Los falsos buenos clientes

El siguiente post invitado me lo envió el querido Misael, un diseñador gráfico que como yo,
andaba expresando su descontento en Twitter.


Tener un cliente que respete nuestro trabajo, que pague lo justo y a tiempo, es una de las metas de todo estudio de diseño o diseñador freelance. Pero existe un tipo de cliente que se aprovecha de estas necesidades y utiliza una falsa personalidad empática para lograr sus propósitos.

Dirigir y trabajar en un estudio propio de diseño gráfico implica muchos retos, entre ellos la búsqueda de proyectos (una de las partes más engorrosas del negocio). Por eso, cuando un proyecto llega sin buscarlo, difícilmente querremos rechazarlo.

Por recomendación de un amigo, nos llegó lo que parecía ser un «proyecto importante», mismo que consistía en desarrollar los contenidos gráficos/animados para cursos en línea que están financiados por una institución de salud pública del país. Nuestra clienta resultó ser la colaboradora ideal (eso creíamos). Tenía muy buena actitud y parecía del todo profesional.

El acuerdo era el siguiente: Podíamos dejar de trabajar con ella en cualquier momento, siempre y cuando fuera a fin de mes (ya que tanto las tareas asignadas como los pagos, eran entregados mensualmente).

La comunicación comenzó siendo óptima, pero olvidamos un detalle crucial: el contrato. Al principio dudamos de si dárselo a firmar o no. Sin embargo, al finalizar el primer mes de trabajo y con ello el pago de manera puntual, se ganó toda nuestra confianza.

Trabajamos durante casi un año con este proyecto, aparentemente de manera estable, pero conforme pasaban los meses las cosas comenzaron a ponerse extrañas ya que nuestra clienta se volvía cada vez más amigable y aparentaba tener más confianza con nosotros. Con ello comenzó a entregamos más cantidad de trabajo del que habíamos acordado, alegando que su jefe la presionaba y que si no lo cumplía tendría problemas legales.

Caímos en el juego. Creyendo que estaba pasando un mal momento, aceptamos continuar con el flujo de trabajo. Esto no paró ahí, ya que mientras ella seguía intentando ser «nuestra amiga» (incluso contándonos que se estaba divorciando y que tenía problemas con la custodia de sus hijos), nos pedía realizar más trabajo por el mismo precio.

Al darnos cuenta de esta técnica tuvimos que negociar el aumento de precio, mismo que ella aceptó, aunque excediéndose todavía más con la carga de trabajo: Nos pedía cambios «urgentes» (en su mayoría errores de ortografía en sus textos), fuera del horario de trabajo, nos buscaba por WhatsApp todas las mañanas y nos marcaba sin cesar. Incluso comenzó a chantajearnos para que trabajáramos los fines de semana, amenazándonos con contratar a otros diseñadores si nosotros no aceptábamos. Cansados, nos mostramos inflexibles, así que decidió buscar a otros diseñadores que cumplieran con sus requerimientos y nosotros aceptamos terminar el proyecto ahí. Le entregamos los materiales completos del mes y quedamos en espera del pago.

Unos días después, volvió como si nada diciendo que había conseguido más tiempo con su jefe para que nosotros termináramos de trabajar todo lo que ella necesitaba. Que continuáramos. Confundidos, le recordamos que las dos partes habíamos acordado ya no continuar trabajando juntos. Ella se enfureció e incluso llorando nos aseguró que la estábamos metiendo en muchos problemas, pero que estaba bien, que ella sí era profesional y que sabría resolverlo.

Decidimos esperar una semana y tuvimos que recordarle el tema del pago de ese mes. Sólo nos contestó que estaba muy enferma a causa de los problemas que le había acarreado ese proyecto y que estaría incapacitada de forma indefinida.

Sabíamos que nos había engañado y que tal vez no éramos los primeros en caer en su juego. No teníamos contrato con qué pelear el trabajo realizado, pero decidimos asesorarnos con una abogada. Afortunadamente, ella nos mencionó la posibilidad de una demanda laboral, a través de la cual podríamos pelear con las pruebas que teníamos del trabajo realizado.

