La danza de los cambios

Seguro te ha pasado que tuviste un cliente al que le encantaba hacer cambios todo el tiempo, desde el clásico “—¿Y cómo se vería si mezclas el logotipo 1 y el 3?” hasta el “—No, mira, yo creo que ya perdimos el camino con tantas modificaciones, mejor nos regresamos a la primera propuesta.”
Una amiga mía se quejaba de que tenía casi un año realizando modificaciones al sitio web de un cliente y el asunto parecía no tener fin. Otro colega se agitaba porque ya había invertido más dinero y tiempo del que tenía presupuestado para terminar un proyecto que se había convertido en un verdadero tormento. Yo odiaba a estos clientes indecisos, hasta que me senté a considerar cómo evitar llegar al callejón de los cambios interminables, que agotaban mi paciencia y desgastaban la relación. Entendí que en la mayoría de las veces somos nosotros los que permitimos que los proyectos no se concluyan en el tiempo adecuado.

A mí me ha funcionado la regla de oro que dice:

Establece los límites desde el principio

Dimensiona correctamente: No es difícil darse cuenta cuando un prospecto no tiene muy claro lo que necesita, si detectas a una persona con poca claridad sobre su proyecto debes ayudarlo a enfocar sus necesidades antes de ponerte a desarrollar propuestas como loco. Mientras mejor acoten el trabajo desde el inicio menos probabilidades tendrás de recibir cambios injustificados.
Define el número de rondas de modificaciones que el cliente tiene derecho a solicitar: Por ejemplo, puedes anotar en tu cotización, que el proyecto está sujeto a “hasta tres rondas de modificaciones”. De esta forma tu cliente sabe de antemano que deberá ajustar sus observaciones a un número finito de interacciones.
También puedes indicar el costo adicional que tendrán las horas de trabajo extra. Yo opino que no es suficiente con escribir “Todo concepto no considerado será cotizado aparte”.
Informa cláramente cuanto tiempo dedicarás a un proyecto: Salvo casos muy contados, cada trabajo que acepto lo acompaño de un cronograma que indica la fecha en la que se realizará cada parte del desarrollo, desde el día del pago del anticipo hasta la fecha exacta de las revisiones, cuándo espero cometarios del cliente y cuándo entregaré el proyecto. De esta forma el cliente sabe que existe un tiempo para solicitar cambios y un tiempo para aplicarlos.
Si no acostumbras definir un tiempo específico para la realización de cambios seguramente estarás perdiendo tiempo y dinero. Si un proyecto se prolonga más allá de lo esperado no podrás abordar otros encargos.

Piénsalo así: si tú eres el anfitrión de una cena de cumpleaños ¿te imaginas qué pasaría si tus invitados deciden que no quieren irse durante varios días? ¿tenías planeados los nuevos gastos de alimentación y alojamiento para todos? ¿o deberías simplemente informarles que la fiesta ya terminó?
Definir el tiempo también aplica para los horarios de atención los clientes deben saber que no eres un asistente que está a su disposición 7/24 (a menos que estés cobrando por un servicio con absoluta disponibilidad) Para esto, a veces es necesario que le informes cuáles son los horarios y días en los que responderás sus correos y llamadas; parece obvio, pero he tenido clientes que escriben correos el sábado a las 11 de la noche y esperan que les responda en el momento. Recuerda que hay una diferencia entre ser servicial y ser servil como lo comenta este post de Grafiscopio.

