Queremos tu trabajo, no podemos pagarte

disenador editorial2Me estoy cansando de ver anuncios donde requieren diseñadores para trabajar gratis.

Estos avisos hacen uso de la modalidad de “intercambio en especie”, “oportunidad de aprendizaje” o el clásico “te daremos el chance de mostrar tu trabajo al mundo”… y ¿saben qué? ¡Ya estuvo bueno de abusar de los diseñadores! Si no te van a pagar con dinero entonces no se puede llamar empleo o trabajo.

Difícilmente encontraré un anuncio que solicite a un arquitecto para construir una casa al cual se le ofrezca “pago en especie”. Tampoco abundan las ofertas para secretarias a las que se les pague con “aprendizaje”. Mucho menos habrá un requerimiento para un abogado que no cobre a cambio de que “su trabajo sea mostrado al mundo”. Entonces ¿porque los diseñadores somos menospreciados como profesionales? la respuesta es simple: como somos demasiados, peleamos por ofertas ridículas y ocupaciones disfrazadas de empleo.

Mis sugerencias si aspiras a trabajar en una empresa:

  • Considera que el periodo de prueba en un empleo no debe ser a cuenta de tus ahorros, si no te pagan en esta etapa de inicio ¿qué te hace pensar que lo harán después?
  • Recuerda que el truco de los trainees está bien para entretener a los jovencitos que están terminando la universidad, pero si ya tienes más de 30 años ¡no puedes darte el lujo de trabajar gratis para aprender!
  • Cuando un despacho o asociación ofrece un Trabajo (sí, así con mayúsculas) te debe dar un contrato y prestaciones, debes estar dado de alta en una nómina y recibir tu pago puntualmente. Si algo de esto te falta ¡no estás en un empleo formal! Ojo: entregar recibos de honorarios no te hace “empleado” de la empresa, sólo demuestra que en realidad no estás contratado y eres un freelancero que cubre un horario en una oficina, sin derecho a crear antigüedad.

Y si eres freelancero:

  • Recuerda que tú, y sólo tú, decides cuando vas a donar tu trabajo. Tú, y sólo tú, debes evaluar qué asociación o persona merece que le regales tu tiempo y trabajo. Obviamente, a menos que alguien te mantenga, donar tu trabajo “a la causa” sólo lo puedes hacer como una ocupación parcial, nunca con disposición total de tu tiempo.
  • Si alguien te convence de pagarte en especie (con cosas, pues) evalúa si realmente lo que te están ofreciendo es algo que verdaderamente quieres o necesitas. Recuerda la historia que platiqué sobre la diseñadora a la que le pagaron con depiladoras No-no: ¡qué problema fue venderlas!
    Si alguien ofrece pagarte en especie realmente te está pagando menos, me explico: el dueño de la fábrica de juguetes te ofrecerá pagarte los $10,000 pesos que te debe con mercancía valuada en su catálogo por un total de $10,000 pesos; el detalle es que a él esos juguetes realmente le cuestan fabricarlos aproximadamente $7,000. Al final te está pagando 30% menos de lo que le costaría pagarte con dinero.
  • Si eres un profesionista independiente, y ya tienes por lo menos cinco años trabajando por tu cuenta, ya sabes que te están cuenteando cuando un cliente te dice:
    — Hazme una prueba gratis para que me anime a encargarte el proyecto.— No te podemos pagar, pero vamos a incluir tu crédito para que puedas presumirlo en tu portafolios.
    — Estamos evaluando a varios ilustradores y vamos a optar por el que mejor desarrolle el brief.
    — Nos encantan tus fotografías ¿podrías enviarnos varias para nuestra revista? no hay pago, pero es promoción.
  • Si por alguna extraña razón decides trabajar a cambio de otra cosa diferente al dinero, por favor, deja muy claro los alcances del proyecto, establece plazos claros y nunca permitas que te traten como un empleado al que sí le pagan.

Como bien dice @ElDivanDelCopy :

No se reciben ofertas SIN PAGO o donde “se paga con aprendizaje”. “Aprendizaje” mis huevos.

