La impuntualidad de los diseñadores

Diseñadora impuntualUna de las malas famas que tenemos los diseñadores, y en especial los que trabajamos por nuestra cuenta, es la falta de puntualidad en las entregas. Y esa mala fama está ganada a pulso: muchos colegas consideran que no es tan malo entregar uno o dos días después de la fecha comprometida. Desafortunadamente la cultura de la impuntualidad nos hace daño a todos, genera gastos innecesarios, estresa las relaciones con los clientes y daña nuestra imagen profesional.

Tuve un cliente que siempre me solicitaba los proyectos con gran urgencia, me enviaba un correo para explicarme su solicitud, me llamaba por teléfono a los cinco segundos de haberlo enviado y casi lo tenía respirando sobre mi oreja durante el desarrollo. En ocasiones me enviaba mensajitos el fin de semana para preguntarme cómo iba su proyecto, total que ya me traía mareada. Lo desagradable es que me dí cuenta que me mentía al respecto de sus fechas límites, poco a poco comprendí que sus “urgencias” no lo eran tanto. Casi siempre, dos días después de haber recibido los archivos finales, seguía solicitando modificaciones pues “casualmente” le habían aplazado la entrega. Así que un buen día le dije:
–¿Oye Fulanito, porqué siempre andas en el corre-corre con tus proyectos? ¿porqué me haces solicitudes con tanta urgencia, como si no te fuera a cumplir? ¿cuándo te he quedado mal con una entrega?
–No me has quedado mal porque yo no dejo que me quedes mal. No lo tomes personal, pero sé que a los diseñadores hay que estarlos correteando para que entreguen a tiempo. Si les das chance, se vuelven bien colgados.
Yo me quedé con la boca abierta: estaba recibiendo ese trato gracias a las malas experiencias que él había tenido con otros proveedores. Tiempo después, y en vista de que yo siempre le entregaba su trabajo justo en la fecha acordada, aprendió que a mí no necesitaba estarme pastoreando para que cumpliera con las fechas de entrega.

Una sugerencia para irnos quitando la mala fama de colgados

Los freelaceros necesitamos darle a los clientes la certeza de que recibirán su proyecto en la fecha acordada, punto.
Si un cliente no recibe su proyecto en el día prometido muy probablemente sea porque nosotros no calculamos correctamente nuestros tiempos de desarrollo, y eso es grave.
Si tú quieres cobrar como profesional debes saber exáctamente cuántas horas/días requerirá cada fase de un proyecto, también debes contemplar algo de tiempo para los imprevistos, como quedarse sin conexión a internet durante toda una mañana. Obviamente hay eventos extraordinarios que se salen totalmente de nuestro control, pero estos serán la exepción, no la regla.

Para calcular adecuadamente nuestros tiempos necesitamos contemplar que los proyectos no se deben abordar como si se trataran de desarrollos absolutamente continuos, esto es, si su realización demanda diez horas no debo de ser simplista y pensar “si mañana le dedico todo el día lo saco sin problemas”. Esa es una manera irreal de calcular el tiempo. Si yo evalúo que un proyecto tomará 10 horas de trabajo ya sé que, en la práctica, serán dos días de trabajo. Lo explico: casi todos los días paso cerca de 10 horas en mi despacho, PERO de esas 10 horas debo restar el tiempo que dedico a contestar correos, responder el teléfono, elaborar una cotización, prepararme un café, revisar mi tuíter, ir al baño, comer, correr tras el señor de la basura, jugar con el nuevo doodle, separar a mis gatos que se están peleando, etc. Entonces, siendo realista, ya sé que sólo podré dedicar seis horas a trabajar de lleno en determinado proyecto. Entonces al cliente debo decirle que, a partir de la recepción de su anticipo, me tomará dos días realizar su trabajo.

He de confesar que cuando era más joven tenía la mala costumbre de dejalo todo “para el último momento posible” creo que disfrutaba el rush de adrenalina que se produce cuando estás trabajando contra el reloj, en una especie de reto personal que me llevaba a trabajar hasta la madrugada. Comía cualquier tipo de fast food que evitara despegarme de la computadora. En resumen, me la malpasaba, pero yo decía que lo disfrutaba. Lo malo de ese modo kamikase era que cualquier imprevisto me hacía perder el control. Diseñar a las 2 de la mañana, mal alimentada y sin haberme bañado en todo el día, dejaba de ser divertido. Luego mi salud me hizo un llamado de atención y me obligó a comenzar a organizar mejor mis horarios.

