La danza de los cambios

Seguro te ha pasado que tuviste un cliente al que le encantaba hacer cambios todo el tiempo, desde el clásico “—¿Y cómo se vería si mezclas el logotipo 1 y el 3?” hasta el “—No, mira, yo creo que ya perdimos el camino con tantas modificaciones, mejor nos regresamos a la primera propuesta.”
Una amiga mía se quejaba de que tenía casi un año realizando modificaciones al sitio web de un cliente y el asunto parecía no tener fin. Otro colega se agitaba porque ya había invertido más dinero y tiempo del que tenía presupuestado para terminar un proyecto que se había convertido en un verdadero tormento. Yo odiaba a estos clientes indecisos, hasta que me senté a considerar cómo evitar llegar al callejón de los cambios interminables, que agotaban mi paciencia y desgastaban la relación. Entendí que en la mayoría de las veces somos nosotros los que permitimos que los proyectos no se concluyan en el tiempo adecuado.

A mí me ha funcionado la regla de oro que dice:

Establece los límites desde el principio

Dimensiona correctamente: No es difícil darse cuenta cuando un prospecto no tiene muy claro lo que necesita, si detectas a una persona con poca claridad sobre su proyecto debes ayudarlo a enfocar sus necesidades antes de ponerte a desarrollar propuestas como loco. Mientras mejor acoten el trabajo desde el inicio menos probabilidades tendrás de recibir cambios injustificados.
Define el número de rondas de modificaciones que el cliente tiene derecho a solicitar: Por ejemplo, puedes anotar en tu cotización, que el proyecto está sujeto a “hasta tres rondas de modificaciones”. De esta forma tu cliente sabe de antemano que deberá ajustar sus observaciones a un número finito de interacciones.
También puedes indicar el costo adicional que tendrán las horas de trabajo extra. Yo opino que no es suficiente con escribir “Todo concepto no considerado será cotizado aparte”.
Informa cláramente cuanto tiempo dedicarás a un proyecto: Salvo casos muy contados, cada trabajo que acepto lo acompaño de un cronograma que indica la fecha en la que se realizará cada parte del desarrollo, desde el día del pago del anticipo hasta la fecha exacta de las revisiones, cuándo espero cometarios del cliente y cuándo entregaré el proyecto. De esta forma el cliente sabe que existe un tiempo para solicitar cambios y un tiempo para aplicarlos.
Si no acostumbras definir un tiempo específico para la realización de cambios seguramente estarás perdiendo tiempo y dinero. Si un proyecto se prolonga más allá de lo esperado no podrás abordar otros encargos.

Piénsalo así: si tú eres el anfitrión de una cena de cumpleaños ¿te imaginas qué pasaría si tus invitados deciden que no quieren irse durante varios días? ¿tenías planeados los nuevos gastos de alimentación y alojamiento para todos? ¿o deberías simplemente informarles que la fiesta ya terminó?
Definir el tiempo también aplica para los horarios de atención los clientes deben saber que no eres un asistente que está a su disposición 7/24 (a menos que estés cobrando por un servicio con absoluta disponibilidad) Para esto, a veces es necesario que le informes cuáles son los horarios y días en los que responderás sus correos y llamadas; parece obvio, pero he tenido clientes que escriben correos el sábado a las 11 de la noche y esperan que les responda en el momento. Recuerda que hay una diferencia entre ser servicial y ser servil como lo comenta este post de Grafiscopio.

Prepárate para un cierre anticipado

Al final siempre habrá clientes difíciles que, por más que más esfuerzo que hayamos realizado, piden cambios incesantemente por diferente razones, como alguna de estas:

  • Están acostumbrados a pedir modificaciones por el simple hecho de que pueden hacerlo, piensan si van a pagar por algo deberán sacarle todo el provecho posible.
  • Son inseguros y permiten que otras personas, ajenas al proyecto, hagan comentarios con observaciones contradictorias.
  • Existen varias personas involucradas en la toma de decisiones y tienen diferentes visiones sobre el proyecto; en lugar de llegar a acuerdos piden cambios constantes.
  • No les agrada nada lo que les muestras. Es nuestro trabajo averiguar si su solicitud de cambios está justificada o si están buscando algo diferente a lo que se estableció en un principio. También existe la posibilidad de que no seamos la persona indicada para desarrollar el estilo que el cliente estaba buscando. Por esto es importantísimo que los prospectos tengan acceso a nuestro portafolios de trabajos y puedan evaluar si les gustan nuestro estilo y habilidades.

Si la cantidad de cambios no te permiten avanzar en la realización de un proyecto, y esto afecta el desarrollo de otros encargos, es posible que debas tomar la difícil decisión de concluir un trabajo antes de haberlo terminado… pero, por favor ¡¡no sólo abandones al cliente y desaparezcas!! Huir del problema no es la opción que debe tomar un profesional, yo te sugiero que hables con la persona indicada y hagas una breve descripción del estado del proyecto, expliques cuáles son tus motivos de la suspensión del desarrollo y ofrezcas una conclusión atractiva para ambas partes. Si firmaron un contrato de servicios tendrán que acatar los acuerdos establecidos como el que indica que el anticipo no se devuelve si el proyecto se comenzó a desarrollar.

Al final nadie quiere llegar a este punto, pero al igual que en una mala relación sentimental, es mejor hacerse cargo de la situación antes de que la situación se lo cargue a uno.

 

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

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Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.

¿Más vale cliente malo conocido que bueno por conocer?

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La semana pasada recibí la llamada de un antiguo cliente al que le había perdido el rastro; tras darnos los respectivos parabienes por el nuevo año procedimos a la tradicional queja de siempre: el año está empezando lento para los negocios. Acto seguido me pidió que le enviara una cotización para un proyecto que le solicitó uno de sus peores y más viejos clientes.
La plática fue más o menos así:
 

– ¡¿Todavía estás trabajando para ellos?! ¿después de que dejaron de pagarte
  durante meses y luego te salieron con que querían más descuentos?– Le pregunté.
– Es que son mi cliente más grande y pues no les puedes decir que no.– Replicó.
– Pero, además ¡se llevaron a tu diseñadora estrella a trabajar a su corporativo!
– Sí, ya sé, ahora ella nos llama para corretearnos, je, je.
– Luego me enteré de que parte de tus proyectos se los dieron a otro despacho.
– Sí, ya ni me digas. Pero pues no queda más que aguantarse.
– Ay Iván, creo que te gusta ser un proveedor golpeado.

Así como en nuestras relaciones sentimentales tenemos predilección por cierto tipo de personalidad, también nuestras relaciones profesionales suelen presentar patrones de conducta que no son ni casuales ni saludables.

Dicen que los diseñadores gráficos somos muy sufridores y que nos gusta quejarnos de que nuestros clientes son unos malditos que no pagan y nos hacen la vida imposible, pero ¿no será que estamos escogiendo a los clientes incorrectos, una y otra vez?

Alguna vez me quedé viendo un programa sobre violencia doméstica en el Canal 11, me pareció dramático escuchar varios testimoniales de mujeres que habían sido maltratadas por sus parejas durante años. Cada vez iban permitiendo mayores vejaciones hasta que terminaban en el hospital, abandonadas o muertas. Cuando la conductora les preguntó porque permitían esos abusos ellas dieron explicaciones muy sentimentales, pero, después de reflexionarlo, varias aceptaron que era el interés económico el que las tenía amarradas a una persona que, ni de lejos, era la que debía estar a su lado.

Ya en otro post he escrito sobre las señales que debemos detectar cuando un prospecto nos contacta. Los freelanceros no podemos darnos el lujo de aceptar trabajar para una persona que tiene un alto potencial de volverse un mal cliente, Time is money, honey.

Pero como “hasta al mejor cazador se le va la liebre” es posible que el prospecto en cuestión no haya disparado las alarmas hasta que ya está muy avanzada la relación. Entonces, si un cliente se volvió una mala inversión ¿cuál es la maldita justificación para continuar trabajando con él? ¿masoquismo? ¿miedo? ¿hambre?

Más vale malo conocido que bueno por conocer

Esta es la frase predilecta de los mediocres que prefieren lidiar con un cliente abusivo al que ya le “conocen sus mañas” y ya saben lo que le gusta y cómo le gusta. Aquí el poco esfuerzo invertido por parte del freelancero parece justificar una relación mala, como una vieja amistad con una persona que nos cae bastante mal, pero a la que ya estamos acostumbrados. El esfuerzo que le dediquemos a buscar nuevos clientes será recompensado con un refrescante cambio que nos permitirá crear una buena relación desde las primeras etapas.

Otra pésima razón para no despedir a un cliente malo es el miedo a quedarnos sin trabajo para siempre: –Si dejo a mi cliente más grande me voy a quedar sin chamba. Lo malo de esa postura es que los clientes malos “saben oler el miedo” y pueden manipularnos a su antojo con frases como –Huy, está muy caro, voy a ver quién me lo hace más barato. O –Ándale, apóyame en este proyecto para que te consiga más pedidos.

Y luego está el diseñador que piensa que merece que lo maltraten porque está recién salido de la universidad, porque cree que no está a la altura del cliente o simplemente porque tiene la autoestima bajísma y acepta trabajar para clientes que no tienen el más mínimo aprecio por el ejercicio profesional de un trabajdor independiente. Para muestra este botón que circula en Facebook, donde se muestra un claro desprecio por el trabajo de diseño, rebajándolo al estátus de un hobbie que nadie se toma en serio.

Lovely Store

¿Qué tal si el tiempo dedicado a quejarnos de esos clientes lo empleamos en buscar nuevos prospectos? De esos que retan nuestra creatividad, aprecian nuestro servicio profesional y pagan por ello. Sí, ya sé que no está facil, pero nadie va a venir a hacerlo por nosotros así que ¡a darle átomos!

¿Debemos “hacer show” para los clientes?

show2Tuve un maestro de fotografía que nos recomendaba “hacer show” cuando el cliente estuviera presente durante una sesión de fotografía de producto. Nos explicaba que, además, era buena idea llenar el set de tripiés, luces y otros artilugios, aún cuando no fueran necesarios para las tomas. Recuerdo cómo nos lo contaba:

“Cuando me contrata una agencia de publicidad para realizar una sesión de fotografía de producto a menudo me veo rodeado por una decena de personas: mi asistente, uno o dos encargados de las agencia, uno que otro trainee preguntón, un amigo del amigo, el cliente final y su pareja sentimental.

Son las 5 de la tarde y me tomo todo el tiempo del mundo para ubicar las lámparas, conectarlas, arreglar el ciclorama, cambiar cien veces de lugar el tripié con la cámara, intercambiar lentes, probar filtros… y luego volver a cambiarlo todo. Si se trata de la fotografía de un producto con alguna parte reflejante le pido a mi asistente que limpie la superfice con un pincel fino, como si se tratara de la recuperación de huellas en una escena del crimen.

Ahora son las 8 de la noche y los mirones ya se quieren ir, no tienen idea de cuánto tiempo más se llevará este detallista proceso. Así, como en fiesta en la que ya no hay alcohol, uno a uno se despiden deseándome que la noche no le sea larga. Una vez que ya se fueron todos le pido a mi asistente que quite todas las lámparas extras y hacemos el shooting de trancazo en 10 minutos. Empacamos todo y nos vamos a casa a las 8:30.”

Él es un profesional con mucha experiencia y su recomendación me pareció exagerada. Pero un día me sucedió que dejé las llaves dentro de la casa y tuve que llamar al seguro para que me enviaran a un cerrajero. Cuando llegó le avisé que la chapa era de alta seguridad y que probablemente tendría que usar métodos alternos para abrirla. Mientras yo parloteaba sacó unas ganzúas pequeñitas y abrió la puerta en ¡¡exáctamente 5 segundos!! Ante mi sorpresa la volvió a cerrar y fingió trabajar durante 10 minutos más para darme la impresión de que su labor era más complicada. Es obvio que el poco tiempo que tardaron el cerrajero y mi maestro en concretar sus tareas es el resultado de meses, tal vez años, de estudio y muchas horas de práctica. Leer la fábula de El Gallo.

