Los falsos buenos clientes

El siguiente post invitado me lo envió el querido Misael, un diseñador gráfico que como yo,
andaba expresando su descontento en Twitter.


Tener un cliente que respete nuestro trabajo, que pague lo justo y a tiempo, es una de las metas de todo estudio de diseño o diseñador freelance. Pero existe un tipo de cliente que se aprovecha de estas necesidades y utiliza una falsa personalidad empática para lograr sus propósitos.

Dirigir y trabajar en un estudio propio de diseño gráfico implica muchos retos, entre ellos la búsqueda de proyectos (una de las partes más engorrosas del negocio). Por eso, cuando un proyecto llega sin buscarlo, difícilmente querremos rechazarlo.

Por recomendación de un amigo, nos llegó lo que parecía ser un «proyecto importante», mismo que consistía en desarrollar los contenidos gráficos/animados para cursos en línea que están financiados por una institución de salud pública del país. Nuestra clienta resultó ser la colaboradora ideal (eso creíamos). Tenía muy buena actitud y parecía del todo profesional.

El acuerdo era el siguiente: Podíamos dejar de trabajar con ella en cualquier momento, siempre y cuando fuera a fin de mes (ya que tanto las tareas asignadas como los pagos, eran entregados mensualmente).

La comunicación comenzó siendo óptima, pero olvidamos un detalle crucial: el contrato. Al principio dudamos de si dárselo a firmar o no. Sin embargo, al finalizar el primer mes de trabajo y con ello el pago de manera puntual, se ganó toda nuestra confianza.

Trabajamos durante casi un año con este proyecto, aparentemente de manera estable, pero conforme pasaban los meses las cosas comenzaron a ponerse extrañas ya que nuestra clienta se volvía cada vez más amigable y aparentaba tener más confianza con nosotros. Con ello comenzó a entregamos más cantidad de trabajo del que habíamos acordado, alegando que su jefe la presionaba y que si no lo cumplía tendría problemas legales.

Caímos en el juego. Creyendo que estaba pasando un mal momento, aceptamos continuar con el flujo de trabajo. Esto no paró ahí, ya que mientras ella seguía intentando ser «nuestra amiga» (incluso contándonos que se estaba divorciando y que tenía problemas con la custodia de sus hijos), nos pedía realizar más trabajo por el mismo precio.

Al darnos cuenta de esta técnica tuvimos que negociar el aumento de precio, mismo que ella aceptó, aunque excediéndose todavía más con la carga de trabajo: Nos pedía cambios «urgentes» (en su mayoría errores de ortografía en sus textos), fuera del horario de trabajo, nos buscaba por WhatsApp todas las mañanas y nos marcaba sin cesar. Incluso comenzó a chantajearnos para que trabajáramos los fines de semana, amenazándonos con contratar a otros diseñadores si nosotros no aceptábamos. Cansados, nos mostramos inflexibles, así que decidió buscar a otros diseñadores que cumplieran con sus requerimientos y nosotros aceptamos terminar el proyecto ahí. Le entregamos los materiales completos del mes y quedamos en espera del pago.

Unos días después, volvió como si nada diciendo que había conseguido más tiempo con su jefe para que nosotros termináramos de trabajar todo lo que ella necesitaba. Que continuáramos. Confundidos, le recordamos que las dos partes habíamos acordado ya no continuar trabajando juntos. Ella se enfureció e incluso llorando nos aseguró que la estábamos metiendo en muchos problemas, pero que estaba bien, que ella sí era profesional y que sabría resolverlo.

Decidimos esperar una semana y tuvimos que recordarle el tema del pago de ese mes. Sólo nos contestó que estaba muy enferma a causa de los problemas que le había acarreado ese proyecto y que estaría incapacitada de forma indefinida.

Sabíamos que nos había engañado y que tal vez no éramos los primeros en caer en su juego. No teníamos contrato con qué pelear el trabajo realizado, pero decidimos asesorarnos con una abogada. Afortunadamente, ella nos mencionó la posibilidad de una demanda laboral, a través de la cual podríamos pelear con las pruebas que teníamos del trabajo realizado.