Para mí, una fecha de entrega es un compromiso que estoy totalmente dispuesta a asumir, yo sabré qué tengo que hacer para cumplirla. Si se calculan correctamente los tiempos JAMÁS se debe llamar a un cliente para pedirle un prórroga. De la misma forma yo no aceptaré que el cliente me cambie la fecha de pago ¿me explico?

Actualmente me entra una sensación de desesperanza cada que escucho a un colega que, por ganarse un cliente, promete fechas de entrega que de antemano sabe que no cumplirá. Al final eso nos hace daño a todos.

Los diseñadores y la ortografía

Profecionistas

Escrita en piedra: esta joya se encuentra en el Santuario del Patrocinio, Zacatecas.

Sí ya sé que nadie es perfecto, y que todos comentemos errores ortográficos, el problema es que a muchos les tiene sin cuidado. No me refiero a las sutilezas una buena redacción sino al cuidado profesional que representa crear un producto de diseño que, además de cumplir con requerimientos gráficos y estéticos, no tenga faltas de ortografía. La mayoría de las veces los textos que recibimos son responsabilidad del cliente, pero para fines prácticos es necesario que revisemos la correcta escritura de todas las palabras que se incluyen en nuestros diseños, no vaya a ser que alguien escribió “mejíco”. Esto nos ahorrará tiempo, esfuezo y futuros “osos”. Se trata simplemente de cuidar nuestras espaldas y las de nuestros clientes.  Si la falta ortográfica se presenta en un sitio de internet es fácil corregirla, pero si se trata de un folleto con errores todos quedamos mal, el cliente, el redactor y el diseñador, el tiraje se desperdicia y comienza la repartición de culpas, mientras se pierde tiempo y dinero.

Les confieso que hace doce años obtuve un trabajo buenísimo en el que me pagaban $18,000 al mes por ir una noche a la semana y armar un pequeño boletín interno de una empresa grandota, yo sólo tenía que recibir los textos de los colaboradores y vaciarlos en un machote de QuarXpress. Todo fue de maravilla durante algunos meses hasta que me llamaron la atención por algunas faltas de ortografía que aparecieron, yo culpé descaradamente a los autores de cada sección y les hice hincapié en que me pasan la información ya validada. Total: yo era diseñadora no correctora. Cuál sería mi sorpresa cuando llegué a la siguiente semana y me informaron que apareció una faltota de ortografía en la portada del último boletín y que por lo tanto ya habían llamado a otra persona para quedarse con mi super chamba. Totalmente aturdida por la noticia pedí permiso para pasar recoger mi reproductor de Cds que dejaba junto a la computadora asignada, al acercarme me encontré con un señor que trabajaba afanosamente en el siguiente número del boletín, cuando me reconoció me dijo con un tono paternal: —Deberías aprender a trabajar con el corrector ortográfico apagado.— Inmediatamente pensé “Pero, pero… ¡cómo es posible que se me haya pasado revisar eso!” Al final la culpa era toda mía, había pecado de soberbia y no me había percatado que mi “corrector automático” había  sustituido palabras que tenían varias acepciones ¡cómo es posible que no le hubiera dedicado unos minutos a revisar los textos ya colocados! si sólo los hubiera leído una vez… pero como “el hubiera no existe” me retiré con el rabo entre las patas.

Desde entonces el diccionario es un elemento infaltable en mi escritorio, aprendí a incluir en las cotizaciones un porcentaje por concepto de revisión de ortografía y, si el proyecto lo amerita, contrato a un redactor para que reformule los atropellados textos de mis clientes. Desafortunadamente la mayoría de las veces el tiempo es limitado y los clientes están de acuerdo en asumir toda la responsablidad por los materiales mal escritos… y luego están solicitando modificaciones por los errores que detectaron semanas después. Por eso me parece indispensable detectar los errores ANTES de la entrega final.

Contar con una correcta ortografía es indispensable para ser tomado en serio en el mercado laboral: un currículum o una cotización plagados de faltas no habla bien de la persona que lo presenta, deveras. Peor aún es el caso de los diseñadores que acostumbran sustituir, nomás porque sí, las “Q” y “C” por “K”. A mí se me eriza la piel cuando recibo los correos de una mercadóloga que escribe cosas como:

Ke tal!!!!!!! como estas!!!!
komo vamos  te llego bien el archivo q me pediste!!!!!