La abogada se puso en contacto con nuestra ex-clienta y para nuestra sorpresa aquella persona amable que nos contrató por primera vez ahora se había convertido en alguien sumamente déspota que negaba toda relación laboral con nosotros.

Quedamos un muy decepcionados con nosotros mismos por haber creído en ella, y por haber pensado que la confianza es un elemento de peso para mantener una relación de trabajo sana. No lo es.

Aunque cansados por tanto trabajo y heridos moral y económicamente, decidimos poner en marcha el proceso legal con el fin de que esta mujer supuestamente profesional pague por el trabajo que con tanto esfuerzo realizamos.

Recuerden:
—No importa qué tan cercanos o buenos parezcan ser nuestros clientes: los negocios se rigen por acuerdos legales, no por sentimientos.
—No importa qué tan pequeño sea tu negocio o si eres freelance. El tener y respetar tu metodología de trabajo, además de manejar siempre un contrato, te ayudará a atraer a los clientes correctos.


Si tú has vivido una historia infortunada con un cliente malo puedes contribuir en este blog,
pregúntame por los requisitos del texto en varoleonora@gmail.com

Perdieron la chamba por chambones

La semana pasada me contrataron para fotografiar una zona industrial de Michoacán, la persona que se encargó de conducir la camioneta que me transportaba por las instalaciones, me chismeó porqué yo me había ganado la chamba*:
Resulta que en años anteriores contrataron a una agencia de publicidad muy cool para realizar videos y tomar las fotos de las instalaciones. Me contó que el primer año fueron tres personas las que conformaron el equipo, el siguiente año eran cinco y el último año fueron siete personas las enviadas por la agencia.
— Supongo que los requerimientos fueron aumentando — dije casual.
— Para nada, el resultado era el mismo, pero esos chavos se pasaron de listos enviando a un equipo más grande de que se requería.
— ¿Entonces no todos chambeaban? — dije con tono de que quería saber más.
— No, todos daban órdenes, pero sólo dos cuates hacían las tomas. Nos daba mucha lata hacerlos entender que debían usar casco y chaleco fluorescente todo el tiempo. Un día llegaron bastante tarde, con cara de crudos y tres de ellos sin zapatos de trabajo, por lo que se tuvieron que quedar en la camioneta todo el día. Para no aburrirse se dedicaron a hacer comentarios sexosos sobre las mujeres que se topaban. — Me dijo en voz baja.
— Sospecho que no se estaban tomando muy en serio su visita.
— Pues yo creo que no, me tocó ver que uno de ellos se molestó porque un jefe de taller le llamó la atención: quería entrar con mocasines sin calcetines, pantalón de manta arremangado y sombrero chistosito.
<<Pantalón de lino, no manta; sombrero Panamá, no chistosito>> pensé, pero daba igual, el punto es que el chavo no tenía conciencia del lugar que estaba visitando, o no le importaba.
De golpe recordé la risa que me dan las personas que desembarcan en el aeropuerto de la Ciudad de México, provenientes de algún destino de playa, con chanclas y pareo, aún con rastros de arena en la espalda. Nomás se bajan del avión y sufren con el frío de la terminal, ponen ojitos tristes al ver que está lloviendo y se enojan porque no traen a la mano ningún suéter. Adolecen de una total falta de previsión.
El asunto es que, ante tanta falta de seriedad de la mentada agencia de publicidad el cliente de Michoacán los mandó a volar, el departamento de mercadotecnia se compró una cámara de video y un drone y buscó alternativas para el levantamiento fotográfico: así llegué yo. Recuerdo que en la cotización me exigían que confirmara el número de personas que se requerían para realizar las fotos, yo les reiteré varias veces que sólo viajaría yo. Ahora sé porqué estaban tan preocupados.

