Horror Tours: trabajando con clientes desordenados

La siguiente historia la envió Sebastian, desarrollador web venezolano, que nos demuestra que en todos lados, infortunadamente, los clientes malos se parecen.


Todo empezó en un momento en que invertimos (una compañera y yo básicamente) algunos recursos publicitarios para darnos a conocer, por aquel entonces aun era empleado y poco a poco iba haciendo proyectos para ir creciendo como empresa, algo bastante difícil en la desastrosa situación económica de mi país.

De pronto, un Domingo, me llama un sujeto que estaba interesado en que le desarrolláramos dos sitios web en conjunto con un trabajo de posicionamiento en redes sociales, pensamos algo como “¡Un cliente nuevo! ¡La publicidad estaba surtiendo efecto” así que de inmediato tomamos datos de contacto y acordamos una reunión.

Ese día todo fue genial, ellos ya tenían su hosting y dominio reservados asi que sólo se trataba de un rediseño web, la persona (al que llamaré Dani) lucía muy seguro, yo le hacía preguntas sobre las claves de acceso a sus dominios y sobre el tipo de plan que usaban y para serte sincero quede impresionado, pensé que sería un trabajo bastante placentero debido a que todo parecía estar en orden… Parecía.

Primero les envié el presupuesto con una clausula que indicaba que debía abonarse el 50% al comienzo y después del desarrollo se debía abonar el 50% restante, me escribió diciéndome que me pagaría solamente el 20% y “después que vayamos viendo, te iremos pagando (“… muy mala señal…” pensé), le respondí diciéndole que para empezar a trabajar requeríamos el 50% y de no ser así lamentablemente no podíamos comenzar a trabajar.

Pagó el 50% y empezó el desarrollo… Perdón, el infierno. Le pedí los accesos a sus dominios y no sabía de lo que le estaba hablando, después de diez correos explicándole que cada proveedor de hosting le ofrece acceso con un usuario y una clave fue que logró dar con los datos requeridos, así pues me di cuenta de varias cosas:

1) El hosting que usaba era limitado, al punto que después de varias visitas el ancho de banda quedaba copado y quedaba bloqueado hasta  que se renovara el mes (algo terrible si quieres que Google te indexé, de igual modo le ofrecí que podíamos mover el dominio a otro proveedor de hosting pero me comentó que estaba hasta los mismísimos de gastos publicitarios para su agencia y que de momento no estaba contemplado).

2) El espacio era ínfimo (100 megabytes, unas cuatro canciones de Iron Maiden) lo que dejaba poco margen de maniobra a la hora de subir imágenes por mencionar algo de tantas cosas que se hacen en un desarrollo web.

3) “Googleando” conseguí que la misma empresa tenía ¡otros sitios web! pero por algún motivo renovaban dominios nuevos, yo le hice la mención a Dani sobre esto (para que todos esos dominios redireccionarán al principal) y me comentó que no tenían las claves de esos dominios ¡¡Cada cierto tiempo olvidaban las claves y se veían obligados a abrir otros dominios cuando querían actualizar!!

Otra cosa que me di cuenta es que las antiguas webs era un total desastre a nivel de diseño y programación (pensé “bueno, por algo esta solicitiando rediseñarla“), así que me dediqué y les ofrecí un diseño el cual quedaron bastante satisfechos: era responsive (adaptable a cualquier tamaño de pantalla), también le dije que sería buena idea que hiciera una sesión de fotos a sus empleados para colocarlos en la página (no sé en México pero en Venezuela es algo que suele hacerse) a lo que respondió “pronto lo haremos, es que las muchachas tienen que ir a la peluquería primero jeje“, eso nunca ocurrió.

El desarrollo no fue un proceso especialmente doloroso pero si tedioso, más que nada por la información que suministraban, recibía montones de correos con archivos de Word, PDF y fotos dispersas con un “agrégalo a la web, bueno, me tocó comerme unas cuantas verdes como decimos aquí, pero para serte sincero, eso no fue nada comparado con lo que vivió la chica con quien trabajo, todas las noches, mientras desarrollaba el proyecto nos quejábamos por Whatsapp de la forma de trabajo de Horror Tours, eran desordenados, pero bueno, no todo es perfecto pensamos.

Se concluyó el desarrollo y pagaron el 50% restante (¡Whoo!), le comenté que si deseaban que le actualizara la web debían cancelar una mensualidad, más que nada porque la misma necesitaba “nutrirse” de promociones, paquetes turísticos, etc… Y aceptaron de buena gana, así que empezó la segunda etapa: el mantenimiento.

Es aquí cuando la historia se pone peliaguda, es que como diseñadora que eres seguramente te llevarás las manos a la boca a leer lo que se viene, porque es aquí donde comienzan las escaleras al infierno profundo, donde los niños lloran y caminan demonios con piernas de cordero, es aquí donde Horror Tours se lució a lo grande.

