¿A cómo el kilo de diseño?

¿No odian cuando alguien  llama para preguntar, así en caliente, – Oye ¿y cuánto cobras por hacer un [ escriba  aquí el proyecto de su preferencia ]?

¿A cómo el kilo de diseño?Yo hago berrinche cuando un prospecto llama y, antes de terminar el saludo, pregunta: ¿A cómo el kilo de diseño? Entonces hago acopio de fuerzas y le contesto con otra pregunta –¿Me podría platicar un poco más sobre su proyecto? me gustaría tener mayor información para asesorarlo mejor.– Después de escuchar los requisitos, deseos y alucinaciones del prospecto evalúo el proyecto y, si realmente me interesa, le ofrezco enviarle una cotización por escrito. Procuro, hasta donde me es posible, nunca andar soltando precios a lo menso cuando un prospecto me presiona por teléfono. Como lo que vendo no es un producto sino un servicio es importante que el prospecto sepa que el proyecto que solicita será desarrollado a la medida de sus requerimientos y que no será algo que simplemente sacaré de la bodega.

Si el prospecto me deja su nombre completo, teléfono fijo y correo de su empresa, puedo estar casi segura de que se trata de una solicitud formal que deberé tratar con atención. Pero, si me dió un correo “para spam”, un teléfono celular y me dijo que era un “particular” entonces nada más le redacto un correo rápido con los costos de su solicitud. No puedo, ni debo, dedicarle tanto tiempo a una solicitud informal, de un “hijo de vecino”, que tiene pocas probabilidades de concretarse.

Hacer cotizaciones a veces me toma más tiempo del que debería, pero me encanta pulirlas y dejarlas claras y vendedoras. Por eso me choca que, después de enviar una cotización compleja y “urgente”, el prospecto actúe como si se lo hubiera tragado la Tierra ¿acaso es mucho pedir que me contesten con un simple “Recibido, gracias”? Así por lo menos confirmaría que mi email llegó correctamente a su destino y no se perdió en el limbo. Un poco de cortesía no le cae mal a nadie.

Y tú ¿qué haces cuando te preguntan “A cómo el kilo de diseño”?

Otra historia de impuntualidad

La semana pasada me invitaron a tomar un curso gratis y pues, como dicen en mi pueblo, “Gratis hasta las puñaladas”. Me apunté más que encantada. La duración del curso era de dos horas y media y nos citaron a las 11:30. Como llegué 10 minutos antes me dió tiempo de comprarme un delicioso café/postre. A las 11:29 ya estaba sentadita en un pequeño auditorio con cupo para 50 personas. A las 11:40 ya había cerca de 40 personas listas para aprender los secretos que nos compartiría el instructor. A las 11:45 el organizador comentió un error fatal: se paró al frente y nos dijo, muy amablemente, que ibamos a esperar 10 minutitos más –Por si alguien viene retrasado. Total que comenzamos 25 minutos tarde. Esa pérdida de tiempo se tradujo en una “corretiza” al final de la sesión donde el instructor se vió obligado a terminar su presentación a trompicones pues muchas personas comenzaron a retirarse puntualmente a las 14:00 hrs. El organizador ya no tuvo la oportunidad de mencionar los descuentos especiales para los asistentes.

¿Cuál el error fatal del organizador? Teniendo, a las 11:40, un quórum de 40 asistentes, le dió preferencia a “personas fantasmas” que no sabía si existían; ni siquiera estaba seguro de su llegada (yo sólo conté a una asistente tardía que arribó cerca de las 13:00 hrs.) La lógica del organizador fue avara pues prefirió sacrificar la ganancia de 40 prospectos reales en función de otros 10 posibles asistentes que nunca llegaron. La consecuencia de esa espera fue que el evento realmente duró dos horas, terminó a las 14:00 hrs. de forma apresurada y sin un cierre apropiado para convertir a los asistentes en clientes. ¡Tanto trabajo para nada!

Moraleja: Sean considerados con las personas que hiceron lo necesario para llegar puntuales a una cita, la mexicana amabilidad para “con los que no han llegado” se puede convertir en un problema de logística que les reste puntos positivos frente a los prospectos que mostraron interés asistiendo puntualmente. En los negocios casi siempre sólo tenemos una oportunidad de dar una buen impresión, no la desperdicien. Ojo: tampoco se trata de citar a la gente media hora antes de lo esperado, como en boda, porque entonces estaríamos malgastando 30 minutos de las personas que sí saben llegar puntuales.

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7 comentarios en “¿A cómo el kilo de diseño?

  1. Me gusta mucho tu forma de contestar “¿Me podría platicar un poco más sobre su proyecto? me gustaría tener mayor información para asesorarlo mejor”

    Saludos y MUCHO ÉXITO.

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  2. Yo también me espero a que el cliente me envíe información detallada, para ver su verdadero interés. Luego sólo están husmeando con varios hasta que encuentren el más “barato”, lamentablemente.

    Si es también molestoso cuando no te dicen ni gracias, ni recibido, ni un “me caías bien hasta que vi tu precio”, caray.

    Y sobre la otra anécdota, pues ni modos, así se aprende a no ser avaricioso!

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  3. Hoy leo tu post y justo el lunes me paso eso, me preguntan por Facebook “¿Cuanto cobras por un diseño de página?” – no me gusta que me pregunten cosas de trabajo posibles clientes por face cuando ya conocen mi correo y no se sí esperan que conteste inmediato, mi respuesta fue casi idéntica de lo que respondes, claro recalcando que me escriba mejor al Mail para dar mejor seguimiento y me detalle que necesita, yo pido me lo escriban porque, segun yo, los hago dar cuenta de que pongan en orden la idea de lo que piden. No se sí fue lo correcto

    Saludos!! siempre vengo a refugiarme a leer tus post cuando creo haber actuado mal o no saber como manejar a esos clientes malos.

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    • Hola Noemí.

      Es completamente correcto pedirle al “prospecto” que te de más información y que lo haga por canales más formales que el FB o TW.
      Si se trata de una una solicitud demasiado informal me da la sensación de que no quieren dar datos para no “comprometerse”, pero pues así no se puede hacer una cotización.

      Gracias por pasar a leer 🙂

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