Primero lo primero

La siguiente anéctota que demuestra que, nomás nos dan tantita oportunidad, luego luego perdemos la importancia de priorizar el trabajo: resulta que hace unos años invitaron a un grupo de fans mexicanos de Star Wars a participar en una grabación especial, sin fines de lucro, que incluiría a fans de todo el mundo. La cita fue en Pasadena, California. Les pagaron parte de los gastos (hospedaje y alimentación). Lo triste fue que el saludo mexicano nunca se grabó porque los jóvenes que fueron llegaron tarde a la grabación. La excusa fue inadmisible: rentaron un coche para ir de shopping a un Outlet y se perdieron de regreso.
Compañeros freelanceros: no los voy a aburrir recordándoles que se tomen sus responsabilidades en serio, la verdad, gracias a que algunos no lo hacen, otros tenemos la oportunidad de quedarnos con sus clientes que están pagando por un servicio profesional.
Muchos están acostumbrados a que nadie les diga nada porque llegan media hora tarde, o no observen las medidas de seguridad, tal vez nadie se los va a reclamar, pero que no les extrañe que los vuelvan a llamar.
*Chamba: el trabajo al que nos dedicamos.
Chambón: Persona que no atina a hacer bien las cosas.

Freelanceros en viaje de negocios

… o cómo aprendía a amar el aire acondicionado.

No me pregunten porqué, pero en el último mes he tenido que viajar a cuatro ciudades con altas temperaturas: Mérida, Monterrey, Culiacán y Los Mochis. No falta el inocente que me dice —¡Ay, que suertuda tú que te puedes andar paseando por todo el país!— A lo que siempre respondo: —No es suerte, es la consecuencia directa de mi trabajo… y no, no me ando paseando.

Trabajar como fotógrafa para empresas me ha permitido conocer muchos lugares, pero no como turista. La planeación que requiere un viaje de trabajo no tiene nada que ver con unas vacaciones por placer. Todavía recuerdo con inquietud la ocasión en que volé a Panamá para realizar unas fotografías para una agencia española ¡y regresé el mismo día! fue un viaje muy desgastante para el que debí haberme quedado una noche. Sin embargo, sucumbí a las exigencias de la agencia y recorté los gastos lo más que pude. El problema fue que mi vuelo llegó una hora y media tarde, tuve que hacer la sesión fotográfica en chinga y regresar como de rayo al aeropuerto para no perder el vuelo de regreso. Fue un viaje muy estresante.

A continuación te comparto mis 10 sugerencias para viajar por trabajo:

1. Siempre cobra los viáticos por adelantado, nunca compres un boleto de avión si tu cliente no ha depositado el anticipo y estés 100% seguro de las fechas de la visita. Cancelar o cambiar un vuelo siempre tiene un costo.

2. Como lo predicaba George Clooney en la película “Up in the air”: Viaja ligero. Procura que todo quepa en una maleta pequeña que puedas llevar en el equipaje de mano, así evitarás perder el tiempo esperando en las bandas del aeropuerto, además de que no tendrás que preocuparte por la pérdida del mismo. Si tienes que documentar maletas evita dejar en ellas equipo electrónico, llamará la atención de los amantes de lo ajeno.

3. Reserva un hotel que quede cerca de la locación que visitarás, ahorar algunos pesos hospedándote al otro lado de la ciudad no es una idea sabia, perderás tiempo y dinero trasladándote a cada rato. Considera hospedarte en “hoteles de negocios” (como City Express, Holiday Inn Express, One, Microhotel, etc), sus precios son accesibles, sus instalaciones son seguras y algunos hasta incluyen un desayuno sencillo. Nada de lujos extra.

4. Además del transporte y alojamiento debes considerar el precio de los traslados en la ciudad: es muy fácil caer en la tentación de no contemplar el gasto en taxis para bajar el costo de los viáticos pensando que podrás moverte en otro tipo de transporte público, la realidad es que eso no es muy práctico, a menos que conozcas bien la ciudad, tengas tiempo de sobra y no andes cargando equipo. Considera que los taxis de los aeropuertos y centrales de autobuses nunca cobran menos de $150 pesos.

5. Si bien puedes reducir los gastos alimentándote con sánwiches del 7-Eleven, piensa que andar malcomiendo no es la elección más inteligente, tu rendimiento puede verse deteriorado seriamente. Contempla gastar entre $100 y $200 pesos en cada comida. Prefiere hacerlo en restaurantes que puedan proporcionarte facturas, los viáticos son deducibles en tu contabilidad mensual. Si no puedes obtener una factura, por lo menos guarda el ticket de compra, te servirá de comprobante de gastos.

