Horror Tours: trabajando con clientes desordenados

La siguiente historia la envió Sebastian, desarrollador web venezolano, que nos demuestra que en todos lados, infortunadamente, los clientes malos se parecen.


Todo empezó en un momento en que invertimos (una compañera y yo básicamente) algunos recursos publicitarios para darnos a conocer, por aquel entonces aun era empleado y poco a poco iba haciendo proyectos para ir creciendo como empresa, algo bastante difícil en la desastrosa situación económica de mi país.

De pronto, un Domingo, me llama un sujeto que estaba interesado en que le desarrolláramos dos sitios web en conjunto con un trabajo de posicionamiento en redes sociales, pensamos algo como “¡Un cliente nuevo! ¡La publicidad estaba surtiendo efecto” así que de inmediato tomamos datos de contacto y acordamos una reunión.

Ese día todo fue genial, ellos ya tenían su hosting y dominio reservados asi que sólo se trataba de un rediseño web, la persona (al que llamaré Dani) lucía muy seguro, yo le hacía preguntas sobre las claves de acceso a sus dominios y sobre el tipo de plan que usaban y para serte sincero quede impresionado, pensé que sería un trabajo bastante placentero debido a que todo parecía estar en orden… Parecía.

Primero les envié el presupuesto con una clausula que indicaba que debía abonarse el 50% al comienzo y después del desarrollo se debía abonar el 50% restante, me escribió diciéndome que me pagaría solamente el 20% y “después que vayamos viendo, te iremos pagando (“… muy mala señal…” pensé), le respondí diciéndole que para empezar a trabajar requeríamos el 50% y de no ser así lamentablemente no podíamos comenzar a trabajar.

Pagó el 50% y empezó el desarrollo… Perdón, el infierno. Le pedí los accesos a sus dominios y no sabía de lo que le estaba hablando, después de diez correos explicándole que cada proveedor de hosting le ofrece acceso con un usuario y una clave fue que logró dar con los datos requeridos, así pues me di cuenta de varias cosas:

1) El hosting que usaba era limitado, al punto que después de varias visitas el ancho de banda quedaba copado y quedaba bloqueado hasta  que se renovara el mes (algo terrible si quieres que Google te indexé, de igual modo le ofrecí que podíamos mover el dominio a otro proveedor de hosting pero me comentó que estaba hasta los mismísimos de gastos publicitarios para su agencia y que de momento no estaba contemplado).

2) El espacio era ínfimo (100 megabytes, unas cuatro canciones de Iron Maiden) lo que dejaba poco margen de maniobra a la hora de subir imágenes por mencionar algo de tantas cosas que se hacen en un desarrollo web.

3) “Googleando” conseguí que la misma empresa tenía ¡otros sitios web! pero por algún motivo renovaban dominios nuevos, yo le hice la mención a Dani sobre esto (para que todos esos dominios redireccionarán al principal) y me comentó que no tenían las claves de esos dominios ¡¡Cada cierto tiempo olvidaban las claves y se veían obligados a abrir otros dominios cuando querían actualizar!!

Otra cosa que me di cuenta es que las antiguas webs era un total desastre a nivel de diseño y programación (pensé “bueno, por algo esta solicitiando rediseñarla“), así que me dediqué y les ofrecí un diseño el cual quedaron bastante satisfechos: era responsive (adaptable a cualquier tamaño de pantalla), también le dije que sería buena idea que hiciera una sesión de fotos a sus empleados para colocarlos en la página (no sé en México pero en Venezuela es algo que suele hacerse) a lo que respondió “pronto lo haremos, es que las muchachas tienen que ir a la peluquería primero jeje“, eso nunca ocurrió.

El desarrollo no fue un proceso especialmente doloroso pero si tedioso, más que nada por la información que suministraban, recibía montones de correos con archivos de Word, PDF y fotos dispersas con un “agrégalo a la web, bueno, me tocó comerme unas cuantas verdes como decimos aquí, pero para serte sincero, eso no fue nada comparado con lo que vivió la chica con quien trabajo, todas las noches, mientras desarrollaba el proyecto nos quejábamos por Whatsapp de la forma de trabajo de Horror Tours, eran desordenados, pero bueno, no todo es perfecto pensamos.

Se concluyó el desarrollo y pagaron el 50% restante (¡Whoo!), le comenté que si deseaban que le actualizara la web debían cancelar una mensualidad, más que nada porque la misma necesitaba “nutrirse” de promociones, paquetes turísticos, etc… Y aceptaron de buena gana, así que empezó la segunda etapa: el mantenimiento.

Es aquí cuando la historia se pone peliaguda, es que como diseñadora que eres seguramente te llevarás las manos a la boca a leer lo que se viene, porque es aquí donde comienzan las escaleras al infierno profundo, donde los niños lloran y caminan demonios con piernas de cordero, es aquí donde Horror Tours se lució a lo grande.

Durante el primer mes pedimos que nos pasaran las promociones para colocarlas en la web y para darles rotación en las redes sociales, también solicitamos los artes para los mismos efectos, ¿Qué recibimos?: imágenes pegadas en los correos, imágenes pegadas en archivos de word, ¿quieres saber lo más triste? las promociones eran copiadas de otras agencias de viaje y la enviaban con aquella falta de vergüenza. Les llegamos a comentar que esos artes pertenecían a otra agencia y respondían que no importaba siempre que no se hiciera mención a esa agencia (¿?).