¿Somos demasiados diseñadores gráficos?

multitud

Tengo varias semanas evitando escribir este post, busqué otros temas menos espinosos, pero siempre resonaba en mi cabeza una vocecita  “Si no lo escribes seguiré aquí, molestándote como bocinero del metro”.

Como varios de ustedes ya saben, yo estudié Diseño Gráfico en la ENAP hace más de 20 años, poco antes del boom del uso de la computadora para las artes gráficas. Fue una época de transición donde, de repente, se puso de moda ser Diseñador. Las grandes Universidades vieron cómo aumentaba dramáticamente la matrícula para esta carrera, tanto, que muchos jóvenes no alcanzaban lugar. Entonces las otras Universidades decidieron que era buen negocio ofrecer la carrera de Diseño Gráfico. Así como ahora está de moda estudiar Gastronomía, muchas escuelas abrieron cursos de “Diseño por computadora” para atraer a la multitud de personas que deseaban volverse diseñadores ricos y famosos.

Honéstamente no sé quién corrió el rumor de que los diseñadores ganan más que cualquier otro profesionista, pero fue un chisme poco realista. Como en cualquier otra disciplina creativa (arquitectura, música, pintura) existen unos pocos que se vuelven ricos gracias a sus grandes dotes, años de arduo trabajo, extraordinaria inspiración, interesantes contactos y tener la suerte de haber estado en el lugar correcto en el momento adecuado. También hay varias decenas de diseñadores que tienen un puesto muy envidiable en las más prestigiadas agencias de publicidad que también pueden presumir sueldos muy buenos. Pero, aceptémoslo, no hay suficientes puestos bien pagados para los miles de diseñadores gráficos que cada año egresan en México.

La oferta de diseñadores es mucho mayor a la demanda del mercado
En México, no sé en otros países, la cantidad de personas ofreciendo servicios relacionados con el diseño es desproporcionalmente mayor a la de empresas que están dispuestas a pagar lo correcto por esos servicios. Ojo: no estoy diciendo que en México ya no se requiera el Diseño Gráfico, al contrario, hay miles de negocios que se verían seriamente beneficados si contaran con un diseñador capaz que desarrolle un empaque, un sitio web, una identidad gráfica, una foto de producto, o lo que sea necesario para que mejore su imagen. Lo que digo es que hay demasiados clientes que no están dispuestos a pagar lo justo por el trabajo creativo y fráncamente no ayuda que existan tantos profesionales (y no profesionales) dispuestos a cobrar menos que su competencia. Aquí podemos contar a los recién egresados que, por desconocimiento y/o urgencia, están dispuestos a trabajar prácticamente gratis como becarios o trainees deshechables. Es un principio básico de economía: a mayor oferta los precios bajan.

A principios de este año leí varios resúmenes de sueldos que colocaban a los diseñadores y a los actores en los renglones de las profesiones peor pagadas en México. A eso debemos sumarle que, a diferencia de un arquitecto o un médico, a los diseñadores no nos piden que presentemos nuestra cédula profesional para realizar un trabajo, entonces cualquiera se puede autonombrar diseñador nomás porque tomó algunos cursos del uso de software. Sí, es una competencia desleal, pero no va a desaparecer.

Entonces ¿se puede vivir bien como diseñador gráfico? SÍ, pero no va a ser fácil. Para sobresalir del mar de diseñadores tengo dos sugerencias:

Amplía tus capacidades más allá de los requisitos escolares En la vida real los tiempos de desarrollo son brutalmente cortos, los clientes no te van a llamar con semanas de anticipación para solicitarte un trabajo, por lo general lo harán cuando ya están quemados de tiempo y necesitan resultados en pocos días.  Ser muy creativo es súper útil, pero ser organizado lo es más, de nada sirve tener ideas geniales si no eres capaz de aterrizarlas y entregarlas a tiempo, sin excusas.
Aléjate de los mercados saturados Los diseñadores que hacen de todo y le entran a lo que sea son los que menos oportunidad tienen de ganar porque se enfrentan a un mayor número de competidores.