6. Investiga un poco acerca de la ciudad que visitarás, recorre virtualmente sus calles con Google Street View y familiarízate con la zona que visitarás. A mi me pasó que no me di cuenta que mi hotel estaba sobre una carretera y era imposible atravesarla a pie para llegar al centro comercial de enfrente que estaba a sólo unos metros.

7. Tu seguridad en primero; ya sé que voy a sonar a abuelita, pero por ningún motivo te expongas a situaciones peligrosas. Recuerda que viajas solo(a) y eres el único responsable de tus actos, no te vaya a pasar como al mexicano que saltó del crucero brasileño en una “puntada de borracho”. ¡Aplica el sentido común, carambas!

8. Lo siento, no vas de paseo. Un error común en los primeros viajes que realizan los freelanceros es pensar que el cliente les está patrocinando las vacaciones. Debes tener muy claro que el principal objetivo del viaje es hacer un negocio al cual le deberás dedicar todo el tiempo necesario; ya después, si te quedan unas horas libres, podrás visitar algún museo, probar la gastronomía del lugar, pasear por la playa o conocer el centro de la ciudad. Yo he tenido que visitar destinos 100% turísticos como Cancún y no contar ni con 20 minutos para bajar a la playa o entrar a la alberca.

9. Siempre contempla un porcentaje para gastos no previstos, créeme, no es raro que algo se salga del itinerario y tengas que pagar extra por cualquier cosa. Te recomiendo que lleves dinero en efectivo, pero procura pagar los gastos con una tarjeta de débito asociada a tu cuenta fiscal, así será más fácil comprobar tus viáticos y hacer tu declaración mensual. Ojo: si tuviste que viajar para realizar un trabajo la factura que le expidas a tu cliente debe decirlo claramente, por ejemplo: Proyecto de levantamiento fotográfico en Mérida, Yucatán. De lo contrario no podrás justificar el viaje de trabajo.

10. Piensa que vas como embajador de tu ciudad o país. Yo soy chilanga y siempre que lo menciono las personas se espantan un poco, tienen una imagen desfavorable de los habitantes de la Cd. de México. Me interesa que sepan que no todos lo que vivimos acá somos ladrones o embaucadores, que habemos muchísimas personas que trabajamos intensamente, como lo hacen muchas otras en todos los rincones del mundo. Me gusta escuchar a la gente, conocer sus ideas y temores. Hace quince días visité Monterrey, N.L. Allí un taxista me dijo que los habían obligado a ir a un mitin en favor de Ivonne Ortega del PRI, pero que ellos ya sabían que “El Bronco” la tenía ganada. Interesante profecía del futuro.

Y tú ¿qué tips has aprendido cuando tienes que viajar por trabajo?

Desorganización: el enemigo no. 1 del freelancero

Mientras estudiaba Diseño Gráfico tuve un compañero que era exepcionalmente bueno para la ilustración fantástica, entregaba trabajos dignos de premios que despertaban envidia de la buena y de la mala. Su futuro era muy prometedor.

Años después me lo encontré en una reunión de exalumnos y nos enteramos que, luego de haber sido la estrella de algunos despachos y agencias de publicidad decidió volverse independiente. Entonces, para su mala suerte, comenzó su declive. Una serie de infortunados episodios lo llevaron a la bancarrota y ahora de clases de computación en el negocio de su prima.

En mi experiencia, lo que sucede cuando alguien decide saltar a las desconocidas aguas del freelanceo, es que no tienen lo necesario para salir aflote. Podrás tener grandes cualidades en tu área profesional, ser muy buen ilustrador, un magnífico redactor, un hábil programador o un creativo diseñador gráfico, pero si eres desorganizado realmente debes reconsiderar tu incursión en el trabajo independiente.

¿Qué le pasó a este aventajado excompañero?

Como la historia de mi excompañero me pareció muy interesante e ilustrativa para este blog le invité un café para que me compartiera sus experiencias con miras a escribir este post. Después evalué que hubiera sido mejor invitarle unos mezcales, pero pues uno no es adivino.

Sucedió que un buen día mi excompañero se cansó de las agencias de publicidad, le tenía muy molesto que lo vieran como “obrero del mouse”. La  gota que derramó el vaso de su paciencia fue el día que se enteró que un chica de cuentas, que llevaba seis meses en la agencia, ganaba más que él que llevaba dos años en el equipo que había ganado varios premios para la misma.

