Salirse de la zona de confort

La economía está atorada, punto. Los acontecimientos en México y las pocas buenas noticias a nivel internacional ha hecho del 2014 uno de los años más malos de los que tengo memoria.

Nadie está gastando más allá de lo estrictamente necesario Y SE NOTA. Basta con ver los centros comerciales que, desde finales de octubre, comenzaron a colocar sus adornos navideños en un desesperado intento por atraer compradores. Muchos andamos preocupados porque desde principios del año los proyectos dejaron de fluir.

En mi caso fue muy evidente, dejé de recibir las 3 o 4 solicitudes de cotización que normalmente tenía por semana. A partir de junio sólo me contactaban una vez cada 15 días. Los prospectos no me buscaban como lo hacían antes. ¿Sería que mi sitio web estaba “caído”? No. ¿Sería que mi competencia estaba haciendo algo mejor que yo? No lo sé. ¿Sería que me dormí en mis laureles? Tal vez. Estaba a punto de entrar en pánico cuando un viejo cliente me llamó para realizar un proyecto ambicioso que me tenido ocupada hasta diciembre, pero no podía seguir tranquila en mi despacho esperando a que los prospectos me llamaran, así que decidí llamarlos yo.

Al principio sólo realicé “llamadas en frío” a empresas a las que me interesaba venderles mis servicios de freelance, pero el resultado fue muy poco alentador, pocas veces pude hablar con la persona indicada, lo mejor que conseguía era que las recepcionistas me dieran un email para que enviara mi información. Casi nunca pude obtener el nombre de la persona o el departamento a la que dirigiría el correo con mi carta de presentación.

Fue entonces cuando realmente me salí de mi zona de confort y decidí salir a visitar a los prospectos que realmente me interesaban. Yo, que estaba acostumbrada a que ellos me buscaran, tuve que salir a la calle a ofrecer mis servicios.  Sentí que me “estaba rebajando al nivel de vendedor de calle”  y arrastré a mi ego a lugares desconocidos. La primera vez fue cuesta arriba, me daba muchísima pena entrar a una empresa y preguntar cómo podía agendar una cita con la persona indicada. Obtuve todo tipo de respuestas, desde la clásica “–El licenciado Fulano está en una junta, déjeme su tarjeta y yo se la paso”, hasta la rarísima “–Gracias, pero en esta empresa no invertimos en ese tipo de servicios”.

Afortunadamente, después de visitar 15 empresas en el transcurso de dos semanas, concreté las citas con los responsables del área de mercadotecnia de dos compañías. En la primera me escucharon atentamente, pero no se mostraron muy interesados en mis servicios, en la segunda me solicitaron una cotización y ahora estoy trabajando en un proyecto intere$ante.

Tal vez muchos me dirán que jamás debería ir a tocar puertas como vendedor callejero, que tendría que poner un anuncio en un medio especializado o usar los servicios de compañías que hacen envíos masivos de emails, pero la realidad es que, si deseo resultados diferentes debo hacer cosas diferentes… aunque me salga de mi zona de confort.

Y tú ¿haz cambiado la forma de vender tus servicios?

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7 comentarios en “Salirse de la zona de confort

  1. Hola que tal Leonora, justo comentaba en casa, que octubre, noviembre me parecían como si fuera la cuesta de enero de 2014, con poco trabajo de diseño, en cuanto a salirme de la zona de confort y visitar prospectos ya no lo he hecho últimamente ( al principio si lo hice ) estoy en sección amarilla ya desde hace 4 años y gracias a ella tengo clientes a nivel de empresas. Lo que hice pero como de rebote ( ayude a un conocido con su marca y etiqueta de producto,) a él le preguntaron quien había diseñado sus etiquetas y entonces me solicito repartir mis tarjetas de presentación en la secretaría de economía del Estado de México, esto porque acaba de haber un corredor de microempresarios que están empezando con su negocio; de hecho vendían sus productos sin marca ni etiquetas adecuadas y me dijeron que me canalizarían con ellos para ponerme de acuerdo próximanente. ( Los asesoraban a nivel de costos, administración, ventas, mercadotecnia ).

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  2. Hola Leonora. Sobre salir y visitar empresas para ofrecer mis servicios. ¿Cómo se hace eso? ¿Qué debo decir y que no? Además del portafolio que más debo llevar como respaldo?, por último, ¿Qué tipos de empresas son las que sí me van a escuchar? Me da un miedo terrible salir a las calles y aparecerme en cada tienda o negocio.

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  3. Pues te anticipo que no hay una receta para abordar a las empresas. He tenido todo tipo de recepciones, desde las muy cordiales y atentas hasta las que me han dejado en la puerta hablando sola.
    Yo no tomé un curso de cómo visitar a las empresas, simplemente llegué a la recepción y, tras una breve descripción de mis servicios, pedí que me proporcionaran los datos del responsable del área de mercadotecnia. En algunos lugares me pasaron con la persona indicada a pesar de no tener una cita hecha, en otras empresas sólo me dieron un correo electrónico genérico y jamás recibí la oportunidad de presentarme.
    Yo te sugiero que revises tu portafolio y clarifiques el mercado al que te quieres dirigir ¿quienes son tus clientes soñados? ¿con quién te daría gusto trabajar? No te intimides por el tamaño de las empresas, a mí me pasó que visité las oficinas corporativas de una empresota y le caí bien a la encargada del depto de mercadortecnia, quedamos de vernos en enero para platicar sobre una posible colaboración en una campaña del 2015.
    De todas formas vete preparando para recibir cubetadas de agua fría: esta semana me dejaron plantada en una cita con un propsecto y ni siquiera se disculparon conmigo.
    Por favor no dejes de platicarme qué tal te va en esta aventura. Te deseo mucho éxito.

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  4. Acabo de descubrirte y estoy leyendo todas las publicaciones, me encantan. Yo soy vendedora de cosméticos y empiezo a desarrollar un equipo de vendedoras. Una de las mayores trabas para mi, para ellas y para la gente que “siempre esperó más de mi” es precisamente eso de salir a vender a la calle. Me interesa conocer tu opinión de por qué es “rebajarse”.

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    • Hola Jessica, mi comentario va en el sentido de que cuando estudias una carrera universitaria es de esperarse que nunca tengas que vender tus servicios en la calle, como lo hacen las personas que se dedican al cambaceo. En mi opinión la venta de puerta en puerta es un sistema que requiere personas con mucha tolerancia a la frustación, dispuestas a pasar jornadas difíciles, con bajas retribuciones económicas.

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