La abogada se puso en contacto con nuestra ex-clienta y para nuestra sorpresa aquella persona amable que nos contrató por primera vez ahora se había convertido en alguien sumamente déspota que negaba toda relación laboral con nosotros.

Quedamos un muy decepcionados con nosotros mismos por haber creído en ella, y por haber pensado que la confianza es un elemento de peso para mantener una relación de trabajo sana. No lo es.

Aunque cansados por tanto trabajo y heridos moral y económicamente, decidimos poner en marcha el proceso legal con el fin de que esta mujer supuestamente profesional pague por el trabajo que con tanto esfuerzo realizamos.

Recuerden:
—No importa qué tan cercanos o buenos parezcan ser nuestros clientes: los negocios se rigen por acuerdos legales, no por sentimientos.
—No importa qué tan pequeño sea tu negocio o si eres freelance. El tener y respetar tu metodología de trabajo, además de manejar siempre un contrato, te ayudará a atraer a los clientes correctos.


Si tú has vivido una historia infortunada con un cliente malo puedes contribuir en este blog,
pregúntame por los requisitos del texto en varoleonora@gmail.com

Desorganización: el enemigo no. 1 del freelancero

Mientras estudiaba Diseño Gráfico tuve un compañero que era exepcionalmente bueno para la ilustración fantástica, entregaba trabajos dignos de premios que despertaban envidia de la buena y de la mala. Su futuro era muy prometedor.

Años después me lo encontré en una reunión de exalumnos y nos enteramos que, luego de haber sido la estrella de algunos despachos y agencias de publicidad decidió volverse independiente. Entonces, para su mala suerte, comenzó su declive. Una serie de infortunados episodios lo llevaron a la bancarrota y ahora de clases de computación en el negocio de su prima.

En mi experiencia, lo que sucede cuando alguien decide saltar a las desconocidas aguas del freelanceo, es que no tienen lo necesario para salir aflote. Podrás tener grandes cualidades en tu área profesional, ser muy buen ilustrador, un magnífico redactor, un hábil programador o un creativo diseñador gráfico, pero si eres desorganizado realmente debes reconsiderar tu incursión en el trabajo independiente.

¿Qué le pasó a este aventajado excompañero?

Como la historia de mi excompañero me pareció muy interesante e ilustrativa para este blog le invité un café para que me compartiera sus experiencias con miras a escribir este post. Después evalué que hubiera sido mejor invitarle unos mezcales, pero pues uno no es adivino.

Sucedió que un buen día mi excompañero se cansó de las agencias de publicidad, le tenía muy molesto que lo vieran como “obrero del mouse”. La  gota que derramó el vaso de su paciencia fue el día que se enteró que un chica de cuentas, que llevaba seis meses en la agencia, ganaba más que él que llevaba dos años en el equipo que había ganado varios premios para la misma.

Entonces decidió que era tiempo de independizarse. Renunció y se llevó el contacto de tres clientes para los que comenzó a trabajar desde su casa. Entonces se  enfrentó a su gran enemigo: la desorganización. El tiempo nunca le alcanzaba, a veces se saltaba una comida para poder seguir trabajando, luego se dormía tardísimo jugando algún videojuego, se despertaba super tarde y se ponía a trabajar mientras comía cualquier cosa junto a la computadora. Solía cancelar citas en el último momento y evitaba usar una agenda pues alegaba que los calendarios son para las personas que tienen mala memoria. Los fines de semana se la pasaba perdiéndose compromisos familiares y rara vez salía con amigos.  Sus clientes grandes le pedían constantemente cosas que él no podía entregar, hasta que dejaron de llamarlo.

Entonces tuvo que decirle “sí” a cualquier proyecto chiquito que le pusieran enfrente y, como era de esperarse, sus ingresos se vinieron abajo. En gran parte gracias a su desorganizada vida.

