Una curiosa ventaja de las facturas electrónicas

En México, a partir del 2014, todas las personas y empresas con actividades comerciales estamos obligados a emitir y enviar facturas electrónica a los clientes.  Esta nueva disposición fiscal, que tiene como principal propósito generar un control más estricto de los contribuyentes por parte del gobierno, ha generado inconformidades y aplausos.

En principio, a mí me parece muy bien que los negocios en los que consumo me envíen a mi correo electrónico la factura de mi consumo, así no pierdo tiempo en las tiendas esperando a que un empleado jetón, del área de atención a clientes, tenga la amabilidad de escribir a mano mi factura. Incluso algunos almacenes han implementado sistemas donde el mismo cliente captura sus datos e imprime su comprobante fiscal.

Los problemas comienzan a aparecer cuando el negocio donde pagamos nos dirige a una página web para facturar en línea: hay empresas que sólo dan 7 días para realizar el trámite y otras que tienen sistemas en internet espantosos donde es un triunfo humano obtener la factura electrónica. Parece que el SAT ya está tomando medidas al respecto.

Y luego están los negocios medianos donde  “juran por el osito Bimbo” que  enviarán la factura al email del cliente, pero jamás lo hacen. Mi contador hace gestos cada que le indico que no tengo una factura porque al negocio donde hice la compra nunca se le dio la gana hacerla.

Una curiosa ventaja de las facturas

Hace algunos días realicé un proyecto fotográfico para una empresa donde, desde el principio, me indicaron que no daban anticipo, pero pagaban contra entrega, previa revisión de la factura electrónica. Terminé el trabajo en el tiempo acordado, le envié al cliente la liga para que revisara las fotos y le mandé la factura correspondiente a su departamento de compras.

Cuando el cliente me preguntó que cuando podría enviarle los archivos originales de las fotos le contesté que lo haría cuando estuviera realizado el pago. Ese mismo día recibí un correo con una ficha de depósito y la solicitud de que “enviara los archivos a la brevedad, porque tenían que imprimirlos al día siguiente”. Se los envié sin contratiempo.

Al día siguiente revisé mi estado de cuenta por internet y ¡oh, sorpresa! el pago que había realizado el cliente sólo cubría el 70% del total. Cuando lo busqué para reclamarle me salió con una excusa:

— Es que es una nueva política de la empresa, no hacemos el pago completo hasta que recibimos los archivos y confirmamos que están ok.

— Supongo que ya revisaste que están bien todos los archivos que te envié.

— Si… este.. no, es que no he tenido tiempo, pero ya la semana que entra te hacemos el pago restante.

Para no hacerles el cuento largo les diré que me la pasé tres semanas correteando el pago faltante hasta que se me ocurrió una estrategia malvada: cancelé electrónicamente la factura que les había enviado. Entonces recibí una llamada de una molesta señorita de la empresa que me reclamaba por tal cancelación. Le expliqué que tuve que hacerlo porque, simplemente, no correspondía con el pago del 70% que habían realizado y que, con gusto, cuando estuviera realizado el pago del 30% restante, les enviaría las facturas correspondiente. Al día siguiente recibí el pago faltante y les envié sus nuevas facturas.

Dos días después me escribió el cliente para decirme que se había enterado que ya me habían pagado y para pedirme que, como un favor especial, le “ayudara” a realizar unos pequeños retoques en las fotos que le envié. Estuve evaluando los pros y contras de realizar esos retoques que me solicitó, pero al final no me dio la gana hacerle ese pequeño “favor”. Seguía molesta por su “nueva política” de retener parte del pago y sus evasivas durante semanas. No quiero ser mal pensada, pero es probable que con esa mala práctica tengan obligados a sus proveedores a realizar trabajos adicionales mientras tienen retenidos los finiquitos.

Una amiga me dijo que no están los tiempos como para andar abandonando clientes, pero yo opino que los tiempos no están como para malgastarlos con empresas gandallas.

Para sacarme la espinita le llamé a la competencia de ese cliente malo. Tengo una cita para presentar mis servicios la próxima semana.

 

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6 comentarios en “Una curiosa ventaja de las facturas electrónicas

    • Pues sí, esto del freelanceo no es para un “lugar para los débiles”. Tiense que desarrollar una piel muy gruesa, tener habilidades extrasesoriales para saber cómo será un cliente y nunca desanimarse por los reveses del trabajo freelancero. Pero también tiene sus encantos.
      Saludos.

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  1. Bien Leonora! yo tambien he aplicado eso y mágicamente mis pagos retazados están de forma inmediata al día siguiente jajaja, a veces necesitan que uno se las aplique para que recuerden sus deudas, pero es tan molesto eso de andar persiguiendo a la gente como si nos hicieran un favor cuando ellos no tuvieron que andar como niñeras atrás de nosotros

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  2. Recuerdas cuando comentaste que desde la factura electrónica? te iba a comentar precisamente eso, que desde la factura electrónica me ha facilitado los cobros porque he aplicado esa de cancelarla y como por arte de magia todo se corrije

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