No sólo eso, le comente a Dani que necesitaba unos artes para colocarlos en el banner de la página (el cual tiene un efecto slide bien chulo oye tu) y note que pasaban los días y no recibí nada, desde que comenzó el mantenimiento pedí que me pusieran en contacto con “su” diseñador gráfico para poder coordinar lo que se necesitaba pero Dani siempre era esquivo al tema. Por norma aquí todas las agencias de viaje poseen un diseñador gráfico que constantemente esta generando artes promocionales. Dani me comentó que su diseñador ya no estaba con ellos, así que pensé en lo evidente: nunca tuvieron diseñador y la antigua web fue hecha por ellos mismos para ahorrarse unos duros. Todo encajó.

Le comenté que podría ponerle en contacto con un diseñador que nos sacara del apuro pero al recibir en mi Whatsapp como respuesta un “ok, pero que sea un diseñador rápido y barato” (textual) se me quitaron las ganas, y de verdad sentí hasta indignación y no pensé en hacerle la maldad a nadie así que dejé que ellos mismos buscaran su diseñador “rápido y barato”.

Pasaron algunos días y le comente a Dani que sus promociones deben estar en el frontpage así que en poco tiempo recibi algunos ARCHIVOS DE POWER POINT pésimamente diseñados, le comenté que no era lo idóneo y que requeríamos al menos algo en JPG. Yo ya había perdido el interés y fue él mismo quien me comentó que ya “el problema del diseñador” estaba resolviendose… Su esposa había comenzado un curso de Diseño Gráfico.

Así pues, recibíamos los “artes” y me limitaba a cobrar por el trabajo (ya dejé de insistir), la web la saque del portafolio de la empresa porque aunque tiene un diseño muy moderno, los artes la “embarraron” por completo y la verdad quedó bastante fea. Todos los artes eran hechos con Power Point y obviamente jamás se decantaron por pagarle a algún diseñador para subir la imagen de su empresa. Lo más insólito es que Dani me llegó a comentar en una ocasión que los artes estaban “quedando bonitos”, yo sólo me limité a  no decir nada. Con respecto a las redes sociales pasaban cosas surrealistas, el trabajo de posicionamiento se perdía porque de pronto ellos insertaban publicaciones personales, así pues, veías en las cuentas oficiales de Horror Tours fotos de los dueños bañándose en la playa haciéndose menciones entre ellos ¡que poco serio!

Entonces con los meses siguieron los problemas, como la web se quedaba sin ancho de banda tras pocos días se perdía la indexación de Google, no bastó con que se lo comentara al comienzo, tuve que explicárselo varias veces porque no sé si es que se hacía el que no entendía o que. Me escribía a todas horas, todos los días por cualquier tontería de la web pensando que éramos soporte técnico de su empresa (incluso llego a pedirnos que abriéramos una cuenta Gmail, algo que no ocurrió desde luego), en los casos de caídas del servidor siempre lo remitía con un “escríbale al proveedor de hosting“.

Finalmente decidieron cambiar de hosting por uno comprado en el norte y pasamos de Guatemala a “Guatepeor” porque lo hicieron sin consultarme y provocó que unos scripts dedicados a enviar correos (para petición de paquetes turísticos) dejaran de funcionar. En ese momento me encontraba de viaje y les dije que para esas cosas tienen que avisar para poder adaptar el código de la página al nuevo servidor pero ellos se expresaban de una forma como que era mi culpa cuando ellos jamás me avisaron del cambio. Finalmente  dejé la plataforma operativa.

Dani tenía la mala maña de que cada vez que surgía un problema me escribía por Whatsapp explicándome con larguísimos mensajes el alto gasto publicitario que tenían en prensa y radio (como si aquello era mi problema, igual nunca vi ni escuché un solo anuncio de ellos), textualmente me dijo que la agencia no estaba vendiendo mucho y que “tendría que pagarme con sus ahorros personales”, creo que esperaba que le bajara el precio a los servicios, yo me limité a ignorar esto, pero esa maña era de muy mal gusto.

Decir que entre esos meses y justo ahora el servicio era intermitente porque no cancelaban de forma continua; un mes decidían hacer cambios, pero el otro mes no. Le comenté que así es muy difícil tener posicionamiento integrado de la web con las redes sociales, porque para ver un resultado medianamente decente de posicionamiento se necesitaba al menos seis meses de arduo trabajo. Nunca pudimos trabajar ni tres meses continuos; lo más insólito es que me escribió diciéndome que “el posicionamiento de facebook no funcionó, asi que probaría con instagram” yo le expliqué que así no era como funcionaba pero él insistió y de nuevo: me limité a cobrar.

Pasó un largo tiempo donde no supimos nada de ellos hasta que empezó a escribirme sobre un problema donde los correos no le llegaban (sí, los famosos scripts de la página), así que bueno, nada me quitó revisar y vi que los scripts estaban en orden; al parecer tocaron algo en la configuración de los servidores pero yo ya estaba muy cansado de ellos, seguramente hicieron algún cambio y pensaban que les iba a trabajar gratis; les comente que ya no hacíamos trabajo de mantenimiento lo cual me deseo suerte en mis proyectos. A los pocos días me escribió diciéndome que el dinero no era problema, que necesitaba ayuda, lo cual le dije que lamentablemente todo nuestro talento humano estaba enfocado en otros proyectos.