Prepárate para un cierre anticipado

Al final siempre habrá clientes difíciles que, por más que más esfuerzo que hayamos realizado, piden cambios incesantemente por diferente razones, como alguna de estas:

  • Están acostumbrados a pedir modificaciones por el simple hecho de que pueden hacerlo, piensan si van a pagar por algo deberán sacarle todo el provecho posible.
  • Son inseguros y permiten que otras personas, ajenas al proyecto, hagan comentarios con observaciones contradictorias.
  • Existen varias personas involucradas en la toma de decisiones y tienen diferentes visiones sobre el proyecto; en lugar de llegar a acuerdos piden cambios constantes.
  • No les agrada nada lo que les muestras. Es nuestro trabajo averiguar si su solicitud de cambios está justificada o si están buscando algo diferente a lo que se estableció en un principio. También existe la posibilidad de que no seamos la persona indicada para desarrollar el estilo que el cliente estaba buscando. Por esto es importantísimo que los prospectos tengan acceso a nuestro portafolios de trabajos y puedan evaluar si les gustan nuestro estilo y habilidades.

Si la cantidad de cambios no te permiten avanzar en la realización de un proyecto, y esto afecta el desarrollo de otros encargos, es posible que debas tomar la difícil decisión de concluir un trabajo antes de haberlo terminado… pero, por favor ¡¡no sólo abandones al cliente y desaparezcas!! Huir del problema no es la opción que debe tomar un profesional, yo te sugiero que hables con la persona indicada y hagas una breve descripción del estado del proyecto, expliques cuáles son tus motivos de la suspensión del desarrollo y ofrezcas una conclusión atractiva para ambas partes. Si firmaron un contrato de servicios tendrán que acatar los acuerdos establecidos como el que indica que el anticipo no se devuelve si el proyecto se comenzó a desarrollar.

Al final nadie quiere llegar a este punto, pero al igual que en una mala relación sentimental, es mejor hacerse cargo de la situación antes de que la situación se lo cargue a uno.

 

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

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Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.

¿Más vale cliente malo conocido que bueno por conocer?

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La semana pasada recibí la llamada de un antiguo cliente al que le había perdido el rastro; tras darnos los respectivos parabienes por el nuevo año procedimos a la tradicional queja de siempre: el año está empezando lento para los negocios. Acto seguido me pidió que le enviara una cotización para un proyecto que le solicitó uno de sus peores y más viejos clientes.
La plática fue más o menos así:
 

– ¡¿Todavía estás trabajando para ellos?! ¿después de que dejaron de pagarte
  durante meses y luego te salieron con que querían más descuentos?– Le pregunté.
– Es que son mi cliente más grande y pues no les puedes decir que no.– Replicó.
– Pero, además ¡se llevaron a tu diseñadora estrella a trabajar a su corporativo!
– Sí, ya sé, ahora ella nos llama para corretearnos, je, je.
– Luego me enteré de que parte de tus proyectos se los dieron a otro despacho.
– Sí, ya ni me digas. Pero pues no queda más que aguantarse.
– Ay Iván, creo que te gusta ser un proveedor golpeado.

Así como en nuestras relaciones sentimentales tenemos predilección por cierto tipo de personalidad, también nuestras relaciones profesionales suelen presentar patrones de conducta que no son ni casuales ni saludables.

Dicen que los diseñadores gráficos somos muy sufridores y que nos gusta quejarnos de que nuestros clientes son unos malditos que no pagan y nos hacen la vida imposible, pero ¿no será que estamos escogiendo a los clientes incorrectos, una y otra vez?

Alguna vez me quedé viendo un programa sobre violencia doméstica en el Canal 11, me pareció dramático escuchar varios testimoniales de mujeres que habían sido maltratadas por sus parejas durante años. Cada vez iban permitiendo mayores vejaciones hasta que terminaban en el hospital, abandonadas o muertas. Cuando la conductora les preguntó porque permitían esos abusos ellas dieron explicaciones muy sentimentales, pero, después de reflexionarlo, varias aceptaron que era el interés económico el que las tenía amarradas a una persona que, ni de lejos, era la que debía estar a su lado.

Ya en otro post he escrito sobre las señales que debemos detectar cuando un prospecto nos contacta. Los freelanceros no podemos darnos el lujo de aceptar trabajar para una persona que tiene un alto potencial de volverse un mal cliente, Time is money, honey.

