Perdieron la chamba por chambones

La semana pasada me contrataron para fotografiar una zona industrial de Michoacán, la persona que se encargó de conducir la camioneta que me transportaba por las instalaciones, me chismeó porqué yo me había ganado la chamba*:
Resulta que en años anteriores contrataron a una agencia de publicidad muy cool para realizar videos y tomar las fotos de las instalaciones. Me contó que el primer año fueron tres personas las que conformaron el equipo, el siguiente año eran cinco y el último año fueron siete personas las enviadas por la agencia.
— Supongo que los requerimientos fueron aumentando — dije casual.
— Para nada, el resultado era el mismo, pero esos chavos se pasaron de listos enviando a un equipo más grande de que se requería.
— ¿Entonces no todos chambeaban? — dije con tono de que quería saber más.
— No, todos daban órdenes, pero sólo dos cuates hacían las tomas. Nos daba mucha lata hacerlos entender que debían usar casco y chaleco fluorescente todo el tiempo. Un día llegaron bastante tarde, con cara de crudos y tres de ellos sin zapatos de trabajo, por lo que se tuvieron que quedar en la camioneta todo el día. Para no aburrirse se dedicaron a hacer comentarios sexosos sobre las mujeres que se topaban. — Me dijo en voz baja.
— Sospecho que no se estaban tomando muy en serio su visita.
— Pues yo creo que no, me tocó ver que uno de ellos se molestó porque un jefe de taller le llamó la atención: quería entrar con mocasines sin calcetines, pantalón de manta arremangado y sombrero chistosito.
<<Pantalón de lino, no manta; sombrero Panamá, no chistosito>> pensé, pero daba igual, el punto es que el chavo no tenía conciencia del lugar que estaba visitando, o no le importaba.
De golpe recordé la risa que me dan las personas que desembarcan en el aeropuerto de la Ciudad de México, provenientes de algún destino de playa, con chanclas y pareo, aún con rastros de arena en la espalda. Nomás se bajan del avión y sufren con el frío de la terminal, ponen ojitos tristes al ver que está lloviendo y se enojan porque no traen a la mano ningún suéter. Adolecen de una total falta de previsión.
El asunto es que, ante tanta falta de seriedad de la mentada agencia de publicidad el cliente de Michoacán los mandó a volar, el departamento de mercadotecnia se compró una cámara de video y un drone y buscó alternativas para el levantamiento fotográfico: así llegué yo. Recuerdo que en la cotización me exigían que confirmara el número de personas que se requerían para realizar las fotos, yo les reiteré varias veces que sólo viajaría yo. Ahora sé porqué estaban tan preocupados.

Primero lo primero

La siguiente anéctota que demuestra que, nomás nos dan tantita oportunidad, luego luego perdemos la importancia de priorizar el trabajo: resulta que hace unos años invitaron a un grupo de fans mexicanos de Star Wars a participar en una grabación especial, sin fines de lucro, que incluiría a fans de todo el mundo. La cita fue en Pasadena, California. Les pagaron parte de los gastos (hospedaje y alimentación). Lo triste fue que el saludo mexicano nunca se grabó porque los jóvenes que fueron llegaron tarde a la grabación. La excusa fue inadmisible: rentaron un coche para ir de shopping a un Outlet y se perdieron de regreso.
Compañeros freelanceros: no los voy a aburrir recordándoles que se tomen sus responsabilidades en serio, la verdad, gracias a que algunos no lo hacen, otros tenemos la oportunidad de quedarnos con sus clientes que están pagando por un servicio profesional.
Muchos están acostumbrados a que nadie les diga nada porque llegan media hora tarde, o no observen las medidas de seguridad, tal vez nadie se los va a reclamar, pero que no les extrañe que los vuelvan a llamar.
*Chamba: el trabajo al que nos dedicamos.
Chambón: Persona que no atina a hacer bien las cosas.
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Cómo visitar a un cliente

El otro día me encontré, junto con otros proveedores, haciendo antesala para ver a un cliente en sus oficinas. Lo que más me llamó la atención fue ver a una diseñadora gráfica joven, de falda y tacones, que llevaba una carpeta grande de trabajos. Estaba bastante nerviosa y hojeaba las revistas como si en ello le fuera la vida. Después envió como quince whatsapps. Cuando finalmente la llamaron su teléfono iba sonando con todas las respuestas a sus mensajes.