Y tú ¿qué haces para sobresalir en tu trabajo?

¿Más vale cliente malo conocido que bueno por conocer?

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La semana pasada recibí la llamada de un antiguo cliente al que le había perdido el rastro; tras darnos los respectivos parabienes por el nuevo año procedimos a la tradicional queja de siempre: el año está empezando lento para los negocios. Acto seguido me pidió que le enviara una cotización para un proyecto que le solicitó uno de sus peores y más viejos clientes.
La plática fue más o menos así:
 

– ¡¿Todavía estás trabajando para ellos?! ¿después de que dejaron de pagarte
  durante meses y luego te salieron con que querían más descuentos?– Le pregunté.
– Es que son mi cliente más grande y pues no les puedes decir que no.– Replicó.
– Pero, además ¡se llevaron a tu diseñadora estrella a trabajar a su corporativo!
– Sí, ya sé, ahora ella nos llama para corretearnos, je, je.
– Luego me enteré de que parte de tus proyectos se los dieron a otro despacho.
– Sí, ya ni me digas. Pero pues no queda más que aguantarse.
– Ay Iván, creo que te gusta ser un proveedor golpeado.

Así como en nuestras relaciones sentimentales tenemos predilección por cierto tipo de personalidad, también nuestras relaciones profesionales suelen presentar patrones de conducta que no son ni casuales ni saludables.

Dicen que los diseñadores gráficos somos muy sufridores y que nos gusta quejarnos de que nuestros clientes son unos malditos que no pagan y nos hacen la vida imposible, pero ¿no será que estamos escogiendo a los clientes incorrectos, una y otra vez?

Alguna vez me quedé viendo un programa sobre violencia doméstica en el Canal 11, me pareció dramático escuchar varios testimoniales de mujeres que habían sido maltratadas por sus parejas durante años. Cada vez iban permitiendo mayores vejaciones hasta que terminaban en el hospital, abandonadas o muertas. Cuando la conductora les preguntó porque permitían esos abusos ellas dieron explicaciones muy sentimentales, pero, después de reflexionarlo, varias aceptaron que era el interés económico el que las tenía amarradas a una persona que, ni de lejos, era la que debía estar a su lado.

Ya en otro post he escrito sobre las señales que debemos detectar cuando un prospecto nos contacta. Los freelanceros no podemos darnos el lujo de aceptar trabajar para una persona que tiene un alto potencial de volverse un mal cliente, Time is money, honey.

Pero como “hasta al mejor cazador se le va la liebre” es posible que el prospecto en cuestión no haya disparado las alarmas hasta que ya está muy avanzada la relación. Entonces, si un cliente se volvió una mala inversión ¿cuál es la maldita justificación para continuar trabajando con él? ¿masoquismo? ¿miedo? ¿hambre?

Más vale malo conocido que bueno por conocer

Esta es la frase predilecta de los mediocres que prefieren lidiar con un cliente abusivo al que ya le “conocen sus mañas” y ya saben lo que le gusta y cómo le gusta. Aquí el poco esfuerzo invertido por parte del freelancero parece justificar una relación mala, como una vieja amistad con una persona que nos cae bastante mal, pero a la que ya estamos acostumbrados. El esfuerzo que le dediquemos a buscar nuevos clientes será recompensado con un refrescante cambio que nos permitirá crear una buena relación desde las primeras etapas.

Otra pésima razón para no despedir a un cliente malo es el miedo a quedarnos sin trabajo para siempre: –Si dejo a mi cliente más grande me voy a quedar sin chamba. Lo malo de esa postura es que los clientes malos “saben oler el miedo” y pueden manipularnos a su antojo con frases como –Huy, está muy caro, voy a ver quién me lo hace más barato. O –Ándale, apóyame en este proyecto para que te consiga más pedidos.

Y luego está el diseñador que piensa que merece que lo maltraten porque está recién salido de la universidad, porque cree que no está a la altura del cliente o simplemente porque tiene la autoestima bajísma y acepta trabajar para clientes que no tienen el más mínimo aprecio por el ejercicio profesional de un trabajdor independiente. Para muestra este botón que circula en Facebook, donde se muestra un claro desprecio por el trabajo de diseño, rebajándolo al estátus de un hobbie que nadie se toma en serio.