Pero como “hasta al mejor cazador se le va la liebre” es posible que el prospecto en cuestión no haya disparado las alarmas hasta que ya está muy avanzada la relación. Entonces, si un cliente se volvió una mala inversión ¿cuál es la maldita justificación para continuar trabajando con él? ¿masoquismo? ¿miedo? ¿hambre?

Más vale malo conocido que bueno por conocer

Esta es la frase predilecta de los mediocres que prefieren lidiar con un cliente abusivo al que ya le “conocen sus mañas” y ya saben lo que le gusta y cómo le gusta. Aquí el poco esfuerzo invertido por parte del freelancero parece justificar una relación mala, como una vieja amistad con una persona que nos cae bastante mal, pero a la que ya estamos acostumbrados. El esfuerzo que le dediquemos a buscar nuevos clientes será recompensado con un refrescante cambio que nos permitirá crear una buena relación desde las primeras etapas.

Otra pésima razón para no despedir a un cliente malo es el miedo a quedarnos sin trabajo para siempre: –Si dejo a mi cliente más grande me voy a quedar sin chamba. Lo malo de esa postura es que los clientes malos “saben oler el miedo” y pueden manipularnos a su antojo con frases como –Huy, está muy caro, voy a ver quién me lo hace más barato. O –Ándale, apóyame en este proyecto para que te consiga más pedidos.

Y luego está el diseñador que piensa que merece que lo maltraten porque está recién salido de la universidad, porque cree que no está a la altura del cliente o simplemente porque tiene la autoestima bajísma y acepta trabajar para clientes que no tienen el más mínimo aprecio por el ejercicio profesional de un trabajdor independiente. Para muestra este botón que circula en Facebook, donde se muestra un claro desprecio por el trabajo de diseño, rebajándolo al estátus de un hobbie que nadie se toma en serio.

Lovely Store

¿Qué tal si el tiempo dedicado a quejarnos de esos clientes lo empleamos en buscar nuevos prospectos? De esos que retan nuestra creatividad, aprecian nuestro servicio profesional y pagan por ello. Sí, ya sé que no está facil, pero nadie va a venir a hacerlo por nosotros así que ¡a darle átomos!

¿Debemos “hacer show” para los clientes?

show2Tuve un maestro de fotografía que nos recomendaba “hacer show” cuando el cliente estuviera presente durante una sesión de fotografía de producto. Nos explicaba que, además, era buena idea llenar el set de tripiés, luces y otros artilugios, aún cuando no fueran necesarios para las tomas. Recuerdo cómo nos lo contaba:

“Cuando me contrata una agencia de publicidad para realizar una sesión de fotografía de producto a menudo me veo rodeado por una decena de personas: mi asistente, uno o dos encargados de las agencia, uno que otro trainee preguntón, un amigo del amigo, el cliente final y su pareja sentimental.

Son las 5 de la tarde y me tomo todo el tiempo del mundo para ubicar las lámparas, conectarlas, arreglar el ciclorama, cambiar cien veces de lugar el tripié con la cámara, intercambiar lentes, probar filtros… y luego volver a cambiarlo todo. Si se trata de la fotografía de un producto con alguna parte reflejante le pido a mi asistente que limpie la superfice con un pincel fino, como si se tratara de la recuperación de huellas en una escena del crimen.

Ahora son las 8 de la noche y los mirones ya se quieren ir, no tienen idea de cuánto tiempo más se llevará este detallista proceso. Así, como en fiesta en la que ya no hay alcohol, uno a uno se despiden deseándome que la noche no le sea larga. Una vez que ya se fueron todos le pido a mi asistente que quite todas las lámparas extras y hacemos el shooting de trancazo en 10 minutos. Empacamos todo y nos vamos a casa a las 8:30.”

