Claroscuros del Festival de Globos de Cantolla

festival

El pasado fin de semana asistí por primera vez al Festival Multicultural de Globos de Cantolla de Tlacotenco donde viví, junto con mi esposo, una mezcla de maravillas y horrores.

Primero las maravillas

Llegamos cerca de las 15:00 hrs del sábado al parque El Ocotal* donde rápidamente nos indicaron donde debíamos estacionarnos. El evento se veía muy atractivo: una gran explanada verde albergaba un escenario con luces y sonido bien puestos, a la derecha varios foodtrucks ofrecían comida de lo más variado, al otro lado se ubicaba una gran área techada donde pequeños stands vendían postres de todo tipo, antojitos mexicanos, cervezas, pulque y artesanías. El lugar rebosaba de visitantes: familias completas que no olvidaron a los abuelos, parejas jóvenes que disfrutaban de gigantes micheladas y niños que ya querían volar sus globos de Cantolla.

Se presentaba un espectáculo de aves de rapiña mientras reuníamos nuestros artículos para acampar. Comenzamos a caminar y caminar mientras buscábamos algún rinconcito alejado para instalarnos, pero parecía que todos los sitios estaban ocupados, el paisaje era el de un multifamiliar altamente poblado, en varios sitios las tiendas de campaña estaban instaladas a menos de un metro de sus vecinos. Continuamos subiendo por la vereda hasta que, trescientos metros más adelante, nos instalamos lo más alejado que pudimos de las tiendas de campaña vecinas.

GloboAl regresar a la explanada principal disfrutamos una asombrosa exhibición de aviones gigantes de control remoto. Los visitantes continuaban llegando y el evento lucía muy bien organizado. Procedimos a darnos vuelo con los antojitos mientras una banda acompañaba la primera tanda de elevación de globos gigantes. Es emocionante ver volar estas laboriosas obras de papel de china multicolor. Algunos de ellos tenían sorpresas como explosiones de serpentinas y confeti metalizado.
Los episodios de lluvia no enfriaron los ánimos de los asistentes que continuaban llegando al parque. La fila para el taller de globos de Cantolla era de varias decenas de personas que pacientemente esperaban su turno, algunos llevaban formados más de una hora, pero valía la pena esperar: todos querían tener su propio globo para el lanzamiento masivo durante la Noche Mágica.

Comienzan a aparecer los primeros horroresbaños

Todos sabemos que, cuando vamos de campamento, hay que adaptarse a las circunstancias: no podemos esperar las comodidades de nuestra casa, pero el servicio de baños que ofrecía el evento era absolutamente ridículo: por $5 pesos pude subir a la antesala del infierno, una plataforma inestable con unas tazas de baño rebozadas de ya saben qué; las puertas eran unos plásticos totalmente inútiles y a la salida se ofrecía una palangana con agua negra para lavarse las manos. Del olor ni les digo (ya les platiqué de la variedad gastronómica del lugar). Los otros dos servicios de baños eran muy similares. Fue entonces cuando comprendí porqué muchos optaron por ir a desahogar sus cuerpos en el sembradío que se encontraba detrás del escenario 😦

Los visitantes continuaban llegando y el caos de automóviles era total, como ya no había espacio en el estacionamiento principal, los coches comenzaron a invadir las zonas de acampar, dejando el auto aventado donde se pudiera. Me gustaría saber quién fue el idiota que se estacionó su camionetota sobre una parcela de papas.

Caída la noche todos participamos de la elevación masiva de globos, verdaderamente se sentía la buena vibra de todas las personas que con emoción despedían sus globos de todos colores, formas y tamaños. Recuerdo varios de Minions, Hello Kitty y hasta uno de San Judas Tadeo. Cerca de las 10 de la noche la banda que tocaba en el escenario fue subiendo el tono de sus arengas para desagrado de muchos papás que no sabían si prender la mecha de sus globos o taparles los oídos a sus pequeños hijos.

