El día que evité una boda

Hace muchos años trabajé con un grupo de diseñadores muy jóvenes, la mayoría eran recién egresados de la universidad. Después de cinco años de relación laboral los conocía bastante bien: sabía quiénes eran sus parientes cercanos y hasta cómo se llamaban todas y cada una de sus mascotas. Obviamente también conocía el estatus sentimental de todos.

Uno de estos diseñadores tenía especial interés en independizarse y trabajar por su cuenta. Como era bastante bueno yo no dudaba que, tarde o temprano, lo conseguiría. Él tenía 25 años y su novia estudiaba la carrera de Diseño Gráfico. Llevaban juntos poco más de un año. Eran de esas parejas bonitas que podrían trabajar anunciando cualquier cosa.

Un buen día él me confesó que estaba muy emocionado porque le iba a proponer matrimonio a su linda novia. Seguramente él pensaba que yo me subiría al barco de su emoción, pero para su desconcierto no fue así:

— ¡No inventes Rubén! Liliana está muy chiquita.
— No, ya va a cumplir 21.
— Bueno, lo que quise decir es que aún no está lista ¡ni siquiera ha terminado la carrera!
— Por eso no hay problema: yo nos voy a mantener.
— No lo digo nada más por la cuestión económica Rubén. Liliana necesita concentrar sus esfuerzos en terminar su carrera. ¿Porqué no se esperan a que ella acabe la universidad?
— Es que no me quiero esperar, muchas cosas pueden suceder en dos años.
— Sí, de acuerdo. Si se casan ahorita en dos años ya van a tener bebés.
— Yo no la voy a presionar para tener familia, pero si ella quiere pues nos haremos responsables.
— No Rubén, déjame aclarar mi punto: Tú ya terminaste la carrera, te titulaste y ya tienes trabajo. Estas comenzando a tener tus propios clientes y estás listo para irte a vivir solo. Liliana está a la mitad de la carrera, depende económicamente de sus papás y no tiene ninguna experiencia laboral. Dale la oportunidad de que concluya esta etapa de su vida sin la presión de una nueva vida en pareja, no seas gacho.
— Tú no entiendes, la amo demasiado…

Y con esa frase digna de un hit popero terminó nuestra conversación.

Mi intención fue la de evitar que dos personas jóvenes se complicaran la vida innecesariamente ¿y si Rubén se quedaba sin trabajo? ¿y si Liliana se embarazaba de gemelos como sus tías? Llámenme pesimista, pero no veía cuál era el beneficio de casarse justo en ese momento.

Meses después la pareja se separó y me enteré que él nunca le propuso matrimonio. ¡Sospecho que mis palabras surtieron efecto y evité una boda! Al principio me sentí un poco culpable, pero al poco tiempo Rubén y Liliana ya tenían nuevos amores.

No quiero iniciar una discusión sobre si la maternidad es un elemento para que las mujeres no avancen tan rápido en el plano profesional, pero les comparto mi experiencia directa: Cuando me dedicaba a dar cursos de software para diseñadores gráficos nos encontrábamos muy seguido con la mamá diseñadora que, después de tener y atender a sus hijos pequeños, decidió retomar su carrera y le estaba costando un ovar… mucho actualizar sus conocimientos en el uso de la computadora. Tampoco podían pasarse dos días completos en un bomberazo porque su prioridad era atender a su familia.

Luego me pregunto porqué son más los hombres que se vuelven famosos como diseñadores, ilustradores o directores de despachos de diseño. También reflexiono sobre los eventos de diseño en nuestro país: el 80% de los ponentes siempre son hombres. Lo curioso es que en estas carreras las mujeres somos mayoría. Entonces ¿dónde nos quedamos detenidas? ¿en qué momento dejamos de aspirar a un mejor puesto? ¿cuándo nos dio miedo volvernos independientes? o ¿cuándo decidimos que es mejor conformarnos con lo que tenemos?

 

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8 comentarios en “El día que evité una boda

  1. En cualquier ámbito, pero principalmente en el profesional, la mujer siempre eligirá a su familia por encima de todo, de TODO. Y eso está muy bien, pero por favor, las que sean madres no se quejen de que no les dan trabajo, que no les dan oportunidades, que les pagan menos, etc. TODOS tenemos qué poner prioridades en la vida y pagar el precio por alcanzar nuestros sueños. Si el tuyo es tu familia, bien por ti, pero el precio a pagar tampoco es barato.