Él es un profesional con mucha experiencia y su recomendación me pareció exagerada. Pero un día me sucedió que dejé las llaves dentro de la casa y tuve que llamar al seguro para que me enviaran a un cerrajero. Cuando llegó le avisé que la chapa era de alta seguridad y que probablemente tendría que usar métodos alternos para abrirla. Mientras yo parloteaba sacó unas ganzúas pequeñitas y abrió la puerta en ¡¡exáctamente 5 segundos!! Ante mi sorpresa la volvió a cerrar y fingió trabajar durante 10 minutos más para darme la impresión de que su labor era más complicada. Es obvio que el poco tiempo que tardaron el cerrajero y mi maestro en concretar sus tareas es el resultado de meses, tal vez años, de estudio y muchas horas de práctica. Leer la fábula de El Gallo.

Entonces ¿vale la pena hacer tanto show?

A lo largo de los años he aprendió que algunos clientes, cuando pagan por un servicio y esperan ser espectadores del proceso, se sienten defraudados si no reciben suficiente “espectáculo”. Comparándolo con una pelea de box podríamos confirmar que si hay un knockout en el primer round muchos se sentirán decepcionados.

Yo, que me dedico principalmente a la fotografía, siempre llevo mi equipo en estuches especiales y uso un chaleco que grita “ya llegó la fotógrafa” pues debo dejar en claro que yo soy la persona correcta para realizar el trabajo.

El espectáculo que los freelanceros podemos ofrecer a nuestros clientes no siempre podrá ser tan ostentoso, por eso te sugiero que cuides algunos detalles antes de reunirte con un prospecto:

  • Nunca entregues una tarjeta de presentación que tiene las esquinas gastadas, darás la impresión de que lleva años guardada en tu cartera.
  • Si usas una laptop para mostrar tu trabajo procura que su teclado esté impecable y jamás le pegues una calcomanía de Bob Esponja pues podría parecer que es la computadora de tu sobrino.
  • Si eres ilustrador no te conformes con mostrar tu portafolios digital, encárgate de realizar algunas impresiones finas de tus mejores ejemplos. No olvides registar tu trabajo ante Derechos de Autor por si el cliente te pide que le dejes alguna muestra.
  • Si eres diseñador gráfico o te dedicas a alguna área “creativa” puedes llevar ropa casual, pero jamás confundas el look divertido y relajado con la falta de aseo.
  • Desafortunadamente la “primera impresión” sí cuenta, así que antes de salir a una cita párate frente al espejo y haz el ejercicio mental de preguntarte ¿Si hoy me conociera por primera vez, me contrataría?

Y tú ¿haces algún tipo de show para tus clientes?

Ocupaciones para cuando no hay chamba

En los últimos tres años me ha pasado que, justo en diciembre, no me cae ningún proyecto. Así nomás, como si a los clientes se los hubiera tragado la tierra, me quedé chiflando en la loma. Me tranquilizo sabiendo que en enero regresarán cual zombies resucitados.

La buena noticia es que, como no es la primera vez que me pasa, ya había tomado mis previsiones y ahorré lo necesario para esta temporada de vacas flacas.

Con tanto tiempo libre las opciones de entretenimiento obvias se pueden repasar como el menú de un restaurante conocido: leer ese libro que tenemos abandonado, ir al cine a ver El Hobbit 2, rentar todas las temporadas de Breaking Bad, ir al museo a ver esa exposición antes de que la quiten, etc. Pero ¿qué tal si dedicamos un poco de tiempo a actividades menos divertidas pero más redituables?

Este fin de año lo voy a dedicar, además de comer cosas ricas y engordar como loca, a planear una estrategia de medios sociales, a actualizar mi portafolios y a diseñar nuevas tarjetas de presentación. Todas estas actividades son importantes, pero siempre dan paso a las “urgentes” y nunca le dedico tiempo para realizarlas.