Así transcurrieron tres años de altibajos, problemas de sobrepeso, broncas con el SAT y dos rupturas sentimentales. Hasta que su prima le ofreció un trabajo de tiempo completo como instructor de ilustración digital. Y, curiosamente, ahora está más feliz. El horario fijo de su nuevo trabajo lo obliga a levantarse a la misma hora todos los días, contar con hora y media para comer con calma. Su jefa le pide recibos quincenales y le entrega sus hojas de retención puntualmente. Todos los días regresa a su casa a las 19:30 y le sobra tiempo para atender sus compromisos personales. La paga no es altísima, pero le permite pagar las cuentas. Aunque anda pensando en freelancear por las noches sabe que no es la mejor idea.

Mi cuestionamiento

Lo que le reclamé a mi excompañero no fue muy bien recibido pues le confirmé que lo que le hizo falta en sus años como independiente era organización. Le dije:

– Yo también tengo un horario para trabajar, nunca me salto comidas, tengo asignado un tiempo para a las actividades administrativas y que me doy mis escapadas para ir a ver a los cuates y a mi familia.

– Sí, pero hay algo en lo que no podrás competir: trabajas sola.- Contestó triunfal.

– Sí, pero para eso tengo Tuíter ¿no?, ja ja, ja. No, ya en serio, me encanta trabajar sola, no soportaría tener a un jefe espiando sobre mi hombro.

– A mí no me espía nadie.

– Ok, era una expresión…

– Sale, ya me tengo que ir.

#Shales

Salirse de la zona de confort

La economía está atorada, punto. Los acontecimientos en México y las pocas buenas noticias a nivel internacional ha hecho del 2014 uno de los años más malos de los que tengo memoria.

Nadie está gastando más allá de lo estrictamente necesario Y SE NOTA. Basta con ver los centros comerciales que, desde finales de octubre, comenzaron a colocar sus adornos navideños en un desesperado intento por atraer compradores. Muchos andamos preocupados porque desde principios del año los proyectos dejaron de fluir.

En mi caso fue muy evidente, dejé de recibir las 3 o 4 solicitudes de cotización que normalmente tenía por semana. A partir de junio sólo me contactaban una vez cada 15 días. Los prospectos no me buscaban como lo hacían antes. ¿Sería que mi sitio web estaba “caído”? No. ¿Sería que mi competencia estaba haciendo algo mejor que yo? No lo sé. ¿Sería que me dormí en mis laureles? Tal vez. Estaba a punto de entrar en pánico cuando un viejo cliente me llamó para realizar un proyecto ambicioso que me tenido ocupada hasta diciembre, pero no podía seguir tranquila en mi despacho esperando a que los prospectos me llamaran, así que decidí llamarlos yo.

Al principio sólo realicé “llamadas en frío” a empresas a las que me interesaba venderles mis servicios de freelance, pero el resultado fue muy poco alentador, pocas veces pude hablar con la persona indicada, lo mejor que conseguía era que las recepcionistas me dieran un email para que enviara mi información. Casi nunca pude obtener el nombre de la persona o el departamento a la que dirigiría el correo con mi carta de presentación.

Fue entonces cuando realmente me salí de mi zona de confort y decidí salir a visitar a los prospectos que realmente me interesaban. Yo, que estaba acostumbrada a que ellos me buscaran, tuve que salir a la calle a ofrecer mis servicios.  Sentí que me “estaba rebajando al nivel de vendedor de calle”  y arrastré a mi ego a lugares desconocidos. La primera vez fue cuesta arriba, me daba muchísima pena entrar a una empresa y preguntar cómo podía agendar una cita con la persona indicada. Obtuve todo tipo de respuestas, desde la clásica “–El licenciado Fulano está en una junta, déjeme su tarjeta y yo se la paso”, hasta la rarísima “–Gracias, pero en esta empresa no invertimos en ese tipo de servicios”.