Lovely Store

¿Qué tal si el tiempo dedicado a quejarnos de esos clientes lo empleamos en buscar nuevos prospectos? De esos que retan nuestra creatividad, aprecian nuestro servicio profesional y pagan por ello. Sí, ya sé que no está facil, pero nadie va a venir a hacerlo por nosotros así que ¡a darle átomos!

No seas tu enemigo a la hora de cobrar

UnsureTodo el tiempo veo cómo nos quejamos de los clientes que no pagan a tiempo y que se hacen que la virgen les habla a la hora de hablar de dinero. Sin embargo, para ser justos, también hay que aceptar que muchos jóvenes freelanceros se ponen en una situación desventajosa a la hora de recibir el pago por su trabajo.

Parece mentira, pero tengo conocidos que, bajo miles de pretextos, aún no se han dado de alta en el SAT; por lo tanto no cuentan con recibos de honorarios o facturas. Son los clásicos compañeritos de la escuela que nos llaman después de años de no verlos para pedirnos que, por favorcito, les prestemos una factura o recibo para poder “cobrar un trabajito para un cliente malaondita que no quiere soltar el dinero si no es a cambio de dicho papelito”. Confieso que yo, en un malentendido sentido gremial, “presté” un recibo de honorarios para que un “pobrecito” compañero pudiera realizar su trámite. Obviamente acordé que el IVA me lo tendría que abonar el susodicho, pero sobra decir que tuve que estarlo correteando cerca de tres meses para que me lo pagara. Lo malo vino después: cuando le platiqué a mi contador mi “buena acción solidaria” casi me dió un zape mientras me reclamó –¿Y el ISR, se lo vas a regalar o qué?– Y luego me explicó que ADEMÁS del IVA, se debe contemplar el ISR y, ahora, el IETU. Sólo entonces me quedó claro porqué no me conviene andar prestando mis recibos (además de que es un delito fiscal).
Para que me sintiera más mal, el “simpático” de mi contador aprovechó para compartirme la historia de otra de sus clientas, una diseñadora gráfica a la que un familiar convenció de darse de alta en Hacienda desde que estaba en los primeros semestres de la universidad. El motivo era, en apariencia, inofensivo: su tío tenía un negocio de impresión de fotografías y, como tenía problemas con su situación migratoria, convenció a la chica de ser “la cara fiscal” de su negocio. A cambió le imprimía todas sus fotos gratis. Como era de esperarse, esta historia no tuvo final feliz: al cabo de 3 años el negocio de fotografía tenía serios problemas de evasión de impuestos, un buen día cerró sus puertas y el pariente se regresó a su país sin avisarle a nadie. La estudiante heredó una broncotota de esas que nunca queremos tener.

Otra forma de facilitarle a un cliente que no te pague es que no tengas cuenta de banco. Suena bobo, pero cuando cobré uno de mis primeros trabajos me entregaron un cheque que decía “Para abono en cuenta del beneficiario”. A mí no me preocupó esa leyenda en lo más mínimo hasta que fui al primer banco que se me ocurrió y no pude cobrarlo. Pero ¿cóooooomoooo? ¿no me iban a entregar mi dinero a menos de que abriera una cuenta en su chinche banco? ¡pero que injusticia! Salí indignada a contárselo a mis papás… Luego de ser ilustrada en los principios básicos del sistema capitalista mexicano mi papá me acompañó a abrir mi primera cuenta de débito.

Actualmente ya es raro que alguien te pague con un cheque, mucho menos con efectivo. Para cualquier empresa es obvio que sus proveedores tienen una cuenta de banco donde puedan recibir un depósito electrónico. Ojo: no es lo mismo tener una cuenta de tarjeta de crédito que una cuenta fiscal que va a sociada a tu RCF con la cual realizarás tus transacciones profesionales.