Si vives en México, otra actividad poco divertida, pero a la larga indispensable, es tramitar tus facturas electrónicas. Como sabrás, la Reforma Fiscal nos obligará a todos los freelenceros a emitir comprobantes electrónicos a partir de enero del 2014. La “buena noticia” es que el SAT ha dado una prórroga para algunos contribuyentes:

“Como facilidad para las personas físicas que en el último ejercicio declarado tuvieron ingresos iguales o menores a 500 mil pesos y emitieron comprobantes impresos o CFD, podrán seguir facturando bajo estos esquemas hasta el 31 de marzo de 2014, siempre y cuando a partir del 1 de abril migren al esquema de facturación electrónica CFDI.”

Lo anterior significa que tienes “chance” de migrar a la facturación electrónica antes del 31 de marzo si tus ingresos totales del 2013 fueron menores de $500,000 pesos. No importa si expides facturas impresas o entregas recibos de honorarios, a partir del 2014 todos estos comprobantes se deberán generar de forma electrónica.

El hecho es que nadie se “salvará” de entregar comprobantes impresos. Entonces, si no quieres que un cliente te niegue un pago porque no le puedes entregar su respectivo comprobante electrónico, te sugiero que aproveches estos días de poca actividad para realizar el trámite. Seguramente habrás escuchado que se trata de un trámite engorroso y, siento decírtelo, LO ES. Primero tienes que hacer una cita en tu oficina del SAT para que te expidan una cosa esotérica que se llama FIEL y que te servirá para contratar un servicio de facturación electrónica con algún proveedor autorizado. Los precios de este servicio son muy variados y te recomiendo que platiques con tu contador u otros colegas antes de seleccionar a tu proveedor.

El SAT ofrece el servicio de facturación electrónica de forma GRATUITA. Mi marido, que es un aferrado de conseguir cosas imposibles en internet, se llevó dos días descifrando el procedimiento y ahora genera sus facturas de forma gratuita a través del portal del SAT. Lo malo es que lo tiene que hacer desde una PC porque el dichoso sistema no funciona en Mac (tache para los programadores).

Si bien esto de entregar comprobantes electrónicos es una imposición fiscal (por esos se llaman “impuestos” y no “cooperaciones voluntarias”) yo, que ya facturo electrónicamente desde hace seis meses, trato de encontrarle el lado positivo: por ejemplo, ya no tengo que gastar en el servicio de mensajería para entregar las facturas a los clientes que no radican en mi ciudad, ahora se las envío por correo electrónico. Además, si por alguna razón debo cancelar alguna factura ya no tengo que suplicarle al cliente que me regrese la original, basta con que la cancele desde mi computadora y genere una nueva.

Sin embargo, yo que soy diseñadora gráfica, extraño mucho mis hermosas facturas a color que se ganaron, en más de una ocasión, exclamaciones como ¡Qué padres están tus facturas! El caracter anodino de las nuevas facturas electrónicas me entristece hasta las lágrimas… bueno, no es cierto… es que a veces soy una exagerada.

Como obviamente este es mi último post del 2013 aprovecho para desearte a tí, que lees este blog, que el 2014 sea DE VERDAD mucho mejor que el que acaba. Espero que tu colección de nuevos clientes se incremente con especímenes buenos, bonitos, honestos y que confíen en tus servicios profesionales.

Un abrazo freelencero.

Leonora

Freelancero ¿qué tal anda tu sitio web?

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Cuando asisto a una exposición y me entregan un volante lo primero que pregunto es ¿Aquí viene la dirección de su página web, verdad? las respuestas van desde un entusiasmado “Sí, por supuesto” hasta un descolorido “Esteee… no, no tenemos sitio de internet” pasando por respuestas variopintas como “Nos puede buscar en Facebook” o la clásica “Es que nuestra página está en remodelación“.

La cruda realidad es que si no tienes un sitio web (ese que empieza con un www, incluye el nombre de tu negocio y termina con un .com) ¡es como si no existieras! Esto es válido para la empresa más grande o el freelancero más chiquito.