Afortunadamente, después de visitar 15 empresas en el transcurso de dos semanas, concreté las citas con los responsables del área de mercadotecnia de dos compañías. En la primera me escucharon atentamente, pero no se mostraron muy interesados en mis servicios, en la segunda me solicitaron una cotización y ahora estoy trabajando en un proyecto intere$ante.

Tal vez muchos me dirán que jamás debería ir a tocar puertas como vendedor callejero, que tendría que poner un anuncio en un medio especializado o usar los servicios de compañías que hacen envíos masivos de emails, pero la realidad es que, si deseo resultados diferentes debo hacer cosas diferentes… aunque me salga de mi zona de confort.

Y tú ¿haz cambiado la forma de vender tus servicios?

TIPs para cotizar

Finance Concept, Financial Advisory

Queridos freelanceros creativos:

No se pueden perder la oportunidad de asistir a este interesante webinar GRATUITO que está organizando Adobe Latinoamérica.

Compartiré mis experiencias  de 20 años haciendo cotizaciones para clientes de todo tipo en una plática que tendremos mañana miércoles 3 de diciembre a las 21:00 hrs. México (consulta los horarios de tu país).

Escuchen a So @Blogylana, la experta en finanzas personales, a Rafa de @Conecta y @AdobeLat en esta transmisión en vivo ¡se va a poner bueno!

Lo único que tienes que hacer es inscribirte a través de este formulario.

¡Nos vemos mañana!

 

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

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Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.

No ofrezcas cosas que no haces

Mi delicioso caldo de menudencias.

Mi delicioso caldo de menudencias.

El viernes pasado fuimos a comer deliciosos caldos de pollo a un restaurante especializado en este tipo de brebajes. La carta es clara y concisa: ofrecen caldos de cualquier parte del pollo, algunos refrescos y pocos postres. No necesitan más, tienen buen sazón, sus precios son correctos, los meseros son eficientes y el local siempre está lleno.

Mientras nosotros nos atiborrábamos con las enormes tortillas y las ricas salsas llegó un grupo de tres personas que pusieron en evidencia una gran debilidad del negocio. El intercambio con el mesero fue más o menos así:

– Oye, me dijeron en la marisquería de junto que este negocio es de uno de los hermanos y que aquí podíamos pedir platillos de allá.– Afirmó uno de los comensales recién llegados.
– Esteeee… sí señor, ahorita le paso la carta de la marisquería.

Pasado un momento regresa el mesero a tomar la orden.

— ¿Qué les voy a traer?
— Yo quiero unas tostadas de ceviche ¿le ponen perejil?– Dijo el primero.
— Sinceramente no sé señor.— Resopló el mesero.
— Pues ve a preguntar, aquí te esperamos.

El mesero hace una mueca de desagrado y le pide a otra mesera que lo cubra mientras corre al local de al lado.

En ese momento nosotros terminamos de comer y no podemos pedir la cuenta porque el mesero salió del restaurante. Cuando regresa no nota que ya tiene a dos mesas intranquilas que necesitan ser atendidas. Por el momento su prioridad son las personas que están pidiendo platillos de la marisquería del hermano del dueño del local.

— Me dice el cocinero que el ceviche sí lleva perejil. — Confirmó el mesero.
— Bueno, a mí me lo traes sin perejil. — Indicó el primero.
— A mí me traes un pescado empapelado. — Pidió el segundo.
— Y yo quiero los pulpos en su tinta y una cerveza. — Remató el tercero.
— Lo siento señor, quí no vendemos cerveza.— Se disculpó el mesero.
— ¡Pero en la marisquería siempre pido cerveza!— Reclamó el comensal.
— Es que aquí no tenemos el permiso…—Continuó el mesero.
— Tráeme una Corona, ándale, nadie se va a dar cuenta.— Insistió el cliente.