Si te vas a dedicar a trabajar como freelancero DEBES tener claros los asuntos relacionados con los cobros, cómo calcular los impuestos y varios detallitos fiscales más. En México, el SAT ofrece asesorías gratuitas para la elaboración de las declaraciones mensuales, no las he experimentado, pero parece que son útiles. Yo prefiero pagarle a mi contador para que me informe sobre estos temas, aunque de vez en cuando me cuente historias de terror.

¿Operador de computadora o Diseñador Gráfico?

Todos los días sale en los periódicos un anuncio así:

“Se solicita diseñador gráfico, manejo de Photoshop, Ilustrador, conocimientos de preprensa, web, etc. Enviar CV y muestra de trabajos…”

Seguramente muchos diseñadores recién egresados lo leen y corren a llamar para agendar una entrevista. Yo también caí en la trampa (hace mil años), varias veces llegué, llena de esperanzas, a una imprenta o fábrica de artículos promocionales disfrazada de agencia de publicidad, donde ofrecían un sueldo “para empezar”, que en el fondo era un pago ridículo para todo lo que querían que hiciera. Sobra decir que en la sala de espera se encontraban otros 15 diseñadores, bien vestiditos y bañaditos, que aguardaban su turno para mostrar sus flamantes carpetas llenas con las muestras de su creatividad. Lo que no sabíamos era que estábamos peleando la batalla equivocada: el puesto NO era para desarrollar nuestros conocimientos como diseñadores gráficos, ni siquiera nos iban a tomar en cuenta nuestras opiniones estéticas, lo único que el empleador quería era una persona capaz de escanear un logotipo de una tarjeta de presentación, retrazarlo en Corel! y gererar los archivos necesarios para su impresión en lonas, flyers, camisetas y, en el mejor de los casos, un folleto. En aquella época no me resultó evidente que lo que ellos necesitaban era un Operador de Computadora que manejara programas de trazo de vectores o pixeles. Nótese que no escribí “programas de diseño gráfico”.

Lo que desean algunas imprentas, despachos o empresas NO es un Diseñador Gráfico: ellos NO están dispuestos a pagar por tus 4 años de carrera, menos por una maestría, no les interesan tus conocimientos sobre los movimientos artísticos, les tiene sin cuidado el círculo cromático armónico, no los desvelan los remates de las letras y jamás les ha preocupado la utilidad de la sección áurea. Ellos quieren pagar por un operador software que sea rápido, que no haga gestos cuando el cliente pide sus tarjetas rojas con tipografía verde, que pueda tomar cualquier indicación elaborada en un Power Point y, sobre todo, que no se queje de la versión de los programas ni del tamaño del monitor.

El “detalle” es que mucha gente NO sabe que ser Diseñador Gráfico es algo mucho más complejo que simplemente “moverle” al Photoshop. Y los Diseñadores tienemos la culpa por irnos a meter en los lugares donde no nos apreciarán. Aceptamos sueldos bajos (menos descuentos, obviamente) porque encontrar trabajo está “cañon y pues, peor es nada”.

FotoEscuela
Sugerencia: si quieres tener trabajo de operador de computadora especializado en productos gráficos ¡no gastes 4 años de tu vida en la Universidad! Toma varios de los miles de cursos mal llamados de “Diseño Gráfico” en un centro de computación o por internet y conviértete en un buenazo(a) en el uso de las herramientas. Al final obtendrás el trabajo que se peléan muchos diseñadores gráficos, sin haber invertido tanto tiempo ni esfuerzo. Pero no esperes trabajar para siempre en ese puesto, ni sueñes en cambiar tu estilo de vida, porque siempre habrá una persona más jóven dispuesta a cobrar menos que tú; te habrás fijado que no hay operadores de computadora de más de 40 años ¿verdad?

Si tú eres un Diseñador Gráfico profesionista entonces busca un empleo a la altura de tus expectativas y si no lo encuentras ¡genéralo tú mismo!

¿Imparte usted capacitación en el uso de software? Por favor sea honesto y no ilusione a los asistentes a su “Diplomado de Diseño Gráfico para todo público”, usted bien sabe que manejar Photoshop no convierte a nadie en fotógrafo, así como Illustrator no nos confiere las habilidades de un ilustrador.