Yo tengo algo así como 20 años freelanceando y cuando visito prospectos en sus oficinas, ésto es lo que he aprendido:

Preparando la visita

Cuando alguien me pide una cita para platicar sobre un proyecto es mi responsabilidad investigar lo mejor que pueda todo lo relacionado con su empresa: revisar su sitio web, su FB y TW. Obtener una buena información sobre el prospecto me ayudará, entre otras cosas, a escoger mejor los ejemplos de mi trabajo que le mostraré.

Tiene años que no cargo una carpeta física con mis trabajos impresos, al principio recurrí a una laptop y desde que apareció el iPad siempre lo uso para mostrar mis proyectos (online y offline). Doy por sentado que, si tú eres diseñador o programador, tienes un sitio web (o blog, o Behance o lo que sea en línea) para enseñar tus muestras, aunque sean escolares.

Un día antes de la cita ubico en Google Maps el domicilio del prospecto, identifico el inmueble con Pegman y reviso la calle y sus alrededores para evaluar si puedo llegar en coche o si es más conveniente hacerlo en transporte público.

También anoto el nombre, puesto y teléfono de la persona que visitaré en un postit que pego en mi celular. Tener a la mano el teléfono del prospecto es útil en el improbable caso de que tenga que avisarle que no podré llegar a tiempo.

Sobre el vestuario sólo diré que el dicho que reza “como te ven te tratan” es 90% cierto. Te sugiero que, si eres diseñador freelancero no te vistas como abogado, los clientes esperan a alguien creativo no a una persona de traje y corbata o tacones y medias. PERO por favor tampoco te presentes como becario de agencia de publicidad: las playeras con frases chuscas, los pantalones andrajosos y los tenis mal amarrados NUNCA te ayudarán a dar una imagen profesional. Sí, es probable que así te vistas todos los días, pero si quieres cobrar lo que vale tu trabajo tienes que demostrar que inviertes parte de ese dinero en tu vestuario.

Antes de salir de tu casa verifica que llevas tu identificación, tus tarjetas de presentación, una libreta de anotaciones, una pluma que no sea Bic (que se note que puedes comprar una pluma menos corriente), tu dispositivo móvil recién cargado, tarjeta multimodal y cambio (para pagar el estacionamiento o comprar algo para beber).

En el registro

Odio pasar por los registros de los edificios, casi siempre me topo a señoritas malencaradas u oficiales a los que no les preocupa hacerme esperar más de lo necesario. Por esto es importante llegar al lugar de la cita, por lo menos con diez minutos de anticipación. Un día me pasó que me presenté puntual en la recepción, pero la cita era en el piso 12 y no funcionaba el elevador.

TIP: Cuando te pidan llenar la carpeta de registro fíjate en quiénes han sido las personas que llegaron antes que tú, en ocasiones me he encontrado los nombres de mi competencia. Esta información puede ser útil para saber con quiénes ha hablado el prospecto y así alimentar tus argumentos.

En la sala de espera

Desde que llegas a las oficinas del cliente debes se muy observador, evalúa el ambiente que tienen, el humor de la gente que trabaja allí, las condiciones de los muebles, si te ofrecieron algo de beber, etc. ¿El lugar se percibe ordenado y agradable? ¿el personal está trabajando en condiciones adecuadas? Aunque estas observaciones te parezcan triviales en realidad te muestran claramente qué puedes esperar de la relación con esa empresa. En una ocasión me tocó visitar un despacho de mala muerte que tenía varias puertas con marcas de haber sido abiertas a patadas, varias veces… la señal no era muy prometedora.

En la antesala debes poner tu teléfono en modo de vibrar para que no te interrumpa a la mitad de la reunión, pero que te avise que recibiste una llamada. Saca una de tus tarjetas de presentación y colócala en un lugar accesible, será lo primero que le entregues al prospecto. Enciende tu laptop o dispositivo móvil y deja listos los archivos que deseas mostrar.

Frente a frente

Cuando el prospecto te reciba ¡sonríe! es la mejor manera de iniciar una relación que, confío, será de mutuo beneficio. Cuando estreches su mano no te olvides de verlo(a) a los ojos, habla fuerte y claro:

“– ¡Buenas tardes ingeniero! Soy la diseñadora Pita Pérez, nos contactamos por teléfono la semana pasada.”

Una buena reunión no debe durar menos de 20 minutos ni más de una hora.

Al terminar recapitula los acuerdos a los que llegaron y agradece el tiempo que el prospecto te dedicó.

De regreso

Guarda bien la tarjeta que te entregó el prospecto.

Envía la información que hayas prometido durante la reunión.