Lo último que supimos de ellos fue hace un par de semanas cuando le escribió a la chica Community Manager sobre la clave del Instagram (sí, la perdieron, al igual que sus dominios) a las 10.00 PM. Fue algo muy molesto, ella desde luego envió un correo diciéndole que al momento de dejar de ofrecerles el servicio de mantenimiento esa información estaba en un correo electrónico enviado a ellos.

Salir de ellos no fue una decisión para nada dura, cuando Dani nos volvió a escribir ya veíamos el infierno que se nos venía: un cliente molesto, mala paga, desordenado y profundamente ignorante. ¿Quieres una moraleja de todo esto? a veces no sirve de nada educar a tus clientes, si trabajan mal te salpicará y te ganarás unas cuantas úlceras gratuitas.


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Los falsos buenos clientes

El siguiente post invitado me lo envió el querido Misael, un diseñador gráfico que como yo,
andaba expresando su descontento en Twitter.


Tener un cliente que respete nuestro trabajo, que pague lo justo y a tiempo, es una de las metas de todo estudio de diseño o diseñador freelance. Pero existe un tipo de cliente que se aprovecha de estas necesidades y utiliza una falsa personalidad empática para lograr sus propósitos.

Dirigir y trabajar en un estudio propio de diseño gráfico implica muchos retos, entre ellos la búsqueda de proyectos (una de las partes más engorrosas del negocio). Por eso, cuando un proyecto llega sin buscarlo, difícilmente querremos rechazarlo.

Por recomendación de un amigo, nos llegó lo que parecía ser un «proyecto importante», mismo que consistía en desarrollar los contenidos gráficos/animados para cursos en línea que están financiados por una institución de salud pública del país. Nuestra clienta resultó ser la colaboradora ideal (eso creíamos). Tenía muy buena actitud y parecía del todo profesional.

El acuerdo era el siguiente: Podíamos dejar de trabajar con ella en cualquier momento, siempre y cuando fuera a fin de mes (ya que tanto las tareas asignadas como los pagos, eran entregados mensualmente).

La comunicación comenzó siendo óptima, pero olvidamos un detalle crucial: el contrato. Al principio dudamos de si dárselo a firmar o no. Sin embargo, al finalizar el primer mes de trabajo y con ello el pago de manera puntual, se ganó toda nuestra confianza.

Trabajamos durante casi un año con este proyecto, aparentemente de manera estable, pero conforme pasaban los meses las cosas comenzaron a ponerse extrañas ya que nuestra clienta se volvía cada vez más amigable y aparentaba tener más confianza con nosotros. Con ello comenzó a entregamos más cantidad de trabajo del que habíamos acordado, alegando que su jefe la presionaba y que si no lo cumplía tendría problemas legales.

Caímos en el juego. Creyendo que estaba pasando un mal momento, aceptamos continuar con el flujo de trabajo. Esto no paró ahí, ya que mientras ella seguía intentando ser «nuestra amiga» (incluso contándonos que se estaba divorciando y que tenía problemas con la custodia de sus hijos), nos pedía realizar más trabajo por el mismo precio.

Al darnos cuenta de esta técnica tuvimos que negociar el aumento de precio, mismo que ella aceptó, aunque excediéndose todavía más con la carga de trabajo: Nos pedía cambios «urgentes» (en su mayoría errores de ortografía en sus textos), fuera del horario de trabajo, nos buscaba por WhatsApp todas las mañanas y nos marcaba sin cesar. Incluso comenzó a chantajearnos para que trabajáramos los fines de semana, amenazándonos con contratar a otros diseñadores si nosotros no aceptábamos. Cansados, nos mostramos inflexibles, así que decidió buscar a otros diseñadores que cumplieran con sus requerimientos y nosotros aceptamos terminar el proyecto ahí. Le entregamos los materiales completos del mes y quedamos en espera del pago.

Unos días después, volvió como si nada diciendo que había conseguido más tiempo con su jefe para que nosotros termináramos de trabajar todo lo que ella necesitaba. Que continuáramos. Confundidos, le recordamos que las dos partes habíamos acordado ya no continuar trabajando juntos. Ella se enfureció e incluso llorando nos aseguró que la estábamos metiendo en muchos problemas, pero que estaba bien, que ella sí era profesional y que sabría resolverlo.

Decidimos esperar una semana y tuvimos que recordarle el tema del pago de ese mes. Sólo nos contestó que estaba muy enferma a causa de los problemas que le había acarreado ese proyecto y que estaría incapacitada de forma indefinida.

Sabíamos que nos había engañado y que tal vez no éramos los primeros en caer en su juego. No teníamos contrato con qué pelear el trabajo realizado, pero decidimos asesorarnos con una abogada. Afortunadamente, ella nos mencionó la posibilidad de una demanda laboral, a través de la cual podríamos pelear con las pruebas que teníamos del trabajo realizado.

La abogada se puso en contacto con nuestra ex-clienta y para nuestra sorpresa aquella persona amable que nos contrató por primera vez ahora se había convertido en alguien sumamente déspota que negaba toda relación laboral con nosotros.

Quedamos un muy decepcionados con nosotros mismos por haber creído en ella, y por haber pensado que la confianza es un elemento de peso para mantener una relación de trabajo sana. No lo es.

Aunque cansados por tanto trabajo y heridos moral y económicamente, decidimos poner en marcha el proceso legal con el fin de que esta mujer supuestamente profesional pague por el trabajo que con tanto esfuerzo realizamos.