Entonces ¿vale la pena hacer tanto show?

A lo largo de los años he aprendió que algunos clientes, cuando pagan por un servicio y esperan ser espectadores del proceso, se sienten defraudados si no reciben suficiente “espectáculo”. Comparándolo con una pelea de box podríamos confirmar que si hay un knockout en el primer round muchos se sentirán decepcionados.

Yo, que me dedico principalmente a la fotografía, siempre llevo mi equipo en estuches especiales y uso un chaleco que grita “ya llegó la fotógrafa” pues debo dejar en claro que yo soy la persona correcta para realizar el trabajo.

El espectáculo que los freelanceros podemos ofrecer a nuestros clientes no siempre podrá ser tan ostentoso, por eso te sugiero que cuides algunos detalles antes de reunirte con un prospecto:

  • Nunca entregues una tarjeta de presentación que tiene las esquinas gastadas, darás la impresión de que lleva años guardada en tu cartera.
  • Si usas una laptop para mostrar tu trabajo procura que su teclado esté impecable y jamás le pegues una calcomanía de Bob Esponja pues podría parecer que es la computadora de tu sobrino.
  • Si eres ilustrador no te conformes con mostrar tu portafolios digital, encárgate de realizar algunas impresiones finas de tus mejores ejemplos. No olvides registar tu trabajo ante Derechos de Autor por si el cliente te pide que le dejes alguna muestra.
  • Si eres diseñador gráfico o te dedicas a alguna área “creativa” puedes llevar ropa casual, pero jamás confundas el look divertido y relajado con la falta de aseo.
  • Desafortunadamente la “primera impresión” sí cuenta, así que antes de salir a una cita párate frente al espejo y haz el ejercicio mental de preguntarte ¿Si hoy me conociera por primera vez, me contrataría?

Y tú ¿haces algún tipo de show para tus clientes?

Ocupaciones para cuando no hay chamba

En los últimos tres años me ha pasado que, justo en diciembre, no me cae ningún proyecto. Así nomás, como si a los clientes se los hubiera tragado la tierra, me quedé chiflando en la loma. Me tranquilizo sabiendo que en enero regresarán cual zombies resucitados.

La buena noticia es que, como no es la primera vez que me pasa, ya había tomado mis previsiones y ahorré lo necesario para esta temporada de vacas flacas.

Con tanto tiempo libre las opciones de entretenimiento obvias se pueden repasar como el menú de un restaurante conocido: leer ese libro que tenemos abandonado, ir al cine a ver El Hobbit 2, rentar todas las temporadas de Breaking Bad, ir al museo a ver esa exposición antes de que la quiten, etc. Pero ¿qué tal si dedicamos un poco de tiempo a actividades menos divertidas pero más redituables?

Este fin de año lo voy a dedicar, además de comer cosas ricas y engordar como loca, a planear una estrategia de medios sociales, a actualizar mi portafolios y a diseñar nuevas tarjetas de presentación. Todas estas actividades son importantes, pero siempre dan paso a las “urgentes” y nunca le dedico tiempo para realizarlas.

Si vives en México, otra actividad poco divertida, pero a la larga indispensable, es tramitar tus facturas electrónicas. Como sabrás, la Reforma Fiscal nos obligará a todos los freelenceros a emitir comprobantes electrónicos a partir de enero del 2014. La “buena noticia” es que el SAT ha dado una prórroga para algunos contribuyentes:

“Como facilidad para las personas físicas que en el último ejercicio declarado tuvieron ingresos iguales o menores a 500 mil pesos y emitieron comprobantes impresos o CFD, podrán seguir facturando bajo estos esquemas hasta el 31 de marzo de 2014, siempre y cuando a partir del 1 de abril migren al esquema de facturación electrónica CFDI.”

Lo anterior significa que tienes “chance” de migrar a la facturación electrónica antes del 31 de marzo si tus ingresos totales del 2013 fueron menores de $500,000 pesos. No importa si expides facturas impresas o entregas recibos de honorarios, a partir del 2014 todos estos comprobantes se deberán generar de forma electrónica.

El hecho es que nadie se “salvará” de entregar comprobantes impresos. Entonces, si no quieres que un cliente te niegue un pago porque no le puedes entregar su respectivo comprobante electrónico, te sugiero que aproveches estos días de poca actividad para realizar el trámite. Seguramente habrás escuchado que se trata de un trámite engorroso y, siento decírtelo, LO ES. Primero tienes que hacer una cita en tu oficina del SAT para que te expidan una cosa esotérica que se llama FIEL y que te servirá para contratar un servicio de facturación electrónica con algún proveedor autorizado. Los precios de este servicio son muy variados y te recomiendo que platiques con tu contador u otros colegas antes de seleccionar a tu proveedor.

El SAT ofrece el servicio de facturación electrónica de forma GRATUITA. Mi marido, que es un aferrado de conseguir cosas imposibles en internet, se llevó dos días descifrando el procedimiento y ahora genera sus facturas de forma gratuita a través del portal del SAT. Lo malo es que lo tiene que hacer desde una PC porque el dichoso sistema no funciona en Mac (tache para los programadores).

Si bien esto de entregar comprobantes electrónicos es una imposición fiscal (por esos se llaman “impuestos” y no “cooperaciones voluntarias”) yo, que ya facturo electrónicamente desde hace seis meses, trato de encontrarle el lado positivo: por ejemplo, ya no tengo que gastar en el servicio de mensajería para entregar las facturas a los clientes que no radican en mi ciudad, ahora se las envío por correo electrónico. Además, si por alguna razón debo cancelar alguna factura ya no tengo que suplicarle al cliente que me regrese la original, basta con que la cancele desde mi computadora y genere una nueva.

Sin embargo, yo que soy diseñadora gráfica, extraño mucho mis hermosas facturas a color que se ganaron, en más de una ocasión, exclamaciones como ¡Qué padres están tus facturas! El caracter anodino de las nuevas facturas electrónicas me entristece hasta las lágrimas… bueno, no es cierto… es que a veces soy una exagerada.

Como obviamente este es mi último post del 2013 aprovecho para desearte a tí, que lees este blog, que el 2014 sea DE VERDAD mucho mejor que el que acaba. Espero que tu colección de nuevos clientes se incremente con especímenes buenos, bonitos, honestos y que confíen en tus servicios profesionales.

Un abrazo freelencero.

Leonora

Freelancero ¿qué tal anda tu sitio web?

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Cuando asisto a una exposición y me entregan un volante lo primero que pregunto es ¿Aquí viene la dirección de su página web, verdad? las respuestas van desde un entusiasmado “Sí, por supuesto” hasta un descolorido “Esteee… no, no tenemos sitio de internet” pasando por respuestas variopintas como “Nos puede buscar en Facebook” o la clásica “Es que nuestra página está en remodelación“.

La cruda realidad es que si no tienes un sitio web (ese que empieza con un www, incluye el nombre de tu negocio y termina con un .com) ¡es como si no existieras! Esto es válido para la empresa más grande o el freelancero más chiquito.

Tener un sitio web no es un lujo, es una obligación, sobre todo si eres un profesional que de verdad quiere vivir del trabajo independiente ¿cómo esperas dar certeza a tus clientes si no tienes un sitio que muestre tus trabajos, describa experiencia y venda tus servicios? Las explicaciones que he escuchado para justificar que un freelancero no tenga su propio sitio web son puros pretextos que en el fondo se traducen en una sola: no quieren invertir ni un centavo para pagar un dominio, el hosting y el diseño del mismo. ¿Será que desconocen que el Tío Slim ofrece paquetes completos desde $99 pesos al mes? Obviamente tener un sitio con un diseño personalizado y a la medida puede costar mucho más, pero dará una presencia que bien merece la inversión.

Los que más pena me dan son los que se sienten muy listos pensando que una página gratuita en Facebook sustituye al sitio web, pero les tengo una noticia: cuando alguien hace la búsqueda de un servicio en Google ¡las páginas de Facebook no aparecen! Me pregunto cuántas personas se meten a Facebook para buscar a un despacho de diseño :/

Abrir un blog es gratuito, pero debes pagar para tener una dirección web “normal”. A diferencia de un sitio web, un blog debe actualizarse con más frecuencia, así que tendrás que dedicarle mucho más tiempo a crear contenido nuevo.

Peor que no tener una página web es tener una “En construcción”

Aún no me explico cómo es que muchas agencias de publicidad, despachos de diseño y desarrolladores web tienen el descaro de mostrar su sitio web “En construcción”, “En mantenimiento” o “Próximamente” ¿será que En casa del herrero azadón de palo?

Cuando le pregunto a un Creativo de Agencia porqué llevan tanto tiempo con su sitio en construcción la respuesta es casi siempre la misma “Es que tenemos tanta chamba que no le hemos podido dedicar tiempo a la página”. Lo que yo traduzco como “Somos tan desorganizados (o flojos) que no podemos planear un calendario de desarrollo en nuestro propio beneficio” o peor aún “No somos tan creativos como presumimos, así que no nos arriesgaremos a que los clientes juzguen nuestro trabajo con base a lo que mostraríamos en nuestra página”.

Si de veras estás desarrollando tu sitio web y no tienes más opción que colocar una página temporal, por lo menos describe a qué te dedicas, incluye un correo de contacto y un teléfono. Por favor no olvides incluir el país donde radicas, es increíble ver cómo muchos negocios olvidan indicar que trabajan en México, o en Chile, o España, total, todo el mundo los conoce ¿no?

5 cosas que debes tener antes de ser freelancero

Worry

“Me urge ser freelance” alguien escribió en el Twitter.
“¿Por qué?” preguntó alguno.
“Porque estoy a nada de matar a mi jefa, me tiene podrida con sus críticas hacia mi trabajo.”

Si eres un emplead@ y tu actual trabajo no te hace feliz, tal vez sea momento de cambiar de trabajo, pero no de renunciar a los empleos y volverte independiente. Odiar a tu jef@ no te califica para ser un freelancero exitoso. Y con exitoso no me refiero a que sea mundialmente famoso, sino a que, simplemente, viva decorosamente con las ganancias que obtiene de verder sus servicios como trabajador independiente.

Antes de saltar a las turbulentas aguas del Freelanceo te comparto cinco cosas que debes considerar antes de volverte “tu propio jefe”.

 

 

1. Ser proactiv@

Ser proactivo es tomar la iniciativa de hacer las cosas y no esperar a que las circunstancias se apoderen de nuestro tiempo y recursos.

Para ser freelancero debes ser una persona que siempre esté dispuesta a hacer el trabajo a tiempo y sin que nadie la esté “correteando”. También significa que debes tomar la iniciativa de tus acciones porque nadie vendrá a decirte qué, cómo o cuándo debes hacer las cosas.

En otras palabras: el freelanceo no es para los flojonazos o para los que están acostumbrados a dar el mínimo esfuerzo.

2. Ser freelancero es un trabajo solitario

Trabajar por tu cuenta implica cierto grado de soledad. Olvídate de las comidas de fin de año con los compañeros del trabajo, de partir los pasteles de cumpleaños en la oficina, de organizar el “divertido” intercambio de regalos en Navidad. La mayoría de los freelanceros trabajan solos y muchos, además, lo disfrutan. Pero, si eres de las personas que no soportan estar sin compañía por varias horas al día, es probable que el freelanceo represente una actividad estresante o deprimente.

Por el contrario, si trabajas y vives en una casa con otras personas es probable que debas delimitar tu espacio y horarios de trabajo, de lo contrario te encontrarás atrapado en la rutina de la casa durante el día obligándote a freelancear durante las noches.

3. Ser profesional

Ser un profesional no significa que nunca te equivocas. Ser profesional significa que, si se presenta un problema, cuentas con las herramientas necesarias para corregir el error y cumplir con tus compromisos a tiempo.*

Ser profesional también significa que, quien te contrata, puede tener la tranquilidad de que está pagando por soluciones no por problemas, así que se acabaron las excusas al momento de asumir la responsabilidad de entregar un resultado completo en el tiempo ofrecido.