Evalúa si realmente te interesa trabajar con este prospecto, se vale arrepentirse.

Si te realmente quieres trabajar con esa empresa sale seguimiento al proyecto, no esperes a que ellos te llamen.

Y tú ¿tienes algún tip para visitar a los clientes/prospectos?

Enero es un buen mes para despedir clientes malos

Este 2015 lo comencé muy hacendosa: cambiamos el piso del despacho y nos deshicimos de cerca de veinte kilos de papeles y basura. Reacomodamos los escritorios y los libreros. Dejamos nuestro lugar de trabajo muy ordenado y coqueto.

AdiosLuego llegó el momento de hacer la limpieza de clientes: revisé mis facturas y cotizaciones del año pasado y evalué quienes eran los clientes que recibirían tarjeta de año nuevo y quienes no. Analicé quienes son los clientes que con los que me encantaría volver a trabajar, con cuáles no me molestaría tomar otro proyecto y con quienes de plano no vuelvo a colaborar.

Este año, principalmente voy a despedir cuatro tipos de clientes:

1. El cliente chillón que siempre está pidiendo descuentos, rebajas o trabajos más elaborados por el mismo precio que pagó la última vez. Sí, yo sé que el 2014 fue un año difícil para todos, pero odio pensar que algunos clientes sólo se fijan en los descuentos que obtienen en lugar de los beneficios que disfrutan con mi trabajo.

2. Los clientes que no saben diferenciar entre la relación profesional y la vida personal. Curiosamente este año me tocaron dos clientes que querían que sintiera compasión por sus tristes historias. Uno me pedía que trabajara sin anticipo porque estaba muy gastado por la enfermedad de su hija y otro hasta me mostró la cicatriz de su operación de corazón, esperando que sintiera lástima por su caso y bajara el costo de mis honorarios. Señores: si no tienen los recursos necesarios para andar contratando servicios profesionales ¡no nos llamen! y por favor no anden tratando de obtener servicios gratis nomás porque “la vida ha sido canalla con ustedes”.

3. Los clientes que tardaron demasiado en pagar. Una cosa es que sepas que te van a pagas 60 días después de entregado el proyecto y otra que el cliente se la pase dándote excusas para no pagarte durante meses. También tengo en la mira a algunos clientes de Gobierno que se pasaron de la raya con sus complicados sistemas de contratación que básicamente me quitaron mucho tiempo.

4. Los clientes descorteses. Desde la fulana que me dejó plantada en una cita, sin mayor explicación, hasta el chico maravilla de mercadotecnia que se inventaba viajes para no tomarme las llamadas.

Obviamente no existe tal cosa como una Carta de Aviso de Despido de Clientes; sería ridículo y altamente desagradable tomar el teléfono o enviarle un correo a un cliente malo para “avisarle que está despedido y que no deseo que me vuelva a contactar”.

En mi caso será una posición reactiva en la que esperaré a que el cliente despedido en cuestión me contacte, para hacerle saber que ya no contará con mis servicios. Les diré que tenemos algo así como incompatibilidad en los sistemas de trabajo.

Un cliente que no quisiera despedir

Tengo un cliente que me cae súper bien, es muy entretenido visitarlo en su oficina y pasar horas platicando sobre los proyectos, tomando café. Lo malo es que su compañía es un pésimo cliente, nunca pagan a tiempo y su administración es absolutamente desastrosa. Yo sé que no es su culpa, pero voy a tener que despedirlo; me voy a perder de sus pláticas, pero también voy a ahorrarme el tiempo que invertía en visitarlo.

Un prospecto que decidirá si se queda o se va

La semana pasada me llegó el primer email de trabajo del año: un prospecto, que me contactó en febrero del año pasado, y dejó de responder a mis correos en junio, se apareció de la nada:

“Hola Leonora ¿cómo estás? ¡feliz 2015!
Te pido que me llames el próximo lunes para agendar una cita con mi secretaria para que me visites y discutamos los detalles del proyecto para ver si ya iniciamos en marzo”.

No me podía contener de la risa mientras leía su correo ¿quéría que YO llamara a su secretaria? ¿para ir a “discutir” los detalles de un proyecto de hace casi un año? ¿para ver si se le pega la gana iniciar en marzo? JAJAJAJAJA, no pues no. Esto fue lo que le respondí:

“Hola Fulanito, feliz año para ti también.
Voy a revisar le propuesta que te presenté en febrero del año pasado, una vez que esté actualizada te la enviaré para que la reconsideres. Con gusto espero tu llamada para escuchar tus comentarios y/o dudas al respecto.”