Durante el primer mes pedimos que nos pasaran las promociones para colocarlas en la web y para darles rotación en las redes sociales, también solicitamos los artes para los mismos efectos, ¿Qué recibimos?: imágenes pegadas en los correos, imágenes pegadas en archivos de word, ¿quieres saber lo más triste? las promociones eran copiadas de otras agencias de viaje y la enviaban con aquella falta de vergüenza. Les llegamos a comentar que esos artes pertenecían a otra agencia y respondían que no importaba siempre que no se hiciera mención a esa agencia (¿?).

No sólo eso, le comente a Dani que necesitaba unos artes para colocarlos en el banner de la página (el cual tiene un efecto slide bien chulo oye tu) y note que pasaban los días y no recibí nada, desde que comenzó el mantenimiento pedí que me pusieran en contacto con “su” diseñador gráfico para poder coordinar lo que se necesitaba pero Dani siempre era esquivo al tema. Por norma aquí todas las agencias de viaje poseen un diseñador gráfico que constantemente esta generando artes promocionales. Dani me comentó que su diseñador ya no estaba con ellos, así que pensé en lo evidente: nunca tuvieron diseñador y la antigua web fue hecha por ellos mismos para ahorrarse unos duros. Todo encajó.

Le comenté que podría ponerle en contacto con un diseñador que nos sacara del apuro pero al recibir en mi Whatsapp como respuesta un “ok, pero que sea un diseñador rápido y barato” (textual) se me quitaron las ganas, y de verdad sentí hasta indignación y no pensé en hacerle la maldad a nadie así que dejé que ellos mismos buscaran su diseñador “rápido y barato”.

Pasaron algunos días y le comente a Dani que sus promociones deben estar en el frontpage así que en poco tiempo recibi algunos ARCHIVOS DE POWER POINT pésimamente diseñados, le comenté que no era lo idóneo y que requeríamos al menos algo en JPG. Yo ya había perdido el interés y fue él mismo quien me comentó que ya “el problema del diseñador” estaba resolviendose… Su esposa había comenzado un curso de Diseño Gráfico.

Así pues, recibíamos los “artes” y me limitaba a cobrar por el trabajo (ya dejé de insistir), la web la saque del portafolio de la empresa porque aunque tiene un diseño muy moderno, los artes la “embarraron” por completo y la verdad quedó bastante fea. Todos los artes eran hechos con Power Point y obviamente jamás se decantaron por pagarle a algún diseñador para subir la imagen de su empresa. Lo más insólito es que Dani me llegó a comentar en una ocasión que los artes estaban “quedando bonitos”, yo sólo me limité a  no decir nada. Con respecto a las redes sociales pasaban cosas surrealistas, el trabajo de posicionamiento se perdía porque de pronto ellos insertaban publicaciones personales, así pues, veías en las cuentas oficiales de Horror Tours fotos de los dueños bañándose en la playa haciéndose menciones entre ellos ¡que poco serio!

Entonces con los meses siguieron los problemas, como la web se quedaba sin ancho de banda tras pocos días se perdía la indexación de Google, no bastó con que se lo comentara al comienzo, tuve que explicárselo varias veces porque no sé si es que se hacía el que no entendía o que. Me escribía a todas horas, todos los días por cualquier tontería de la web pensando que éramos soporte técnico de su empresa (incluso llego a pedirnos que abriéramos una cuenta Gmail, algo que no ocurrió desde luego), en los casos de caídas del servidor siempre lo remitía con un “escríbale al proveedor de hosting“.

Finalmente decidieron cambiar de hosting por uno comprado en el norte y pasamos de Guatemala a “Guatepeor” porque lo hicieron sin consultarme y provocó que unos scripts dedicados a enviar correos (para petición de paquetes turísticos) dejaran de funcionar. En ese momento me encontraba de viaje y les dije que para esas cosas tienen que avisar para poder adaptar el código de la página al nuevo servidor pero ellos se expresaban de una forma como que era mi culpa cuando ellos jamás me avisaron del cambio. Finalmente  dejé la plataforma operativa.

Dani tenía la mala maña de que cada vez que surgía un problema me escribía por Whatsapp explicándome con larguísimos mensajes el alto gasto publicitario que tenían en prensa y radio (como si aquello era mi problema, igual nunca vi ni escuché un solo anuncio de ellos), textualmente me dijo que la agencia no estaba vendiendo mucho y que “tendría que pagarme con sus ahorros personales”, creo que esperaba que le bajara el precio a los servicios, yo me limité a ignorar esto, pero esa maña era de muy mal gusto.

Decir que entre esos meses y justo ahora el servicio era intermitente porque no cancelaban de forma continua; un mes decidían hacer cambios, pero el otro mes no. Le comenté que así es muy difícil tener posicionamiento integrado de la web con las redes sociales, porque para ver un resultado medianamente decente de posicionamiento se necesitaba al menos seis meses de arduo trabajo. Nunca pudimos trabajar ni tres meses continuos; lo más insólito es que me escribió diciéndome que “el posicionamiento de facebook no funcionó, asi que probaría con instagram” yo le expliqué que así no era como funcionaba pero él insistió y de nuevo: me limité a cobrar.