Tener un sitio web no es un lujo, es una obligación, sobre todo si eres un profesional que de verdad quiere vivir del trabajo independiente ¿cómo esperas dar certeza a tus clientes si no tienes un sitio que muestre tus trabajos, describa experiencia y venda tus servicios? Las explicaciones que he escuchado para justificar que un freelancero no tenga su propio sitio web son puros pretextos que en el fondo se traducen en una sola: no quieren invertir ni un centavo para pagar un dominio, el hosting y el diseño del mismo. ¿Será que desconocen que el Tío Slim ofrece paquetes completos desde $99 pesos al mes? Obviamente tener un sitio con un diseño personalizado y a la medida puede costar mucho más, pero dará una presencia que bien merece la inversión.

Los que más pena me dan son los que se sienten muy listos pensando que una página gratuita en Facebook sustituye al sitio web, pero les tengo una noticia: cuando alguien hace la búsqueda de un servicio en Google ¡las páginas de Facebook no aparecen! Me pregunto cuántas personas se meten a Facebook para buscar a un despacho de diseño :/

Abrir un blog es gratuito, pero debes pagar para tener una dirección web “normal”. A diferencia de un sitio web, un blog debe actualizarse con más frecuencia, así que tendrás que dedicarle mucho más tiempo a crear contenido nuevo.

Peor que no tener una página web es tener una “En construcción”

Aún no me explico cómo es que muchas agencias de publicidad, despachos de diseño y desarrolladores web tienen el descaro de mostrar su sitio web “En construcción”, “En mantenimiento” o “Próximamente” ¿será que En casa del herrero azadón de palo?

Cuando le pregunto a un Creativo de Agencia porqué llevan tanto tiempo con su sitio en construcción la respuesta es casi siempre la misma “Es que tenemos tanta chamba que no le hemos podido dedicar tiempo a la página”. Lo que yo traduzco como “Somos tan desorganizados (o flojos) que no podemos planear un calendario de desarrollo en nuestro propio beneficio” o peor aún “No somos tan creativos como presumimos, así que no nos arriesgaremos a que los clientes juzguen nuestro trabajo con base a lo que mostraríamos en nuestra página”.

Si de veras estás desarrollando tu sitio web y no tienes más opción que colocar una página temporal, por lo menos describe a qué te dedicas, incluye un correo de contacto y un teléfono. Por favor no olvides incluir el país donde radicas, es increíble ver cómo muchos negocios olvidan indicar que trabajan en México, o en Chile, o España, total, todo el mundo los conoce ¿no?

5 cosas que debes tener antes de ser freelancero

Worry

“Me urge ser freelance” alguien escribió en el Twitter.
“¿Por qué?” preguntó alguno.
“Porque estoy a nada de matar a mi jefa, me tiene podrida con sus críticas hacia mi trabajo.”

Si eres un emplead@ y tu actual trabajo no te hace feliz, tal vez sea momento de cambiar de trabajo, pero no de renunciar a los empleos y volverte independiente. Odiar a tu jef@ no te califica para ser un freelancero exitoso. Y con exitoso no me refiero a que sea mundialmente famoso, sino a que, simplemente, viva decorosamente con las ganancias que obtiene de verder sus servicios como trabajador independiente.

Antes de saltar a las turbulentas aguas del Freelanceo te comparto cinco cosas que debes considerar antes de volverte “tu propio jefe”.

 

 

1. Ser proactiv@

Ser proactivo es tomar la iniciativa de hacer las cosas y no esperar a que las circunstancias se apoderen de nuestro tiempo y recursos.

Para ser freelancero debes ser una persona que siempre esté dispuesta a hacer el trabajo a tiempo y sin que nadie la esté “correteando”. También significa que debes tomar la iniciativa de tus acciones porque nadie vendrá a decirte qué, cómo o cuándo debes hacer las cosas.

En otras palabras: el freelanceo no es para los flojonazos o para los que están acostumbrados a dar el mínimo esfuerzo.