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    • Hola Alejandra, gracias por el comentario.
      Te platico que mi mamá se casó poco después de terminar la carrera y cuando yo nací no dejó de trabajar. Lo que mis padres hicieron fue algo muy interesante (y raro para la época): los dos decidieron trabajar medio día, mi mamá en las mañanas y mi papá en las tardes, el resto del tiempo lo dedicaron a cuidarme y criarme a mí y a mi hermana. Pienso que repartirse la atención a los hijos es posible, pero no fácil.

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  2. Creo que fue un comentario acertado que le diste al chico, muchas personas jóvenes se quieren casar sin tener nada planeado, lo clásico, “nos vamos a vivir en la casa de mis papás”, y cuando llegan los bebés se complica la mujer renuncia a su trabajo o deja la escuela por cuidarlos.
    Yo creo que tenemos pocos amigos que nos hagan ver la realidad cuando les confesamos nuestras inquietudes. De todos esperamos buenos deseos, más bien palabras de “muy bien, felicidades”, “que sean felices”, pero nadie les comenta la realidad de su situación.

    Saludos
    FJJ

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  3. Siempre se sacrifica algo y si se pone todo en una balanza, puedes elegir crecer profesionalmente o tener familia e hijos. Cada quien eligira diferente y estara bien. Yo me case joven, y vienen responsabilidades que no se pueden evadir, y definitivamente si creo que pude crecer mas profesionalmente, Actualmente trabajo medio tiempo de diseñadora en mi propio despacho, precisamente este fin de semana me vinieron dos propuestas muuuy buenas, pues les gusta mi trabajo y vienen las recomendaciones, pero implica trabajar el turno completo y probablemente horas extras, asi que ahora en este momento estoy en el punto de: Que voy a hacer?? me encantan las propuestas, son buenas oportunidades, pero… tengo 2 hijas, no soy “el papa” el cual puede libremente llenarse de trabajo sin pensarla tanto como las mamas. Si aconsejaste bien o mal, no debes sentir culpa, tal vez no estaban muy seguros. Porque realmente es una decisión difícil y no se vale arrepentirse. Ahora en mi posición me toca adaptarme y buscarle para tener satisfechas ambas partes de mi vida, trabajo-familia.
    Saludos!

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  4. Hola, yo también soy de la idea de que las cosas se deben hacer por etapas. Lo difícil es saber cuando termina una y comienza otra. Presionar las etapas o forzarlas traerá generalmente malos resultados. Las decisiones de una vida en pareja se deben tomar entre los dos y siempre considerando las consecuencias -buenas y malas- para ambos.

    Tener familia es padrísimo, en especial cuando uno tiene un plan para ello y en el cual la pareja será pareja. No todas las actividades las puede hacer exclusivamente la madre.
    Afortunadamente nosotros podemos participar en muchas y estar cerca de nuestros bebés, disfrutarlos más allá de cuando están limpios y tranquilos.

    Ahora bien, lo de no poder desvelarse trabajando y no poder atender a bomberazos es algo que, de entrada, está mal.
    Y no lo digo por no poder. ¡Está mal estar haciendo bomberazos!
    Uno de los mitos del diseñador que más aborrezco es ese. No entiendo el porqué de trabajar en horarios anormales. De estudiante me parecía hasta conveniente pero luego, al casarme, comencé a experimentar los problemas y complicaciones de la diferencia de horario con mi pareja. Y bueno, si los demás tenían un horario parecido al de ella…¡el anormal era yo!
    No es malo que uno de los dos se acueste antes que el otro, siempre y cuando se acueste solo o sola, ya que de otra manera habría problemas mayores.

    Cuando entré a dar clases y más aún, cuando fui director de carrera, me tocaba revisar los contenidos de las materias y me di cuenta de que la mayoría de los programas están diseñados para que los alumnos terminen sus proyectos empleando el tiempo destinado en el programa.
    ¿Entonces qué pasaba? que todos prefieren disfrutar de la vida y dejar el trabajo para la noche. De ahí la mala costumbre.

    Volviendo al tema, las diseñadoras pueden seguir activas profesionalmente y no dejar de ejercer, la cosa es organizar la carga de trabajo y los horarios. ¿Que si no alcanza ni con todo el día, menos alcanzará? bueno, para eso es necesario elevar la reputación del diseño haciendo cada vez proyectos más profesionales.

    Por último, en más de 30 años prefiero a las diseñadoras por ser más responsables, activas y entronas.
    Saludos.

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  5. No entiendo por que muchos se molestarían por tu comentario, es totalmente acertado y soy mujer!, igual 21 años!, no me casaría ni de loca ahorita ni tendría hijos, uno apenas esta descubriendo su vida profesional!, tristemente muchos/as se dejan llevar por el enamoramiento y no piensan en su presente y futuro. Si todos razonáramos un poco la equidad de genero de la que hablan por ahi arriba si sería posible.

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