Pasó un largo tiempo donde no supimos nada de ellos hasta que empezó a escribirme sobre un problema donde los correos no le llegaban (sí, los famosos scripts de la página), así que bueno, nada me quitó revisar y vi que los scripts estaban en orden; al parecer tocaron algo en la configuración de los servidores pero yo ya estaba muy cansado de ellos, seguramente hicieron algún cambio y pensaban que les iba a trabajar gratis; les comente que ya no hacíamos trabajo de mantenimiento lo cual me deseo suerte en mis proyectos. A los pocos días me escribió diciéndome que el dinero no era problema, que necesitaba ayuda, lo cual le dije que lamentablemente todo nuestro talento humano estaba enfocado en otros proyectos.

Lo último que supimos de ellos fue hace un par de semanas cuando le escribió a la chica Community Manager sobre la clave del Instagram (sí, la perdieron, al igual que sus dominios) a las 10.00 PM. Fue algo muy molesto, ella desde luego envió un correo diciéndole que al momento de dejar de ofrecerles el servicio de mantenimiento esa información estaba en un correo electrónico enviado a ellos.

Salir de ellos no fue una decisión para nada dura, cuando Dani nos volvió a escribir ya veíamos el infierno que se nos venía: un cliente molesto, mala paga, desordenado y profundamente ignorante. ¿Quieres una moraleja de todo esto? a veces no sirve de nada educar a tus clientes, si trabajan mal te salpicará y te ganarás unas cuantas úlceras gratuitas.


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Los falsos buenos clientes

El siguiente post invitado me lo envió el querido Misael, un diseñador gráfico que como yo,
andaba expresando su descontento en Twitter.


Tener un cliente que respete nuestro trabajo, que pague lo justo y a tiempo, es una de las metas de todo estudio de diseño o diseñador freelance. Pero existe un tipo de cliente que se aprovecha de estas necesidades y utiliza una falsa personalidad empática para lograr sus propósitos.

Dirigir y trabajar en un estudio propio de diseño gráfico implica muchos retos, entre ellos la búsqueda de proyectos (una de las partes más engorrosas del negocio). Por eso, cuando un proyecto llega sin buscarlo, difícilmente querremos rechazarlo.

Por recomendación de un amigo, nos llegó lo que parecía ser un «proyecto importante», mismo que consistía en desarrollar los contenidos gráficos/animados para cursos en línea que están financiados por una institución de salud pública del país. Nuestra clienta resultó ser la colaboradora ideal (eso creíamos). Tenía muy buena actitud y parecía del todo profesional.

El acuerdo era el siguiente: Podíamos dejar de trabajar con ella en cualquier momento, siempre y cuando fuera a fin de mes (ya que tanto las tareas asignadas como los pagos, eran entregados mensualmente).

La comunicación comenzó siendo óptima, pero olvidamos un detalle crucial: el contrato. Al principio dudamos de si dárselo a firmar o no. Sin embargo, al finalizar el primer mes de trabajo y con ello el pago de manera puntual, se ganó toda nuestra confianza.

Trabajamos durante casi un año con este proyecto, aparentemente de manera estable, pero conforme pasaban los meses las cosas comenzaron a ponerse extrañas ya que nuestra clienta se volvía cada vez más amigable y aparentaba tener más confianza con nosotros. Con ello comenzó a entregamos más cantidad de trabajo del que habíamos acordado, alegando que su jefe la presionaba y que si no lo cumplía tendría problemas legales.

Caímos en el juego. Creyendo que estaba pasando un mal momento, aceptamos continuar con el flujo de trabajo. Esto no paró ahí, ya que mientras ella seguía intentando ser «nuestra amiga» (incluso contándonos que se estaba divorciando y que tenía problemas con la custodia de sus hijos), nos pedía realizar más trabajo por el mismo precio.

Al darnos cuenta de esta técnica tuvimos que negociar el aumento de precio, mismo que ella aceptó, aunque excediéndose todavía más con la carga de trabajo: Nos pedía cambios «urgentes» (en su mayoría errores de ortografía en sus textos), fuera del horario de trabajo, nos buscaba por WhatsApp todas las mañanas y nos marcaba sin cesar. Incluso comenzó a chantajearnos para que trabajáramos los fines de semana, amenazándonos con contratar a otros diseñadores si nosotros no aceptábamos. Cansados, nos mostramos inflexibles, así que decidió buscar a otros diseñadores que cumplieran con sus requerimientos y nosotros aceptamos terminar el proyecto ahí. Le entregamos los materiales completos del mes y quedamos en espera del pago.

Unos días después, volvió como si nada diciendo que había conseguido más tiempo con su jefe para que nosotros termináramos de trabajar todo lo que ella necesitaba. Que continuáramos. Confundidos, le recordamos que las dos partes habíamos acordado ya no continuar trabajando juntos. Ella se enfureció e incluso llorando nos aseguró que la estábamos metiendo en muchos problemas, pero que estaba bien, que ella sí era profesional y que sabría resolverlo.

