Horror Tours: trabajando con clientes desordenados

La siguiente historia la envió Sebastian, desarrollador web venezolano, que nos demuestra que en todos lados, infortunadamente, los clientes malos se parecen.


Todo empezó en un momento en que invertimos (una compañera y yo básicamente) algunos recursos publicitarios para darnos a conocer, por aquel entonces aun era empleado y poco a poco iba haciendo proyectos para ir creciendo como empresa, algo bastante difícil en la desastrosa situación económica de mi país.

De pronto, un Domingo, me llama un sujeto que estaba interesado en que le desarrolláramos dos sitios web en conjunto con un trabajo de posicionamiento en redes sociales, pensamos algo como “¡Un cliente nuevo! ¡La publicidad estaba surtiendo efecto” así que de inmediato tomamos datos de contacto y acordamos una reunión.

Ese día todo fue genial, ellos ya tenían su hosting y dominio reservados asi que sólo se trataba de un rediseño web, la persona (al que llamaré Dani) lucía muy seguro, yo le hacía preguntas sobre las claves de acceso a sus dominios y sobre el tipo de plan que usaban y para serte sincero quede impresionado, pensé que sería un trabajo bastante placentero debido a que todo parecía estar en orden… Parecía.

Primero les envié el presupuesto con una clausula que indicaba que debía abonarse el 50% al comienzo y después del desarrollo se debía abonar el 50% restante, me escribió diciéndome que me pagaría solamente el 20% y “después que vayamos viendo, te iremos pagando (“… muy mala señal…” pensé), le respondí diciéndole que para empezar a trabajar requeríamos el 50% y de no ser así lamentablemente no podíamos comenzar a trabajar.

Pagó el 50% y empezó el desarrollo… Perdón, el infierno. Le pedí los accesos a sus dominios y no sabía de lo que le estaba hablando, después de diez correos explicándole que cada proveedor de hosting le ofrece acceso con un usuario y una clave fue que logró dar con los datos requeridos, así pues me di cuenta de varias cosas:

1) El hosting que usaba era limitado, al punto que después de varias visitas el ancho de banda quedaba copado y quedaba bloqueado hasta  que se renovara el mes (algo terrible si quieres que Google te indexé, de igual modo le ofrecí que podíamos mover el dominio a otro proveedor de hosting pero me comentó que estaba hasta los mismísimos de gastos publicitarios para su agencia y que de momento no estaba contemplado).

2) El espacio era ínfimo (100 megabytes, unas cuatro canciones de Iron Maiden) lo que dejaba poco margen de maniobra a la hora de subir imágenes por mencionar algo de tantas cosas que se hacen en un desarrollo web.

3) “Googleando” conseguí que la misma empresa tenía ¡otros sitios web! pero por algún motivo renovaban dominios nuevos, yo le hice la mención a Dani sobre esto (para que todos esos dominios redireccionarán al principal) y me comentó que no tenían las claves de esos dominios ¡¡Cada cierto tiempo olvidaban las claves y se veían obligados a abrir otros dominios cuando querían actualizar!!

Otra cosa que me di cuenta es que las antiguas webs era un total desastre a nivel de diseño y programación (pensé “bueno, por algo esta solicitiando rediseñarla“), así que me dediqué y les ofrecí un diseño el cual quedaron bastante satisfechos: era responsive (adaptable a cualquier tamaño de pantalla), también le dije que sería buena idea que hiciera una sesión de fotos a sus empleados para colocarlos en la página (no sé en México pero en Venezuela es algo que suele hacerse) a lo que respondió “pronto lo haremos, es que las muchachas tienen que ir a la peluquería primero jeje“, eso nunca ocurrió.

El desarrollo no fue un proceso especialmente doloroso pero si tedioso, más que nada por la información que suministraban, recibía montones de correos con archivos de Word, PDF y fotos dispersas con un “agrégalo a la web, bueno, me tocó comerme unas cuantas verdes como decimos aquí, pero para serte sincero, eso no fue nada comparado con lo que vivió la chica con quien trabajo, todas las noches, mientras desarrollaba el proyecto nos quejábamos por Whatsapp de la forma de trabajo de Horror Tours, eran desordenados, pero bueno, no todo es perfecto pensamos.

Se concluyó el desarrollo y pagaron el 50% restante (¡Whoo!), le comenté que si deseaban que le actualizara la web debían cancelar una mensualidad, más que nada porque la misma necesitaba “nutrirse” de promociones, paquetes turísticos, etc… Y aceptaron de buena gana, así que empezó la segunda etapa: el mantenimiento.

Es aquí cuando la historia se pone peliaguda, es que como diseñadora que eres seguramente te llevarás las manos a la boca a leer lo que se viene, porque es aquí donde comienzan las escaleras al infierno profundo, donde los niños lloran y caminan demonios con piernas de cordero, es aquí donde Horror Tours se lució a lo grande.

Durante el primer mes pedimos que nos pasaran las promociones para colocarlas en la web y para darles rotación en las redes sociales, también solicitamos los artes para los mismos efectos, ¿Qué recibimos?: imágenes pegadas en los correos, imágenes pegadas en archivos de word, ¿quieres saber lo más triste? las promociones eran copiadas de otras agencias de viaje y la enviaban con aquella falta de vergüenza. Les llegamos a comentar que esos artes pertenecían a otra agencia y respondían que no importaba siempre que no se hiciera mención a esa agencia (¿?).