Recuerden:
—No importa qué tan cercanos o buenos parezcan ser nuestros clientes: los negocios se rigen por acuerdos legales, no por sentimientos.
—No importa qué tan pequeño sea tu negocio o si eres freelance. El tener y respetar tu metodología de trabajo, además de manejar siempre un contrato, te ayudará a atraer a los clientes correctos.


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Clase magistral de cómo fregar al freelancero

Ciudad SlimPor alguna extraña razón, durante las últimas semanas he tenido varias citas en Ciudad Slim (Nuevo Polanco). Como todos los chiliangos sabemos, ir a esa parte de la ciudad en coche es un  desperdicio de tiempo, dinero e hígado. Quedarse atorado en el tráfico de Polanco un viernes a las 18:00 hrs. es la antesala al manicomio. Sabido esto, como buena chilanga* que soy, decidí llegar a estas citas en transporte público: saliendo de Metro Polanco tomo una bonita ecobici** nueva y pedaleo tranquila a mi destino (ojo con llegar sudando). El asunto me salió particularmente bien en las primeras dos ocasiones, pero en la tercera tuve la mala suerte de no encontrar un espacio para dejar mi bicicleta en las cicloestaciones cercanas a mi destino. Afortunadamente llegué  15 minutos antes de mi cita, así que crucé los dedos y esperé pacientemente a que algún compañero ciclista tomara una ecobici para poder dejar la mía.

Mi espera transcurrió mientras salivaba junto a un puesto callejero de sopes y quesadillas. Este changarro*** estaba atendido por una activa mujer que, cual malabarista, movía sus manos de la masa al relleno, del aceite hirviendo a los platos, de las salsas al queso rallado. Yo me encontraba hipnotizada los movimientos de esta maga de la gastronomía popular cuando un grupo de cuatro trabajadores de la construcción se detuvieron frente a su puesto. El que ostentaba el mayor rango portaba un casco protector y un chaleco de obra limpiecito. Tomó la palabra a nombre del grupo y preguntó con voz firme:

— ¿A cómo los sopes?
— A $12
— Oiga en la otra cuadra están a $10
— Pero estos son más grandes.
— Haga un esfuerzo madre, le vamos a pedir 12 sopes.
— ¿Verdes o rojos?
— Campechanos, regresamos por ellos en 15 minutos.
— ¿Sencillos verdad?
— Sí, pero con cara de dobles.

El grupo se retiró. Yo estaba totalmente sorprendida por la escena cuando la súbita llegada de un ciclista me libró del atolladero y pude dirigirme a mi cita.

De regreso a mi casa reflexioné sobre la “clase magistral” de la que había sido testigo. Me resultaba aterrador haber escuchado, en una conversación tan corta, la forma en la que un prospecto consiguió un descuento, puso sus condiciones, no pagó un anticipo y encima aclaró que sus expectativas sobre el producto eran mayores a las que había pactado. Y para terminarla de rematar se dio el lujo de llamarle “madre” a la señora del puesto ¡no me imagino que pudiera tratar así a su propia madre!

Me pregunto si este grupo de trabajadores realmente regresó a los 15 minutos.

Obviamente la señora tuvo gran parte de la responsabilidad en este abuso pues no ofreció mucha resistencia ante las demandas del trabajador. No hubo negociación, sólo aceptación. Tal vez el miedo a perder al prospecto la hizo actuar tan sumisamente.

El miedo es el peor de los consejeros

Cuando un prospecto nos pide un descuento nunca debemos permitir que el miedo dicte nuestras acciones. Todos hemos escuchado esa maldita vocecita en nuestra cabeza que dice cosas como:

“Mejor accede a hacerle un descuento antes de que se desanime y se vaya”
“Acepta trabajar por menos de lo que vale tu servicio, es mejor algo a nada”
“Ya invertiste tiempo en este prospecto, no dejes que se vaya, acepta sus condiciones”

El problema es que, una vez que el prospecto huele nuestro miedo, la relación se vuelve abusiva. La semana pasada me quejaba en Twitter sobre un prospecto que me pidió una cotización por un proyecto, luego me dijo que quería que se lo “paqueteara” con otros dos proyectos y, no conforme con el descuento que le ofrecí simplemente me escribió: “Ya hable con mi socio y dice que te pagaremos E$TO por los tres proyectos”. Por la redacción de su correo claramente leí que se trataba de un “tómalo o déjalo”. Mi respuesta era obvia, no iba a permitir que el prospecto le pusiera precio a mi trabajo así que le redacté este escueto correo:

Estimada Fulanita:

Definitivamente no puedo trabajar con ustedes por ese monto.
De todas formas agradezco que me hayan considerado para este proyecto.

Saludos.

Soy sincera cuando le digo NO a un prospecto y me despido, sé que lo más probable es que no vuelva a saber de él, pero lo más raro es que, en más de una ocasión, he obtenido el resultado contrario; después de dos o tres días me escriben como si nada hubiera pasado y me preguntan por el trámite para realizar su anticipo ¡qué mundo tan loco!


 

Vocabulario para los que no viven en México:

*Chilango(a): Habitante de la Cd. de México
**Ecobici: Sistema de renta de bicicletas proporcionadas por el gobieno local.
*** Changarro: Nombre despectivo dado a un local comercial con pocas aspiraciones.

 

Consideraciones sobre las pruebas de ilustración

En esta ocasión tengo el gusto de presentarles un post invitado, se trata de un texto de mi amiga ilustradora Grimalkin que ya en otras oportunidades ha tenido la generosidad de compartir sus experiencias con los lectores de este blog.