Y si usted es un empleador que necesita un Operador de paquetes gráficos ¡POR FAVOR! no solicite a un Diseñador Gráfico pues se encontrará, idealmente, con un profesional que tiene los recursos intelectuales, los conocimientos y la habilidad práctica para desarrollar una idea hasta sus últimas consecuencias, en favor de sus productos… y eso cuesta.

El primer empleo de una diseñadora

La semana pasada tuve la oportunidad de platicar un buen rato con mi sobrina Diana en la sala de un hospital. Ella es recién egresada de la carrera de Diseño Gráfico en Querétaro y me platicó la historia de su primer empleo. Mientras la escuchaba me dí cuenta de las similitudes con muchas otras historias de diseñadores novatos.

Comparto con ustedes lo que me contó:

Como parte de los programas de incubadoras que ofrece su Universidad Diana comenzó a trabajar a ratos en una nueva microempresa que aprovechaba las instalaciones de su escuela. El trabajo básicamente era de diseño y armado de archivos de material publicitario: tarjetas de presentación, papelería, dípticos, volantes, etc. Su sueldo consitía en el 30% del monto de las facturas y no tenía horario fijo, ella administraba su tiempo y entregaba en los tiempos pactados. Nada mal para ser un primer trabajo ¿verdad?

A los dos meses su jefe (le llamaremos César) se peleó con sus dos socios, tomó sus canicas y se las llevó a un pequeño local en el centro de Querétaro; así, de la  noche a la mañana, Diana se encontró detrás del mostrador de este negocio de diseño e impresión donde atendía de lunes a viernes de las 10:00 a las 18:00hrs. Pactó con César un sueldo de $1,200 semanales en efectivo. A ella le pareció un trato justo y enfocó sus energías a sus nuevas responsabilidades: abría el local, recibía personalmente las solicitudes de la gente que visitaban el negocio, ayudaba a la elaboración de cotizaciones, correteaba la información de los clientes vía email y por teléfono, diseñaba todos los materiales, entregaba, cobraba y al poco tiempo comenzó a llevar las cuentas de los ingresos y los gastos generales. A las 6 de la tarde bajaba la cortina y se iba a su casa.
Su jefe pasaba la mayor parte del tiempo fuera, consiguiendo nuevos clientes. Los primeros cuatro meses todo funcionó relativamente bien, el flujo de trabajo y los ingresos cubrían los gastos, pero aún no había ganancias. Como todos los negocios nuevos el punto de equilibrio todavía estaba lejano, pero no era imposible.
A esas alturas del partido Diana ya estaba bastante fogueada en el trato a clientes y había aprendido valiosas lecciones de impresión que las que no recuerda haber escuchado nada en la escuela. Como la cantidad de trabajo había aumentado César invitó a trabajar medio tiempo a Marcos, un técnico de impresoras que ayudaba con la atención a clientes.
Algunos clientes, que eran amigos de César, tenían trato preferencial, descuentos especiales y su cobro era laxo (pagaban cuando quisieran).

Cada semana mi sobrina hacía el recuento de los ingresos y apartaba el dinero para realizar los pagos generales como la renta la luz y el internet. En esa época comenzó a bajar el trabajo y los ingresos no alcanzaban para cubrir completo el sueldo de Diana que comenzó a cobrar cada vez menos, sin embargo a Marcos siempre se le pagó puntual y sin descuentos. Como los clientes comenzaron a escasear, además de bajar los precios, a César se le ocurrió ofrecer cualquier tipo de impresión que los clientes solicitaran, aún cuando no tuvieran el equipo para realizarlo, si un cliente quería unas tazas impresas le decían que sí y buscaban quien les pudera realizar la maquila, sin importar que tuvieran que viajar a la Cd. de México para encargar y recoger el trabajo. Entonces sucedió que el hijo de su jefe enfermó y pasó un mes en el hospital. Como los gastos eran muchos César tomaba los ingresos completos y no se preocupó por pagar las deudas: más de una vez les cortaron el teléfono y el internet.

