dada de alta en su famoso sistema. Entonces me pidió todos mis papeles para revisarlos como quien busca el número ganador de la lotería. Después de la minusiosa revisión me confesó que su departamento jurídico aún no liberaba cierto documento, pero que de todas formas me permitiría proseguir con el trámite. Entonces me envió a otro piso para que entregara mi factura.

Ahora sí tomé las escaleras. Al llegar pregunté al oficial de la entrada por la persona en cuestión y me envió a un escritorio vacío. Su vecino se limitó a decirme “Está en una diligencia, no sé a qué hora regresará“. Derrotada me dirigí al elevador cuando el mismo oficial me detuvo para decirme:

—Viene a entregar una factura ¿verdad? El muchacho con el que acaba de hablar también las recibe, regrese con él.

Después de agradecer su información me volví a plantar frente al vecino y le extendí mi factura junto con otros papeles.

— Hola otra vez, me comentan que usted también puede recibirme estos papeles.—
— Sí, pero sólo se reciben lunes, miércoles y viernes.—
— De acuerdo, entonces ¿cómo a qué hora puedo regresar mañana?—
— No, mañana yo ya no voy a estar en este departamento… pero, bueno, se los voy a recibir.
— Muchas gracias.— Contesté mientras tomaba sin permiso la silla de su vecino ausente.

El joven procedió a revisar en su computadora el mismo famoso sistema hasta que dijo con tono triunfal:

— ¡Le faltó enviar su XML por correo!
— Ya lo envié, a los correos que indica Compranet.
— No, pues yo no lo recibí.
— No nos preocupemos, en este momento se lo reenvío ¿cuál es su correo? — Le pregunté mientras sacaba mi teléfono, consultaba mis correos enviados y tecleaba su dirección ¡A que eso no se lo esperaba!
— Ok, pero no trae una copia de la factura para que se la selle de recibido ¿verdad?
— Sí, traigo tres.

Una vez sellada y firmada la copia me dispuse a continuar la peregrinación por las oficinas, pero el muchacho me informó que eso era todo, que en 20 días recibiría el depósito electrónico.

Me despedí con la sonrisa de alguien que vuelve a tener confianza en la Humanidad. Casi beso al oficial cómplice.

Mientras bajaba los diez y siete pisos iba pensando en el porcentaje adicional que sumé a este trabajo por concepto de trámites administrativos.

Los departamentos de compras deberían saber que, mientras más complicado sea su sistema de pagos, más caros saldrán los proyectos. Y si se trata de Gobierno, peor.

Hablando de Gobierno…

La semana pasada recibí la gratísima noticia de que la SEP ya le pagó sus honorarios a los ilustradores que participaron en la Protesta Ilustrada ¡bien por ellos que decidieron no callarse y reclamar sus pagos atrasadísimos!

Por otro lado, al grupo de editores que conozco todavía no les pagan. Dicen los rumores que, como les deben mucho más que a los ilustradores, aún no les darán una fecha para saldar sus adeudos. Espero que la SEP atienda próximamente a todos sus proveedores y termine con este penoso capítulo de falta de pagos. #SEPpagame

Lo más curioso es que, aún sabiendo de los problemas que tiene la SEP para pagar los honorarios de sus colaboradores externos, muchos ilustradores nuevos han aceptado recientemente trabajar sin contrato y con tarifas menores. Parece que en un futuro próximo los ilustradores verán con buenos ojos pagarle a la SEP para que sus obras aparezcan en los libros de texto gratuitos. Espero que no.

 

 

 

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

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Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.