Cada que un freelancero no cumple con sus compromisos, entrega tarde o mal, le agrega un punto a la desconfianza que varios clientes sienten por nuestro trabajo.

4. Debes ser MUY organizado

Y me refiero a todos los aspectos de la organización en el trabajo:

Organizado con el tiempo: Si eres de los que se espera hasta el último minuto para comenzar a trabajar en un proyecto bajo la “adrenalina de la presión” te platico que tienes pocas probabilidades de continuar muchos años trabajando de forma independiente. Probablemente tu salud o los reclamos de tus clientes te sacarán del negocio. Saber priorizar las tareas es un cualidad altamente redituable.

Organizado con tus finanzas: Saber cuánto te cuesta trabajar por tu cuenta, conocer cuál es el precio de tu trabajo y obtener una ganancia correcta son los puntos básicos para tener una finanzas sanas.

Como freelancero tu tienes que pagar por todo: desde el recibo del teléfono hasta las consultas con el doctor. Si no organizas tu presupuesto correctamente cualquier imprevisto te puede sacar de balance.

Además estás obligado a pagar impuestos cada mes, así que tú eres responsable de llevar las cuentas claras.

Organizado con tu vida personal: Una de las mayores tentaciones al comenzar a trabajar como freelancero es “moder más de lo que se puede tragar”. Los freelanceros novatos suelen tomar más proyectos de los que realmente pueden atender y suelen extender sus horarios de trabajo a las noches y fines de semana. Entonces están robándose el tiempo que deberían utilizar para atender a su familia/amigos/novi@. También suelen estar demasiado ocupados como para disfrutar sus hobbies o tomarse unos días de descanso.

A mí me gusta pensar que “Trabajo para vivir: no vivo para trabajar.”

5. Tienes que ser un poco extrovertido

Trabajar por tu cuenta te obliga a tratar con los clientes directamente, por lo tanto es indispensable que tengas o desarrolles las habilidades verbales necesarias para atraer a un prospecto y convertirlo en un cliente. De nada sirve tener una carpeta deslumbrante si no sabes proponer una idea o defender tu punto de vista en una reunión con el cliente.

He conocido diseñadores freelanceros que no presumen los grandes proyectos, pero a cambio argumentan muy bien sus propuestas, saben venderse a ellos mismos y no los paraliza tomar el teléfono para hablar con los clientes. Esos son los que ganarán la atención.

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Dedicarse al freelanceo es un proyecto de vida, no una ocupación mientras se encuentra un empleo. Ser un trabajador independiente tiene sus partes difíciles, pero también sus grandes retribuciones. Es claro que no a todos les va a gustar subirse a la montaña rusa del autoempleo donde está garantizada la emoción, la diversión y los sustos.

* Esa frase se la robé a mi esposo.

¿Qué hacemos para obtener nuevos clientes? (II)

Esta es la segunda parte sobre las respuesta que recibí a la encuesta que realicé hace unos días.

Si no has leído la primera parte te invito a que lo hagas aquí.

Reparto volantes con mi publicidad en mi zona

A menos de que se trate de un negocio freelance con atención al público, repartir volantes no es una opción adecuada para promover nuestros servicios.

Pago por publicidad impresa (anuncios en periódicos o revistas)

Al igual que la participación en exposiciones especializadas, pienso que la publicación de un anuncio impreso, en el medio correcto tiene la gran ventaja de que llega a las manos de nuestro público objetivo. Obviamente deberá ser un anuncio de un tamaño “decente” y correctamente redactado que invite al prospecto a tomar una acción, como visitar nuestro sitio web o llamarnos por teléfono. Su “desventaja” es que, mientras más difusión tenga el medio impreso, mayor es su costo.

No hago nada, no necesito más clientes

Sí, yo también dije eso en algún momento, pero tarde o temprano deberemos “refrescar” nuestra cartera de clientes.

Otras respuestas

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  • El servicio de LinkedIn puede funcionar si lo que estás buscando es un trabajo fijo. Pero, por los comentarios que he recibido de otros freelanceros, sé que este servicio no te ayuda a conseguir clientes interesantes. A cambio se obtienen contactos de chambitas poco redituales.
  • Sobre los sitios de trabajo especulativo pueden ver lo que escribí en otro post http://clientesmalos.com/2012/12/17/el-trabajo-especulativo/
  • No creo que muchas personas recurran a la Sección Amarilla para ubicar a un freelancero, pero mientras siga existiendo habrá personas que paguen por anunciarse allí.
  • Considero que el famoso Networking puede ser una buena forma de promover nuestros servicios de freelance, sin embargo es una actividad que, como las amistades, requiere de tiempo, cuidado y paciencia.

Bueno, ya les compartí las respuesta que obtuve con esta encuesta informal. Me gustaría saber si alguien ha probado otra actividad para atraer nuevos clientes y además, quiera compartirla con los lectores de este blog. La sección de comentarios es suya.

 

 

Una historia larga de un cliente gordo

Cliente gordoÉrase una mañana de mayo del 2013 cuando recibí un correo electrónico muy prometedor, una compañía grande y famosa solicitaba mi presencia en una reunión para hablar sobre un posible proyecto fotográfico. Yo estaba hecha unas pascuas, contesté de inmediato y pacté una cita en las oficinas generales del gordo prospecto. Recuerdo que para esa visita hasta perfume me puse ¡no podía dejarlo escapar!

La primera cita fue de color de rosa, ellos estaban buscando a un proveedor de excelente calidad y mis servicios les quedaban como anillo al dedo. Al día siguiente les envié mi propuesta económica que contemplaba un proyecto de tamaño mediano: la realización de las fotografías debería de tomarme alrededor de cuatro horas, más el tiempo del retoque y la entrega digital, nada del otro mundo, pero con una calidad superior a la de los trabajos promedio. Mi cotización fue aceptada sin ningún problema…

… Y entonces todo se volvió una película de drama

Primero me enviaron un documento que contenía por lo menos 100 requisitos técnicos, los cuales debía de llenar, justificar y describir con detalle. Me pidieron que fuera a sus oficinas a firmar un acuerdo de confidencialidad donde me aclaraban que no podría presumir en mi carpeta el resultado del trabajo. Luego me solicitaron los documentos tradicionales para ir tramitando mi alta como proveedor: comprobante de domicilio, RFC, alta en Hacienda, carta de presentación, portada del estado de cuenta de mi banco, referencias de otros clientes y algún otro papel que ya no recuerdo. Para rematar, me avisaron que no daban anticipos y que los pagos salían 90 días después de aceptada la factura. Adicionalmente me pidieron que realizara, de forma gratuita, una prueba de concepto que no era otra cosa que una toma fotográfica donde demostrara tener las cualidades técnicas que ellos buscaban.

Justo en ese momento mi tolerancia se extinguió. Ya no podía dedicarle tanto tiempo a esta propuesta, pasaban las semanas y yo sólo estaba llenando requisitos. Hice acopio de fuerzas, tomé el teléfono y llamé al encargado del proyecto. Le expliqué, de la manera más amable y serena que pude, que estaba declinando la oferta de volverme su proveedor, que los costos que había considerado no contemplaban tantos requisitos administrativos y que, en pocas palabras, eran un cliente más grande de lo que yo podía atender. El encargado estaba realmente contrariado y no aceptó mis explicaciones. Me pidió realizar una cita urgente, ahora con su jefe, para que me convencieran de no renunciar al proyecto.

Yo tenía una mezcla de sentimientos encontrados, por un lado era halagador su demostración de interés (yo pienso que debido al precio de mi cotización más que a mis cualidades profesionales), pero por el otro lado tenía un mal presentimiento al respecto de la cantidad de trámites administrativos que tendría que solventar ¡y que no había contemplado en mi cotización! En la reunión urgente me trataron muy bien y me explicaron que no podrían salir avante en su proyecto si no contaban con mi participación (neta). También me invitaron a que les hiciera una nueva propuesta económica que contemplara la magnitud de los trámites, que incluirían, la firma de un contrato de servicios, el pago de una fianza y la compra de un seguro de responsabilidad civil, por si se daba el caso de que a mí se me ocurriera prenderle fuego a sus instalaciones durante la sesión fotográfica, o algo por el estilo.

Sinceramente estaba abrumada por la complejidad burocrática que este proyecto representaba, así que decidí calcular pesimistamente todo el tiempo administrativo que me consumiría si decidía tomarlo: las juntas con el cliente, la prueba gratuita, el juego de la licitación, la presentación de una propuesta técnica formal, las visita al área de compras, la firma de contratos, la inversión en los seguros, las vueltas para tramitar la órden de compra, la revisión de la factura y ¡casi se me olvidaba! la sesión fotográfica, el proceso de las imágenes, los cambios caprichosos del cliente y la entrega final. Hice mis números y, por el mismo trabajo, pero con toda la tramitología prevista, tendría que cobrar cuatro veces más del precio original. Fráncamente era una locura.

Para mi sorpresa aceptaron la nueva cotización y sólo me pidieron que les otorgara un descuento del 5% “ya para que se animaran”. Hice acopio de “serenidad y paciencia” y acepté sus condiciones.

Una carrera de resistencia

Los trámites iban y venían y la orden de compra que les solicité desde el principio nomás no aparecía. Las juntas, correos y llamadas telefónicas para concertar la sesión fotográfica se prolongaron hasta principios de septiembre, fecha en la cual ¡por fin! realicé las fotos tan largamente proyectadas. Por mi parte el trabajo estuvo listo y entregado una semana después. El cliente quedó encantado con el resultado y yo recibí varias felicitaciones. Pero, como no vivo de aplausos, me avoqué a terminar los trámites para entregar la factura, cosa que hubiera resultado muy simple si no fuera porque buscaron, por todos los medios, evitar que la entregara: que si no estaba bien mi alta como proveedor, que si la razón social iba a cambiar, que si no incluía el número de orden no era válida, etc.

Si bien no me hacía ninguna gracia andar correteando este pago, en ningún momento dejé de llamar y visitar a las personas indicadas para que la factura fuera aceptada. Y como no me iba a esperar los 90 días para que me pagaran eché mano de un servicio de factoraje*. Tras otros 15 días de papeleos, a principios de noviembre, recibí el correo más ansiado del año: el aviso de mi banco con la confirmación del depósito a mi cuenta. Justo cuando se cumplían seis meses desde el primer contacto con el cliente.

¿Valió la pena la espera? Sí. ¿Volvería a realizar un proyecto tan engorroso como este? Sí, siempre y cuando pueda evaluar las complicaciones administrativas a las que me enfrentaré y las cobre adecuadamente. ¿Me gusta trabajar con clientes tan complicados? La verdad no, pero tengo que pensar que tienen proyectos interesantes y son áltamente redituables.

Recomendaciones para tomar proyectos de clientes gordos/grandes

Si tienes la suerte, como yo la tuve, de que te contacte un cliente gordo es indispensable que sepas que:

  • Las compañías grandes dan por sentado que el proveedor (o sea tú) está dado de alta ante Hacienda, preferentemente como Persona Física con Actividades Empresariales o como S.A. y que emite facturas. También pueden trabajar con profesionistas que dan recibos de honorarios, pero no lo prefieren.
  • Si eres  freelancero, debes evaluar si estás dispuesto a dedicarle todo el tiempo administrativo que el proyecto requiere. La avalancha de correos, llamadas y visitas al cliente demandarán una parte importante de tu tiempo.
  • Es indispensable que evalúes tu fortaleza económica: financiar un proyecto largo que, además se pagará a 30, 60 o 90 días, puede dejarte con un agujero económico difícil de reparar.
  • Jamás mientas al respecto de lo que ofreces, un cliente grande siempre te pedirá la mejor calidad y tiene un contrato para exigirlo. No lo tomes a la ligera.
  • No compitas solo por precio, la cantidad de recursos que demanda la atención a un cliente gordo siempre será más grande de la que te imaginaste o te platicaron en un principio. Créeme.

* Si vives en México te recomiendo que te des de alta en el servicio de Cadenas Productivas de Nafinsa (el trámite es gratuito y el personal es muy amable). De manera simplista te diré que se trata de un servicio que sirve para pagarle a los proveedores de algunas instancias de Gobierno y varias empresas privadas a través del sistema de Factoraje: cobran una pequeña comisión a través del banco intermediario, pero te pagan de inmediato y no tienes que esperarte meses.