Entonces decidió que era tiempo de independizarse. Renunció y se llevó el contacto de tres clientes para los que comenzó a trabajar desde su casa. Entonces se  enfrentó a su gran enemigo: la desorganización. El tiempo nunca le alcanzaba, a veces se saltaba una comida para poder seguir trabajando, luego se dormía tardísimo jugando algún videojuego, se despertaba super tarde y se ponía a trabajar mientras comía cualquier cosa junto a la computadora. Solía cancelar citas en el último momento y evitaba usar una agenda pues alegaba que los calendarios son para las personas que tienen mala memoria. Los fines de semana se la pasaba perdiéndose compromisos familiares y rara vez salía con amigos.  Sus clientes grandes le pedían constantemente cosas que él no podía entregar, hasta que dejaron de llamarlo.

Entonces tuvo que decirle “sí” a cualquier proyecto chiquito que le pusieran enfrente y, como era de esperarse, sus ingresos se vinieron abajo. En gran parte gracias a su desorganizada vida.

Así transcurrieron tres años de altibajos, problemas de sobrepeso, broncas con el SAT y dos rupturas sentimentales. Hasta que su prima le ofreció un trabajo de tiempo completo como instructor de ilustración digital. Y, curiosamente, ahora está más feliz. El horario fijo de su nuevo trabajo lo obliga a levantarse a la misma hora todos los días, contar con hora y media para comer con calma. Su jefa le pide recibos quincenales y le entrega sus hojas de retención puntualmente. Todos los días regresa a su casa a las 19:30 y le sobra tiempo para atender sus compromisos personales. La paga no es altísima, pero le permite pagar las cuentas. Aunque anda pensando en freelancear por las noches sabe que no es la mejor idea.

Mi cuestionamiento

Lo que le reclamé a mi excompañero no fue muy bien recibido pues le confirmé que lo que le hizo falta en sus años como independiente era organización. Le dije:

– Yo también tengo un horario para trabajar, nunca me salto comidas, tengo asignado un tiempo para a las actividades administrativas y que me doy mis escapadas para ir a ver a los cuates y a mi familia.

– Sí, pero hay algo en lo que no podrás competir: trabajas sola.- Contestó triunfal.

– Sí, pero para eso tengo Tuíter ¿no?, ja ja, ja. No, ya en serio, me encanta trabajar sola, no soportaría tener a un jefe espiando sobre mi hombro.

– A mí no me espía nadie.

– Ok, era una expresión…

– Sale, ya me tengo que ir.

#Shales

Cómo visitar a un cliente

El otro día me encontré, junto con otros proveedores, haciendo antesala para ver a un cliente en sus oficinas. Lo que más me llamó la atención fue ver a una diseñadora gráfica joven, de falda y tacones, que llevaba una carpeta grande de trabajos. Estaba bastante nerviosa y hojeaba las revistas como si en ello le fuera la vida. Después envió como quince whatsapps. Cuando finalmente la llamaron su teléfono iba sonando con todas las respuestas a sus mensajes.

Yo tengo algo así como 20 años freelanceando y cuando visito prospectos en sus oficinas, ésto es lo que he aprendido:

Preparando la visita

Cuando alguien me pide una cita para platicar sobre un proyecto es mi responsabilidad investigar lo mejor que pueda todo lo relacionado con su empresa: revisar su sitio web, su FB y TW. Obtener una buena información sobre el prospecto me ayudará, entre otras cosas, a escoger mejor los ejemplos de mi trabajo que le mostraré.

Tiene años que no cargo una carpeta física con mis trabajos impresos, al principio recurrí a una laptop y desde que apareció el iPad siempre lo uso para mostrar mis proyectos (online y offline). Doy por sentado que, si tú eres diseñador o programador, tienes un sitio web (o blog, o Behance o lo que sea en línea) para enseñar tus muestras, aunque sean escolares.

Un día antes de la cita ubico en Google Maps el domicilio del prospecto, identifico el inmueble con Pegman y reviso la calle y sus alrededores para evaluar si puedo llegar en coche o si es más conveniente hacerlo en transporte público.