En resumidas cuentas el atarantado mesero tuvo que lidiar con clientes que no pidieron platillos que preparan su restaurante, necesitó correr varias veces al local de junto lo que le valió que sus otras mesas se desesperaran porque no estaban siendo atendidas como se debe. Y probablemente no recibirá propina porque no consiguió que el cocinero le quitara el perejil al ceviche y terminó regañado porque no pudo servir una cerveza.

Ojo, el problema no es del pobre mesero que, me consta, hizo todo lo necesario para atender a las extraviadas personas que decidieron pedir mariscos en un restaurante de caldos de pollo. El problema lo generaron los hermanos, dueños de negocios contiguos que tuvieron la “brillante” idea de ofrecer, ambas cartas en los dos locales. En teoría la idea suena bien, pero en la práctica es un completo despapaye; o sea, un gran relajo agravado por la desorientación de las partes que da por resultado clientes insatisfechos y empleados agobiados.

¿Y qué tienen que ver los caldos de pollo con el trabajo del freelanceo? te estarás preguntando.

Sucede que hace tiempo, cuando ofrecía el servicio de diseño de identidad corporativa, gran parte de mi esfuerzo lo dedicaba a supervisar y corretear un servicio que yo no realizaba: la impresión de todo tipo de soportes relacionados, desde folletos y tarjetas hasta la elaboración de calendarios de cursos y boletines internos. Nada que no pudera manejar, hasta que uno de mis clientes, que alguna vez me pidió un logotipo, me encargó que le elaborara una caja de luz gigante con sus respectivas lonas. Invertí mucho tiempo en coordinar su hechura, rentar una camioneta para transportar la caja de luz hasta Pachuca, supervisar su montaje y lidiar con los detalles que se no podía preever, como la necesidad de agujerar las lonas para evitar que el anuncio saliera volando debido a los fuertes vientos de la localidad.

Después de la tercera vez le dije a mi cliente que mejor contactara con el fabricante de las cajas de luz y el impresor de las lonas, pero él me dijo que no le interesaba trabajar directamente con esos provedores, que para eso me pagaba a mí, para que resolviera completo el proyecto.

“Zapatero a tus zapatos”

Después de hacer una evaluación cuidadosa tuve que despedir a este cliente, no estaba ganando lo suficiente como contratista de cajas de luz para anuncios. Además estaba descuidando a mis otros clientes que me buscaban por mis servicios de diseño. Fue interesante aprender a hacer cajas de luz gigantes, pero no extraño estar subida en una escalera, a la mitad de la carretera, gritándole a un electricista que hacía lo que quería.

Obviamente se pueden ofrecer servicios integrados con otras disciplinas, siempre evaluando que el porcentaje de tiempo, dinero y esfuerzo no sean mayores a los de nuestra área de experiencia. No caigas en la trampa de “darle servicio al cliente, no importa lo que pida”, podrías terminar como el mesero de la historia.

 

 

Cuando nuestros servicios dejan de ser negocio

Going out of businessHace 10 años, mi esposo y yo ofrecíamos el servicio de creación de maquetas 3D, desde renders arquitectónicos hasta animaciones tridimensionales de conjuntos industriales. Quienes hayan incursionado en esta área sabrán que los requisitos de software y hardware son onerosos, que el tiempo requerido para hacer un modelado en 3D, la aplicación de texturas y luces y la programación de cámaras virtuales es un trabajo complejo que requiere mucho tiempo para procesar las imágenes (rendereo).

En esa época no muchas personas ofrecían ese servicio en México y tuvimos bastantes proyectos, pero para compañías muy chiquitas que no tenían la capacidad de pagar lo que realmente costaba el servicio. Nosotros cometimos el error de cobrarles sólo lo que estaban dispuestas a pagar, no lo que realmente valía nuestro servicio.