El volumen de la música iba en ascenso y me enteré que el rave acabaría hasta las 4 de la mañana. Fue entonces cuando me percaté del éxodo de familias que intentaron abandonar el lugar, algunas lo consiguieron, pero la mayoría se quedó atrapada en el desorden de coches estacionados por todos lados. Grandes grupo de jóvenes continuaban llegando al evento, muchos se jactaban de que no habían pagado nada para acceder.

Cuando regresamos a nuestra tienda de campaña, mi esposo y yo tuvimos la inocencia de intentar dormirnos, cosa que resultó imposible pues la música electrónica, aunque lejana, retumbaba en todo el lugar. A eso de las 2 de la madrugada los gritos de los borrachos vecinos eran bastante agresivos, en todo el campamento se escuchaban riñas de pareja acompañadas de algunos lanzamientos de botellas de vidrio. Eran las 4 de la madrugada y los coches continuaban pasando muy cerca de nuestras cabezas. La música dejó de sonar a las 5, pero muchos exaltados continuaban haciendo escándalos por todas partes. Sinceramente dudo que alguien haya podido dormir, ni siquiera las personas que pasaron la noche dentro de sus coches.

basuraA las 7 de la mañana amaneció, desayunamos y bajamos para ser testigos de lo que mi marido bautizó como un “Apocalipsis Zombie”. La descripción era acertada, había tiendas de campaña instaladas en los sitios más ridículos, varias personas intentaban, sin éxito, prender las fogatas con la leña húmeda que vendían en el lugar. Había uno que otro borracho tirado a la orilla del sendero y la explanada principal estaba, literalmente, tapizada de basura. Me llamó la atención ver la cantidad de botellas vacías de Johnnie Walker, Kraken y Buchanans que se habían consumido. A las 10 de la mañana todavía había jóvenes dormidos en pleno paso de la gente.

Después de comprar un café tuvimos la oportunidad de entrar al talleglobo 2r de globos de Cantolla. Allí, Axel un jóvencito de 12 años, nos sorprendió con su habilidad para explicar y guiarnos en la elaboración de nuestro propio globo. También platicamos con algunos de los artesanos que participaron en los concursos que se organizaron durante el festival; su la dedicación, destreza y conocimientos nos asombraron.

Después de ver la elevación matutina de globos monumentales, mi esposo y yo decidimos empacar nuestra tienda y dejar el lugar; la mezcla de sentimientos contradictorios que teníamos era muy extraña, disfrutamos mucho el espectáculo de los globos de Cantolla, pero sufrimos el exceso de asistentes que desbordaron un evento que, por momentos, se salió de control.

Querido comité organizador:

  • Por favor concéntrense en que el festival esté dedicado a los Globos de Cantolla, que son lo más importante para Tlacotenco. El público que asistió al reve no es el mismo que asistió para ver la elevación de los globos. Se trata de dos eventos completamente diferentes, para diferentes audiencias, con distintas espectativas y necesidades. No fue buena idea revolverlos.
  • Como no hay señal de celular en el parque muchas personas se pierden ¿no hubiera sido buena idea instalar un kiosco de “Perdidos y encontrados”?
  • Contemplen seriamente en ofrecer un servicio sanitario que pueda atender a miles de personas. Compañías como Sanirent o Tronorent son especialistas mexicanos que pueden ayudarlos en la logística.
  • Coloquen suficientes botes de basura con capacidad para recibir todos los desechos de los asistentes, las tímidas cajitas que decían “basura inorgánica” fueron absolutamente insuficientes.
  • Por favor no permitan el acceso de automóviles en las zonas para acampar, de milagro no hubo accidentes que lamentar.
  • Me da gusto ver a tanta gente interesadas en el Festival, pero la cantidad de personas que a las que les permitieron el acceso lo volvió una experiencia sufridora.

Confío en que sabrán aprender de la experiencia y harán que el próximo evento sea mucho mejor.

Y ¡que vivan los globos de Cantolla de Tlacotenco!

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4 comentarios en “Claroscuros del Festival de Globos de Cantolla

  1. Quiero suponer que es el primer festival que organizan… Tal vez por eso los “errores” de novatos. Pero si ya tiene algunas ediciones y aun presentan estas sencillas fallas de organización, pues deben replantearse el que alguien les ayude o aconseje que hacer.

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