Si tú no vives en México ¿me podrías informar si en tu país existe un esquema similar al factoraje? Tus compatriotas seguramente agradecerán la información.

Y Tú ¿te has topado con un cliente grande? ¿cómo lidiaste con él?

Aguas con los socios proxenetas

Let's BoogieEn los años más recientes de mi trabajo como profesional independiente me he topado, en varias ocasiones, con un tipo raro de intermediario al que llamaré socio-proxeneta.
La llamada telefónica o correo electrónico de este personaje puede contener varios de los siguientes puntos:

  • Te dice que ha visto tu sitio de internet y que está encantado con la calidad de tu galería de proyectos.
  • Te presume que él ha trabajado en varias compañías muy importantes.
  • Aclara que en ese momento está buscando iniciar un nuevo negocio pues tiene “cientos” de excelentes contactos en los más altos niveles.
  • Te informa que tú has sido el elegido(a) para realizar el trabajo de, por ejemplo, diseño de páginas web para los cientos de potenciales clientes de este nuevo negocio.
  • Te describe una hermosa imagen de un maravilloso futuro compartido siempre y cuando aceptes el reto de apoyarlo en esta etapa de inicio.
  • En algún momento de la conversación intentará que le proporciones una lista de precios de tus servicios, OBVIAMENTE con un descuento especialísimo dadas las circunstancias tan favorables que se plantean: tú ya no tendrás que preocuparte de conseguir clientes, para eso tienes a un nuevo y flamante autonombrado socio.
  • Ya que logró interesarte en su propuesta te pedirá que le proporciones muestras de tus trabajos, sin mostrar tus datos, claro está.

En principio todo suena fabuloso ¿no? te acaba de caer del cielo a un magnífico vendedor, con grandes contactos, que te propone una relación ganar-ganar. Pero, antes de emocionarte como quinceañera a punto de bajar las escaleras, vuelve a repasar la propuesta bajo una luz menos favorecedora.

  1. No tienes ninguna referencia sobre esta persona, no sabes cómo llegó a tu sitio web y, peor aún ¡él tampoco te conoce! entonces ¿cómo es que te ofrece ser una especie de socio si ni siquiera sabe cómo trabajas?
  2. Si tú eres un freelancero medianamente exitoso sabrás que no es buena idea ahorrarse el trabajo de autopromoción y el trato directo con los clientes. Si aceptas trabajar con un intermediario particular estarás aceptando grandes riesgos como que de repente desaparezca con las muestras de tu carpeta de trabajos. Si sólo te dejó un número de celular y un correo electrónico es difícil que le puedas seguir el rastro.
  3. Sin demeritar el valor que tiene poseer una buena cartera de contactos ¿qué atractivo adicional le aporta a la relación alguien que tiene la ocurrencia de volverse tu socio-proxeneta? ¿No será que el verdadero valor en esta relación sólo lo aportas tú con tu carpeta de trabajos?

No necesitas vejigas para nadar

Las primeras veces que yo caí en sus redes me di cuenta de que se trataba de personas desempleadas que sólo buscaban ganar dinero revendiendo los servicios de profesionales independientes. Una vez me llamó un oficinista de bajo rango, que odiaba su trabajo y busca, en sus tiempos libres, crearse una imagen de publireclacionista intermediario, pero que en el fondo no aportaban un valor real a los proyectos. Me contó que tenía un contacto clave dentro de una empresa de construcción que estaba a punto de iniciar un gran proyecto para gobierno así que me convenció de que le regalara varias aportaciones para una presentación. Luego me pidió que elaborara otras muestras para otro cliente y un montón de cotizaciones. Así estuve como año y medio, al final no se hizo nunca nada. La última vez que me llamó le confirmé que ya no estaba interesada en continuar colaborando en sus propuestas. Los profesionales independientes no necesitamos vejigas para nadar*.

Es probable que existan personas de buen corazón que realmente deseen nuestro bienestar económico y progreso profesional (já, já). Por si las dudas, cuídate de los ofrecimientos de estos personajes que saben decir cosas dulces al oído y buscan beneficiarse del trabajo gratuito de los freelanceros, que solicitan descuentos especiales y revenden sus servicios en condiciones oscuras. Si, de todas maneras, su propuesta te suena interesante, pídele sus datos completos y “gugléalo”. Busca referencias y no tomes una decisión al calor de la conversación.

pleca

* Este dicho en México significa que no necesitas de otros para conseguir tus objetivos.

Freelanceros con miedo

MiedosaYo tengo la teoría de que, por lo menos, la mitad de los problemas que enfrenta un freelancero se deben a sus miedos. El miedo no permite avanzar, es angustiante, te hace perder valiosas oportunidades y, tarde o temprano, te paraliza.

Miedo a conseguir nuevos clientes

Sí, ya sé que la economía está por los suelos, que tal vez los pocos clientes que tienes no son suficientes para mantener tus gastos, pero ¿qué has hecho al respecto para contactar nuevos clientes? ¿Cuándo fue la última vez que levantaste el teléfono para “llamar en frío” a una empresa con la que te gustaría trabajar? Las excusas para no contactar a un prospecto desconocido sobran, desde las perfectamente racionalizadas hasta las verdaderamente absurdas, pero, lo peor que te puede pasar es que te cuelguen el teléfono y, deveras, nadie se ha muerto de eso.

Miedo a perder clientes

Tengo un cliente bastante antiguo al que tenía muchos años de cobrarle lo mismo por cierto trabajo periódico, hasta que un día me di cuenta de que ya no podía seguir cobrándole tan poquito. Me daba pavor pensar en que debía contactarlo para comunicarle las nuevas tarifas ¿y si me mandaba al diablo y de paso lo perdía? Como de todas formas y ya estaba trabajando con pérdida me animé a enviarle un correo muy cortés para informarle que debía actualizar los costos. La respuesta fue un indoloro “De acuerdo.”

Miedo a exigir un trato profesional

Algunos freelanceros confunden el trato profesional con el trato servicial, me ha tocado ver profesionales independientes que se aguantan más de una hora esperando a que llegue su cliente a una cita. Mientras más tiempo esperes a alguien, más desesperado te verás. Los malos clientes saben oler la desesperación y suelen manipular a los freelanceros con baja autoestima.

Miedo a defender tu trabajo

El cliente siempre tiene la razón, pero nosotros tenemos los conocimientos para ayudarlo a obtener un mejor resultado. Nunca tengas miedo a defender tus ideas sobre el proyecto para el que te contrataron. No se trata se ser sordos a las observaciones de los clientes, pero recuerda: tú eres un profesional de tu área y te pagan por aplicar tus conocimientos en beneficio del cliente.

Miedo a exigir un pago puntal

Todos los día nos enteramos de que a alguien no le han pagado lo que le deben por el trabajo que ya realizó. Lo que no escuchamos todos los días es qué están haciendo esas personas para conseguir ese pago atrasado, además de quejarse.

Desde que inicias un proyecto debe quedarles claro (a ti y a tu cliente) cuáles son las fechas críticas en el desarrollo: las fechas del pago del anticipo, las de recopilación de materiales, de revisiones, de la entrega final y la del pago del saldo. Es tu responsabilidad averiguar cuáles son los trámites que tienes que cumplir para entregar una factura y recibir el pago en el tiempo acordado. Cada empresa inventa sus propios sistemas administrativos para realizar sus pagos lo más tarde que se pueda, pero está en tus manos evitar “que te lleven al baile” por ignorancia.

No disfraces al miedo de “pena”

A veces, para no sonar tan mal, decimos que “algo nos da pena”, porque aceptar que “algo nos da miedo” sería aceptar que somos miedosos, así que mejor decimos que somos penosos. Cuando decirmos –Es que me da pena llamar para preguntar por el pago…–  en el fondo lo que sentimos es miedo a tomar el teléfono, hablar con una persona y ser rechazados.

La mejor forma de acabar con el miedo es haciendo algo al repecto: habla, muévete, ofrece, negocia, trabaja. Los problemas no desaparecen solos y ciertamente enfrentarlos da susto, pero el día que te corten el internet por falta de pago, o el día que no te alcance para pagar la renta, ese día te va a quedar muy claro que el miedo no es un buen aliado ¡y menos si eres freelancero! porque nadie va a salir a hacer las cosas por ti.

Obviamente no se trata de volverse una persona temeraria que se avienta al vacío a la menor provocación, pero te aseguro que, si comienzas a afrontar las situaciones que te dan miedo o pena en tu quehacer profesional, tu cuenta de banco empezará a beneficiarse.

¿Qué otros miedos asociados al freelanceo conoces?

Cómo reconocer a un buen cliente

estrellitaLos que ya llevan un rato siguiendo este blog, saben que me enfoco a tratar los problemas con los clientes malos, cómo lidiar con ellos, cómo evitarlos y hasta cómo alejarse de ellos, entonces, para variar, en esta ocasión voy a platicarles cómo identifico a un cliente bueno, o por lo menos con posibilidades de no ser tan malo.

Al momento de contactarte:
Puedo reconocer a un buen prospecto cuando, al momento del primer contacto, muestra una clara disposición a darme toda la información necesaria para elaborar una propuesta económica a la medida, justa y que responda a sus necesidades reales. Por lo general cuando, en la primera llamada, ya la está haciendo chillona para pedirme descuentos aún sin conocer el costo del proyecto, pues ya puedo saber que se trata de alguien que no tiene (o no quiere gastar) los recursos necesarios para respaldar un trabajo como lo soñó.
En la primera cita:
Te recibe puntual y dedica  el tiempo necesario para dejar en claro los objetivos del proyecto, es realista sobre los tiempos de desarrollo y respeta tu opinión sobre el tema, al final del día tú eres el profesional que tiene los elementos necesarios para resolver sus requerimientos, sabes de lo hablas y eres una persona confiable ¿verdad?
Cuando recibe la cotización:
Te responde que ya la recibió y, si es necesario, resuelve sus dudas al respecto de inmediato. Puede hacer algún comentario sobre el precio y tal vez tratará de obtener un descuento. Mi consejo es que, más que dar un descuento a la primera provocación, ofrezcas un producto más completo a cambio del mismo precio, por ejemplo, puedes entregar algo adicional que no sea muy oneroso, pero que le sirva a tu cliente, por ejemplo, puedes darle una foto extra impresa y enmarcada en tamaño grande, o ayudarlo a echar a andar el blog de su empresa, o entregarle una muestra de aplicaciones de su nuevo logotipo, etc.
¿Se acuerdan que antes en las zapaterías te daban paletitas mientras esperabas?
Cuando inicias el trabajo:
Una de las mejos señales de que un cliente es bueno es que realiza el pago del anticipo de tu trabajo sin excusas,  rapidito y de  buen modo.
Además le preocupa que recibas a tiempo los materiales necesarios para comenzar el desarrollo. Un buen cliente será aquel que no tienes que andar correteando (o por lo menos no demasiado) para conseguir que te entregue los textos, fotos o lo que sea indispensable para que tú inicies tu labor.
Durante el proceso:
No te sientas mal si un cliente te llama o escribe antes de la fecha acordada para la primera entrega, si lo hace significa que está interesado en el proyecto. Obviamente una llamada de seguimiento es distinta a un cliente ansiosito que te bombardea con correos cada cuatro horas y que comienza a hacer solicitudes diferentes a lo acordado.

Si tú hiciste todo lo necesario para definir correctamente el proyecto a la medida de los requerimientos de tu cliente, si indagaste lo suficiente, escuchaste sus necesidades, interpretaste correctamente sus preocupaciones y leiste parte de sus pensamientos, estás listo para una de las partes más gratificantes del freelaceo: el día de la entrega final. La sensación de presentar el proyecto ante los ojos emocionados de un cliente es de lo mejor que hay. Si, además, recibes una felicitación por tu trabajo ¡ya estarás en los cuernos de la Luna!