No sólo eso, le comente a Dani que necesitaba unos artes para colocarlos en el banner de la página (el cual tiene un efecto slide bien chulo oye tu) y note que pasaban los días y no recibí nada, desde que comenzó el mantenimiento pedí que me pusieran en contacto con “su” diseñador gráfico para poder coordinar lo que se necesitaba pero Dani siempre era esquivo al tema. Por norma aquí todas las agencias de viaje poseen un diseñador gráfico que constantemente esta generando artes promocionales. Dani me comentó que su diseñador ya no estaba con ellos, así que pensé en lo evidente: nunca tuvieron diseñador y la antigua web fue hecha por ellos mismos para ahorrarse unos duros. Todo encajó.

Le comenté que podría ponerle en contacto con un diseñador que nos sacara del apuro pero al recibir en mi Whatsapp como respuesta un “ok, pero que sea un diseñador rápido y barato” (textual) se me quitaron las ganas, y de verdad sentí hasta indignación y no pensé en hacerle la maldad a nadie así que dejé que ellos mismos buscaran su diseñador “rápido y barato”.

Pasaron algunos días y le comente a Dani que sus promociones deben estar en el frontpage así que en poco tiempo recibi algunos ARCHIVOS DE POWER POINT pésimamente diseñados, le comenté que no era lo idóneo y que requeríamos al menos algo en JPG. Yo ya había perdido el interés y fue él mismo quien me comentó que ya “el problema del diseñador” estaba resolviendose… Su esposa había comenzado un curso de Diseño Gráfico.

Así pues, recibíamos los “artes” y me limitaba a cobrar por el trabajo (ya dejé de insistir), la web la saque del portafolio de la empresa porque aunque tiene un diseño muy moderno, los artes la “embarraron” por completo y la verdad quedó bastante fea. Todos los artes eran hechos con Power Point y obviamente jamás se decantaron por pagarle a algún diseñador para subir la imagen de su empresa. Lo más insólito es que Dani me llegó a comentar en una ocasión que los artes estaban “quedando bonitos”, yo sólo me limité a  no decir nada. Con respecto a las redes sociales pasaban cosas surrealistas, el trabajo de posicionamiento se perdía porque de pronto ellos insertaban publicaciones personales, así pues, veías en las cuentas oficiales de Horror Tours fotos de los dueños bañándose en la playa haciéndose menciones entre ellos ¡que poco serio!

Entonces con los meses siguieron los problemas, como la web se quedaba sin ancho de banda tras pocos días se perdía la indexación de Google, no bastó con que se lo comentara al comienzo, tuve que explicárselo varias veces porque no sé si es que se hacía el que no entendía o que. Me escribía a todas horas, todos los días por cualquier tontería de la web pensando que éramos soporte técnico de su empresa (incluso llego a pedirnos que abriéramos una cuenta Gmail, algo que no ocurrió desde luego), en los casos de caídas del servidor siempre lo remitía con un “escríbale al proveedor de hosting“.

Finalmente decidieron cambiar de hosting por uno comprado en el norte y pasamos de Guatemala a “Guatepeor” porque lo hicieron sin consultarme y provocó que unos scripts dedicados a enviar correos (para petición de paquetes turísticos) dejaran de funcionar. En ese momento me encontraba de viaje y les dije que para esas cosas tienen que avisar para poder adaptar el código de la página al nuevo servidor pero ellos se expresaban de una forma como que era mi culpa cuando ellos jamás me avisaron del cambio. Finalmente  dejé la plataforma operativa.

Dani tenía la mala maña de que cada vez que surgía un problema me escribía por Whatsapp explicándome con larguísimos mensajes el alto gasto publicitario que tenían en prensa y radio (como si aquello era mi problema, igual nunca vi ni escuché un solo anuncio de ellos), textualmente me dijo que la agencia no estaba vendiendo mucho y que “tendría que pagarme con sus ahorros personales”, creo que esperaba que le bajara el precio a los servicios, yo me limité a ignorar esto, pero esa maña era de muy mal gusto.

Decir que entre esos meses y justo ahora el servicio era intermitente porque no cancelaban de forma continua; un mes decidían hacer cambios, pero el otro mes no. Le comenté que así es muy difícil tener posicionamiento integrado de la web con las redes sociales, porque para ver un resultado medianamente decente de posicionamiento se necesitaba al menos seis meses de arduo trabajo. Nunca pudimos trabajar ni tres meses continuos; lo más insólito es que me escribió diciéndome que “el posicionamiento de facebook no funcionó, asi que probaría con instagram” yo le expliqué que así no era como funcionaba pero él insistió y de nuevo: me limité a cobrar.

Pasó un largo tiempo donde no supimos nada de ellos hasta que empezó a escribirme sobre un problema donde los correos no le llegaban (sí, los famosos scripts de la página), así que bueno, nada me quitó revisar y vi que los scripts estaban en orden; al parecer tocaron algo en la configuración de los servidores pero yo ya estaba muy cansado de ellos, seguramente hicieron algún cambio y pensaban que les iba a trabajar gratis; les comente que ya no hacíamos trabajo de mantenimiento lo cual me deseo suerte en mis proyectos. A los pocos días me escribió diciéndome que el dinero no era problema, que necesitaba ayuda, lo cual le dije que lamentablemente todo nuestro talento humano estaba enfocado en otros proyectos.