También anoto el nombre, puesto y teléfono de la persona que visitaré en un postit que pego en mi celular. Tener a la mano el teléfono del prospecto es útil en el improbable caso de que tenga que avisarle que no podré llegar a tiempo.

Sobre el vestuario sólo diré que el dicho que reza “como te ven te tratan” es 90% cierto. Te sugiero que, si eres diseñador freelancero no te vistas como abogado, los clientes esperan a alguien creativo no a una persona de traje y corbata o tacones y medias. PERO por favor tampoco te presentes como becario de agencia de publicidad: las playeras con frases chuscas, los pantalones andrajosos y los tenis mal amarrados NUNCA te ayudarán a dar una imagen profesional. Sí, es probable que así te vistas todos los días, pero si quieres cobrar lo que vale tu trabajo tienes que demostrar que inviertes parte de ese dinero en tu vestuario.

Antes de salir de tu casa verifica que llevas tu identificación, tus tarjetas de presentación, una libreta de anotaciones, una pluma que no sea Bic (que se note que puedes comprar una pluma menos corriente), tu dispositivo móvil recién cargado, tarjeta multimodal y cambio (para pagar el estacionamiento o comprar algo para beber).

En el registro

Odio pasar por los registros de los edificios, casi siempre me topo a señoritas malencaradas u oficiales a los que no les preocupa hacerme esperar más de lo necesario. Por esto es importante llegar al lugar de la cita, por lo menos con diez minutos de anticipación. Un día me pasó que me presenté puntual en la recepción, pero la cita era en el piso 12 y no funcionaba el elevador.

TIP: Cuando te pidan llenar la carpeta de registro fíjate en quiénes han sido las personas que llegaron antes que tú, en ocasiones me he encontrado los nombres de mi competencia. Esta información puede ser útil para saber con quiénes ha hablado el prospecto y así alimentar tus argumentos.

En la sala de espera

Desde que llegas a las oficinas del cliente debes se muy observador, evalúa el ambiente que tienen, el humor de la gente que trabaja allí, las condiciones de los muebles, si te ofrecieron algo de beber, etc. ¿El lugar se percibe ordenado y agradable? ¿el personal está trabajando en condiciones adecuadas? Aunque estas observaciones te parezcan triviales en realidad te muestran claramente qué puedes esperar de la relación con esa empresa. En una ocasión me tocó visitar un despacho de mala muerte que tenía varias puertas con marcas de haber sido abiertas a patadas, varias veces… la señal no era muy prometedora.

En la antesala debes poner tu teléfono en modo de vibrar para que no te interrumpa a la mitad de la reunión, pero que te avise que recibiste una llamada. Saca una de tus tarjetas de presentación y colócala en un lugar accesible, será lo primero que le entregues al prospecto. Enciende tu laptop o dispositivo móvil y deja listos los archivos que deseas mostrar.

Frente a frente

Cuando el prospecto te reciba ¡sonríe! es la mejor manera de iniciar una relación que, confío, será de mutuo beneficio. Cuando estreches su mano no te olvides de verlo(a) a los ojos, habla fuerte y claro:

“– ¡Buenas tardes ingeniero! Soy la diseñadora Pita Pérez, nos contactamos por teléfono la semana pasada.”

Una buena reunión no debe durar menos de 20 minutos ni más de una hora.

Al terminar recapitula los acuerdos a los que llegaron y agradece el tiempo que el prospecto te dedicó.

De regreso

Guarda bien la tarjeta que te entregó el prospecto.

Envía la información que hayas prometido durante la reunión.

Evalúa si realmente te interesa trabajar con este prospecto, se vale arrepentirse.

Si te realmente quieres trabajar con esa empresa sale seguimiento al proyecto, no esperes a que ellos te llamen.

Y tú ¿tienes algún tip para visitar a los clientes/prospectos?

El día que evité una boda

Hace muchos años trabajé con un grupo de diseñadores muy jóvenes, la mayoría eran recién egresados de la universidad. Después de cinco años de relación laboral los conocía bastante bien: sabía quiénes eran sus parientes cercanos y hasta cómo se llamaban todas y cada una de sus mascotas. Obviamente también conocía el estatus sentimental de todos.