Los mejores momentos profesionales que he vivido, de verdad, son como una escena de película ochentera donde el comité directivo de una empresa está reunido en una hermosa sala de juntas para ver el resultado del trabajo, las miradas nerviosas se transforman en sonrisas de alivio y comentarios de asombro ante los buenos resultados que, en el mejor de los casos, superaron las espectativas.

El que un cliente quede muy contento con los resultados de tu trabajo es clave para que, al momento de saldar el proyecto, no se haga del rogar ni te traiga a vuelta y vuelta para pagarte. Un buen cliente hace frente a sus compromisos económicos con profesionalismo.
Y tú ¿cómo identificas a un buen cliente?

Cuidado con las citas en lugares inusuales

Después de tantos años de trabajar como freelancera tengo anécdotas de casi todo tipo. El otro día mi esposo y yo estábamos haciendo un recuento de los lugares raros donde nos han citado los clientes para una primera cita, para hace un reconocimiento o scouting de un lugar o para hacer una entrega. Llegamos a la conclusión de que debemos ser muy cuidadosos a la hora de hacer una cita con un prospecto en lugares poco comunes porque suelen terminar en situaciones difíciles.

No me refiero a visitar a prospectos en lugares “pintorescos” de la ciudad; mi esposo tuvo un cliente cuyas oficinas estaban en el corazón de la zona roja de La Merced (un barrio muy popular de la Cd. de México). Nada de qué espantarse, si no fuera porque el cliente en cuestión era un desarrollador inmobiliario muy rico de la zona de Interlomas (una de las zonas más caras de los suburbios de la misma ciudad). Simplemente el contraste de ambiente urbano no era la mejor elección.

Hace varios años nos contactó una pequeña agencia de publicidad para que elaboráramos una presentación interactiva de una nueva infraestructura de gobierno. La primera cita de trabajo sería a las 7:00 de la mañana, a la orilla de una carretera del Bajío. Las instrucciones que nos dieron para llegar fueron completamente vagas y el punto de encuentro se acordó en “el acceso a la obra”. Salimos de la Cd. de México a las 3:00 de la madrugada para llegar puntuales. Todo hubiera salido según lo acordado si no fuera porque, en esa época del año, a las 7:00 de la mañana estaba completamente oscuro, no había un solo señalamiento y existían dos “entradas a la obra” separadas, una de la otra, por cuatro kilómetros. Para terminarla de amolar teníamos contratado nuestro servicio de celular con Pegaso (compañía que ya ni existe y cuya cubertura, en el 2007, era muy mala). Como no servían nuestros celulares anduvimos vagando por una carretera con niebla por espacio de una hora, hasta que por fin nos topamos con los chavos de la agencia, o por lo menos eso creí cuando un Jetta negro nos hacía señas para que nos orilláramos. Pensándolo en retrospectiva ¡qué carajos hacíamos a esas horas parándonos a la mitad de la nada! por suerte no fuimos secuestrados por ningún comando armado.

Quince minutos después estábamos, junto a un funcionario del Estado de Guanajuato, viendo, con ojos vidriosos, una plancha de concreto, sin ningún chiste, como de 500 m2 donde, algún día, existirían unas mega oficinas y un centro de distribución. Mi quijada llegó al piso ¿para eso nos habían citado? ¿para ver un pedazo de llano aplanado? ¿y eso para qué nos servía a nosotros? Ni siquiera se podría tomar una foto decente del lugar.

De regreso, cual cereza en el pastel, tuvimos un problema horrible en la carretera: justo en un cambio de velocidades ¡¡me quedé con la palanca en la mano!! mi esposo no me creyó hasta que la levanté en vilo hasta a la de nuestros ojos. Entonces, cual avión sin motor, me detuve en un camino de tierra… otra vez, a la mitad de la nada y sin cobertura de celular. Lo mejor de ese día fue el maravilloso ingenio de mi marido que, después de revisar la conexión de la caja de velocidades y su palanca, se dió cuenta de que un tripié que llevábamos, tenía un tornillo del mismo calibre del que se safó. Hizo maravillas para colocarlo en el lugar correcto y pudimos regresar en una sola pieza.

Al final ese tremendo viaje no redituó en un proyecto atractivo, pero me convenció para cambiar de compañía telefónica. Actualmente, con los servicios de GPS y Google maps dudo que nos perdiéramos, pero también dudo que aceptaría ir tan lejos y tan temprano para ver algo que no valía la pena y que tampoco influía en mi trabajo.

Otro lugar que nunca debemos aceptar como punto de reunión con un prospecto desconocido es la calle, como lo platiqué en una entrada anterior (Terrorífica cita con un prospecto).

También debemos de desconfiar de prospectos que se presentan como miembros de alguna compañía, pero que jamás nos citan en sus oficinas. Tuve la mala fortuna de verme varias veces con un fulano en diferentes cafeterías, pero nunca en su oficina. Al final, cuando le entregué el proyecto, se desapareció y se llevó mi factura con la promesa de comenzar a tramitarla. Cuando llamé a su empresa me dijeron que ya no trabajaba allí ¡desde hacía dos años! y a mí, por supuesto, ni me conocían.

Si tu cliente tiene una oficina, despacho, trabaja en una tienda, local o empresa, nunca debes aceptar hacer citas en su casa y menos fuera del horario de oficina. He escuchado historias de terror de diseñadores freelanceros que, por andar quedando bien, se prestan a muy malos entendidos cuando aceptan visitar al cliente en su departamento, en sábado, a las 8 de la noche… Ser profesional independiente no implica que te debas prestar a los caprichos o movidas chuecas de los clientes.

En otra ocasión me contactó un señor para que fuera a hacer unas fotos de una casa que quería vender en el Ajusco. No me dio la dirección exacta y me pidió que lo viera en una tienda de conveniencia que estaba de camino. Desde que llegamos a la casa me quedó claro que allí vivía un artista con mucho dinero, o un político o de plano un narco. Había cámaras de seguridad por todos lados, el personal de seguridad me vigilaba todo el tiempo y yo tenía una mala corazonada. Cuando me pude meter al baño le envié a mi esposo la dirección del lugar donde me encontraba, no fuera a ser la de malas. Al final no pasó nada, pero me pidieron con insistencia que, una vez entregado el trabajo, borrara las fotos originales… ayayayayay.

Los clientes siempre entienden para su conveniencia

Una de las características que los clientes, o sea TODOS NOSOTROS, compartimos es nuestra asombrosa capacidad para interpretar las ofertas comerciales siempre a nuestro favor. Tal parece que nuestro cerebro está diseñado para “entender lo que nos conviene” en muchas situaciones de la vida, especialmente con las transacciones donde debemos desembolsar dinero.

Basta con recordar cómo se atora la fila del supermercado porque la cajera no logra hacerle enterder a una persona que, para que el 3 x 2 en licores funcione, debe llevar obligatoriamente 3 botellas de la misma bebida. El enojado cliente reclama que el descuento de una sola botella debe ser del 34%.

Ejemplos como el anterior sobran, pero ¿como se aplican al trabajo freelance? Por ejemplo, a mí me ha pasado que en las cotizaciones describo los diferentes tipos de archivos y aplicaciones que le entrego al cliente: claramente escribo Archivo tipo A o Archivo tipo B o Archivo tipo C sin embargo lo que muchos clientes leen es “Archivos tipo A, B y C” y, aunque no les sirvan para un carajo los archivos tipo A y C, los espera en el momento de la entrega. ¿Gandallez? no lo creo, desde hace un rato dejé de hacer berrinches con los clientes que “entienden para su conveniencia” porque da la casualidad de que el 99% de ellos son (somos) así.

Así que piénsalo dos veces antes de decirle a un cliente “Le entregaré el proyecto lo más pronto que pueda”: probablemente tú estás pensando en trabajar de tiempo completo en el encargo, pero tal vez el cliente se quedará con la idea de que te vas a desvelar dos días seguidos para entregar el lunes a las 9:00 a.m.

Una vez que nos queda claro este “defecto humano” podemos tomar decisiones más consientes al momento de presentar los términos de un proyecto. Debemos ser sobradamente claros al redactar nuestras cotizaciones, porque si algún término/caracterísica/cláusula son vagos, el cliente simplemente “llenará los espacios vacíos” y los entenderá a su favor.

Te sugiero que, en la medida de lo posible, en el momento de pactar un nuevo proyecto, le reiteres a tu cliente qué es lo que va a recibir, cuándo lo va a recibir y cuánto cuesta lo que está solicitando. Creéme, más vale aclarar cualquier malentendido en ese momento y no cuando el cliente se sienta “engañado” porque no le quedó claro que el precio era “por cada una de las ilustraciones y no por el libro completo”.

Y si bien es posible la mayoría de las personas actúan inocentemente al “entender para su conveniencia”, no faltan los colmilludos del área de compras que tratarán de conseguir que les entregues mucho más de lo que originalmente se había pactado. Por eso es básico que en tus cotizaciones agregues el clásico renglón que reza “Cualquier punto no contemplado en la presente será cotizado aparte”.

¿Ya leiste el libro “Apuntes de una oveja freelancera”? ¿no? ¡¿pues qué esperas?!

Yo confieso que no leí completo el libro de mi querida @Blogylana, pero déjenme les explico porqué: cuando comencé a leer los primeros capítulos tuve que dedicarle varios ratos a platicárselos a mi marido. Como él también es freelancero, me apuró para que se lo pasara, así que mejor decidimos continuar leyéndo juntos, en voz alta y por turnos. Los temas financieros que aborda el libro nos dieron excelentes ideas para controlar mejor nuestro ahorro. Ahora la palabra “buffer” ya se volvió parte de nuestro argot.

Las secciones “Cómo dejarse de morder las uñas por el próximo pago” y “Hacer un presupuesto con ingresos irregulares” valen su peso en bonos del tesoro.

El capítulo IV Sin facturas no hay paraiso contiene una de las explicaciones más didácticas que he leido sobre el tema del pago de impuestos en México para autoempleados. Por cierto: mi contador cumple con la descripción del contador modelo que comenta la autora :)

Personalmente el capítulo que más me dejó pensando fue el VII Corazón freelance: a ratos me cuesta trabajo mantener mis niveles de automotivación en un punto óptimo. La paciencia tampoco es uno de mis fuertes, pero me queda claro que hay que ejercitarla más de lo que quisiera ¡todo sea por no volverse un “Grumpy freelancer”!

Si estás pensando en volverte freelancero o si, como yo, ya llevas un buen camino recorrido como profesionista independiente te invito a que inviertas menos de $200 pesitos y adquieras este honesto y divertido compendio de consejos y tips para mejorar tu vida independiente.

Apuntes de una oveja freelancera
Sonia Sánchez Escuer
Páginas: 232 páginas
ISBN:
978-607-07-1618-8
Editorial:
Planeta
Publicación:
Abril 2013

Deja de perder tiempo con solicitudes bobas

Tres de cada cuatro solicitudes de cotización que recibo por correo se leen así:

“Hola, estoy viendo su página de internet y me gustaría saber cuanto me costaría algo así. Por favor envíeme sus precios. Me interesa mucho.”
Enviado desde cosita_bonita84 @ yahoo.com

Pescadito2Sobra decir que esta solicitud no tiene los datos necesarios para realizar una propuesta económica formal. En mi experiencia, cuando recibo un correo tan poco descriptivo, ya sé que se trata de una solicitud de alguien que “pasaba por allí” y se le antojó algo de lo que vió, seguramente no va a comprarme nada, pero igual pregunta, nomás por tener el dato. A veces también pienso que se puede tratar de mi competencia que está averiguando mis costos.