Lo último que supimos de ellos fue hace un par de semanas cuando le escribió a la chica Community Manager sobre la clave del Instagram (sí, la perdieron, al igual que sus dominios) a las 10.00 PM. Fue algo muy molesto, ella desde luego envió un correo diciéndole que al momento de dejar de ofrecerles el servicio de mantenimiento esa información estaba en un correo electrónico enviado a ellos.

Salir de ellos no fue una decisión para nada dura, cuando Dani nos volvió a escribir ya veíamos el infierno que se nos venía: un cliente molesto, mala paga, desordenado y profundamente ignorante. ¿Quieres una moraleja de todo esto? a veces no sirve de nada educar a tus clientes, si trabajan mal te salpicará y te ganarás unas cuantas úlceras gratuitas.


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Los falsos buenos clientes

El siguiente post invitado me lo envió el querido Misael, un diseñador gráfico que como yo,
andaba expresando su descontento en Twitter.


Tener un cliente que respete nuestro trabajo, que pague lo justo y a tiempo, es una de las metas de todo estudio de diseño o diseñador freelance. Pero existe un tipo de cliente que se aprovecha de estas necesidades y utiliza una falsa personalidad empática para lograr sus propósitos.

Dirigir y trabajar en un estudio propio de diseño gráfico implica muchos retos, entre ellos la búsqueda de proyectos (una de las partes más engorrosas del negocio). Por eso, cuando un proyecto llega sin buscarlo, difícilmente querremos rechazarlo.

Por recomendación de un amigo, nos llegó lo que parecía ser un «proyecto importante», mismo que consistía en desarrollar los contenidos gráficos/animados para cursos en línea que están financiados por una institución de salud pública del país. Nuestra clienta resultó ser la colaboradora ideal (eso creíamos). Tenía muy buena actitud y parecía del todo profesional.

El acuerdo era el siguiente: Podíamos dejar de trabajar con ella en cualquier momento, siempre y cuando fuera a fin de mes (ya que tanto las tareas asignadas como los pagos, eran entregados mensualmente).

La comunicación comenzó siendo óptima, pero olvidamos un detalle crucial: el contrato. Al principio dudamos de si dárselo a firmar o no. Sin embargo, al finalizar el primer mes de trabajo y con ello el pago de manera puntual, se ganó toda nuestra confianza.

Trabajamos durante casi un año con este proyecto, aparentemente de manera estable, pero conforme pasaban los meses las cosas comenzaron a ponerse extrañas ya que nuestra clienta se volvía cada vez más amigable y aparentaba tener más confianza con nosotros. Con ello comenzó a entregamos más cantidad de trabajo del que habíamos acordado, alegando que su jefe la presionaba y que si no lo cumplía tendría problemas legales.

Caímos en el juego. Creyendo que estaba pasando un mal momento, aceptamos continuar con el flujo de trabajo. Esto no paró ahí, ya que mientras ella seguía intentando ser «nuestra amiga» (incluso contándonos que se estaba divorciando y que tenía problemas con la custodia de sus hijos), nos pedía realizar más trabajo por el mismo precio.

Al darnos cuenta de esta técnica tuvimos que negociar el aumento de precio, mismo que ella aceptó, aunque excediéndose todavía más con la carga de trabajo: Nos pedía cambios «urgentes» (en su mayoría errores de ortografía en sus textos), fuera del horario de trabajo, nos buscaba por WhatsApp todas las mañanas y nos marcaba sin cesar. Incluso comenzó a chantajearnos para que trabajáramos los fines de semana, amenazándonos con contratar a otros diseñadores si nosotros no aceptábamos. Cansados, nos mostramos inflexibles, así que decidió buscar a otros diseñadores que cumplieran con sus requerimientos y nosotros aceptamos terminar el proyecto ahí. Le entregamos los materiales completos del mes y quedamos en espera del pago.

Unos días después, volvió como si nada diciendo que había conseguido más tiempo con su jefe para que nosotros termináramos de trabajar todo lo que ella necesitaba. Que continuáramos. Confundidos, le recordamos que las dos partes habíamos acordado ya no continuar trabajando juntos. Ella se enfureció e incluso llorando nos aseguró que la estábamos metiendo en muchos problemas, pero que estaba bien, que ella sí era profesional y que sabría resolverlo.

Decidimos esperar una semana y tuvimos que recordarle el tema del pago de ese mes. Sólo nos contestó que estaba muy enferma a causa de los problemas que le había acarreado ese proyecto y que estaría incapacitada de forma indefinida.

Sabíamos que nos había engañado y que tal vez no éramos los primeros en caer en su juego. No teníamos contrato con qué pelear el trabajo realizado, pero decidimos asesorarnos con una abogada. Afortunadamente, ella nos mencionó la posibilidad de una demanda laboral, a través de la cual podríamos pelear con las pruebas que teníamos del trabajo realizado.

La abogada se puso en contacto con nuestra ex-clienta y para nuestra sorpresa aquella persona amable que nos contrató por primera vez ahora se había convertido en alguien sumamente déspota que negaba toda relación laboral con nosotros.