En pocas palabras le dije que ya no le va a costar lo mismo que el año pasado, que no voy a visitarlo para discutir nada y que, si la nueva propuesta es de su interés, con gusto espero que él tome el teléfono.

Este año voy a poner especial cuidado en contactar nuevos prospectos para sustituir a los clientes que voy a despedir. Voy a hablar con empresas fuera de la Cd. de México, a lo mejor me encuentro con algún proyecto interesante.

Ya les iré contando cómo me va en este 2015.

 

Salirse de la zona de confort

La economía está atorada, punto. Los acontecimientos en México y las pocas buenas noticias a nivel internacional ha hecho del 2014 uno de los años más malos de los que tengo memoria.

Nadie está gastando más allá de lo estrictamente necesario Y SE NOTA. Basta con ver los centros comerciales que, desde finales de octubre, comenzaron a colocar sus adornos navideños en un desesperado intento por atraer compradores. Muchos andamos preocupados porque desde principios del año los proyectos dejaron de fluir.

En mi caso fue muy evidente, dejé de recibir las 3 o 4 solicitudes de cotización que normalmente tenía por semana. A partir de junio sólo me contactaban una vez cada 15 días. Los prospectos no me buscaban como lo hacían antes. ¿Sería que mi sitio web estaba “caído”? No. ¿Sería que mi competencia estaba haciendo algo mejor que yo? No lo sé. ¿Sería que me dormí en mis laureles? Tal vez. Estaba a punto de entrar en pánico cuando un viejo cliente me llamó para realizar un proyecto ambicioso que me tenido ocupada hasta diciembre, pero no podía seguir tranquila en mi despacho esperando a que los prospectos me llamaran, así que decidí llamarlos yo.

Al principio sólo realicé “llamadas en frío” a empresas a las que me interesaba venderles mis servicios de freelance, pero el resultado fue muy poco alentador, pocas veces pude hablar con la persona indicada, lo mejor que conseguía era que las recepcionistas me dieran un email para que enviara mi información. Casi nunca pude obtener el nombre de la persona o el departamento a la que dirigiría el correo con mi carta de presentación.

Fue entonces cuando realmente me salí de mi zona de confort y decidí salir a visitar a los prospectos que realmente me interesaban. Yo, que estaba acostumbrada a que ellos me buscaran, tuve que salir a la calle a ofrecer mis servicios.  Sentí que me “estaba rebajando al nivel de vendedor de calle”  y arrastré a mi ego a lugares desconocidos. La primera vez fue cuesta arriba, me daba muchísima pena entrar a una empresa y preguntar cómo podía agendar una cita con la persona indicada. Obtuve todo tipo de respuestas, desde la clásica “–El licenciado Fulano está en una junta, déjeme su tarjeta y yo se la paso”, hasta la rarísima “–Gracias, pero en esta empresa no invertimos en ese tipo de servicios”.

Afortunadamente, después de visitar 15 empresas en el transcurso de dos semanas, concreté las citas con los responsables del área de mercadotecnia de dos compañías. En la primera me escucharon atentamente, pero no se mostraron muy interesados en mis servicios, en la segunda me solicitaron una cotización y ahora estoy trabajando en un proyecto intere$ante.

Tal vez muchos me dirán que jamás debería ir a tocar puertas como vendedor callejero, que tendría que poner un anuncio en un medio especializado o usar los servicios de compañías que hacen envíos masivos de emails, pero la realidad es que, si deseo resultados diferentes debo hacer cosas diferentes… aunque me salga de mi zona de confort.

Y tú ¿haz cambiado la forma de vender tus servicios?

Cuando nuestros servicios dejan de ser negocio

Going out of businessHace 10 años, mi esposo y yo ofrecíamos el servicio de creación de maquetas 3D, desde renders arquitectónicos hasta animaciones tridimensionales de conjuntos industriales. Quienes hayan incursionado en esta área sabrán que los requisitos de software y hardware son onerosos, que el tiempo requerido para hacer un modelado en 3D, la aplicación de texturas y luces y la programación de cámaras virtuales es un trabajo complejo que requiere mucho tiempo para procesar las imágenes (rendereo).

En esa época no muchas personas ofrecían ese servicio en México y tuvimos bastantes proyectos, pero para compañías muy chiquitas que no tenían la capacidad de pagar lo que realmente costaba el servicio. Nosotros cometimos el error de cobrarles sólo lo que estaban dispuestas a pagar, no lo que realmente valía nuestro servicio.