Por el otro lado vimos cómo un despacho que hacía exáctamente lo mismo que nosotros, similar calidad y oferta, comenzó a tener clientes mucho más intere$antes que los nuestros, vimos cómo poco a poco hacían proyectos más ambiciosos y caros. Mientras tanto nosotros seguíamos recibiendo felicitaciones por nuestra calidad, pero estábamos atados a clientes que se retorcían cada que les explicábamos que “volver a hacer el render, con el cambio de color de la fachada, tendría un costo adicional”. Como nos gustaba mucho lo que hacíamos y no queríamos ver a los clientes descontentos muy frecuentemente rehacíamos segmentos completos de las animaciones sin aumentar el importe de la factura.

Infortunadamente nuestras animaciones se volvieron una herramienta para que el cliente visualizara, por primera vez, cómo se iba a ver su edifico y, si no era lo que esperaba, ponía a su arquitecto a trabajar en una nueva propuesta que nosotros volvíamos a animar una y otra vez.
Trabajábamos como locos todo el día, renderéabamos toda la noche y, si la fecha de entrega ya estaba encima, rentábamos computadoras o servicios online de “granjas de renders”. Pero el balance era incorrecto: gastábamos más de lo que cobrábamos.
El colmo fue cuando otro cliente nos envió una animación con un recorrido virtual del Hotel Mandarin Oriental de Nueva York para que nos diéramos una idea de la calidad que esperaba en su animación —Fíjense bien que en las copas de las mesas del restaurante se ve el reflejo de todo el ambiente.— Técnicamente éramos capaces de desarrrollar ese efecto, pero el precio que este cliente había pagado por nuestros servicio estaba a años luz de lo que soñaba. Sin considerar, por supuesto, que su desarrollo inmobialiario iba dirigido al sector medio bajo.

Entonces nos sentamos a analizar cuáles habían sido nuestros errores:

1. Estabamos cobrando nuestro servicio por abajo de los costos.

No cotizar correctamente nos costó mucho, no teníamos un ahorro para crecer y no pudimos competir contra otros despachos que comenzaron a crecer gracias a que cobraban lo justo y se lo vendían a los clientes adecuados.
En esa época trabajamos con clientes que nos llamaban recomendados por otros clientes, eramos buenos, bonitos y BARATOS.

2. No buscamos clientes diferentes.

No tuvimos la visión de dedicar un tiempo para buscar clientes con los que nos interesara trabajar. Esperábamos a que ellos llegaran a nosotros y eso nunca sucedió. No tuvimos la capacidad de invertir en el equipo humano y técnico necesario para “dar el brinco”.

3. Dejamos de amar algo que nos gustaba hacer.

Literalmente nuestras computadoras no se apagaban durante días, y nosotros desayunábamos, comíamos y cenábamos junto a ellas. Cada vez las exigencias técnicas de los clientes eran mayores y los pagos se tardaban cada vez más en llegar. Nos encantaba nuestro trabajo, pero comenzamos a padecerlo.

4. Perdimos el “Momentum

Sucedió algo que teníamos previsto: las Universidades comenzaron a capacitar a sus alumnos de Arquitectura en técnicas de modelado y animación 3D. Comenzamos a competir con decenas de jóvenes que, desde su habitación en casa de sus papás, realizaba trabajos de buen nivel y precios irrisorios. Tanto el software como el hardware estaban subsidiados con precios especiales para estudiantes.
Después, los desarrolladores inmobiliarios pudieron contratar a estos universitarios para que trabajaran de tiempo completo en la creación de animaciones 3D. Nuestros servicios dejaron de ser requeridos.

Después de realizar este análisis de la situación tuvimos que tomar una decisión muy fuerte: o entrábamos a una guerra de precios contra los nuevos competidores o “cambiábamos de liga” haciendo una fuerte inversión para comprar equipo más “pro” y contratar a dos personas que se integraran al despacho. Decidimos que no queríamos hacer lo primero y no teníamos la capacidad financiera de hacer lo segundo. Cerramos esa área del despacho y nos quedamos con los servicios que nos daban un mayor margen de utilidad.

Fue un periodo bastante doloroso en el que aprendimos, a la mala, que no es suficiente con amar lo que haces, TIENES que poder vivir de ello, de lo contrario es un sacrificio, no un negocio.