Quedamos un muy decepcionados con nosotros mismos por haber creído en ella, y por haber pensado que la confianza es un elemento de peso para mantener una relación de trabajo sana. No lo es.

Aunque cansados por tanto trabajo y heridos moral y económicamente, decidimos poner en marcha el proceso legal con el fin de que esta mujer supuestamente profesional pague por el trabajo que con tanto esfuerzo realizamos.

Recuerden:
—No importa qué tan cercanos o buenos parezcan ser nuestros clientes: los negocios se rigen por acuerdos legales, no por sentimientos.
—No importa qué tan pequeño sea tu negocio o si eres freelance. El tener y respetar tu metodología de trabajo, además de manejar siempre un contrato, te ayudará a atraer a los clientes correctos.


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No compres problemas ajenos: un proyecto torcido

Este post es una colaboración de un querido amigo que nos comparte una experiencia poco agradable con un intento de cliente.

Voy a comentarles un episodio engorroso en el que un prospecto (que ni siquiera llegó a cliente) me enfadó por su actitud.

Hace un par de semanas me contactó a través del chat de Whatsapp una casa productora de video para que los apoyáramos desarrollando un proyecto pequeñito de realidad virtual. Lo curioso es que supieron que en mi negocio tenemos capacidad para realizar este tipo de proyectos gracias a que publicamos una muestra de nuestro trabajo en Facebook. Debí empezar a desconfiar porque, pesar de que les ofrecimos atender su solicitud a través de nuestra línea fija de teléfono, ellos insistieron en utilizar como teléfono el Whats.

El proyecto era verdaderamente pequeño pero de carácter urgente, para publicarse en redes sociales al día siguiente; podríamos haberlo desarrollado bastante fácil con el equipo de baja resolución (HDTV) que tenemos en la oficina. Coticé dos días de trabajo (la locación donde se capturaría parte del proyecto está fuera de la Ciudad de México, por lo que el proyecto se capturaría un día y se procesaría al siguiente, con carácter de urgente pero sin un sobreprecio elevado).

Nosotros tendríamos que capturar un evento de premiación, por lo que la ocasión era irrepetible, tenía que capturarse bien al primer intento y tenía que publicarse mientras la premiación fuera aún noticia fresca.

La solicitud de trabajo la recibimos un jueves para ir a la locación el sábado siguiente. El viernes estuvimos esperando la llamada de nuestro prospecto para confirmar (o cancelar) la solicitud, de manera paralela estuvimos ajustando nuestra agenda para poder cumplir con el proyecto si se confirmaba. Esta llamada nunca llegó.

La siguiente semana, por ahí del miércoles volvimos a recibir una llamada por Whats; era nuestro prospecto informándonos que habían decidido comprar un equipo de alta resolución (4K) para desarrollar ellos mismos el proyecto e iban a requerir únicamente que nosotros les ayudáramos con el armado y programación del mismo para compartirlo en redes sociales. En ese momento yo todavía creía, ilusamente, que podíamos apoyarlo de alguna manera y llevar a cabo un negocio pequeño pero interesante, así que pregunté cuáles eran las características del equipo que habían comprado y cuáles eran los ajustes que utilizaron en las cámaras de video del mismo. En ese momento me di cuenta que no habían capturado el evento de manera óptima y que desarrollar el proyecto, si acaso se salvaba el material que capturaron, sería un trabajo muy complicado. Calculé que aproximadamente se llevaría también un par de días de desarrollo cuando menos así que les ofrecí el mismo precio que para la opción de desarrollo que no tomaron.

Inmediatamente, el prospecto reclamó; no le parecía correcto que le cobráramos lo mismo porque ellos proporcionarían los archivos fuente para desarrollar el producto final. Además habían invertido en comprar el equipo para capturar el evento. En ese momento, consulte con mi socia y decidimos no colaborar con ellos.

Analizando el desarrollo de este proyecto que “no fue” encontramos varios elementos que debieron prender nuestras alarmas de cliente malo y que, por la premura, pasamos por alto:

  1. Solicitaron nuestro trabajo dos días antes de que se llevara a cabo un evento que tenía una fecha preestablecida desde por lo menos un mes antes ¿por qué no nos contactaron antes?
  2. El prospecto nunca se comunicó con nosotros por un medio distinto al Whats. Nunca levantó el teléfono para hacer una llama y procuró siempre comunicarse de la manera más baratita posible: no estaba dispuesto a pagar los minutos de teléfono fijo o celular de una conversación telefónica con nosotros.
  3. Su casa productora está trabajando para las oficinas en México de una de las agencias de publicidad más grandes del mundo, y no se atrevieron a decirles que ellos no desarrollaban el tipo de material que les estaban solicitando: optaron por no decir NO a su cliente, aunque eso implicó comprometerse a desarrollar un proyecto que no sabían si podían desarrollar. Este es el peligro que corren muchas agencias/casa productoras, etc. que se comprometen a desarrollar proyectos para los cuales tienen que subcontratar a otros proveedores.
  4. Decidieron ahorrarse el dinero de contratar a un experto (yo) con años de experiencia desarrollando el contenido que necesitaban y prefirieron invertir en comprar un equipo que no habían utilizado nunca (y que, por sus comentarios, configuraron de manera errónea).
  5. Compraron el hardware sin contar con el software necesario para realizar su proyecto (este síndrome debe tener algún nombre).
  6. Cuando nos pidieron ayuda para completar el trabajo, evaluaron,para su conveniencia, que debía costarles menos que el desarrollo completo. No estaban conscientes de los costos de corregir una grabación que se  capturó mal.