Decidimos esperar una semana y tuvimos que recordarle el tema del pago de ese mes. Sólo nos contestó que estaba muy enferma a causa de los problemas que le había acarreado ese proyecto y que estaría incapacitada de forma indefinida.

Sabíamos que nos había engañado y que tal vez no éramos los primeros en caer en su juego. No teníamos contrato con qué pelear el trabajo realizado, pero decidimos asesorarnos con una abogada. Afortunadamente, ella nos mencionó la posibilidad de una demanda laboral, a través de la cual podríamos pelear con las pruebas que teníamos del trabajo realizado.

La abogada se puso en contacto con nuestra ex-clienta y para nuestra sorpresa aquella persona amable que nos contrató por primera vez ahora se había convertido en alguien sumamente déspota que negaba toda relación laboral con nosotros.

Quedamos un muy decepcionados con nosotros mismos por haber creído en ella, y por haber pensado que la confianza es un elemento de peso para mantener una relación de trabajo sana. No lo es.

Aunque cansados por tanto trabajo y heridos moral y económicamente, decidimos poner en marcha el proceso legal con el fin de que esta mujer supuestamente profesional pague por el trabajo que con tanto esfuerzo realizamos.

Recuerden:
—No importa qué tan cercanos o buenos parezcan ser nuestros clientes: los negocios se rigen por acuerdos legales, no por sentimientos.
—No importa qué tan pequeño sea tu negocio o si eres freelance. El tener y respetar tu metodología de trabajo, además de manejar siempre un contrato, te ayudará a atraer a los clientes correctos.


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No compres problemas ajenos: un proyecto torcido

Este post es una colaboración de un querido amigo que nos comparte una experiencia poco agradable con un intento de cliente.

Voy a comentarles un episodio engorroso en el que un prospecto (que ni siquiera llegó a cliente) me enfadó por su actitud.

Hace un par de semanas me contactó a través del chat de Whatsapp una casa productora de video para que los apoyáramos desarrollando un proyecto pequeñito de realidad virtual. Lo curioso es que supieron que en mi negocio tenemos capacidad para realizar este tipo de proyectos gracias a que publicamos una muestra de nuestro trabajo en Facebook. Debí empezar a desconfiar porque, pesar de que les ofrecimos atender su solicitud a través de nuestra línea fija de teléfono, ellos insistieron en utilizar como teléfono el Whats.

El proyecto era verdaderamente pequeño pero de carácter urgente, para publicarse en redes sociales al día siguiente; podríamos haberlo desarrollado bastante fácil con el equipo de baja resolución (HDTV) que tenemos en la oficina. Coticé dos días de trabajo (la locación donde se capturaría parte del proyecto está fuera de la Ciudad de México, por lo que el proyecto se capturaría un día y se procesaría al siguiente, con carácter de urgente pero sin un sobreprecio elevado).

Nosotros tendríamos que capturar un evento de premiación, por lo que la ocasión era irrepetible, tenía que capturarse bien al primer intento y tenía que publicarse mientras la premiación fuera aún noticia fresca.

La solicitud de trabajo la recibimos un jueves para ir a la locación el sábado siguiente. El viernes estuvimos esperando la llamada de nuestro prospecto para confirmar (o cancelar) la solicitud, de manera paralela estuvimos ajustando nuestra agenda para poder cumplir con el proyecto si se confirmaba. Esta llamada nunca llegó.

La siguiente semana, por ahí del miércoles volvimos a recibir una llamada por Whats; era nuestro prospecto informándonos que habían decidido comprar un equipo de alta resolución (4K) para desarrollar ellos mismos el proyecto e iban a requerir únicamente que nosotros les ayudáramos con el armado y programación del mismo para compartirlo en redes sociales. En ese momento yo todavía creía, ilusamente, que podíamos apoyarlo de alguna manera y llevar a cabo un negocio pequeño pero interesante, así que pregunté cuáles eran las características del equipo que habían comprado y cuáles eran los ajustes que utilizaron en las cámaras de video del mismo. En ese momento me di cuenta que no habían capturado el evento de manera óptima y que desarrollar el proyecto, si acaso se salvaba el material que capturaron, sería un trabajo muy complicado. Calculé que aproximadamente se llevaría también un par de días de desarrollo cuando menos así que les ofrecí el mismo precio que para la opción de desarrollo que no tomaron.

Inmediatamente, el prospecto reclamó; no le parecía correcto que le cobráramos lo mismo porque ellos proporcionarían los archivos fuente para desarrollar el producto final. Además habían invertido en comprar el equipo para capturar el evento. En ese momento, consulte con mi socia y decidimos no colaborar con ellos.