Esta es una de las muchas imprentas de bajo costo que ofrecen los servicios de maquila, cerca del metro San Antonio Abad, en la Ciudad de México.

A casi un año de haber comenzado a trabajar mi sobrina recapacitó sobre su situación actual; cobraba menos que al principio pero trabajaba mucho más. Los bajísimos precios no atrajeron mejores clientes y un buen día César le dijo: –Aquí lo que hace falta son clientes y tú no consigues ninguno. Ya no te voy a poder seguir pagando pero, si quieres, puedes conseguir tus propios trabajos y pagarme una renta por usar el local.– Diana hizo un esfuezo por no reirse en su cara y concluyó los diseños pendientes antes de alejarse para siempre.

–¿Por qué te quedaste allí tanto tiempo?– Le pregunté.
– Me compadecí de la situación de mi jefe, me daba pena lo que le estaba pasando con su hijo…–

Actualmente Diana freelancea diseñando portadas para CDs, aunque también asiste a entrevistas de trabajo. Su tía Leonora opina que la experiencia que tuvo con su primer empleo le enseñó importantes lecciones sobre ser emprendedor, una de las más valiosas es que NUNCA debes comerte las ganancias de tu negocio… si quieres que se vuelva justamente ESO: un negocio.

Y a tí ¿cómo te fue en tu primer empleo?

Si no aprecias la diferencia, no me mereces

A veces pasa que un cliente intenta que le bajes el precio a un trabajo mediante la comparación con otros productos o servicios de distinta calidad o características.

Ejemplos:

  • Le dices al prospecto que un sitio web, con todas las características que te solicita, tiene un costo de $20,000 pesos, pero te echa en cara que le llegó un mail donde le ofrecen el diseño de su sitio y el hosting por $1,200 pesos.
  • El cliente te dice le parece caro el precio que le das porque, a fin de cuentas, en internet hay sitios que ofrecen logotipos por $9 dólares.
  • El encargado de la cuenta de la agencia de publicidad te dice que te pagarán la mitad por la ilustración que te pidieron ya que la anterior “era más grande” (sin contar que la anterior era de una florecita y la que te solicitaron ahora es del Arca de Noé con todos los animales).

Los clientes siempre interpretarán las circunstancias a su favor, siempre es así, pero no se deben comparar peras con manzanas.

Obviamente un fotógrafo de eventos de buena reputación difícilmente podrá cobrar lo que pide Mario Testino por una sesión, pero definitivamente debe cobrar más que el improvisado primo que toma fotos con su celular durante una boda, aunque tal vez algunos se conformen con la calidad de las imágenes que capturó el primo acomedido. El fotógrafo puede intentar convercerlo de las virtudes de su trabajo, pero si el cliente no aprecia la diferencia entonces no lo merece, así de fácil.

Es cierto que tenemos que educar a los clientes haciéndolos concientes sobre las bondades de un trabajo realizado de forma profesional, pero a veces sólo estaremos intentando dale margaritas a los cerdos.

Una situación al revés
A mí me pasó que una agencia de publicidad me la hizo súper chillona con el precio de un proyecto que, de entrada, cotizé por abajo de mis precios (por bruta yo, que usé una hoja de cálculo vieja). Me insistieron que nunca habían pagado tanto por un proyecto así y que no lo podían hacer de manera interna porque estaban saturados. Como tenía muchas ganas de realizar este trabajo les hice un descuento mínimo con el que se quedaron tranquilos. Mi coraje vino seis meses después cuando me enteré que la misma agencia contrató, para su sucursal en Brasil, un trabajo idéntico al mío, pero por el que pagó 5 (c-i-n-c-o) veces más. Esto me lo confirmó el mismísimo freelancero de Río de Janeiro, que casualmente conozco. No me quedó mas que decir ¡bien por tí! (mientras me mordía la mano del berrinche). Recapitulando me dí cuenta que sí tenían el presupuesto para pagar mi trabajo, hasta más, pero no lo supe defender y subvaloré mi trabajo ¡mal por mí!