Como colofón: recibimos un último mensaje de Whats, dándonos las “Gracias por Nada”, mencionando su disgusto porque “entre colegas nos ponemos el pie”.

Confío en que esta experiencia me permitirá identificar a los malos prospectos antes de invertirles tiempo.

Concursos de diseño: entra bajo tu propio riesgo

 

Esta semana mi querida @azulaureo trajo a mi atención dos convocatoConvocatoria El Bronco2rias de concursos de diseño bastante peculiares pues ambos ofrecen premios altamente cuestionables.

El primero se trata del diseño del logotipo para el nuevo Gobierno de Nuevo León, representado por el polémico Jaime Rodríguez, alias El Bronco, que en un afán incluyente y confianzudo convoca a “que la raza participe (sic) y de entre sus propuestas se defina un logotipo para darle cuerpo al lema Nuevo León, donde lo imposible se hace posible“.

De entrada la convocatoria suena muy atractiva, pues se trata de un logotipo que acompañará el inicio de un gobierno muy particular, que comenzó a hacer historia desde que El Bronco anunció su candidatura independiente. Ahora, en su carácter de Gobernador Electo, su equipo de comunicación social se atreve a realizar este concurso cuyo fabulosísimo premio consiste en…

¡¡Una cena con el Gobernador electo!!!

Probablemente este valiosísimo premio podría ser visto como una oportunidad de oro para más de un periodista que desearía compartir los alimentos, a la luz de las velas, con el carismático Bronco, pero estoy segura de que la mayoría de los mortales preferirían que sus esfuerzos “diseñísticos” estuvieran reconocidos con alguna cantidad de común y corriente dinero. Sobre todo pensando que, como lo describe la convocatoria, “Todas las propuestas pasarán a ser propiedad del Gobierno del estado de Nuevo León“, dejando a los participantes sólo con “los derechos morales del autor“.

Como era de esperarse de un concurso que está abierto a cualquier mexicano que pueda sostener un lápiz o manipular un mouse, tiene un simpático nivel de propuestas que rayan en lo cómico-trágico (ver galería).

La convocatoria dice que el 2 de octubre se daría a conocer al afortunado ganador, pero la página de internet aclara que será hasta el día 12 cuando sabremos cuál imagen habrán preferido los usuarios de Facebook.

Plan con maña

AANS UNAM 2El otro concurso de logotipo lo convoca la American Association of Neurological Surgeons (AANS) Capítulo UNAM cuyo tentador premio es un viaje de 7 noches y 8 días para dos adultos y dos niños a alguno de los paradisíacos resorts de lujo que maneja la empresa Vida Vacacions . Este premio sonaría increíblemente bien si no fuera por dos pequeños detalles:

  • Las letras chiquitas de las especifiaciones dicen “El premio no incluye impuestos, alimentos ni bebidas, propinas ni cualquier otra actividad o servicio que se desee adquirir o solicitar en el desarrollo.” Esto significa que el feliz ganador tendrá que afrontar los gastos derivados de la alimentación de cuatro personas, durante una semana, en su estadía en la Riviera Maya, Los Cabos o, ya de menos, en Acapulco. ¿Alguien quiere hacer las cuentas de a cuánto dinero puede ascender este gasto? Ojalá haya un Walmart en las cercanías del resort de lujo.
  • Investigando un poco sobre la empresa Vida Vacations resulta evidente que se trata de un negocio que se dedica a la venta de tiempos compartidos, por lo tanto me resultaría muy raro que no intentaran convencer al ganador, con sus conocidas y persuasivas técnicas de ventas,  para que adquiera una membresía.

Visto así ya no se ve tan atractivo el premio que ofrece la AANS ¿o sí?

Consideraciones generales sobre la participación en concursos

Además de las sabias advertencias que hace el sitio Graficopio.com sobre los concursos, les recomiendo que:

  1. No participen en convocatorias de diseño que estén abiertas a cualquier persona, profesional o no: es obvio, no hay manera de poner a competir de forma justa a personas que no comparten los conocimientos y técnica sobre la creación gráfica de una imagen institucional.
  2. No se involucren en concursos de diseño donde los usuarios de redes sociales tienen ingerencia en el resultado final: la creación de un logotipo que representará a una institución o un gobierno estatal, no debe debatirse bajo los principios de popularidad en Facebook o Twitter, donde los perfiles de chicas pechugonas o gatitos tiernos son de los más seguidos.
  3. Nunca caigas en la trampa de participar en convocatorias donde el premio es la promesa de difundir tu trabajo: este es el recurso más bajo que puede utilizar un convocante para obtener muchas propuestas de forma gratuita. Al respecto de andar regalando el trabajo, me gusta mucho lo que dice Stephen Silver en este video que también conocí gracias al sitio Grafiscopio.com << Inserción NO pagada😀
  4. Revisa que el premio no implique un gran desembolso de dinero: si te sale más caro el caldo que las albóndigas, seguramente hay algo mal planteado.