Por el otro lado vimos cómo un despacho que hacía exáctamente lo mismo que nosotros, similar calidad y oferta, comenzó a tener clientes mucho más intere$antes que los nuestros, vimos cómo poco a poco hacían proyectos más ambiciosos y caros. Mientras tanto nosotros seguíamos recibiendo felicitaciones por nuestra calidad, pero estábamos atados a clientes que se retorcían cada que les explicábamos que “volver a hacer el render, con el cambio de color de la fachada, tendría un costo adicional”. Como nos gustaba mucho lo que hacíamos y no queríamos ver a los clientes descontentos muy frecuentemente rehacíamos segmentos completos de las animaciones sin aumentar el importe de la factura.

Infortunadamente nuestras animaciones se volvieron una herramienta para que el cliente visualizara, por primera vez, cómo se iba a ver su edifico y, si no era lo que esperaba, ponía a su arquitecto a trabajar en una nueva propuesta que nosotros volvíamos a animar una y otra vez.
Trabajábamos como locos todo el día, renderéabamos toda la noche y, si la fecha de entrega ya estaba encima, rentábamos computadoras o servicios online de “granjas de renders”. Pero el balance era incorrecto: gastábamos más de lo que cobrábamos.
El colmo fue cuando otro cliente nos envió una animación con un recorrido virtual del Hotel Mandarin Oriental de Nueva York para que nos diéramos una idea de la calidad que esperaba en su animación —Fíjense bien que en las copas de las mesas del restaurante se ve el reflejo de todo el ambiente.— Técnicamente éramos capaces de desarrrollar ese efecto, pero el precio que este cliente había pagado por nuestros servicio estaba a años luz de lo que soñaba. Sin considerar, por supuesto, que su desarrollo inmobialiario iba dirigido al sector medio bajo.

Entonces nos sentamos a analizar cuáles habían sido nuestros errores:

1. Estabamos cobrando nuestro servicio por abajo de los costos.

No cotizar correctamente nos costó mucho, no teníamos un ahorro para crecer y no pudimos competir contra otros despachos que comenzaron a crecer gracias a que cobraban lo justo y se lo vendían a los clientes adecuados.
En esa época trabajamos con clientes que nos llamaban recomendados por otros clientes, eramos buenos, bonitos y BARATOS.

2. No buscamos clientes diferentes.

No tuvimos la visión de dedicar un tiempo para buscar clientes con los que nos interesara trabajar. Esperábamos a que ellos llegaran a nosotros y eso nunca sucedió. No tuvimos la capacidad de invertir en el equipo humano y técnico necesario para “dar el brinco”.

3. Dejamos de amar algo que nos gustaba hacer.

Literalmente nuestras computadoras no se apagaban durante días, y nosotros desayunábamos, comíamos y cenábamos junto a ellas. Cada vez las exigencias técnicas de los clientes eran mayores y los pagos se tardaban cada vez más en llegar. Nos encantaba nuestro trabajo, pero comenzamos a padecerlo.

4. Perdimos el “Momentum

Sucedió algo que teníamos previsto: las Universidades comenzaron a capacitar a sus alumnos de Arquitectura en técnicas de modelado y animación 3D. Comenzamos a competir con decenas de jóvenes que, desde su habitación en casa de sus papás, realizaba trabajos de buen nivel y precios irrisorios. Tanto el software como el hardware estaban subsidiados con precios especiales para estudiantes.
Después, los desarrolladores inmobiliarios pudieron contratar a estos universitarios para que trabajaran de tiempo completo en la creación de animaciones 3D. Nuestros servicios dejaron de ser requeridos.

Después de realizar este análisis de la situación tuvimos que tomar una decisión muy fuerte: o entrábamos a una guerra de precios contra los nuevos competidores o “cambiábamos de liga” haciendo una fuerte inversión para comprar equipo más “pro” y contratar a dos personas que se integraran al despacho. Decidimos que no queríamos hacer lo primero y no teníamos la capacidad financiera de hacer lo segundo. Cerramos esa área del despacho y nos quedamos con los servicios que nos daban un mayor margen de utilidad.

Fue un periodo bastante doloroso en el que aprendimos, a la mala, que no es suficiente con amar lo que haces, TIENES que poder vivir de ello, de lo contrario es un sacrificio, no un negocio.

