Desorganización: el enemigo no. 1 del freelancero

Mientras estudiaba Diseño Gráfico tuve un compañero que era exepcionalmente bueno para la ilustración fantástica, entregaba trabajos dignos de premios que despertaban envidia de la buena y de la mala. Su futuro era muy prometedor.

Años después me lo encontré en una reunión de exalumnos y nos enteramos que, luego de haber sido la estrella de algunos despachos y agencias de publicidad decidió volverse independiente. Entonces, para su mala suerte, comenzó su declive. Una serie de infortunados episodios lo llevaron a la bancarrota y ahora de clases de computación en el negocio de su prima.

En mi experiencia, lo que sucede cuando alguien decide saltar a las desconocidas aguas del freelanceo, es que no tienen lo necesario para salir aflote. Podrás tener grandes cualidades en tu área profesional, ser muy buen ilustrador, un magnífico redactor, un hábil programador o un creativo diseñador gráfico, pero si eres desorganizado realmente debes reconsiderar tu incursión en el trabajo independiente.

¿Qué le pasó a este aventajado excompañero?

Como la historia de mi excompañero me pareció muy interesante e ilustrativa para este blog le invité un café para que me compartiera sus experiencias con miras a escribir este post. Después evalué que hubiera sido mejor invitarle unos mezcales, pero pues uno no es adivino.

Sucedió que un buen día mi excompañero se cansó de las agencias de publicidad, le tenía muy molesto que lo vieran como “obrero del mouse”. La  gota que derramó el vaso de su paciencia fue el día que se enteró que un chica de cuentas, que llevaba seis meses en la agencia, ganaba más que él que llevaba dos años en el equipo que había ganado varios premios para la misma.

Entonces decidió que era tiempo de independizarse. Renunció y se llevó el contacto de tres clientes para los que comenzó a trabajar desde su casa. Entonces se  enfrentó a su gran enemigo: la desorganización. El tiempo nunca le alcanzaba, a veces se saltaba una comida para poder seguir trabajando, luego se dormía tardísimo jugando algún videojuego, se despertaba super tarde y se ponía a trabajar mientras comía cualquier cosa junto a la computadora. Solía cancelar citas en el último momento y evitaba usar una agenda pues alegaba que los calendarios son para las personas que tienen mala memoria. Los fines de semana se la pasaba perdiéndose compromisos familiares y rara vez salía con amigos.  Sus clientes grandes le pedían constantemente cosas que él no podía entregar, hasta que dejaron de llamarlo.

Entonces tuvo que decirle “sí” a cualquier proyecto chiquito que le pusieran enfrente y, como era de esperarse, sus ingresos se vinieron abajo. En gran parte gracias a su desorganizada vida.

Así transcurrieron tres años de altibajos, problemas de sobrepeso, broncas con el SAT y dos rupturas sentimentales. Hasta que su prima le ofreció un trabajo de tiempo completo como instructor de ilustración digital. Y, curiosamente, ahora está más feliz. El horario fijo de su nuevo trabajo lo obliga a levantarse a la misma hora todos los días, contar con hora y media para comer con calma. Su jefa le pide recibos quincenales y le entrega sus hojas de retención puntualmente. Todos los días regresa a su casa a las 19:30 y le sobra tiempo para atender sus compromisos personales. La paga no es altísima, pero le permite pagar las cuentas. Aunque anda pensando en freelancear por las noches sabe que no es la mejor idea.

Mi cuestionamiento

Lo que le reclamé a mi excompañero no fue muy bien recibido pues le confirmé que lo que le hizo falta en sus años como independiente era organización. Le dije:

– Yo también tengo un horario para trabajar, nunca me salto comidas, tengo asignado un tiempo para a las actividades administrativas y que me doy mis escapadas para ir a ver a los cuates y a mi familia.

– Sí, pero hay algo en lo que no podrás competir: trabajas sola.- Contestó triunfal.

– Sí, pero para eso tengo Tuíter ¿no?, ja ja, ja. No, ya en serio, me encanta trabajar sola, no soportaría tener a un jefe espiando sobre mi hombro.

– A mí no me espía nadie.

– Ok, era una expresión…

– Sale, ya me tengo que ir.

#Shales

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