¿A ustedes les ha tocado participar en un concurso como estos? muero del morbo por conocer sus experiencias.

Clientes mañosos y mentirosos

Esta semana tuve que batallar con personas poco honestas que pusieron a prueba mi serenidad y paciencia. El primer caso se trató de un cliente que me solicitó un paquete de fotos para sus dos nuevos edificios de oficinas en renta. El primer el proyecto se desarrolló como estaba previsto, hubo dos rondas de revisiones sin mayor novedad.  Justo cuando yo casi lo había dado por terminado, me habló su secretaria para informarme que el color de las paredes interiores “estaba mal”:

— ¿Cómo que está mal el color de las paredes? no me queda claro porqué dicen eso.
— Es que no es un color chocolate, es más bien durazno.
— El color de las paredes es café oscuro, no tiene nada de durazno.
— Por eso te digo que está mal tomado, lo vas a tener que retocar.
— Te aseguro que no está mal fotografiado, tal vez se trate de una cuestión perceptual…
— No, mi jefe dice que tienes que arreglarlo.

La conversación no terminó muy amigablemente, le dije que podría “desaturar parejo” las fotos, pero no retocar a mano todas las paredes pues se vería falso. Ella no quedó muy conforme con mi respuesta.
Dos días después, casualmente, tuve una cita a cinco cuadras del edificio que había fotografiado y, sin haberlo planeado, decidí tomarme unos minutos para visitarlo y ver si realmente me había equivocado tanto con el balance de color de mi cámara. El vigilante, que ya me conocía, me dejó pasar sin problema y me preguntó que cuáles oficinas quería ver si “las antiguas o las que estaban recién pintando”. Mi sentido arácnido me indicó que allí había algo que no estaba bien, así que rápidamente le dije que me interesaba ver ambas oficinas.

Mientras yo tomaba fotos con mi celular el vigilante me platicó que al dueño no le había gustado el color oscuro con el que habían pintado originalmente las oficinas así que mandó volverlas a pintar con un color más claro. Incluso me mostró un marco de ventana que tenía ambos colores… priceless… click… click.

Con toda la evidencia en mi celular regresé a mi despacho con una mezcla de emociones, por un lado me sentía tranquila al confirmar que había realizado las fotos correctamente, pero estaba muy enojada porque habían tratado de engañarme y obligarme a retocar sus fotos haciéndome pensar que yo me había equivocado.

Como este era el primero de dos proyectos con el mismo cliente (yo ya había recibido el anticipo de ambos) decidí que no me iba a pelear a lo menso diciéndole ¡eres un maldito mentiroso, hoy fui al edificio y me encontré a los pintores cambiando el color de las paredes! ¿¿porqué me hiciste creer que yo me había equivocado, vil gusano del inframundo??… no, no, nada de eso. Cuando le llamé me atendió su secretaria y le di la oportunidad de no confrontarnos:

— Oye, te quiero platicar que hoy visité el edificio de oficinas y me encontré con los pintores. Ya me enteré del problema con las pinturas de las paredes y quiero confirmarte que las fotos se van a quedar con el color de cuando las tomé…
— Ahhh, okey… entonces ya lo viste… es que mi jefe…
— Sí ya sé lo que pasó, pero no hay problema. Si te parece bien te mando hoy la factura por el saldo de este proyecto, en cuanto está pagado te mando los archivos grandes para que tu webmaster ya pueda ir subiendo las fotos.
— Sí, sí, me parece muy bien ¿cuándo hacemos la cita para tomar las fotos del otro edificio?…

Y así quedó todo claro sin reclamos ni azotes, le dije sutilmente que ya los había cachado mintiendo, que no había problema y que podíamos seguir con los proyectos como los habíamos pactado.
De todas formas guardaré las fotos como un souvenir de un cliente mentiroso.

El anticipo manda

El otro cliente con el que no estuve contenta esta semana es una agencia de publicidad que me contactó para hacer varias fotografías de una franquicia de laboratorios médicos con sucursales en el D.F. y otras ciudades.

Me hablaron desde el año pasado, pero el proyecto ha tenido muchos retrasos pues el cliente final se tarda mucho en aprobar los presupuestos. Cuando todo parecía que estaba listo para arrancar me dijeron que no podrían dar el anticipo del 60% que yo solicitaba, pero que podían dar tres pagos del 33%.

Yo les confirmé que sí, pero que las visitas fuera del D.F. tendrían que ser programadas al final, cuando ya hubieran pagado por lo menos el 66% del total. Me respondieron que no había problema al respecto, pero que necesitaban que les enviara el calendario de visitas a las sucursales por escrito. Así lo hice, pero en el cronograma les indique que estaba sujeto al pago del anticipo del 33%.

Tres días antes de iniciar el proyecto no había recibido ningún pago. Llamé para ofrecerles una reprogramación de fechas pero me dijeron, muy espantados, que no se podían cambiar las fechas que ya habían “hecho toda la logística”. Entonces pensé “este proyecto ya valió ver…dura” y les recordé que si no había anticipo no había confirmación de fechas.

Patalearon todo lo que pudieron, me pusieron en “speaker” con quien sabe cuantos fulanos que, en resumidas cuentas, me juraron que me iban a pagar cuando su cliente les pagara a ellos.

