Parodia de la relación Cliente-Diseñador

No puedo dejar pasar la oportunidad de comentar el video que me envió mi ovejita favorita (@blogylana) hace algunos días. Tal vez algunos de ustedes ya lo conocen: se trata de una parodia sencillamente deliciosa en la que se hace burla de las situaciones de tira y afloja entre los vendedores y los clientes y que casan a la perfección con las situaciones que comento en este blog: la relación entre los freelanceros y los clientes malos.

Los personajes que tratan de llevarse al baile al proveedor son los mismos de siempre:

El regateador: No tiene presupuesto para el proyecto y te ofrece pagarte menos, o pagarte después con más proyectos.

El abusivo: Quiere más de lo que está dispuesto a gastar, te aturdirá con su palabrería para enrollarte en su juego.

El menospreciador: Compara el valor de tu trabajo con otro parecido, de características muy inferiores.

El Buena-ondita: Trata de aparentar ser tu cuate, te pide “que le eches la mano” y que no lo defraudes.

El embaucador: Te ofrece más trabajo a cambio de un descuento en el primer proyecto.

El Gourmet: Te aclara que el trabajo que solicita es sólo una prueba y, si la pasas, te dará más chamba.

El Altruista: Intenta convencerte que él no está ganando nada con el proyecto,  así que solicita que bajes tus honorarios.

El video fue realizado por la compañía Scofield Editorial. Aquí les comparto la versión que incluye subtítulos en español.

P.D. Me encantaría realizar una versión mexicana de este video ¿sería posible, en serio, que reuniéramos a algunos actores, videoasta, etc., para llevarla a cabo? Sería una buena oportunidad para reírnos con las situaciones más desgastantes de la vida de los freelanceros.

Cuando terminas mendigando tu pago

Cuando terminas mendigando tu pagoDesafortunadamente la técnica de cansar al freelancero funciona de maravilla. Existen clientes que piensan que  tienen derecho a menospreciar tu trabajo y deciden que no estarás dentro de sus prioridades de pago.

Casi todas las historias comienzan así:
“Después de múltiples reuniones y varias modificaciones terminas el proyecto acordado, ahora te encuentras en la entrega final, el cliente está feliz con el resultado, tú te sientes en las nubes cuando recibes los elogios y tu ego se encuentra agradecido al saber que tu trabajo será de utilidad para los fines que fue requerido. Bien ya pasó el momento en que te ponen la estrellita en la frente, ahora viene lo bueno hay que cobrar el fruto de tu trabajo.”

Cuando yo acababa de salir de la Universidad no pedía anticipos a los clientes; no recuerdo quién me convenció que eso era de mal gusto, o de plano no era correcto pedir dinero antes de haberlo ganado, por lo tanto sólo me sentía con derecho a hablar de cobrar hasta el momento de la entrega final… grave error. Desde que entras en contacto con el cliente es importante que conozcas cuales son sus Políticas de Pago o en español simple “qué tan engorroso será cobrarle”.

Hace algunos años tuve un cliente que literalmente me quitó el sueño: después de entregarle un proyecto extra urgente y complejo de resolver me canalizó al departamento de compras donde nadie me conocía y les tenía muy sin cuidado lo que había hecho para la empresa. Allí, un hombre malencarado me indicó que las facturas sólo se recibían los miércoles de 10:00 a 12:00. Suspiré y regresé el día indicado para enterarme que los pagos se realizaban 60 días después de recibida la factura. Suspiré más hondo y esperé pacientemente a que pasaran los dos meses indicados. Con calendario en mano me presenté justo el sexagésimo día donde una nueva sorpresa me esperaba, los pagos sólo se realizaban los viernes de 16:00 a 18:00 hrs. ¿porqué nadie me dijo eso antes? Sentí un pequeño ardor en mi estómago, pero regresé con ánimo renovado el siguiente viernes para toparme con una frase maldita: “No salió su pago, regrese el próximo viernes.” Y así me trajeron a vuelta y vuelta durante otras 3 semanas hasta que me harté y llamé directamente a mi cliente para ponerlo al tanto de la situación y pedirle ayuda, su respuesta fue devastadora – Oye qué pena, yo no tengo ingerencia en el departamento de pagos, pero te voy a pasar el teléfono de la contadora a cargo.- En pocas palabras se lavó las manos y me dejó a merced de la buena voluntad de la empresa para pagarme. Nunca pude hablar directamente con la famosa Contadora, quienes me contestaron simplemente me dijeron que ellos le pasarían el recado. Me estaba quedando claro que la empresa no tenía interés en saldar su deuda conmigo así que decidí escribirle una amable carta al director de la empresa (sí, carta, escrita en hoja membretada y toda la cosa) asumiendo que él no estaba enterado de la extraña burocracia que me había privado de pago. Sobra decir que jamás recibí respuesta a mi ilusa solicitud.*

En esa época un famoso ilustrador amigo mío me compartió su frustración al respecto y me contó que, después de haber dado varias vueltas para cobrarle a una editorial, la persona de pagos se limitó a decirle -¿Qué creé joven? otra vez no salió su pago.- A lo que mi enojado amigo contestó - ¡Oiga señorita, esto no es una tómbola! no vengo cada vez para saber si salí sorteado.-

Reitero, la técnica de cansar al freelancero funciona de maravilla. Llega un momento en que ya no puedes o no quieres seguir llamándolos y visitándolos para mendigar tu pago. A veces pienso que las empresas abusan porque los freelanceros estamos solos, no somos una compañía con recursos (humanos, materiales o financieros) para iniciar un proceso legal en su contra.

* Afortunadamente varios meses después esta empresa me volvió a contactar para que les realizara un nuevo trabajo, y aunque estaba dispuesta a mandarlos al diablo, hice acopio de diplomacia y les puse dos condiciones para volver a tomarlos como cliente: primero requería que ese mismo día me depositaran lo adeudado y después sólo aceptaría proyectos bajo el esquema de 50% de anticipo y 50% contra entrega. Desde entonces sigo trabajando para ellos con una ventaja adicional: todos los pagos los realizan de manera electrónica y jamás voy los viernes a formarme a la caja.