Cuando recibo una solicitud de este tipo contesto simplemente: “Para elaborar una cotización a la medida requiero conocer algunos detalles sobre su proyecto, por favor contácteme al teléfono tal.” Pero recientemente se me ocurrió que podía crear un pequeño formato que desaliente al preguntón casual, pero que atraiga al verdadero prospecto:

Sr. Fulanito:
Gracias por escribirnos.
Para elaborar una cotización formal requerimos la siguiente información:
  • Una breve descripción de su proyecto.
  • Requisitos específicos (técnicos, alcances del proyecto o restricciones de tiempo).
  • ¿Tiene asignado un presupuesto para la realización de este proyecto?
También necesitamos:
  1. Nombre de su empresa.
  2. Nombre del responsable de la solicitud.
  3. Correo electrónico de la empresa o dependencia a la que se enviará la cotización (gracias por no utilizar un correo de Hotmail o Yahoo).
  4. Teléfono fijo de la empresa o dependencia.
Una vez recibida su información le enviaremos, a la brevedad, una cotización formal.
Saludos cordiales.
Firma del despacho o del freelancero
con teléfono y sitio web.

¿Te pareció que este formato es muy mamón*? puedes agregar o eliminar los datos que mejor se adapten a tus servicios, pero te sugiero que obligues al prospecto a formalizar su solicitud a través de sus datos comerciales, si tú eres un profesional puedes pedir que la solicitud del prospecto también lo sea. Si a la persona que te envió el email le da flojera contestarte, no te preocupes, seguramente se trataba de alguien que realmente no necesitaba de tus servicios, pero si te contestan el formato con todo los datos ¡apresúrate a preparar y enviar una hermosa cotización!
Hacer una cotización formal puede ser una actividad que sólo te tome 10 minutos, pero hay ocasiones en las que tendrás que invertirle horas, por eso es importante que la solicitud tenga los requisitos que te den un poco de certeza sobre el solicitante. Si yo le dedicara el tiempo necesario a elaborar una cotización formal a cada solicitud boba que recibo ¡no me quedaría mucho tiempo para trabajar!

Adicionalmente, te sugiero que nunca envíes una lista de precios al primer desconocido que te la pida, o ¿irías al cine con el primer extraño que te lo pidiera en la calle?

¿Y qué pasa si es un particular el que requiere de mis servicios? te confieso que en toda mi experiencia como freelancera solamente en dos ocasiones he tenido clientes particulares que ni factura me pidieron, fuera de esos casos, todos los clientes que he tenido son entidades comerciales, desde un profesionista independiente hasta una dependencia de gobierno. De todas formas, si la mayoría de tus clientes son particulares, te recomiendo que generes una especie de machote o modelo de respuesta que te permita filtrar las solicitudes que se convertirán en cotizaciones formales.

Otra ventaja de tener los datos comerciales del prospecto es que puedes hacer una llamada de seguimiento para conocer el estátus del proyecto, averigüar si hay dudas sobre tu propuesta y confirmar si existe la posibilidad de que se realice el trabajo.

Unas últimas palabras, nomás para no hacer “entripado”

Querido cliente/prospecto: cuando solicite una cotización formal, sea considerado, lo que está pidiendo requiere que una persona se dedique un rato a trabajar gratis, con vistas a que tal vez se realice el trabajo que esta ofreciendo. Entonces ¿sería mucho pedirle que, cuando la reciba, conteste el correo con un indoloro “Recibido, gracias”? Ser cortés con un posible proveedor no lo compromete a nada, pero habla bien de usted. Puede que piense que es la obligación de un freelancero enviarle todas las cotizaciones que le pida, pero, no contestar nada a cambio, es simple majadería.

*Mamón (en México): Persona o situación muy pesada, soberbia o pedante. 

El secreto de los veteranos: Especialización

Cuando salí de la Universidad estaba convencida de que era capaz de trabajar en cualquier área del diseño gráfico. No le tenía miedo a ninguna solicitud de los clientes y me las arreglé para resolver requerimientos completamente diferentes: desde serigrafiar camisetas hasta diseñar un folleto, programar una página web, tomar fotos de producto, hacer interactivos y lo que me pusieran enfrente ¡yo era la maldita Mujer Maravilla!

Durante varios años consideré que mi arsenal de herramientas y la variedad de proyectos que podía abordar eran mis mayores ventajas, pensaba que, sin importar lo que el cliente pidiera, yo podría resolverlo valientemente, era, lo que se dice en México, muy entrona*. Me sentía altamente competente y mi sitio web lo reflejaba: Se hace diseño editorial, multimedia, collage 3D, fotografía, stands, diseño de logotipos, etc. etc. Cuando de plano no tenía los medios para atender una solicitud recurría a un tercero al que le encargaba esa parte del trabajo.

Todo eso sonaba muy bien, hasta que un día alguien me preguntó –¿Y cuál es tu especialidad?– A lo que le contesté de la forma más idiota que pude –Todas las áreas son mi especialidad y lo que no sé lo averigüo.– Cada que me acuerdo de esa respuesta me río… pero de la pena que me da haber tenido tan poca visión al respecto de mi trabajo y, por lo tanto, del tipo de clientes que tenía.

Con los años tuve la capacidad de evaluar cuales eran mis áreas fuertes, cuáles eran los proyectos que más me atraían y cuáles eran los mercados más interesantes, así encontré cuales eran mis verdaderas especialidades: proyectos específicos que me salían muy bien, que me gustaba hacer y que tuvieran un mercado que lo solicitara. Entonces comencé a dedicarle más tiempo a buscar proyectos interesantes, para un mercado determinado que tuvieran que ver con el área de mis mejores habilidades. Trabajé para volverme endemoniadamente buena en ese nicho donde me convertí en especialista. Todavía puedo realizar otro tipo de servicios de diseño, pero ya no me promuevo como “todóloga”. Ahora que ya tengo un portafolios envidiable en mi especialidad, puedo cobrar como tal.

Ahora voy a comparar este planteamiento con algo más simple: la comida.

Cerca de mi casa existía una carnicería que, con una visión empresarial bastante improvisada, comenzó a vender los fines de semana, tacos de carne asada. Tenían tan buen sabor que al poco tiempo colocaron tres mesas sobre la banqueta. El negocio florecía gracias a los antojos de mis carnívoros vecinos. El lugar siempre estaba hasta el gorro**, pero los comensales esperaban pacientemente sus tacos.

Entonces los dueños tuvieron la mala idea de “enriquecer” su menú con tacos de guisado, enchiladas, pozole, mole, paella y nuggets para los niños. Por lo que escuché, los nuevos platillos “estaban bien” sin ser nada especial. Poco a poco la especialidad de la casa se diluyó en el mar de una oferta caótica que requirió de más personal y más trabajo en la cocina. Entonces sucedió lo lógico: empezaron a perder clientes ¿quién quería gastarse el tiempo en un lugar que ofrecía “todo y nada”?

Los dueños entraron en pánico y comenzaron a actuar de forma desesperada para atraer clientes: ponían música a todo volumen y cada fin de semana decoraban con un  tema distinto (un día fueron globos, pero en otra ocasión fue una piñata usada de gran tamaño y que daba miedo). Ante las fallidas “estrategias” optaron por abrir todos los días para ofrecer comidas corridas, pero no muchos querían degustar su sopita aguada bajo las extrañas lonas que colocaron en la época de lluvias. Tristemente cerraron al poco tiempo. Sospecho que se quedaron con deudas porque ni siquiera conservaron la carnicería original. ¿Y si mejor le hubieran sido fieles a la especialidad que los distinguía?

El otro día, mi esposo y yo comimos en un Toks, quedé sorprendida por la extensión de la carta, realmente no se les había escapado nada suceptible de ser puesto en un plato. Me daban ganas de preguntarle a la mesera si tenían alguna especialidad, pero corría el riesgo de que me dijera, que lo mejor de la carta, eran los platillos franceses más caros. Y si voy a pagar mucho por un platillo francés mejor voy a Au pied de Cochon, o al Lipp que son restaurantes verdaderamente especializados.

Te invito a que evalúes los servicios que ofreces como freelancero o despacho de diseño ¿realmente tener una oferta grande de productos te ayuda a obtener más ingresos? o, por el contrario ¿gastas más recursos teniendo más equipo, herramientas y personal para atender muchos proyectos chiquitos?

*Entrón (a): Persona que nunca dice “no” a un trabajo difícil. Aborda los retos sin miedo y con muchas ganas, casi con ánimo peleonero.
**Hasta el gorro: Lugar que se encuentra muy, pero muy lleno.

¿A cómo el kilo de diseño?

¿No odian cuando alguien  llama para preguntar, así en caliente, – Oye ¿y cuánto cobras por hacer un [ escriba  aquí el proyecto de su preferencia ]?

¿A cómo el kilo de diseño?Yo hago berrinche cuando un prospecto llama y, antes de terminar el saludo, pregunta: ¿A cómo el kilo de diseño? Entonces hago acopio de fuerzas y le contesto con otra pregunta –¿Me podría platicar un poco más sobre su proyecto? me gustaría tener mayor información para asesorarlo mejor.– Después de escuchar los requisitos, deseos y alucinaciones del prospecto evalúo el proyecto y, si realmente me interesa, le ofrezco enviarle una cotización por escrito. Procuro, hasta donde me es posible, nunca andar soltando precios a lo menso cuando un prospecto me presiona por teléfono. Como lo que vendo no es un producto sino un servicio es importante que el prospecto sepa que el proyecto que solicita será desarrollado a la medida de sus requerimientos y que no será algo que simplemente sacaré de la bodega.

Si el prospecto me deja su nombre completo, teléfono fijo y correo de su empresa, puedo estar casi segura de que se trata de una solicitud formal que deberé tratar con atención. Pero, si me dió un correo “para spam”, un teléfono celular y me dijo que era un “particular” entonces nada más le redacto un correo rápido con los costos de su solicitud. No puedo, ni debo, dedicarle tanto tiempo a una solicitud informal, de un “hijo de vecino”, que tiene pocas probabilidades de concretarse.

Hacer cotizaciones a veces me toma más tiempo del que debería, pero me encanta pulirlas y dejarlas claras y vendedoras. Por eso me choca que, después de enviar una cotización compleja y “urgente”, el prospecto actúe como si se lo hubiera tragado la Tierra ¿acaso es mucho pedir que me contesten con un simple “Recibido, gracias”? Así por lo menos confirmaría que mi email llegó correctamente a su destino y no se perdió en el limbo. Un poco de cortesía no le cae mal a nadie.

Y tú ¿qué haces cuando te preguntan “A cómo el kilo de diseño”?

Otra historia de impuntualidad

La semana pasada me invitaron a tomar un curso gratis y pues, como dicen en mi pueblo, “Gratis hasta las puñaladas”. Me apunté más que encantada. La duración del curso era de dos horas y media y nos citaron a las 11:30. Como llegué 10 minutos antes me dió tiempo de comprarme un delicioso café/postre. A las 11:29 ya estaba sentadita en un pequeño auditorio con cupo para 50 personas. A las 11:40 ya había cerca de 40 personas listas para aprender los secretos que nos compartiría el instructor. A las 11:45 el organizador comentió un error fatal: se paró al frente y nos dijo, muy amablemente, que ibamos a esperar 10 minutitos más –Por si alguien viene retrasado. Total que comenzamos 25 minutos tarde. Esa pérdida de tiempo se tradujo en una “corretiza” al final de la sesión donde el instructor se vió obligado a terminar su presentación a trompicones pues muchas personas comenzaron a retirarse puntualmente a las 14:00 hrs. El organizador ya no tuvo la oportunidad de mencionar los descuentos especiales para los asistentes.

¿Cuál el error fatal del organizador? Teniendo, a las 11:40, un quórum de 40 asistentes, le dió preferencia a “personas fantasmas” que no sabía si existían; ni siquiera estaba seguro de su llegada (yo sólo conté a una asistente tardía que arribó cerca de las 13:00 hrs.) La lógica del organizador fue avara pues prefirió sacrificar la ganancia de 40 prospectos reales en función de otros 10 posibles asistentes que nunca llegaron. La consecuencia de esa espera fue que el evento realmente duró dos horas, terminó a las 14:00 hrs. de forma apresurada y sin un cierre apropiado para convertir a los asistentes en clientes. ¡Tanto trabajo para nada!

Moraleja: Sean considerados con las personas que hiceron lo necesario para llegar puntuales a una cita, la mexicana amabilidad para “con los que no han llegado” se puede convertir en un problema de logística que les reste puntos positivos frente a los prospectos que mostraron interés asistiendo puntualmente. En los negocios casi siempre sólo tenemos una oportunidad de dar una buen impresión, no la desperdicien. Ojo: tampoco se trata de citar a la gente media hora antes de lo esperado, como en boda, porque entonces estaríamos malgastando 30 minutos de las personas que sí saben llegar puntuales.

