Trabajar con intermediarios, he ahí el dilema

Trabajando con intermediariosEs obvio decir que existen muchos clientes que ya están siendo atendidos por una agencia de publicidad o despacho de diseño. Sin embargo, en ocasiones estos proveedores requieren del trabajo de terceros para satisfacer las necesidades de su cliente, es entonces cuando entran en contacto con nosotros, los freelanceros; colocándonos en la situación de trabajar con un intermediario.

Aunque en la mayoría de las veces esta relación tiene posibilidades de llegar a buen puerto, existen varios puntos escabrosos que la vuelven un arma de dos filos. Teóricamente el intermediario nos dará instrucciones específicas sobre el proyecto y nos proveerá de todo el material requerido para su desarrollo, por ejemplo el storyboard aprobado por el cliente. Hipotéticamente el trabajo se desarrollará sin ningún malentendido, en tiempo y justo como todos se lo imaginaban. La realidad es que esto se dificulta principalmente porque los freelancero no tenemos la oportunidad de hablar directamente con el cliente final, dejándonos a merced de la organización (o desorganización) del intermediario.

Otra desventaja de no tratar directamente con el cliente final es que no estaremos presentes para mostrar y defender nuestro trabajo, tampoco podremos recabar, de primera mano, su crítica retroalimentación. Así que tarde o temprano nos podemos encontrar dando palos de ciego, realizando modificaciones sin fin o simplemente desesperados porque el intermediario no sabe coordinar el proyecto.

A mí me gusta colaborar con intermediarios profesionales, que controlan todos los aspectos del proyecto, que tienen una noción adecuada de los tiempos, que entienden claramente las necesidades y deseos del cliente y que saben transmitirnos sus ideas apropiadamente. Aunque, para ser honestos, a veces ni los clientes cuentan con estas cualidades.

Algunos consejos para trabajar con intermediarios:

  1. Si el intermediario no es un paranóico temeroso de que le “robes” a su cliente, ofrécele acompañarlo, como parte de su equipo, a las reuniones de planeación y presentación. Al final todos saldrán ganando y evitarás las desventajas del famoso “teléfono descompuesto”.
  2. Solicita el riguroso anticipo, nunca aceptes trabajar bajo el esquema de que “recibirás el pago cuando el cliente le pague al intermediario” pues quedarías en la situación más indefensa de todas: no conoces al cliente final, no sabes cómo se llevó a cabo la negociación del proyecto y es probable que él ni siquiera sepa que existes. Si el intermediario no solicitó anticipo es su problema, no el tuyo.
  3. Establece claramente que tu cliente es el intermediario, no el cliente de tu cliente; sin embargo, para fines prácticos tendrás dos clientes que satisfacer.
  4. Acuerda anticipadamente el calendario de trabajo: especifica detalladamente el número de entregas parciales o avances, describe cuantas rondas de modificaciones has contemplando y compromete una fecha clara de entrega. Haz saber al intermediario si estarás disponible para realizar cambios posteriores al término del trabajo y si éstos tienen un costo adicional.
  5. Siempre pide que las instrucciones sean entregadas por escrito, si tienes alguna pregunta resuélvela de inmediato, de lo contrario podrías desperdiciar valioso tiempo. Ojo: evita caer en la tentación de resolver las dudas sólo a través del email, muchas veces es más rápido y esclarecedor tomar el teléfono y hablar con la persona indicada.

Trabajar con intermediarios me ha dado la oportunidad de realizar interesantes proyectos para grandes empresas que tal vez de otra forma jamás hubiesen llegado a mis manos. Este tipo de relaciones todos podemos ganar, siempre y cuando todos realicemos nuestra parte correctamente.