Al final de este interesante texto anoto algunas opiniones personales sobre el tema.


 Qué prueban las pruebas

Por Grimalkin

Es común en el medio editorial mexicano, que los editores, además de ver tu carpeta de trabajos te pidan un prueba que se adapte al material que te envían, es decir, les gusta un tratamiento que diste a una ilustración de tu carpeta, pero dibujaste personas y el editor lo que necesita es que representes a un rinoceronte volando, por lo que necesitan verlo como quedaría finalmente. Hasta aquí la solicitud es comprensible, PERO siempre y cuando sepas cuánto vas a cobrar por tu trabajo, a veces las editoriales se hacen las desentendidas de que esto es trabajo y el trabajo se paga y generalmente las pruebas, no las pagan.

En el feliz caso, de que en el momento de hacer la prueba, tengas la seguridad que te van a dar el trabajo y que te lo van a pagar muy bien, tanto, que el pago absorberá el período de ajuste de las pruebas, entonces es completamente tu decisión aceptar o no. Éste caso me ha pasado y el trabajo con el editor o editora siempre ha sido significativo, he aprendido desde controlar mi ego aceptando los comentarios del editor, hasta ver un trabajo final que me satisface completamente, pero esto es cuando tienes la fortuna de trabajar con un buen editor.

Penosamente, me han llegado trabajos, donde me han pedido pruebas, las he hecho, dicen que les encantan y jamás devuelven mis llamadas. Esas ilustraciones las tomo como experiencia y afortunadamente algunas las he colocado en otros proyectos.

Ambos casos me han orientado para saber cómo identificar a un buen de un mal editor.

No importa el tamaño de la editorial, todos conocemos el caso de Fernández Editores que aún deben a varios ilustradores, igual y puede ser una editorial pequeña, pero tiene buen conocimiento de arte y de ventas. Creo que la diferencia esta en el trato que recibes desde el primer mail de contacto, me ha pasado que me escriben:

Hola, me encanta tu trabajo, mira te cuento, somos una editorial en desarrollo y queremos generar 20 libros álbum, nos encantaría que tú ilustraras dos, te anexo el cuento. Te platico que el editor y la autora prefieren éste tipo de estilo, te lo anexo, y nos encantaría que nos enviaras una prueba. En cuanto a los honorarios, estamos pagando $1,000 por doble página y $1,500 la portada.

Para finalizar te comento, además de ti hay dos ilustradores mas a los que les hemos pedido una prueba.

Por qué hay que huir de un trabajo así:

  1. El texto o cuento (no sé porqué algunas editoriales no se dan mas tiempo de encontrar textos novedosos e inteligentes) definitivamente si no haces clic con él, es mas difícil involucrarte creativamente, si el texto habla que los niños son los amos del mundo y jamás menciona a las niñas… pues cómo que no late.
  2. El estilo sugerido. Pregunto, para que revisan tu carpeta de trabajo y terminan envíandote el estilo de otro colega, si bien te va, porque a veces envían muestras del álbum de estampitas, de la amistad de los 70´s y así quieren a los personajes. (!?)
  3. La feliz prueba, si tienes tiempo y ganas, como experimento, intenta hacer una prueba como ellos quieren, en el mejor caso que les guste, entrarás en el laberinto de correcciones y correcciones que terminaran con el cariño con el que empezaste el proyecto, y en el peor caso, comenzaras el juego tonto de enviar y enviar pruebas y más pruebas hasta que les guste algo o te digan que mejor no te dan el mentado libro y te quedaste con 6 pruebas a color, un mes de trabajo, varios corajes y todo ¡de a gratis!
  4. Sin mencionar lo bajo que están los tabuladores. Pero ya que toqué este punto hablemos del pago por regalías, algo que también te proponen las editoriales a cambio de que te involucres sin pagarte hasta que comiencen las ventas.
    Frases como “Firmaremos un contrato dónde este todo claro y bla bla bla”, se tropiezan cuando le pides a la editorial cuentas claras y reales, algunas las dan, otras ni te responden o sencillamente te dicen, “Mira tu libro no se ha vendido cómo queríamos, de hecho hemos tenido pérdidas al imprimirlo…” Y hazle cómo quieras.
    Otra cosa, a ver editores (me refiero a los inexpertos): si van a contratar a alguien por regalías ¿no sería mejor plan involucrar al ilustrador o a la ilustradora, dándole libertad en su estilo, con su propia voz para interpretar el texto? Así se logra que se sienta parte el proyecto y contribuya en el plan de venta, con acciones como dar talleres al público, presentaciones del libro, mostrando en exposiciones los originales, acciones que se realizan en el gremio, y a veces sin cobrar nada (otro gran tema) pero, si se generan ingresos por la venta de libros, pues le entramos con todo, es trabajo, ganamos todos.
  5. Aguas con “hay otros dos incautos como tú trabajando de a gratis, entréguenme sus ideas y ya veo a quien le doy el libro si a ustedes o a algún cuarto, que es el primo de la escritora, pero dibuja bien bonito.” No hay que esforzarse por una propuesta así.