Tips para freelanceros (3)

Implementando tu oficina en casa

Conozco pocos freelenceros que trabajen solos en una oficina fuera de su casa. La mayoría trabaja en su hogar, bajo diferentes condiciones.

Cuando terminé la carrera y comencé a atender a mis primeros clientes trabajaba en mi cuarto, donde tenía mi restirador y un escritorio para mi computadora. Todo era felicidad, hasta que un día me visitó un prospecto y me sentí muy mal de que viera mis cajones “vomitando” ropa, las repisas de libros infantiles y un cerro de zapatos en el rincón. Era un escenario poco profesional.

Hoy tengo la fortuna de contar con un cuarto que mi esposo y yo convertimos en un despacho compartido. Sin embargo, dedicar una habitación entera para convertirla en estudio no es una opción viable para quienes viven en departamentos pequeños o casas con muchos habitantes.

Trabajar como freelancero en un entorno casero implica una serie de retos y obstáculos que sugiero que evalúes con ojo crítico en beneficio de tu labor profesional. Mientras mejor instales tu oficina en casa mayor será tu productividad.

Designa tu espacio. Suena obvio, pero es indispensable que definas un espacio en común acuerdo con el resto de los habitantes de tu morada. No elijas un lugar, como la mesa del comedor, que tendrás que desarmar cada que tengan un festejo familiar. Aduéñate de un rincon de la casa donde puedas trabajar sin problemas por lo menos 8 horas al día.

Pinta tu raya. Debes comunicar claramente que tu lugar de trabajo no es un espacio abierto para que cualquiera lo use, tu computadora no debe ser compartida, tus post-its sólo los puedes usar tú y nadie debe tomar nada de tu lugar de trabajo. Si no puedes dejar en claro esta “territorialidad” será frecuente que te encuentres a los primos “facebukeando” en tu escritorio.

Aléjate de las distracciones. Si existieran las condiciones ideales, una oficina en casa, debería estar en un lugar silencioso, donde puedas tomar la llamada de un cliente sin que se escuchen los gritos de los niños. Que se encuentre lejos de la TV familiar, apartada de las zonas más transitadas. Si compartes tu dormitorio con otra persona te sugiero que no establezcas tu oficina en ese lugar, puede llegar a ser conflictivo que trabajes hasta la madrugada mientras la otra persona necesita descansar.

Evita. Las famosas “estaciones de trabajo” con ruedas o “carros de computadora” pueden parecer, al principio, una buena solución, pero te confirmo que, por experiencia personal, son muy incómodas para el trabajo de diseño gráfico: no tienes lugar para bocetar, ni colocar un libro o revista abierta, no tienen cajones y son estructuralmente inestables. Podrán verse muy bonitas en la tienda, pero, ya armadas en casa, se vuelven un “mogote con cables” difícil de ubicar.
Te recomiendo que inviertas en un escritorio y un librero que puedan albergar toda la parafernalia que necesitas para trabajar. No olvides pensar en los elementos que te ayudarán a mantener el orden como el archivero, la caja para guardar los cables de todos los gadgets y los cajones donde guardaremos múltiples chucherías.

Sé creativo.  Recuerda que los muebles se llaman así porque puedes moverlos, así que contempla hacer algunos movimientos para encontrar la mejor ubicación para tu oficina casera: ¿cuánto tiempo tiene que quieres deshacerte de esa horrible alacena que te heredaron? ¿no te encantaría hacer una limpieza radiacal en el cuarto de los tiliches que nadie usa? ¿ya pensaste que tiene como cinco años que nadie se ejercita en la gigante “máquina maravilla” para hacer abdominales?
Uno de los espacios más desperdiciados en las casas son las áreas verticales. A mí me encantan las repisas que permiten usar las paredes hasta el techo.

Aquí te presento algunas ideas que encontré a través de Pinterest. Muestran cómo podemos aprovechar los espacios más pequeños para establecer una oficina casera, dentro de un clóset o debajo de las escaleras.

Puedes ver otras ideas para oficinas caseras en mi Pinterest.
Tal vez te interese escucharnos a @Blogylana y a mí platicando en su podcast sobre “Cuánto necesitas para empezar como freelancero”.

¿Tienes una oficina casera como para presumir? compártenos una foto de ella y coloca la liga en los comentarios, si reunimos suficientes podríamos crear un board en Pinterest.

Tips para freelanceros (2)

3monkeys

La falta de comunicación con el cliente

Este post está inspirado en la historia que un diseñador me compartió, aquí un resumen:

El Diseñador X realizó el diseño de logotipo para una amistad, ex compañera del trabajo, la llamaremos la Señora Z.  Más adelante esta señora le pide el diseño del sitio web, pero el diseñador recomienda a su esposa, la Diseñadora X, como la experta para la realización de ese proyecto: un ambicioso sitio web que debía competir con el sitio líder en bebidas alcohólicas PERO, obviamente, con un presupuesto muy reducido.

La relación fue mala desde el principio: la Señora Z no entregó la información completa, tuvo periodos largos de silencio seguidos por arranques de “superurgencia” para ver avances del sitio. La Diseñadora X creó un sitio que consideraba que respondía a los requerimientos de la clienta, pero carecía, por restricciones de presupuesto, de varias característica glamorosas que la clienta no estaba dispuesta a pagar. Entonces la Diseñadora X comenzó aperder la paciencia: mientras era presionada para terminar el sitio, recibía una lluvia de modificaciones porque a la Señora Z no le gustaban sus diseños.

La gota que derramó el vaso fue la recepción de un sorpresivo Power Point, que elaboró la Señora Z. Contenía la diagramación exacta que se imaginaba para su sitio. Ese archivo estuvo acompañado de un texto que podría matar a cualquier diseñador: – Justo así lo quiero, sólo agranda el logo y haz copy/paste de lo demás, ya para dejar de estar jugando.–

… al final nunca se terminó la página web.

Entonces ¿qué hacer si un cliente te dice que no le gusta el trabajo que estás realizando? Antes de que eso suceda hay que tratar de prevenir este desafortunado escenario manteniendo una buena comunicación:

Haz un Reality-check

Entérate, desde la primera reunión, de cuáles son las espectativas de tu cliente. En más de una ocasión he escuchado a personas que no tienen contacto con la realidad y piden, así nomás, que les diseñes una comunidad para internet, como Facebook, pero para México… y con un presupuesto ridículo. En ese momento es tu deber convencer a ese cliente que sería bastante complejo (y estúpidamente caro) replicar un sitio tan ambicioso. Si el lunático cliente insiste en sus metas poco realistas ¡aléjate lo más rápido que puedas! Dile que tú no eres la persona indicada para ese proyecto y ponte a buscar otro prospecto.

Escucha a tu cliente y pregunta

A mí me cuesta mucho trabajo no acribillar a los prospectos con preguntas desde la primera oportunidad. Por supuesto que es fundamental no quedarse con dudas, pero es indispensable que PRIMERO el cliente nos proporcione toda información, que explique qué es lo que piensa que necesita, sus tiempos, presupuesto, etc. La cantidad de información que podemos obtener mientras escuchamos y observamos atentamente a un prospecto es valiosísima. Si realizas una buena buena interpretación de la comunicación verbal y no verbal que te proporciona un prospecto, tienes una magnífica oportunidad de hacer las preguntas claves que te ayudarán a definir el proyecto y así dirigirlo por el mejor camino. Si tienes éxito en esta etapa te evitarás muchos dolores de cabeza posteriores.

No hagas sólo lo que tú consideras correcto creativamente

Si tienes a un prospecto indeciso, que no te da mucha información sobre la dirección artística del proyecto, debes averiguar más sobre sus gustos estéticos, no para copiarlos, pero sí para definir un línea estilística más acorde a lo que busca. Se trata de evitar que un cliente “poco aventurero” sea sorprendido con propuestas que lo lleven a territorios desconocidos y lo hagan sentirse inseguro con tu trabajo. Tal vez tus amigos están fascinados con tu técnica de ilustración tipo Manga-Tarantino, pero ¿en realidad es buena idea utilizar ese estilo para el folleto de mastografía que te solicitan?

Tú debes controlar al cliente no al revés

Cuando comiences a trabajar con un cliente es importantísimo que establezcas un cronograma que indique las fechas de cumplimiento de cada una de las tareas que ambos realizarán, como la entrega de la información, la presentación de las propuestas, las revisiones del proyecto y su aprobación, la fecha de la entrega final, pagos, etc. No permitas que el cliente se quede mudo más de dos días, envíale un email indicándole cláramente qué requieres y para cuando lo necesitas. Si no te responde ¡llámalo! una conversación telefónica puede ser mucho más efectiva que muchos correos. Nunca esperes a que el cliente te busque para saber cómo va su proyecto, mantenlo al tanto del desarrollo según el cronograma previamente convenido, y, por favor, cúmplelo al pie de la letra, solo así podrás exigirle lo mismo.

Tu eres el experto, por eso te pagan

Hay pocas situaciones tan malas como la de un cliente que piensa que los freelanceros somos algo así como un obrero gráfico, que solo presta sus manos para elaborar la idea del cliente “justo como él o ella se lo imaginan”. Desde el principio debes dejar en claro que eres un profesional que aportará sus conocimientos, ideas y creatividad en favor de los objetivos del cliente. No te conformes con ser un “pegotero con pedigree”.

Tips para freelanceros (1)

¿Quién consideras que es un buen cliente? ¿el que te encarga más trabajo? ¿el que te paga más? ¿el que es tu amigo? ¿el que te paga a tiempo? Durante la siguiente serie de posts escribiré tips para obtener mejores proyectos y buenos clientes.

Escoge el proyecto adecuado

Un error común entre los freelanceros es creer que su mejor cliente es el que les da más trabajo. Probablemente pienses que quien te llena de solicitudes y proyectos es, necesariamente, quien te paga más y por lo tanto es tu mejor comprador… y probablente no sea cierto. Hace unos años tuve un cliente super buena onda y simpático que me llenaba de trabajitos: diseñame este gráfico, hazme este letrerito, retócame estas fotos, imprímeme un lona, hazme un collage, etc. La verdad es que por hacer este tipo de chambitas no le podía cobrar mucho, pero me consumían una buena cantidad de tiempo. Así que un día me senté a revisar exáctamente cuánto ganaba al mes con este cliente y lo contrasté con el tiempo que invertía en él: llamadas, visitas, cambios, entregas, impresiones y demás. Me fui de espaldas cuando me dí cuenta que la ganancia era ridícula en comparación del tiempo invertido, prácticamente estaba trabajando para cubrir los gastos generados por el proyecto y regalando mi tiempo. Entonces tomé una decisión poco fácil: despedí a ese cliente.

Entendí que, si quería vivir decorosamente, debía encontrar el balance correcto entre el tamaño de los proyectos y los ingresos que estos me reportaban. No debía llenarme de trabajitos sencillos y chiquitos que cobraba barato y me ocupaban todo el tiempo. Obviamente subir el precio de mis servicios no era la solución pues me saldría del “precio de mercado”. Había muchísimos otros freelanceros que estarían dispuestos a realizar el mismo trabajo por un precio igual o hasta menor.

La opción que debía seguir era la de especializarme en un área diferente a lo que cualquier diseñador hace, que se pudiera cobrar mejor y que, por supuesto, tuviera suficiente demanda. Tuve que aprender e investigar nuevas cosas, invertir en equipo especial y desarrollar una nueva imagen para ofrecer los nuevos servicios. Este proceso fue complicado y un poco lento, pero valió la pena, ahora me llaman prospectos que tienen proyectos cuya complejidad y duración me permiten cobrar un precio que me genera una utilidad justa.