Analizando el desarrollo de este proyecto que “no fue” encontramos varios elementos que debieron prender nuestras alarmas de cliente malo y que, por la premura, pasamos por alto:

  1. Solicitaron nuestro trabajo dos días antes de que se llevara a cabo un evento que tenía una fecha preestablecida desde por lo menos un mes antes ¿por qué no nos contactaron antes?
  2. El prospecto nunca se comunicó con nosotros por un medio distinto al Whats. Nunca levantó el teléfono para hacer una llama y procuró siempre comunicarse de la manera más baratita posible: no estaba dispuesto a pagar los minutos de teléfono fijo o celular de una conversación telefónica con nosotros.
  3. Su casa productora está trabajando para las oficinas en México de una de las agencias de publicidad más grandes del mundo, y no se atrevieron a decirles que ellos no desarrollaban el tipo de material que les estaban solicitando: optaron por no decir NO a su cliente, aunque eso implicó comprometerse a desarrollar un proyecto que no sabían si podían desarrollar. Este es el peligro que corren muchas agencias/casa productoras, etc. que se comprometen a desarrollar proyectos para los cuales tienen que subcontratar a otros proveedores.
  4. Decidieron ahorrarse el dinero de contratar a un experto (yo) con años de experiencia desarrollando el contenido que necesitaban y prefirieron invertir en comprar un equipo que no habían utilizado nunca (y que, por sus comentarios, configuraron de manera errónea).
  5. Compraron el hardware sin contar con el software necesario para realizar su proyecto (este síndrome debe tener algún nombre).
  6. Cuando nos pidieron ayuda para completar el trabajo, evaluaron,para su conveniencia, que debía costarles menos que el desarrollo completo. No estaban conscientes de los costos de corregir una grabación que se  capturó mal.

Como colofón: recibimos un último mensaje de Whats, dándonos las “Gracias por Nada”, mencionando su disgusto porque “entre colegas nos ponemos el pie”.

Confío en que esta experiencia me permitirá identificar a los malos prospectos antes de invertirles tiempo.

Cuando decirle SÍ a un prospecto

 

Constantemente los diseñadores, ilustradores, fotógrafos y demás entes crativos nos quejamos de los clientes malos, de sus solicitudes ridículas, de sus constantes cambios y la falta de seriedad a la hora de pagar. A veces pensamos que a los clientes les gusta jugar con nuestro tiempo, que son indecisos por naturaleza y reacios a valorar nuestro trabajo creativo.

Si bien parte o todo esto puede ser real para un cliente en particular lo cierto es que son pocos los que se preocupan por explicar cómo debe iniciarse una relación de servicios creativos.

La urgencia de ganar un cliente

Cuando los freelanceros tenemos una mala temporada esperando que caiga el próximo cliente podemos caer en el error de decirle SÍ al primero que pase. A veces algunos prometeran cosas que no podrán cumplir, como un fecha de entrega, otras trabajarán bajo condiciones poco dignas como la de ofrecer precios de hambre.

Hay clientes que huelen la desesperación de los freelanceros y abusan de la situación de poder que les otorga la promesa de pagar por un servicio. He visto diseñadores que se tiran al piso y patalean porque un cliente no les pagó un trabajo de $400 pesos. Para empezar ¿realmente conviene tener clientes con una facturación de $400 pesos? ¡Por supuesto que no! Si tus servicios son demasiado simples, baratos,comunes y corrientes tendrás que contar con MUCHOS clientes para que tu trabajo pueda darte de comer.

Yo prefiero invertir tiempo y recursos en pocos proyectos más redituables. Por eso mismo descarto los prospectos que, desde la primera llamada, mencionan que necesitan algo “sencillo” que, en el fondo, quiere decir que quieren un servicio barato.

Las primeras preguntas son clave

Hace unos días platicaba con la manager de eventos de un local en Polanco que tiene muy claras las preguntas que le debe hacer a un prospecto cuando llama:

  • ¿Qué tipo de evento desea realizar? (boda, presentación de libro, fiesta de cumpleaños, etc.)
  • ¿Para qué fecha tiene pensado el festejo? ¿será de día o de noche?
  • ¿Cuántas personas tiene en mente?
  • ¿Qué tipo de comida/bebida desea?

Con esta preguntas básicas ella se puede tener una idea clara del tipo de cliente que la está contactando. También puede deshalentar a los preguntones que sólo quieren saber precios, pero que realmente no tienen el presupuesto requerido para realizar el evento de sus sueños. Me platicó que, después de muchos “tira y afloja” con un prospecto que quería cotizar la comida de fin de año de una empresa, llegó a la conclusión de que el presupuesto que tenían no alcanzaba para más que una comida colectiva en el VIPs. Entonces se vió obligada a desanimarlo de la mejor manera: le dijo que la reservación del día se realizaba en el momento que depositaran el anticipo del %50 (que por cierto no era reembolsable si decidían cancelar la reservación con menos de 15 días). Obviamente el prospecto no regresó.

Nota al margen ¿Cuántos de ustedes todavían creen que es “de mal gusto” hablar de anticipos con los clientes?

Con este ejemplo en mente ¿cuáles son las preguntas clave que deberías recabar de un prospecto desde el primer contacto? Redáctalas e imprímelas para tenerlas siempre a la mano.