¿Acaso no se da cuenta que me toma tiempo tratar de descifrar sus palabras? ¿no conoce los signos de puntuación o de plano pasó de noche por sus clases de Español? Al respecto les paso una liga que compartió @Alletta hace unos días http://twitpic.com/9vppwd

Y las siguientes fotos son para la galería de los Horrores Ortográficos cometidos por diseñadores gráficos, si tu tienes alguna foto interesante podemos incluirla en este sitio.

A la pobre “H” la corrieron por deshonesta.

¿Se acuerdan del escándalo que le costó la chamba a quién escribió “Tlazcala”?
¿O será que en lugar de Ixtapa-Zihuatanejo el viaje es a Iztapalapa?

Los clientes que no hacen su tarea

Cliente flojonazo

Algunos clientes confían en que podemos leer su mente

Todo parece miel sobre hojuelas: el cliente te llama para confirmar que está de acuerdo con el presupuesto que le enviaste y que su departamento de pagos ya depositó el anticipo. Tú, por supuesto, “enciendes motores” para comenzar a trabajar con todas tus ganas. Todo parece estar en su lugar, pero falta un pequeño/gran detalle para arrancar el proyecto: el material que proporciona el cliente, la vital información que nosotros transformaremos en folleto, página de internet, presentación audiovisual o ilustración.

Con todos los años de experiencia que tengo en el medio aún no entiendo, o no quiero entender, cuál es el problema que le representa a los clientes enviarnos, desde el inicio, la información indispensable para elaborar el trabajo para el que nos contratan; a veces creo que es más fácil pedirle a Drácula que done sangre que pedirle a un cliente que me envíe, ya, el material que me prometió.

Prácticamente todos los diseñadores gráficos nos hemos topado, en algún momento de nuestra vida, con el cliente que no tiene la menor idea acerca de dónde conseguir la versión vectorial de su logotipo y nos pide que lo tomemos de su sitio de internet o lo calquemos de su tarjeta de presentación ¡auxilio! ¿deveras no entienden la importancia de mantener intactos los colores y apariencia de su logotipo original?

El segundo grado de dificultad se presenta cuando le pides que, por piedad, te envíe las fotografías con la resolución adecuada para el proyecto; yo sé que es nuestra obligación “educar a los clientes” respecto a los temas técnicos inherentes a nuestro trabajo, pero pocas veces me topo con personas que comprenden que el tamaño en pixeles es vital para la calidad del resultado, y que las fotos que realizó con su celular (en la opción de menor calidad pa´que quepan más) probablemente no servirán para la impresión de un cartel. Desesperada, a veces les pido que no me envíen fotos de menos de 3000 pixeles de ancho, entonces ellos simplemente toman su imagen de 120 pixeles y la escalan a 3000 ¿fácil no?

El tercer grado de dificultad está representado por el texto. Algunos clientes consideran que, si te han contratado para diseñar su sitio web, es obvio que también generarás el texto partiendo de los folletos y manuales que te entregaron. ERROR: los diseñadores no somos redactores o correctores de estilo y, si bien tenemos la obligación de contar con buena ortografía, casi nunca incluimos dentro de nuestros servicios la generación de los textos (aunque deberíamos). Es terrible cuando te das cuenta que será difícil que el cliente se siente a redactar porque lo considera una tortura que postergará el mayor tiempo posible. **Saludos a nuestro sistema educativo.**

Luego sucede lo que yo más temo, el cliente empieza a enviar el material a cuenta gotas con la falsa idea de que el proyecto irá avanzando sin problemas mientras él va consiguiendo, a su ritmo, toda la información que la “insaciable” diseñadora le solicita cada dos minutos. De esta forma se engaña, imaginando que justo cuando nos entregue el último pedazo del rompecabezas “lógicamente” nosotros habremos concluido el proyecto. Siento decepcionarlos, pero así no funciona el proceso de diseño y creación.

Imaginemos a un sastre que debe hacer un maravilloso traje para su cliente, ya cuenta con la tela, pero que aún no tiene sus medidas, ¿sería sabio comenzar a cortar?