Como yo ya estoy podrida de escuchar esa excusa les dije, lo más serena que pude, que desde el principio les aclaré que yo no trabaja así, que si ellos no cobraban anticipos a sus clientes no era mi problema, y que me daba tristeza de tener que dejar el proyecto antes de empezarlo.

Al día siguiente me enviaron un correo que parecía redactado por un adolescente borracho; decía algo parecido a recibir un pago hasta el viernes y que si les podía reprogramar todo. Les contesté que podían depositar cuando quisieran, que hasta entonces reprogramaríamos todo, no antes.

Ya pasó el viernes y no recibí ningún depósito de su parte. Probablemente ya contactaron a otro fotógrafo, espero que le vaya bien.

Y tú ¿cómo lidias con clientes mentirosos?

 

 

 

 

 

Clase magistral de cómo fregar al freelancero

Ciudad SlimPor alguna extraña razón, durante las últimas semanas he tenido varias citas en Ciudad Slim (Nuevo Polanco). Como todos los chiliangos sabemos, ir a esa parte de la ciudad en coche es un  desperdicio de tiempo, dinero e hígado. Quedarse atorado en el tráfico de Polanco un viernes a las 18:00 hrs. es la antesala al manicomio. Sabido esto, como buena chilanga* que soy, decidí llegar a estas citas en transporte público: saliendo de Metro Polanco tomo una bonita ecobici** nueva y pedaleo tranquila a mi destino (ojo con llegar sudando). El asunto me salió particularmente bien en las primeras dos ocasiones, pero en la tercera tuve la mala suerte de no encontrar un espacio para dejar mi bicicleta en las cicloestaciones cercanas a mi destino. Afortunadamente llegué  15 minutos antes de mi cita, así que crucé los dedos y esperé pacientemente a que algún compañero ciclista tomara una ecobici para poder dejar la mía.

Mi espera transcurrió mientras salivaba junto a un puesto callejero de sopes y quesadillas. Este changarro*** estaba atendido por una activa mujer que, cual malabarista, movía sus manos de la masa al relleno, del aceite hirviendo a los platos, de las salsas al queso rallado. Yo me encontraba hipnotizada los movimientos de esta maga de la gastronomía popular cuando un grupo de cuatro trabajadores de la construcción se detuvieron frente a su puesto. El que ostentaba el mayor rango portaba un casco protector y un chaleco de obra limpiecito. Tomó la palabra a nombre del grupo y preguntó con voz firme:

— ¿A cómo los sopes?
— A $12
— Oiga en la otra cuadra están a $10
— Pero estos son más grandes.
— Haga un esfuerzo madre, le vamos a pedir 12 sopes.
— ¿Verdes o rojos?
— Campechanos, regresamos por ellos en 15 minutos.
— ¿Sencillos verdad?
— Sí, pero con cara de dobles.

El grupo se retiró. Yo estaba totalmente sorprendida por la escena cuando la súbita llegada de un ciclista me libró del atolladero y pude dirigirme a mi cita.

De regreso a mi casa reflexioné sobre la “clase magistral” de la que había sido testigo. Me resultaba aterrador haber escuchado, en una conversación tan corta, la forma en la que un prospecto consiguió un descuento, puso sus condiciones, no pagó un anticipo y encima aclaró que sus expectativas sobre el producto eran mayores a las que había pactado. Y para terminarla de rematar se dio el lujo de llamarle “madre” a la señora del puesto ¡no me imagino que pudiera tratar así a su propia madre!

Me pregunto si este grupo de trabajadores realmente regresó a los 15 minutos.

Obviamente la señora tuvo gran parte de la responsabilidad en este abuso pues no ofreció mucha resistencia ante las demandas del trabajador. No hubo negociación, sólo aceptación. Tal vez el miedo a perder al prospecto la hizo actuar tan sumisamente.

El miedo es el peor de los consejeros

Cuando un prospecto nos pide un descuento nunca debemos permitir que el miedo dicte nuestras acciones. Todos hemos escuchado esa maldita vocecita en nuestra cabeza que dice cosas como:

“Mejor accede a hacerle un descuento antes de que se desanime y se vaya”
“Acepta trabajar por menos de lo que vale tu servicio, es mejor algo a nada”
“Ya invertiste tiempo en este prospecto, no dejes que se vaya, acepta sus condiciones”

El problema es que, una vez que el prospecto huele nuestro miedo, la relación se vuelve abusiva. La semana pasada me quejaba en Twitter sobre un prospecto que me pidió una cotización por un proyecto, luego me dijo que quería que se lo “paqueteara” con otros dos proyectos y, no conforme con el descuento que le ofrecí simplemente me escribió: “Ya hable con mi socio y dice que te pagaremos E$TO por los tres proyectos”. Por la redacción de su correo claramente leí que se trataba de un “tómalo o déjalo”. Mi respuesta era obvia, no iba a permitir que el prospecto le pusiera precio a mi trabajo así que le redacté este escueto correo:

Estimada Fulanita:

Definitivamente no puedo trabajar con ustedes por ese monto.
De todas formas agradezco que me hayan considerado para este proyecto.

Saludos.