Ocupaciones para cuando no hay chamba

En los últimos tres años me ha pasado que, justo en diciembre, no me cae ningún proyecto. Así nomás, como si a los clientes se los hubiera tragado la tierra, me quedé chiflando en la loma. Me tranquilizo sabiendo que en enero regresarán cual zombies resucitados.

La buena noticia es que, como no es la primera vez que me pasa, ya había tomado mis previsiones y ahorré lo necesario para esta temporada de vacas flacas.

Con tanto tiempo libre las opciones de entretenimiento obvias se pueden repasar como el menú de un restaurante conocido: leer ese libro que tenemos abandonado, ir al cine a ver El Hobbit 2, rentar todas las temporadas de Breaking Bad, ir al museo a ver esa exposición antes de que la quiten, etc. Pero ¿qué tal si dedicamos un poco de tiempo a actividades menos divertidas pero más redituables?

Este fin de año lo voy a dedicar, además de comer cosas ricas y engordar como loca, a planear una estrategia de medios sociales, a actualizar mi portafolios y a diseñar nuevas tarjetas de presentación. Todas estas actividades son importantes, pero siempre dan paso a las “urgentes” y nunca le dedico tiempo para realizarlas.

Si vives en México, otra actividad poco divertida, pero a la larga indispensable, es tramitar tus facturas electrónicas. Como sabrás, la Reforma Fiscal nos obligará a todos los freelenceros a emitir comprobantes electrónicos a partir de enero del 2014. La “buena noticia” es que el SAT ha dado una prórroga para algunos contribuyentes:

“Como facilidad para las personas físicas que en el último ejercicio declarado tuvieron ingresos iguales o menores a 500 mil pesos y emitieron comprobantes impresos o CFD, podrán seguir facturando bajo estos esquemas hasta el 31 de marzo de 2014, siempre y cuando a partir del 1 de abril migren al esquema de facturación electrónica CFDI.”

Lo anterior significa que tienes “chance” de migrar a la facturación electrónica antes del 31 de marzo si tus ingresos totales del 2013 fueron menores de $500,000 pesos. No importa si expides facturas impresas o entregas recibos de honorarios, a partir del 2014 todos estos comprobantes se deberán generar de forma electrónica.

El hecho es que nadie se “salvará” de entregar comprobantes impresos. Entonces, si no quieres que un cliente te niegue un pago porque no le puedes entregar su respectivo comprobante electrónico, te sugiero que aproveches estos días de poca actividad para realizar el trámite. Seguramente habrás escuchado que se trata de un trámite engorroso y, siento decírtelo, LO ES. Primero tienes que hacer una cita en tu oficina del SAT para que te expidan una cosa esotérica que se llama FIEL y que te servirá para contratar un servicio de facturación electrónica con algún proveedor autorizado. Los precios de este servicio son muy variados y te recomiendo que platiques con tu contador u otros colegas antes de seleccionar a tu proveedor.

El SAT ofrece el servicio de facturación electrónica de forma GRATUITA. Mi marido, que es un aferrado de conseguir cosas imposibles en internet, se llevó dos días descifrando el procedimiento y ahora genera sus facturas de forma gratuita a través del portal del SAT. Lo malo es que lo tiene que hacer desde una PC porque el dichoso sistema no funciona en Mac (tache para los programadores).

Si bien esto de entregar comprobantes electrónicos es una imposición fiscal (por esos se llaman “impuestos” y no “cooperaciones voluntarias”) yo, que ya facturo electrónicamente desde hace seis meses, trato de encontrarle el lado positivo: por ejemplo, ya no tengo que gastar en el servicio de mensajería para entregar las facturas a los clientes que no radican en mi ciudad, ahora se las envío por correo electrónico. Además, si por alguna razón debo cancelar alguna factura ya no tengo que suplicarle al cliente que me regrese la original, basta con que la cancele desde mi computadora y genere una nueva.

Sin embargo, yo que soy diseñadora gráfica, extraño mucho mis hermosas facturas a color que se ganaron, en más de una ocasión, exclamaciones como ¡Qué padres están tus facturas! El caracter anodino de las nuevas facturas electrónicas me entristece hasta las lágrimas… bueno, no es cierto… es que a veces soy una exagerada.

Como obviamente este es mi último post del 2013 aprovecho para desearte a tí, que lees este blog, que el 2014 sea DE VERDAD mucho mejor que el que acaba. Espero que tu colección de nuevos clientes se incremente con especímenes buenos, bonitos, honestos y que confíen en tus servicios profesionales.

Un abrazo freelencero.

Leonora

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