También pasa que algunos clientes prefieren que sobre a que falte, entonces “vomitan” cualquier información que consideran que le puede ser útil al diseñador: así nomás, sin pies ni cabeza, envían montones de archivos con materiales diversos. ¿Se imaginan al diseñador tratando de organizar y jerarquizar toda esa información? el tiempo que se tome para esa actividad seguramente se lo restará al tiempo asignado a diseñar.

La siguiente sección está dedicada a tu cliente, siéntete libre de copiarla, modificarla y enviársela.

Si usted está por contratar los servicios de un diseñador, por el bien de todos, tenga a la mano los siguientes materiales:

  1. Logotipo de su empresa en formato digital, de preferencia vectorial (con extensión AI o EPS o CDR).
  2. Todas la imágenes para el proyecto ya validadas; con la resolución, de origen, que le solicitó el diseñador. Si no cuenta con imágenes adecuadas contrate a un fotógrafo profesional o cómprelas en sitios de microstock como IstockPhoto.com o Shutterstock.com donde encontrará una gran oferta de gráficos buenos, bonitos y baratos.
  3. El texto revisado, validado y sin faltas de ortografía. Si este proceso le cuesta trabajo contrate los servicios de un redactor profesional o “copy“.

Si usted hace su tarea y le entrega al diseñador, de preferencia en un solo envío, todos los materiales que le prometió, créame que el resultado tiene muy buenas posibilidades de ser justo lo que usted necesita, en el tiempo que usted lo necesita. Además, el diseñador lo tendrá en alta estima y tal vez hasta le otorgue el título de “Cliente consentido”.

… Y fueron felices para siempre.

Un cliente que no te compra… pues no es cliente

Haciendo cotizaciones

Aún no conozco a alguien que diga "Me fascina elaborar cotizaciones, las encuentro entretenidas y divertidas, todo un reto a mi creatividad."

Yo ya no hago cotizaciones de solicitudes que llegan por correo electrónico, que vienen de direcciones de Hotmail, que están escritas sin coherencia o con faltas de ortografía graves y, además, son urgentes. Cuando un prospecto solicita una cotización de forma anónima lo único que le envío es un escueto correo con una estimación del costo, sin prometer nada y lo invito a que me envie su teléfono para hablar directamente. A lo largo de los años he aprendido que cuando a alguien verdaderamente le interesa una cotización toma el teléfono y me llama, me explica las características de su solicitud y obtiene una propuesta económica a la medida de sus requerimientos.

Por el otro lado existen personas que hablan constantemente para pedir cotizaciones, pero no te dan los trabajos: hace algún tiempo me di cuenta que una agencia de publicidad me había llamado a razón de dos o tres veces al año durante tres años, sin que se hubiera concretado ninguno de los proyectos solicitados, así que la siguiente vez que llamaron los confronté amablemente:

— Oye ¿sabías que esta es la octava ocasión en que me solicitas una cotización? ¿me podrías decir porqué aún no he realizado algún trabajo para ustedes?—
A lo que la cínica chica de la agencia me contestó:—Pues si te causa tanto problema hacer una cotización para un cliente… pues ya no te pediré ninguna…—
Seguramente ella esperaba que yo me sintiera mal, pero simplemente le dije:
—No tengo ningún problema en elaborar una cotización, pero prefiero ya no hacerlo para ustedes, gracias.—
La verdad ya no recuerdo que me contestó, pero no volví a saber de ellos. Tiempo después reflexioné que probablemente ya me habían agarrado de su puerquito para obtener cotizaciones extra para cubrir los requisitos de alguna licitación. Sí amiguito, te platico cómo está el asunto: en ocasiones una dependencia de gobierno o una empresa grande licita un proyecto para lo cual necesitan conseguir por lo menos tres cotizaciones de diferentes proveedores para evaluar sus propuestas y asignarle el trabajo a la mejor oferta. La realidad es que a veces el proyecto ya está previamente asignado a alguien y  la persona responsable de contratar el servicio simplemente le encarga al “ganador” conseguir las otras cotizaciones para cubrir el requisito. Tal vez es obvio decirlo, pero las cotizaciones adicionales deberán ser más caras que la del vencedor. Esta es una práctica común en México que no me enorgullese.