Uno de estos diseñadores tenía especial interés en independizarse y trabajar por su cuenta. Como era bastante bueno yo no dudaba que, tarde o temprano, lo conseguiría. Él tenía 25 años y su novia estudiaba la carrera de Diseño Gráfico. Llevaban juntos poco más de un año. Eran de esas parejas bonitas que podrían trabajar anunciando cualquier cosa.

Un buen día él me confesó que estaba muy emocionado porque le iba a proponer matrimonio a su linda novia. Seguramente él pensaba que yo me subiría al barco de su emoción, pero para su desconcierto no fue así:

— ¡No inventes Rubén! Liliana está muy chiquita.
— No, ya va a cumplir 21.
— Bueno, lo que quise decir es que aún no está lista ¡ni siquiera ha terminado la carrera!
— Por eso no hay problema: yo nos voy a mantener.
— No lo digo nada más por la cuestión económica Rubén. Liliana necesita concentrar sus esfuerzos en terminar su carrera. ¿Porqué no se esperan a que ella acabe la universidad?
— Es que no me quiero esperar, muchas cosas pueden suceder en dos años.
— Sí, de acuerdo. Si se casan ahorita en dos años ya van a tener bebés.
— Yo no la voy a presionar para tener familia, pero si ella quiere pues nos haremos responsables.
— No Rubén, déjame aclarar mi punto: Tú ya terminaste la carrera, te titulaste y ya tienes trabajo. Estas comenzando a tener tus propios clientes y estás listo para irte a vivir solo. Liliana está a la mitad de la carrera, depende económicamente de sus papás y no tiene ninguna experiencia laboral. Dale la oportunidad de que concluya esta etapa de su vida sin la presión de una nueva vida en pareja, no seas gacho.
— Tú no entiendes, la amo demasiado…

Y con esa frase digna de un hit popero terminó nuestra conversación.

Mi intención fue la de evitar que dos personas jóvenes se complicaran la vida innecesariamente ¿y si Rubén se quedaba sin trabajo? ¿y si Liliana se embarazaba de gemelos como sus tías? Llámenme pesimista, pero no veía cuál era el beneficio de casarse justo en ese momento.

Meses después la pareja se separó y me enteré que él nunca le propuso matrimonio. ¡Sospecho que mis palabras surtieron efecto y evité una boda! Al principio me sentí un poco culpable, pero al poco tiempo Rubén y Liliana ya tenían nuevos amores.

No quiero iniciar una discusión sobre si la maternidad es un elemento para que las mujeres no avancen tan rápido en el plano profesional, pero les comparto mi experiencia directa: Cuando me dedicaba a dar cursos de software para diseñadores gráficos nos encontrábamos muy seguido con la mamá diseñadora que, después de tener y atender a sus hijos pequeños, decidió retomar su carrera y le estaba costando un ovar… mucho actualizar sus conocimientos en el uso de la computadora. Tampoco podían pasarse dos días completos en un bomberazo porque su prioridad era atender a su familia.

Luego me pregunto porqué son más los hombres que se vuelven famosos como diseñadores, ilustradores o directores de despachos de diseño. También reflexiono sobre los eventos de diseño en nuestro país: el 80% de los ponentes siempre son hombres. Lo curioso es que en estas carreras las mujeres somos mayoría. Entonces ¿dónde nos quedamos detenidas? ¿en qué momento dejamos de aspirar a un mejor puesto? ¿cuándo nos dio miedo volvernos independientes? o ¿cuándo decidimos que es mejor conformarnos con lo que tenemos?

 

Enero es un buen mes para despedir clientes malos

Este 2015 lo comencé muy hacendosa: cambiamos el piso del despacho y nos deshicimos de cerca de veinte kilos de papeles y basura. Reacomodamos los escritorios y los libreros. Dejamos nuestro lugar de trabajo muy ordenado y coqueto.

AdiosLuego llegó el momento de hacer la limpieza de clientes: revisé mis facturas y cotizaciones del año pasado y evalué quienes eran los clientes que recibirían tarjeta de año nuevo y quienes no. Analicé quienes son los clientes que con los que me encantaría volver a trabajar, con cuáles no me molestaría tomar otro proyecto y con quienes de plano no vuelvo a colaborar.