No es cosa de cambiar al medio, de hecho creo que antes estaba mucho mejor, es cosa de cambiar uno mismo, de tener respeto y autoestima por nuestro trabajo y verlo así como un trabajo del que vivimos muchos. No porque tengas una herencia, te mantenga tu marido o tu esposa, vivas con tus papás, que son situaciones afortunadas, no cobres bien tú trabajo ni lo hagas respetar, porque ahí si estás dándole otra vuelta a la soga que nos puede llegar a ahorcar a todos. Es más, si estás en una situación privilegiada, con más razón no aceptes trabajos que ni te van a tratar ni a pagar bien, no por tener chorrocientos libros ilustrados todos bien feos, eres un mejor ilustrador, a veces es al contrario.


Ahora mis comentarios:

El medio de la ilustración, por lo menos en México, se ha vuelto un campo de malas prácticas, un lugar de competencia despiadada y deficiente respeto por el derecho de autor. Cada año salen de las universidades cientos de nuevos ilustradores deseosos de que su trabajo se dé a conocer, a veces sin importar que el cliente no pague lo justo por su trabajo. En ocasiones me sorprende que aún no se le haya ocurrido, a alguna mente diabólica, la infame idea de subastar sus espacios de ilustraciones al mejor postor. Seguramente algún ilustrador imbécil pagaría una buena lana con tal de tener algo publicado.

¿Se puede cambiar un sistema tan viciado como el de las editoriales? Lo veo difícil, pero lo que se puede hacer es cambiar la estrategia a nivel personal. Mi primera sugerencia es que, si eres ilustrador profesional, hagas lo necesario para tener una carpeta digital muy buena, con los mejores ejemplos de tus proyectos. Ser muy buen ilustrador(a) mejora las posibilidades de que las editoriales no te anden pidiendo muestras gratis. Aunque no falta el editor caradura que te pide que concurses por una portada:

Otras

Si has recibido un mal trato profesional por parte de alguna editorial o agencia de publicidad ¡pasa la voz con tus conocidos! Evita que tus amigos ilustradores pierdan tiempo con empresas en las que no valoran el trabajo creativo. También haz justicia con los buenos profesionales de las editoriales y reconócelos públicamente.

Por otro lado, a mí me encantó esta respuesta de Carlos Higuera:

Carlos HigueraY tú ¿has recibido solicitudes abusivas para ganarte el derecho a trabajar en las ilustraciones de un libro o revista? Si la respuesta es sí ¿nos compartirías la captura de pantalla de la solicitud? También puedes enviarla a varoleonora@gmail.com

 

No trabajes para la SEP, estás avisado

Sep pagame2Ya en abril había escrito sobre este problema: la Secretaría de Educación Pública no había cumplido con los pagos a ilustradores, editores, diseñadores y demás colaboradores que habían entregado su trabajo para la publicación de diversos libros de texto.

Con tristeza les confirmo que, a un año de que la mayoría de estos freelanceros entregaron su trabajo, la SEP continúa sin cubrir los honorarios de aproximadamente 300 profesionales independientes. A ellos se suman más personas que comenzaron a trabajar en proyectos editoriales a partir del 2014.

La excepción fueron unos pocos ilustradores a los que se les adeudaba menos de $20,000 pesos mexicanos. Todos los colaboradores que superaban esta suma continúan sin recibir pago alguno. Cálculos aproximados hacen suponer que la SEP les adeuda cerca de $16 millones de pesos (sí, leyó usted bien).

En la conferencia de prensa que llevó a cabo en CENCOS el pasado 7 de noviembre, un grupo de trabajadores expertos en revisión de libros denunció que los representantes de la SEP les han dado toda clases de excusas para no entregarles los contratos con los que se habían comprometido a pagarles. Ver boletín de prensa.

Cualquiera de los afectados explica cómo la SEP los invitó a trabajar en los libros de texto, sin contratos ni acuerdos por escrito. Esta irregular manera de trabajar ha sido una constante en la forma en que los freelanceros han colaborado por años con la Secretaría de Educación Pública. Uno de estos colaboradores comentó que un empleado de la SEP  los invitó a participar en los libros de Geografía ofreciéndoles el pago “sin impuestos” ¡una Secretaría de Gobierno ofreciendo trabajo informal sin recibos!

¿Dónde está el dinero?

Supuestamente la SEP contaba en el 2013 con la partida presupuestal que permitía la contratación de los servicios profesionales necesarios para la elaboración de los libros de texto, pero extráñamente esa partida nunca se ejerció y se “devolvió” al final del 2013 (!) Nadie sabe dar razón de ella.

Recientemente me enteré que el problema de falta de pago también se extiende a los freelanceros que comenzaron a trabajar para la SEP en el 2014. Algunos de ellos ya han comenzado acciones legales en la Contraloría Interna.

Apóstandole al cansancio

Las negativas del personal que da la cara en la SEP hacen suponer que la dependencia está apostándole a que, tarde o temprano, sus deudores se cansarán de llamarles, escribirles o darse vueltas y vueltas a sus oficinas. Piensan que después de hacerlos perder tiempo, dinero y esfuerzo se resignarán a nunca ver un centavo del trabajo que ya realizaron y actualmente se encuentra en uso en las aulas de las escuelas, desde preescolar hasta educación media.