Nosotros los freelanceros vivimos de las solicitudes de los clientes, no hay mejor llamada que la de alguien que requiere de nuestros servicios. Y aunque varios clientes preferirían que les respondieramos por teléfono a cómo está el kilo de logotipo o el metro de ilustración o el ciento de fotografía, lo más seguro es que tengamos que evaluar varios aspectos de la solicitud y enviarles una propuesta a la medida. Mi recomendación es ofrecer enviarla en un tiempo razonablemente corto y cumplir con la promesa. Los clientes aprecian a un profesional que cumple lo que ofrece y además lo hace con prontitud. Elaborar una cotización de servicios creativos profesionales puede tomar desde algunos minutos hasta varias horas así que cuando la prometas considera que el tiempo que le inviertes se lo restas a otras actividades, no lo tomes a la ligera y no la ofrezcas a la menor provocación.

Elaborar una cotización en forma tiene varias ventajas sobre simplemente escupir un precio:

  1. Muestra formalidad: una cotización clara, bien redactada y correctamente presentada es una valiosa carta de presentación.
  2. Define las características precisas del servicio y delimita los alcances del proyecto: es indispensable que describas con claridad las características del servicio, no dejes nada al buen entendimiento del cliente porque él siempre interpretará a su conveniencia, SIEMPRE.
  3. Pones por escrito tus condiciones de pago: especifica el monto del anticipo que necesitas para comenzar a trabajar. Los clientes malos siempre harán como que no leyeron esta parte, así que, por tu bien, no comiences a chambear hasta que “no veas claro”.
  4. Indicas la vigencia de la propuesta: no falta del despistado que te llama para solicitarte un trabajo cotizado dos años atrás esperando que cueste lo mismo.

Alguien que te solicita una cotización es un prospecto, se convierte en tu cliente hasta que obtienes su visto bueno, comienzas a trabajar en su proyecto y te paga un anticipo.

Nomás por comparar: en Estados Unidos, cuando alguien solicita una cotización, casi casi se considera un compromiso de compra, en México hacer una cotización se considera una obligación que rara vez es retribuida con una respuesta por parte de la persona que la solicita ¡que levante la mano el freelancero que no recibió respuesta después de enviar una cotización “urgente”! Peor aún ¿a cuántos les ha pasado que  cuando llaman para darle seguimiento a la propuesta económica de plano ya no le toman la llamada? Yo agradecería la cortesía de que te contestaran, aunque fuera por correo electrónico, algo así como —Ya recibimos su propuesta, la vamos a evaluar y en caso positivo nosotros la contactemos.— ¿Acaso es mucho pedir?

Proyectos urgentes ¿Sacar o no sacar al buey de la barranca?

Cliente con un bomberazo

Antes de aceptar el llamado urgente de un cliente evalúa los Pros y Contras

De cuando en cuando recibo la llamada de alguien que tienen un proyecto “que urge para ayer”. Este tipo de solicitudes siempre las tomo con pinzas y  procuro no subirme al tren de la urgencia del cliente, porque si me contagio de su aceleración y estrés pierdo objetividad.

Los freelanceros necesitamos tener la cabeza fría para evaluar la situación y decidir si nos conviene ayudar a sacar al buey de la barranca.

Yo sugiero que antes de darle el sí al cliente le ofrezcas regresarle la llamada en 20 min. Cuando cuelgues puedes evaluar, con mayor claridad mental, los pros y contras.

 Los PROS:

  • Como se trata de un trabajo urgente cobrarás un costo extra por desvelarte y/o trabajar en fin de semana.
  • Chamba es chamba” y todos los freelanceros vivimos de los llamados del cliente.
  • Si se trata de un cliente que ya atendiste con anterioridad ya sabes cómo es, qué y cómo quiere el trabajo. Además, ayudarlo con esta urgencia puede aumentar su aprecio hacia tí.
  • Tienes la oportunidad de repartir trabajo entre tus colegas para salir a tiempo… y ellos tal vez te regresen el favor algún día.
  • Tendrás el pretexto ideal para no ir a esa reunión familiar que se aproxima.