2. Ser freelancero es un trabajo solitario

Trabajar por tu cuenta implica cierto grado de soledad. Olvídate de las comidas de fin de año con los compañeros del trabajo, de partir los pasteles de cumpleaños en la oficina, de organizar el “divertido” intercambio de regalos en Navidad. La mayoría de los freelanceros trabajan solos y muchos, además, lo disfrutan. Pero, si eres de las personas que no soportan estar sin compañía por varias horas al día, es probable que el freelanceo represente una actividad estresante o deprimente.

Por el contrario, si trabajas y vives en una casa con otras personas es probable que debas delimitar tu espacio y horarios de trabajo, de lo contrario te encontrarás atrapado en la rutina de la casa durante el día obligándote a freelancear durante las noches.

3. Ser profesional

Ser un profesional no significa que nunca te equivocas. Ser profesional significa que, si se presenta un problema, cuentas con las herramientas necesarias para corregir el error y cumplir con tus compromisos a tiempo.*

Ser profesional también significa que, quien te contrata, puede tener la tranquilidad de que está pagando por soluciones no por problemas, así que se acabaron las excusas al momento de asumir la responsabilidad de entregar un resultado completo en el tiempo ofrecido.

Cada que un freelancero no cumple con sus compromisos, entrega tarde o mal, le agrega un punto a la desconfianza que varios clientes sienten por nuestro trabajo.

4. Debes ser MUY organizado

Y me refiero a todos los aspectos de la organización en el trabajo:

Organizado con el tiempo: Si eres de los que se espera hasta el último minuto para comenzar a trabajar en un proyecto bajo la “adrenalina de la presión” te platico que tienes pocas probabilidades de continuar muchos años trabajando de forma independiente. Probablemente tu salud o los reclamos de tus clientes te sacarán del negocio. Saber priorizar las tareas es un cualidad altamente redituable.

Organizado con tus finanzas: Saber cuánto te cuesta trabajar por tu cuenta, conocer cuál es el precio de tu trabajo y obtener una ganancia correcta son los puntos básicos para tener una finanzas sanas.

Como freelancero tu tienes que pagar por todo: desde el recibo del teléfono hasta las consultas con el doctor. Si no organizas tu presupuesto correctamente cualquier imprevisto te puede sacar de balance.

Además estás obligado a pagar impuestos cada mes, así que tú eres responsable de llevar las cuentas claras.

Organizado con tu vida personal: Una de las mayores tentaciones al comenzar a trabajar como freelancero es “moder más de lo que se puede tragar”. Los freelanceros novatos suelen tomar más proyectos de los que realmente pueden atender y suelen extender sus horarios de trabajo a las noches y fines de semana. Entonces están robándose el tiempo que deberían utilizar para atender a su familia/amigos/novi@. También suelen estar demasiado ocupados como para disfrutar sus hobbies o tomarse unos días de descanso.

A mí me gusta pensar que “Trabajo para vivir: no vivo para trabajar.”

5. Tienes que ser un poco extrovertido

Trabajar por tu cuenta te obliga a tratar con los clientes directamente, por lo tanto es indispensable que tengas o desarrolles las habilidades verbales necesarias para atraer a un prospecto y convertirlo en un cliente. De nada sirve tener una carpeta deslumbrante si no sabes proponer una idea o defender tu punto de vista en una reunión con el cliente.

He conocido diseñadores freelanceros que no presumen los grandes proyectos, pero a cambio argumentan muy bien sus propuestas, saben venderse a ellos mismos y no los paraliza tomar el teléfono para hablar con los clientes. Esos son los que ganarán la atención.

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Dedicarse al freelanceo es un proyecto de vida, no una ocupación mientras se encuentra un empleo. Ser un trabajador independiente tiene sus partes difíciles, pero también sus grandes retribuciones. Es claro que no a todos les va a gustar subirse a la montaña rusa del autoempleo donde está garantizada la emoción, la diversión y los sustos.

* Esa frase se la robé a mi esposo.