Urgente advertencia

Si bien las acciones en contra de la SEP no se detendrán es importante que todos los que trabajamos por nuestra cuenta pasemos la voz e informemos a nuestros amigos y conocidos sobre la falta de solvencia de esta dependencia:

  • Si un empleado de la SEP te invita a trabajar en un proyecto relacionado con sus publicaciones ¡aléjate lo más pronto que puedas! perderás un tiempo valioso que podrías dedicar a proyectos realmente rentables.
  • Si un amigo te pide que “le eches la mano” para terminar un trabajo urgente para la SEP considera que es muy probable que nunca recibas el pago prometido.
  • Si una editorial te ofrece un proyecto interesantísimo para colaborar con los libros de texto exige un contrato escrito y no comiences a laborar sin un anticipo.
  • Si piensas que es un “honor” que tu trabajo forme parte de los libros de la SEP, aunque no te paguen, mejor piensa que con “honor” no se paga el súper o la gasolina.

Perdiendo la fe en las instituciones

La situación actual de nuestro país me hace pensar que todo está perdido, que estamos solos y que nadie vendrá a ayudarnos, pero luego me acuerdo que sólo cuando levantamos la voz conseguimos ser escuchados por las personas que tienen la capacidad de resolver los problemas. Me queda claro que la insistencia y exigencia pueden rendir frutos… siempre y cuando los responsables escuchen y dejen de hacerse tontos, actúen y eviten “echarle la bolita” a sus antecesores. ¡SEP, paga ya!

 

 

 

Una curiosa ventaja de las facturas electrónicas

En México, a partir del 2014, todas las personas y empresas con actividades comerciales estamos obligados a emitir y enviar facturas electrónica a los clientes.  Esta nueva disposición fiscal, que tiene como principal propósito generar un control más estricto de los contribuyentes por parte del gobierno, ha generado inconformidades y aplausos.

En principio, a mí me parece muy bien que los negocios en los que consumo me envíen a mi correo electrónico la factura de mi consumo, así no pierdo tiempo en las tiendas esperando a que un empleado jetón, del área de atención a clientes, tenga la amabilidad de escribir a mano mi factura. Incluso algunos almacenes han implementado sistemas donde el mismo cliente captura sus datos e imprime su comprobante fiscal.

Los problemas comienzan a aparecer cuando el negocio donde pagamos nos dirige a una página web para facturar en línea: hay empresas que sólo dan 7 días para realizar el trámite y otras que tienen sistemas en internet espantosos donde es un triunfo humano obtener la factura electrónica. Parece que el SAT ya está tomando medidas al respecto.

Y luego están los negocios medianos donde  “juran por el osito Bimbo” que  enviarán la factura al email del cliente, pero jamás lo hacen. Mi contador hace gestos cada que le indico que no tengo una factura porque al negocio donde hice la compra nunca se le dio la gana hacerla.

Una curiosa ventaja de las facturas

Hace algunos días realicé un proyecto fotográfico para una empresa donde, desde el principio, me indicaron que no daban anticipo, pero pagaban contra entrega, previa revisión de la factura electrónica. Terminé el trabajo en el tiempo acordado, le envié al cliente la liga para que revisara las fotos y le mandé la factura correspondiente a su departamento de compras.

Cuando el cliente me preguntó que cuando podría enviarle los archivos originales de las fotos le contesté que lo haría cuando estuviera realizado el pago. Ese mismo día recibí un correo con una ficha de depósito y la solicitud de que “enviara los archivos a la brevedad, porque tenían que imprimirlos al día siguiente”. Se los envié sin contratiempo.

Al día siguiente revisé mi estado de cuenta por internet y ¡oh, sorpresa! el pago que había realizado el cliente sólo cubría el 70% del total. Cuando lo busqué para reclamarle me salió con una excusa:

— Es que es una nueva política de la empresa, no hacemos el pago completo hasta que recibimos los archivos y confirmamos que están ok.

— Supongo que ya revisaste que están bien todos los archivos que te envié.

— Si… este.. no, es que no he tenido tiempo, pero ya la semana que entra te hacemos el pago restante.

Para no hacerles el cuento largo les diré que me la pasé tres semanas correteando el pago faltante hasta que se me ocurrió una estrategia malvada: cancelé electrónicamente la factura que les había enviado. Entonces recibí una llamada de una molesta señorita de la empresa que me reclamaba por tal cancelación. Le expliqué que tuve que hacerlo porque, simplemente, no correspondía con el pago del 70% que habían realizado y que, con gusto, cuando estuviera realizado el pago del 30% restante, les enviaría las facturas correspondiente. Al día siguiente recibí el pago faltante y les envié sus nuevas facturas.

Dos días después me escribió el cliente para decirme que se había enterado que ya me habían pagado y para pedirme que, como un favor especial, le “ayudara” a realizar unos pequeños retoques en las fotos que le envié. Estuve evaluando los pros y contras de realizar esos retoques que me solicitó, pero al final no me dio la gana hacerle ese pequeño “favor”. Seguía molesta por su “nueva política” de retener parte del pago y sus evasivas durante semanas. No quiero ser mal pensada, pero es probable que con esa mala práctica tengan obligados a sus proveedores a realizar trabajos adicionales mientras tienen retenidos los finiquitos.

Una amiga me dijo que no están los tiempos como para andar abandonando clientes, pero yo opino que los tiempos no están como para malgastarlos con empresas gandallas.

Para sacarme la espinita le llamé a la competencia de ese cliente malo. Tengo una cita para presentar mis servicios la próxima semana.

 

¡Ya, despide a ese cliente malo!

Adios

Muchos freelanceros se quejan de sus malos clientes, pero pocos se atreven a buscar otros. El clásico “más vale malo por conocido que buenos por conocer” se convierte en un mantra que los trabajadores independientes repiten mientras son objeto de malos tratos, falta de pagos y regateos por parte de sus viejos clientes.