Soy sincera cuando le digo NO a un prospecto y me despido, sé que lo más probable es que no vuelva a saber de él, pero lo más raro es que, en más de una ocasión, he obtenido el resultado contrario; después de dos o tres días me escriben como si nada hubiera pasado y me preguntan por el trámite para realizar su anticipo ¡qué mundo tan loco!


 

Vocabulario para los que no viven en México:

*Chilango(a): Habitante de la Cd. de México
**Ecobici: Sistema de renta de bicicletas proporcionadas por el gobieno local.
*** Changarro: Nombre despectivo dado a un local comercial con pocas aspiraciones.

 

Enero es un buen mes para despedir clientes malos

Este 2015 lo comencé muy hacendosa: cambiamos el piso del despacho y nos deshicimos de cerca de veinte kilos de papeles y basura. Reacomodamos los escritorios y los libreros. Dejamos nuestro lugar de trabajo muy ordenado y coqueto.

AdiosLuego llegó el momento de hacer la limpieza de clientes: revisé mis facturas y cotizaciones del año pasado y evalué quienes eran los clientes que recibirían tarjeta de año nuevo y quienes no. Analicé quienes son los clientes que con los que me encantaría volver a trabajar, con cuáles no me molestaría tomar otro proyecto y con quienes de plano no vuelvo a colaborar.

Este año, principalmente voy a despedir cuatro tipos de clientes:

1. El cliente chillón que siempre está pidiendo descuentos, rebajas o trabajos más elaborados por el mismo precio que pagó la última vez. Sí, yo sé que el 2014 fue un año difícil para todos, pero odio pensar que algunos clientes sólo se fijan en los descuentos que obtienen en lugar de los beneficios que disfrutan con mi trabajo.

2. Los clientes que no saben diferenciar entre la relación profesional y la vida personal. Curiosamente este año me tocaron dos clientes que querían que sintiera compasión por sus tristes historias. Uno me pedía que trabajara sin anticipo porque estaba muy gastado por la enfermedad de su hija y otro hasta me mostró la cicatriz de su operación de corazón, esperando que sintiera lástima por su caso y bajara el costo de mis honorarios. Señores: si no tienen los recursos necesarios para andar contratando servicios profesionales ¡no nos llamen! y por favor no anden tratando de obtener servicios gratis nomás porque “la vida ha sido canalla con ustedes”.

3. Los clientes que tardaron demasiado en pagar. Una cosa es que sepas que te van a pagas 60 días después de entregado el proyecto y otra que el cliente se la pase dándote excusas para no pagarte durante meses. También tengo en la mira a algunos clientes de Gobierno que se pasaron de la raya con sus complicados sistemas de contratación que básicamente me quitaron mucho tiempo.

4. Los clientes descorteses. Desde la fulana que me dejó plantada en una cita, sin mayor explicación, hasta el chico maravilla de mercadotecnia que se inventaba viajes para no tomarme las llamadas.

Obviamente no existe tal cosa como una Carta de Aviso de Despido de Clientes; sería ridículo y altamente desagradable tomar el teléfono o enviarle un correo a un cliente malo para “avisarle que está despedido y que no deseo que me vuelva a contactar”.

En mi caso será una posición reactiva en la que esperaré a que el cliente despedido en cuestión me contacte, para hacerle saber que ya no contará con mis servicios. Les diré que tenemos algo así como incompatibilidad en los sistemas de trabajo.

Un cliente que no quisiera despedir

Tengo un cliente que me cae súper bien, es muy entretenido visitarlo en su oficina y pasar horas platicando sobre los proyectos, tomando café. Lo malo es que su compañía es un pésimo cliente, nunca pagan a tiempo y su administración es absolutamente desastrosa. Yo sé que no es su culpa, pero voy a tener que despedirlo; me voy a perder de sus pláticas, pero también voy a ahorrarme el tiempo que invertía en visitarlo.

Un prospecto que decidirá si se queda o se va

La semana pasada me llegó el primer email de trabajo del año: un prospecto, que me contactó en febrero del año pasado, y dejó de responder a mis correos en junio, se apareció de la nada:

“Hola Leonora ¿cómo estás? ¡feliz 2015!
Te pido que me llames el próximo lunes para agendar una cita con mi secretaria para que me visites y discutamos los detalles del proyecto para ver si ya iniciamos en marzo”.

No me podía contener de la risa mientras leía su correo ¿quéría que YO llamara a su secretaria? ¿para ir a “discutir” los detalles de un proyecto de hace casi un año? ¿para ver si se le pega la gana iniciar en marzo? JAJAJAJAJA, no pues no. Esto fue lo que le respondí:

“Hola Fulanito, feliz año para ti también.
Voy a revisar le propuesta que te presenté en febrero del año pasado, una vez que esté actualizada te la enviaré para que la reconsideres. Con gusto espero tu llamada para escuchar tus comentarios y/o dudas al respecto.”

En pocas palabras le dije que ya no le va a costar lo mismo que el año pasado, que no voy a visitarlo para discutir nada y que, si la nueva propuesta es de su interés, con gusto espero que él tome el teléfono.

Este año voy a poner especial cuidado en contactar nuevos prospectos para sustituir a los clientes que voy a despedir. Voy a hablar con empresas fuera de la Cd. de México, a lo mejor me encuentro con algún proyecto interesante.

Ya les iré contando cómo me va en este 2015.