Los CONTRAS:

  • Los “bomberazos” no tienen un margen de maniobra, o lo sacas bien y a la primera o te quemas con el cliente y tu reputación se pone en riesgo.
  • Son pocos los clientes que están dispuestos a pagar extra por un trabajo urgente.
  • En ocasiones un proyecto urgente ya viene torcido: es probable que antes de contactarte el cliente ya haya trabajado con alguien más con resultados desastrosos; ten cuidado al aceptar archivos a medio elaborar generados por otras personas.
  • La urgencia no permite negociar anticipos y te lanzas al ruedo confiando en que el cliente pagará sin falta a la entrega.
  • Probablemente mientras trabajas en un proyecto urgente no estarás disponible para atender a otros clientes.
  • A veces los clientes se malacostumbran a que los saques del apuro y no planean con tiempo sus proyectos, al fin y al cabo tú siempre sacas el buey de la barranca.

Como ves no se trata de negarse a trabajar, pero tampoco es cuestión de echarse la soga al cuello.
Ahora que ya evaluaste los pros y los contras ya puedes regresarle la llamada a tu cliente.


					

¿Qué crees? no te voy a pagar lo acordado


Este tipo de abuso básicamente lo he visto aplicado a diseñadores novatos, chavit@s que están haciendo sus pininos con sus primeros trabajos pagados.  La historia va más o menos así: El diseñador en ciernes se encuentra verdaderamente emocionado porque está a punto de entregar uno de sus primeros trabajos que afortunadamente algún cliente tuvo la bondad de encargarle. Después de múltiples reuniones para revisar las propuestas de diseño el cliente da el visto bueno para realizar la impresión de su papelería: 300 tarjetas, 2000 hojas membretadas y 400 sobres. Casi podemos ver al inicipiente diseñador pegando de brinquitos y juntando sus talones camino a la imprenta. La escena de la entrega es descorazonadora: el diseñador presume orgulloso el fruto de su esfuerzo, el cliente revisa por encima las impresiones y comenta sin mayor empacho – ¿Qué crees? no te voy a poder pagar completo. Tengo “tanto”, pasa con mi secretaria para que te haga el cheque. – El diseñador, aturdido, no sabe qué responder, no tiene la experiencia para reclamar y ante la opción tácita de lo tomas o lo dejas decide tomar lo que se le ofrece sin chistar, peor aún, sale del lugar pensando que tal vez fue su culpa que no le pagaran lo acordado, tal vez al cliente no le gustó el resultado, tal vez estaba cobrando muy caro, tal vez…

Los errores cometidos:

· No cobrar anticipo: es indispensable cobrar un adelanto que por lo menos cubra, en este caso, los gastos de la impresión. Allá tú si decides financiar a un cliente nuevo del cual no conoces su filosofía de trabajo (mañas).
· Aceptar un pago menor al acordado: Recurriendo al dicho peor es nada en México muchas personas se aguantan y no reclaman ante el abuso. Mi sugerencia es que no hagas acuerdos “de palabra” que luego serán fácilmente torcidos en tu contra. Siempre es útil enviar una cotización/presupuesto que especifique claramente lo que está comprando el cliente, las fechas de entrega, condiciones de pago, etc. Algunos colegas solicitan a sus clientes que les regresen la cotización firmada a modo de “visto bueno”.
· No cuestionar la postura del cliente: Si un cliente te dice, justo en el momento de la entrega, que no te pagará lo acordado tú estás en todo tu derecho de cuestionarlo ¿A qué se debe este cambio? ¿porqué no hizo esta aclaración con anticipación? ¿qué lo motiva a cambiar el acuerdo?.
· Dejarle al cliente el producto, aún cuando no acepta pagar lo acordado: si el cliente ofrece pagar sólo parte del proyecto tú puedes decidir dejarle la parte proporcional, aunque no podrá aplicar para todos los casos, resulta difícil, por ejemplo, sólo entregar el 60% de un interactivo o un sitio de internet. La otra opción es la que yo recomiendo, pues me ha dado buenos resultados cuando ha llegado el momento cuchi-cuchi y el cliente se quiere pasar de listo: simplemente dile que no estás de acuerdo con recibir un pago menor al acordado y aclárale que no entregarás el proyecto, que prefieres perderlo a trabaja bajo esas condiciones. Si haces esto tienes que estar consiente sobre la posibilidad de quedarte chiflando en la loma, perder el proyecto y al cliente; en mi caso, las tres veces que me he encontrado en esta situación el cliente se molesta, pero acto seguido paga sin chistar y recibe su proyecto. Yo perdí a dos clientes, pero en el fondo prefiero no trabajar con clientes con los que no puedo llevar una relación profesional y benéfica para todos.