El factor tiempo

Ok, ya le enviaste la cotización al prospecto y te dijo que has sido el elegido por los dioses para realizar el trabajo ¡felicidades!.. pero no te olvides de poner por escrito las fechas en las que deberán suceder el pago del anticipo, las revisiones, la entrega definitiva y el pago final. Me consta que los proyectos más atractivos se vuelven una pesadilla cuando el no quedan claros algunos puntos como estos:

  • El cliente no considera indispensable cumplir con el pago del anticipo para iniciar formalmente el proyecto. Si tú no aclaras este punto entonces no te quejes cuando el cliente se demore en realizar los pagos. Las compañías telefónicas saben que es suficiente con cortar el servicio para que sus clientes corran a pagar sus adeudos.
  • El cliente piensa que puede solicitar todas las modificaciones que se le antojen durante el proceso creativo, aunque impliquen más horas de desarrollo que las contempladas originalmente. En tu cotización deben quedar asentadas el número de revisiones que incluirás por el precio pactado y aclarar cuánto cuesta el trabajo adicional no contemplado. Aclara que el pago será por un proyecto específico y que no te está pagando por estar disponible incondicionalmente durante el tiempo que dure el desarrollo.

Recuerdo a un cliente que tuve en Cuernavaca que se le hizo facil pedirme que llevara algunos cheques a su oficina en la Cd. de México pues “me quedada de paso”. Obviamente le dije que no. Luego me enteré que solía hacer este tipo de solicitudes a sus proveedores, como la de recoger a sus hijos del colegio pues “les quedaba de paso”.

  • Al cliente no le urge el trabajo, así que puede dejar de darte retroalimentación por periodos variados. Es indispensable que acuerdes desde el principio la fecha de entrega, aunque sea aproximada, porque no es lo mismo perseguir a un cliente durante un mes que durante medio año.

Me interesa que quede claro que muchas veces nos quejamos de situaciones con los cliente que simplemente son nuestra culpa. Son resultado del miedo o la pena que nos da dejar las cosas aclaras desde el principio, por temor a que el cliente se moleste y se vaya; pero ¿no sería mejor que un cliente malo se autodescalifique desde el principio y se vaya antes de que invirtamos nuestro valioso tiempo y cerebro en un proyecto que se vislumbra poco rentable?

 

Concursos de diseño: entra bajo tu propio riesgo

 

Esta semana mi querida @azulaureo trajo a mi atención dos convocatoConvocatoria El Bronco2rias de concursos de diseño bastante peculiares pues ambos ofrecen premios altamente cuestionables.

El primero se trata del diseño del logotipo para el nuevo Gobierno de Nuevo León, representado por el polémico Jaime Rodríguez, alias El Bronco, que en un afán incluyente y confianzudo convoca a “que la raza participe (sic) y de entre sus propuestas se defina un logotipo para darle cuerpo al lema Nuevo León, donde lo imposible se hace posible“.

De entrada la convocatoria suena muy atractiva, pues se trata de un logotipo que acompañará el inicio de un gobierno muy particular, que comenzó a hacer historia desde que El Bronco anunció su candidatura independiente. Ahora, en su carácter de Gobernador Electo, su equipo de comunicación social se atreve a realizar este concurso cuyo fabulosísimo premio consiste en…

¡¡Una cena con el Gobernador electo!!!

Probablemente este valiosísimo premio podría ser visto como una oportunidad de oro para más de un periodista que desearía compartir los alimentos, a la luz de las velas, con el carismático Bronco, pero estoy segura de que la mayoría de los mortales preferirían que sus esfuerzos “diseñísticos” estuvieran reconocidos con alguna cantidad de común y corriente dinero. Sobre todo pensando que, como lo describe la convocatoria, “Todas las propuestas pasarán a ser propiedad del Gobierno del estado de Nuevo León“, dejando a los participantes sólo con “los derechos morales del autor“.

Como era de esperarse de un concurso que está abierto a cualquier mexicano que pueda sostener un lápiz o manipular un mouse, tiene un simpático nivel de propuestas que rayan en lo cómico-trágico (ver galería).

La convocatoria dice que el 2 de octubre se daría a conocer al afortunado ganador, pero la página de internet aclara que será hasta el día 12 cuando sabremos cuál imagen habrán preferido los usuarios de Facebook.