¿Será que es nuestro destino fatal toparnos con personas que no aprecian nuestro trabajo, exigen cosas irreales y, además, evitan a toda costa pagarnos a tiempo? La respuesta es NO, NO y mil veces NO. Nuestro futuro siempre será lo que nosotros hagamos de él, si tenemos clientes malos es porque no queremos deshacernos de ellos.

Estos son los pretextos que yo conozco para no despedirlos:

Tengo mala suerte con los clientes

Es muy fácil asumir el papel de víctima pasiva mientras te quejas de tus miserables clientes que piden más de lo que quieren pagar o te colman de cambios. Si siempre te tocan malos clientes revisa qué estás haciendo para atraer ese tipo de personas.

Una amiga de la preparatoria decía que le gustaban los hombres dominantes que la celaban mucho, porque según ella, eso era signo de que la amaban. Varios de sus novios fueron golpeadores.

No es cierto que te persiga la “mala suerte”, si ya te descubriste escogiendo al mismo tipo de cliente malo ¡haz algo para cambiar ese patrón! ¡YA!

Hay que educar al cliente

Por supuesto que debemos ayudar a nuestros clientes a resolver sus proyectos ampliando sus opciones, mostrándoles el alcance de nuevas técnicas y solucionando sus dudas con información clara y verídica. Sólo enseñándoles parte de la magia y evidenciando nuestros conocimientos podemos ganarnos su confianza y presentarnos como profesionales.

Sin embargo, educar al cliente jamás deberá ser sinónimo de soportar a alguien que se comporta como niño berrinchudo que sólo ve para su conveniencia. Tu tiempo debe estar enfocado a trabajar en un proyecto, no a lidiar con personas que cambian de parecer a cada rato, que son inmaduros en sus relaciones profesionales o que simplemente no confían en tus recomendaciones porque eres muy joven.

Si pasas más tiempo discutiendo con el cliente que trabajando en su proyecto perderás tiempo y dinero.

Hay que ser profesional

Muchos diseñadores piensan que nunca deben dejar ir a un cliente porque hay que aguantarse, como los machos.

–¡Cómo que no voy a poder con los encargos extravagantes del cliente! ¡claro que puedo, para eso soy profesional!– y pues listo, nada es más fácil que ponernos nosotros mismos la soga al cuello.

Ser profesional no significa ser mártir, sufrir nunca será buena idea para ganar el sustento. Ser profesional es resolver, con estándares profesionales, el problema que plantea el cliente y cobrar en consecuencia.

El ejercicio profesional puede estar lleno de retos y a veces algunos aspectos pueden salirse de control, en esos casos debemos replantear los proyectos para evitar afectar nuestra salud. Eso de “trabajar toda la noche y comer cuando se pueda” es un signo claro de falta de organización.

Mi trabajo debe agradar

A los diseñadores nos pagan, entre otras cosas, para obtener un resultado estéticamente agradable. Como los cantantes, los diseñadores amamos aplauso y la aceptación. Para nosotros no hay peor escenario que cuando un cliente nos dice “No me gusta lo que estás diseñando”. Entonces tomamos el comentario como una afrenta a nuestra honra profesional y estamos dispuestos a probarle que somos capaces de hacer cualquier cosa para agradarle. En principio, eso no está mal, pero debes tener muy claro lo que le escribiste al cliente en la cotización: si ofreciste hacer cinco propuestas, debes obtener un visto bueno después de la segunda revisión, de lo contrario estarás comenzando a perder tiempo y dinero.

Algunas personas están acostumbradas a exigir mucho más de lo que están dispuestas a pagar. Si tú cotizaste la creación de un logotipo no aceptes hacer gratis el folleto y la papelería de la empresa sólo por agradar a tu cliente. Si la empresa requiere servicios adicionales debe contar con los recursos necesarios para pagarlos.

Si tú, llevado por tu deseo de aceptación, comienzas a regalar tu trabajo, te convertirás en un patrocinador más que en un proveedor profesional. Con la desventaja de que nunca aparecerá una placa en las oficinas de tu cliente que diga

“A nuestra bien amada diseñadora, que nunca le dijo no a nada, siempre estuvo dispuesta a hacer hasta lo imposible por agradarnos y, además, JAMÁS nos cobro por todo el trabajo extra.”
SEPTIEMBRE DEL 2018

Quiéreme, por favor

Me resulta llamativo ver cómo las mujeres diseñadoras son las que más buscan agradar con su trabajo, parece que la educación tradicional ha logrado que varias de nosotras busquen la aceptación a toda costa:

Tienes que hacer cosas agradables para que los demás te quieran.

Nunca contradigas a las personas, las harás enojar, y si se enojan ya no te querrán.

Es tu obligación servir a los demás, hazlo con tu mejor cara.

Las mujeres son multitasking y pueden atender muchos pendientes al mismo tiempo.

Aturdidas por este tipo de enseñanzas, varias diseñadoras confundirán un rechazo profesional con una declaración de abandono que las obligará a hacer “lo que sea” para mantener a sus clientes (malos) contentos.

En resumen: cada quien tiene los clientes que atrae, si no te gustan tus clientes actuales cambia tu oferta, explora nuevos nichos, investiga qué cosas está haciendo bien tu competencia, modifica la redacción de tu sitio web, trabaja en la creación de un portafolio vendedor, etc., etc. Y por favor, deja de trabajar con clientes que no te hacen feliz.