Este año, principalmente voy a despedir cuatro tipos de clientes:

1. El cliente chillón que siempre está pidiendo descuentos, rebajas o trabajos más elaborados por el mismo precio que pagó la última vez. Sí, yo sé que el 2014 fue un año difícil para todos, pero odio pensar que algunos clientes sólo se fijan en los descuentos que obtienen en lugar de los beneficios que disfrutan con mi trabajo.

2. Los clientes que no saben diferenciar entre la relación profesional y la vida personal. Curiosamente este año me tocaron dos clientes que querían que sintiera compasión por sus tristes historias. Uno me pedía que trabajara sin anticipo porque estaba muy gastado por la enfermedad de su hija y otro hasta me mostró la cicatriz de su operación de corazón, esperando que sintiera lástima por su caso y bajara el costo de mis honorarios. Señores: si no tienen los recursos necesarios para andar contratando servicios profesionales ¡no nos llamen! y por favor no anden tratando de obtener servicios gratis nomás porque “la vida ha sido canalla con ustedes”.

3. Los clientes que tardaron demasiado en pagar. Una cosa es que sepas que te van a pagas 60 días después de entregado el proyecto y otra que el cliente se la pase dándote excusas para no pagarte durante meses. También tengo en la mira a algunos clientes de Gobierno que se pasaron de la raya con sus complicados sistemas de contratación que básicamente me quitaron mucho tiempo.

4. Los clientes descorteses. Desde la fulana que me dejó plantada en una cita, sin mayor explicación, hasta el chico maravilla de mercadotecnia que se inventaba viajes para no tomarme las llamadas.

Obviamente no existe tal cosa como una Carta de Aviso de Despido de Clientes; sería ridículo y altamente desagradable tomar el teléfono o enviarle un correo a un cliente malo para “avisarle que está despedido y que no deseo que me vuelva a contactar”.

En mi caso será una posición reactiva en la que esperaré a que el cliente despedido en cuestión me contacte, para hacerle saber que ya no contará con mis servicios. Les diré que tenemos algo así como incompatibilidad en los sistemas de trabajo.

Un cliente que no quisiera despedir

Tengo un cliente que me cae súper bien, es muy entretenido visitarlo en su oficina y pasar horas platicando sobre los proyectos, tomando café. Lo malo es que su compañía es un pésimo cliente, nunca pagan a tiempo y su administración es absolutamente desastrosa. Yo sé que no es su culpa, pero voy a tener que despedirlo; me voy a perder de sus pláticas, pero también voy a ahorrarme el tiempo que invertía en visitarlo.

Un prospecto que decidirá si se queda o se va

La semana pasada me llegó el primer email de trabajo del año: un prospecto, que me contactó en febrero del año pasado, y dejó de responder a mis correos en junio, se apareció de la nada:

“Hola Leonora ¿cómo estás? ¡feliz 2015!
Te pido que me llames el próximo lunes para agendar una cita con mi secretaria para que me visites y discutamos los detalles del proyecto para ver si ya iniciamos en marzo”.

No me podía contener de la risa mientras leía su correo ¿quéría que YO llamara a su secretaria? ¿para ir a “discutir” los detalles de un proyecto de hace casi un año? ¿para ver si se le pega la gana iniciar en marzo? JAJAJAJAJA, no pues no. Esto fue lo que le respondí:

“Hola Fulanito, feliz año para ti también.
Voy a revisar le propuesta que te presenté en febrero del año pasado, una vez que esté actualizada te la enviaré para que la reconsideres. Con gusto espero tu llamada para escuchar tus comentarios y/o dudas al respecto.”

En pocas palabras le dije que ya no le va a costar lo mismo que el año pasado, que no voy a visitarlo para discutir nada y que, si la nueva propuesta es de su interés, con gusto espero que él tome el teléfono.

Este año voy a poner especial cuidado en contactar nuevos prospectos para sustituir a los clientes que voy a despedir. Voy a hablar con empresas fuera de la Cd. de México, a lo mejor me encuentro con algún proyecto interesante.

Ya les iré contando cómo me va en este 2015.