Plan con maña

AANS UNAM 2El otro concurso de logotipo lo convoca la American Association of Neurological Surgeons (AANS) Capítulo UNAM cuyo tentador premio es un viaje de 7 noches y 8 días para dos adultos y dos niños a alguno de los paradisíacos resorts de lujo que maneja la empresa Vida Vacacions . Este premio sonaría increíblemente bien si no fuera por dos pequeños detalles:

  • Las letras chiquitas de las especifiaciones dicen “El premio no incluye impuestos, alimentos ni bebidas, propinas ni cualquier otra actividad o servicio que se desee adquirir o solicitar en el desarrollo.” Esto significa que el feliz ganador tendrá que afrontar los gastos derivados de la alimentación de cuatro personas, durante una semana, en su estadía en la Riviera Maya, Los Cabos o, ya de menos, en Acapulco. ¿Alguien quiere hacer las cuentas de a cuánto dinero puede ascender este gasto? Ojalá haya un Walmart en las cercanías del resort de lujo.
  • Investigando un poco sobre la empresa Vida Vacations resulta evidente que se trata de un negocio que se dedica a la venta de tiempos compartidos, por lo tanto me resultaría muy raro que no intentaran convencer al ganador, con sus conocidas y persuasivas técnicas de ventas,  para que adquiera una membresía.

Visto así ya no se ve tan atractivo el premio que ofrece la AANS ¿o sí?

Consideraciones generales sobre la participación en concursos

Además de las sabias advertencias que hace el sitio Graficopio.com sobre los concursos, les recomiendo que:

  1. No participen en convocatorias de diseño que estén abiertas a cualquier persona, profesional o no: es obvio, no hay manera de poner a competir de forma justa a personas que no comparten los conocimientos y técnica sobre la creación gráfica de una imagen institucional.
  2. No se involucren en concursos de diseño donde los usuarios de redes sociales tienen ingerencia en el resultado final: la creación de un logotipo que representará a una institución o un gobierno estatal, no debe debatirse bajo los principios de popularidad en Facebook o Twitter, donde los perfiles de chicas pechugonas o gatitos tiernos son de los más seguidos.
  3. Nunca caigas en la trampa de participar en convocatorias donde el premio es la promesa de difundir tu trabajo: este es el recurso más bajo que puede utilizar un convocante para obtener muchas propuestas de forma gratuita. Al respecto de andar regalando el trabajo, me gusta mucho lo que dice Stephen Silver en este video que también conocí gracias al sitio Grafiscopio.com << Inserción NO pagada😀
  4. Revisa que el premio no implique un gran desembolso de dinero: si te sale más caro el caldo que las albóndigas, seguramente hay algo mal planteado.

¿A ustedes les ha tocado participar en un concurso como estos? muero del morbo por conocer sus experiencias.

Y que me inscribo al gym

Además de los obvios beneficios de hacer ejercicio, ir al gimnasio es una actividad estimulante en todos los sentidos.

Para nadie es un secreto que el trabajo desde casa o freelanceo favorece los hábitos más sedentarios: levantarse tarde, comer junto a la computadora, no salir mas que lo indispensable, cambiar las reuniones con los amigos por noches de bomberazos, etc.
En mi caso en particular me di cuenta de que el 80% del tiempo que paso despierta lo dedico a mi trabajo, mi tiempo libre lo uso, principalmente para ver Netflix, comer y estar en mi casa… O SEA que me la vivo sentada.

Ya entrada en las confesiones les diré que pesaba 8 kilos de más y me quedaba clarísimo que necesitaba hacer cambios drásticos en mi rutina diaria. Llevaba mucho tiempo queriendo hacer alguna actividad física que no incluyera caminar en el súper, llevármela tranquila en el paseo ciclista o ir al la tiendita de la esquina por cervezas.

A principios de este año abrieron un gimnasio a cuatro cuadras de mi casa. La verdad es que ya existían otros gyms bastante cerca, pero siempre encontraba excusas para no inscribirme: que si no tenía tiempo, que si no tenía dinero que si ___escribe aquí cualquier excusa___ .

Entonces dejé de hacerme pato, fui a conocer sus instalaciones y decidí inscribirme a principios de julio. Estaba muy emocionada por las perspectivas de mejorar mi salud y, de paso, quitarme la pancita, tener brazos más fuertes y recuperar mi antigua silueta. Corrí a comprarme unos tenis nuevos y ajustada ropa para ejercicio.

Para mi sorpresa tuve que salir de la ciudad en varias ocasiones durante las dos primeras semanas y me quedé con una fuerte sensación de frustración por haber pagado una mensualidad que no pude “desquitar” desde el principio. Hacia el final de mes por fin tuve dos horas libres y ¡me di la oportunidad de tomar una clase de Zumba! Digo “darme la oportunidad” porque la música que se usa para esa actividad nunca ha sido mi favorita, pero me di cuenta de que me divertí muchísimo bailando y girando como loca durante 50 minutos.

Después probé todo el repertorio de clases grupales: desde Yoga hasta levantamiento de pesas, pasando por sesiones de patadas voladoras, imposibles clases de GAP y divertidas horas de todo tipo de bailes. Me di cuenta de que, a pesar de mi demandante trabajo de freelanceo, siempre puedo encontrar tiempo para ir a hacer ejercicio, aunque sea tres veces por semana. Ni siquiera viajar era pretexto para dejar de hacer ejercicio, hoy en día hasta los hoteles de medio pelo tienen gimnasio.

Antes de que alguien me diga que eso de ir al gimnasio es muy caro les recuerdo que en la Ciudad de México hay montones de parques con aparatos para hacer ejercicio de forma gratuita, y muchos gyms cobran desde $350 al mes, así que quien no se ejercita es porque no quiere.

Tal vez es cierto eso de la adicción a las endorfinas que se liberan en nuestro organismo cuando hacemos ejercicio de forma recurrente, tal vez es el inevitable “taco de ojo”, tal vez son los evidentes cambios que noto en mi cuerpo, el asunto es que me siento muy bien por hacer cambiado mi sedentaria rutina.

El ejercicio me ayuda a liberar la tensión del trabajo en la computadora, también me viene muy bien imaginar a un cliente malo cuando practico mis derechazos y mientras uso la elíptica me concentro en la solución a un problema específico.

Si tú eres freelancero y has notado que esas lonjitas ya dejaron de ser sexis, te recomiendo que consideres realizar alguna actividad física recurrente, te garantizo que te vas a sentir MUCHO mejor.

Por cierto, asisto a un gimnasio que se encuentra en un primer piso y no me explico como es que muchos de los asistentes ¡usan el elevador para evitar subir por las escaleras!

Perdieron la chamba por chambones

La semana pasada me contrataron para fotografiar una zona industrial de Michoacán, la persona que se encargó de conducir la camioneta que me transportaba por las instalaciones, me chismeó porqué yo me había ganado la chamba*:
Resulta que en años anteriores contrataron a una agencia de publicidad muy cool para realizar videos y tomar las fotos de las instalaciones. Me contó que el primer año fueron tres personas las que conformaron el equipo, el siguiente año eran cinco y el último año fueron siete personas las enviadas por la agencia.
— Supongo que los requerimientos fueron aumentando — dije casual.
— Para nada, el resultado era el mismo, pero esos chavos se pasaron de listos enviando a un equipo más grande de que se requería.
— ¿Entonces no todos chambeaban? — dije con tono de que quería saber más.
— No, todos daban órdenes, pero sólo dos cuates hacían las tomas. Nos daba mucha lata hacerlos entender que debían usar casco y chaleco fluorescente todo el tiempo. Un día llegaron bastante tarde, con cara de crudos y tres de ellos sin zapatos de trabajo, por lo que se tuvieron que quedar en la camioneta todo el día. Para no aburrirse se dedicaron a hacer comentarios sexosos sobre las mujeres que se topaban. — Me dijo en voz baja.
— Sospecho que no se estaban tomando muy en serio su visita.
— Pues yo creo que no, me tocó ver que uno de ellos se molestó porque un jefe de taller le llamó la atención: quería entrar con mocasines sin calcetines, pantalón de manta arremangado y sombrero chistosito.
<<Pantalón de lino, no manta; sombrero Panamá, no chistosito>> pensé, pero daba igual, el punto es que el chavo no tenía conciencia del lugar que estaba visitando, o no le importaba.
De golpe recordé la risa que me dan las personas que desembarcan en el aeropuerto de la Ciudad de México, provenientes de algún destino de playa, con chanclas y pareo, aún con rastros de arena en la espalda. Nomás se bajan del avión y sufren con el frío de la terminal, ponen ojitos tristes al ver que está lloviendo y se enojan porque no traen a la mano ningún suéter. Adolecen de una total falta de previsión.
El asunto es que, ante tanta falta de seriedad de la mentada agencia de publicidad el cliente de Michoacán los mandó a volar, el departamento de mercadotecnia se compró una cámara de video y un drone y buscó alternativas para el levantamiento fotográfico: así llegué yo. Recuerdo que en la cotización me exigían que confirmara el número de personas que se requerían para realizar las fotos, yo les reiteré varias veces que sólo viajaría yo. Ahora sé porqué estaban tan preocupados.

Primero lo primero

La siguiente anéctota que demuestra que, nomás nos dan tantita oportunidad, luego luego perdemos la importancia de priorizar el trabajo: resulta que hace unos años invitaron a un grupo de fans mexicanos de Star Wars a participar en una grabación especial, sin fines de lucro, que incluiría a fans de todo el mundo. La cita fue en Pasadena, California. Les pagaron parte de los gastos (hospedaje y alimentación). Lo triste fue que el saludo mexicano nunca se grabó porque los jóvenes que fueron llegaron tarde a la grabación. La excusa fue inadmisible: rentaron un coche para ir de shopping a un Outlet y se perdieron de regreso.
Compañeros freelanceros: no los voy a aburrir recordándoles que se tomen sus responsabilidades en serio, la verdad, gracias a que algunos no lo hacen, otros tenemos la oportunidad de quedarnos con sus clientes que están pagando por un servicio profesional.
Muchos están acostumbrados a que nadie les diga nada porque llegan media hora tarde, o no observen las medidas de seguridad, tal vez nadie se los va a reclamar, pero que no les extrañe que los vuelvan a llamar.
*Chamba: el trabajo al que nos dedicamos.
Chambón: Persona que no atina a hacer bien las cosas.