Otro problema, misma solución

Hace tiempo mi esposo colaboró con el diseño de los muebles de una tienda especializada en la venta de dulces al menudeo. Se trataba del relanzamiento de imagen para sus sucursales en centros comerciales. Cuando el dueño vió la propuesta del nuevo mostrador/caja de la tienda se espantó al no ver el espacio que siempre tenían destinado para los chicles –Aquí necesito que me incluyan tres repisas grandes para los chicles ¡son nuestro producto estrella!– dijo.
Después de observar y evaluar cual era el movimiento de los productos que se vendían en la dulcería llegaron a la reveladora conclusión de que, si bien los chicles era el producto que más se vendía, también era el producto que, por su precio bajo, menos ganancias les reportaba. Se dieron cuenta que el producto que mayores utilidades les generaba eran los vasos de verduras con chamoy y otros aderezos. Esos vasos eran preparados en una cocina oculta y no eran muy solicitados porque muchos clientes ni siquiera sabían que existían. Entonces el diseño del mostrador se enfocó a presentar estos vasos como “la especialidad de la casa” mostrándolos a los clientes que babeaban mientras veían su preparación. Las utilidades aumentaron dramáticamanete. Los chicles quedaron relegados a tercer término y el nuevo mobiliario se adaptó para todas las tiendas.

La moraleja

Si ofreces lo mismo que cualquiera hace, no podrás cobrar más y necesitarás muchos clientes (y tiempo) para obtener las ganancias que te permitan vivir de tu trabajo.

Te cuidado con los clientes manipuladores

TitireteroEl otro día estaba oyendo en el radio la participación del sicoterapéuta Mario Guerra. Hablaba sobre las personas manipuladoras que se aprovechan de los demás sin tener respeto por la persona, su tiempo o su trabajo. Los llamó “titiriteros emocionales” porque saben qué hilos jalar para que tú hagas lo que él o ella quieren.
Mientras escuchaba la descripción de este tipo de personas me acordé perfectamente de varios ex-clientes y las formas en que me manipularon, cuando yo era más inocente.

Te comparto las características de estos malos clientes (o malos jefes) para que los identifiques, o confirmes si ya te has topado con alguno:

  • Un manipulador te hacen sentir especial porque te eligió a ti: de todos los demás tú fuiste el privilegiado que tiene el honor de trabajar para ellos. En general adulará tu trabajo, para que creas que te reconoce, pero sólo será así mientras le seas útil y atiendas sus necesidades, a veces exageradas, sin detenerte a pensar si te conviene trabajar para esta persona. En el momento en que ya no le resultes útil dejará de tomarte las llamadas y contestarte los correos. Obviamente le tendrá muy sin cuidado pagarte lo que te debe.
  • Los clientes manipuladores se presentan como personas muy buenas, muy generosas y no tienen empacho en presumirte lo valiosas que son para la sociedad; te lo dicen para que confíes plenamente en ellos y hagas cosas que normalmente no harías, por ejemplo, esperarlos horas para que te reciban. Pero recuerda: es muy probable que te estén choreando*. A tí no te consta nada de lo que te cuentan. Piensa que, por lo general, las personas verdaderamente bondadosas no andan presumiedo sus méritos a la primera provocación.
  • Cuando solicitas un anticipo a este tipo de clientes, te toparás con mil excusas para negártelo: te cuentan sus historias de genios incomprendidos, de víctimas de robos de todo tipo, te convencerán de que tienen vidas muy complicadas y son seres atormentado por las circunstancias. Al final apelan a tu empatía y solidaridad para que trabajes sin un anticipo.
  • Para ellos no hay horarios, te llamarán a la hora en que se les ocurra una solicitud y esperarán que los atiendas como si trabajaras exclusivamente para ellos. Siempre demandan una respuesta rápida de tu parte, no te dan tiempo de evaluar adecuadamente su proyecto, necesitan una respuesta afirmativa inmediata. Este es el tipo de mal cliente que te pide que lo visites en su casa, un domingo por la noche, para que le muestres cómo va el trabajo que le estás haciendo.
  • Los clientes manipuladores son muy hábiles para marearte con sus palabras, su objetivo es que les digas que sí a todo lo que te solicitan. Si recibes una llamada de este tipo de personas es probable que, cuando cuelgues el teléfono, sientas que algo no está bien y que te comprometiste con cosas que no son adecuadas. Ten cuidado, conviene hacerle caso a tu instinto de conservación, si consideras que el cliente se aprovechó de ti a la mala, corre y dile que has reflexionado las solicitudes y que debes hacer alguna observación.

Cuando confrontes a un cliente manipulador es probable que te responda con ataques directos como: –¡Qué mal, yo pensé que estaba tratando con un profesional!– o –No me hagas esto a mí ¿qué no te das  cuenta del problema en que me encuentro?– o –No me hagas perder el tiempo ¿puedes o no puedes hacer el trabajo?– En cualquier caso es importante que estés calmad@ y no permitas que esta persona te obligue a trabajar para ella si no estás de acuerdo en las condiciones.
Y como reza el dicho Más vale decir “aquí corrió” que “aquí murió”.

* Chorear: en México, significa que alguien te atrapa en una red de mentiras.

pleca
En otras historias más agradables, les cuento que la escapadita a Puebla de la semana pasada estuvo muy interesante, me encantó participar en el evento Living Design de la UADLAP. Gracias a los organizadores por la estancia y todos los detalles, estuvo de lujo.

También les platico que me gustó que en el evento Diseño en Escena de la UVM se animaran a hacer muchas preguntas, me gusta la idea de poder compartir mis experiencias y descalabros con los estudiantes de diseño.
Aprovecho para compartir mi emoción por la invitación que recibí para ir a mi amada ENAP a dar la plática Lo que me hubiera gustado saber cuando terminé la universidad. Todo apunta a que el 6 de mayo a las 17:00 hrs. regresaré a mi Alma Mater. Aprovecharé para ver cómo ha cambiado mi escuela en los últimos veintitantos años ¿seguirá vendiendo café el cafenauta?

No seas tu enemigo a la hora de cobrar

UnsureTodo el tiempo veo cómo nos quejamos de los clientes que no pagan a tiempo y que se hacen que la virgen les habla a la hora de hablar de dinero. Sin embargo, para ser justos, también hay que aceptar que muchos jóvenes freelanceros se ponen en una situación desventajosa a la hora de recibir el pago por su trabajo.

Parece mentira, pero tengo conocidos que, bajo miles de pretextos, aún no se han dado de alta en el SAT; por lo tanto no cuentan con recibos de honorarios o facturas. Son los clásicos compañeritos de la escuela que nos llaman después de años de no verlos para pedirnos que, por favorcito, les prestemos una factura o recibo para poder “cobrar un trabajito para un cliente malaondita que no quiere soltar el dinero si no es a cambio de dicho papelito”. Confieso que yo, en un malentendido sentido gremial, “presté” un recibo de honorarios para que un “pobrecito” compañero pudiera realizar su trámite. Obviamente acordé que el IVA me lo tendría que abonar el susodicho, pero sobra decir que tuve que estarlo correteando cerca de tres meses para que me lo pagara. Lo malo vino después: cuando le platiqué a mi contador mi “buena acción solidaria” casi me dió un zape mientras me reclamó –¿Y el ISR, se lo vas a regalar o qué?– Y luego me explicó que ADEMÁS del IVA, se debe contemplar el ISR y, ahora, el IETU. Sólo entonces me quedó claro porqué no me conviene andar prestando mis recibos (además de que es un delito fiscal).
Para que me sintiera más mal, el “simpático” de mi contador aprovechó para compartirme la historia de otra de sus clientas, una diseñadora gráfica a la que un familiar convenció de darse de alta en Hacienda desde que estaba en los primeros semestres de la universidad. El motivo era, en apariencia, inofensivo: su tío tenía un negocio de impresión de fotografías y, como tenía problemas con su situación migratoria, convenció a la chica de ser “la cara fiscal” de su negocio. A cambió le imprimía todas sus fotos gratis. Como era de esperarse, esta historia no tuvo final feliz: al cabo de 3 años el negocio de fotografía tenía serios problemas de evasión de impuestos, un buen día cerró sus puertas y el pariente se regresó a su país sin avisarle a nadie. La estudiante heredó una broncotota de esas que nunca queremos tener.

Otra forma de facilitarle a un cliente que no te pague es que no tengas cuenta de banco. Suena bobo, pero cuando cobré uno de mis primeros trabajos me entregaron un cheque que decía “Para abono en cuenta del beneficiario”. A mí no me preocupó esa leyenda en lo más mínimo hasta que fui al primer banco que se me ocurrió y no pude cobrarlo. Pero ¿cóooooomoooo? ¿no me iban a entregar mi dinero a menos de que abriera una cuenta en su chinche banco? ¡pero que injusticia! Salí indignada a contárselo a mis papás… Luego de ser ilustrada en los principios básicos del sistema capitalista mexicano mi papá me acompañó a abrir mi primera cuenta de débito.

Actualmente ya es raro que alguien te pague con un cheque, mucho menos con efectivo. Para cualquier empresa es obvio que sus proveedores tienen una cuenta de banco donde puedan recibir un depósito electrónico. Ojo: no es lo mismo tener una cuenta de tarjeta de crédito que una cuenta fiscal que va a sociada a tu RCF con la cual realizarás tus transacciones profesionales.

Si te vas a dedicar a trabajar como freelancero DEBES tener claros los asuntos relacionados con los cobros, cómo calcular los impuestos y varios detallitos fiscales más. En México, el SAT ofrece asesorías gratuitas para la elaboración de las declaraciones mensuales, no las he experimentado, pero parece que son útiles. Yo prefiero pagarle a mi contador para que me informe sobre estos temas, aunque de vez en cuando me cuente historias de terror.

Cómo entrenar a tus clientes

El fin de semana se me dieron ganas de convertir la presentación de la plática que di en La Letra Ilustra II a formato de YouTube y le agregé una pequeña locución.

Esta es una versión corta en la que comento sobre los tips que compartí en aquella ocasión.

 

 

Renovarse o morir

Ruinas de la ciudad

Si tú tienes más de 33 años habrás vivido en carne propia la experiencia que era ir al cine cuando éramos niños/ jóvenes. A los que tienen menos de 30 les contaré lo que significaba asistir a una función en la Cd. de México. Para empezar, las películas más taquilleras se estrenaban con varios meses de restraso, casi siempre las distribuidoras aguantaban a que fuera Navidad para proyectar “estrenos” como Star Wars. Si bien nos iba, porque había otras que se estrenaban con años de diferencia.

Los cines eran gigantescos, las filas para comprar los boletos eran kilométricas y los revendedores pululaban: recuerdo a mi pobre madre formada desde la mañana para  comprar las entradas para ver E.T. a las las 18:00 hrs. ¿se acuerdan que las funciones tenían horarios fijos en todos los cines?

Y cómo olvidar a las móndrigas taquilleras se las ingeniaban para tardarse años cuando iban al baño y cerraban la taquilla justo cuando ya estabas a punto de llegar. El cancerbero de la puerta ¡perdón! el señor de la entrada, que por lo general era un gordo de traje, de lentes oscuros, patillas setenteras y reloj de oro, te tomaba los boletos apoltronado en una butaca que quien sabe como había llegado hasta la entrada del cine.

Una vez adentro tenías que ponerte súper ducho para que la gente que atendía la dulcería te quisiera vender una Copa Holanda tibia o las tradicionales palomitas del día de ayer, y que ni se te ocurriera reclamarles que tu bolsita estaba medio vacía, porque ponían cara de que llamarían al “amabilísimo” boletero para atender tu queja.

Si no habías sido de los primeros en llegar a la sala ya sabías que estabas condenado a ver la película desde la infame primera fila donde se agolpaban los chamaquitos que retozaban cual gremlins en la rampa de la pantalla. O tal vez te tocaría separarte de tus acompañantes porque no había lugares contiguos gracias a que muchas personas llevaban allí varias horas sentadas, disfrutando de la permanencia voluntaria o porque, aunque siempre lo negaron los administradores de los cines, era su costumbre vender boletos de más. Varias veces me tocó ver películas sentada en las escaleras de los pasillos o, en los casos más patéticos, debajo de una gotera.

Como el precio de los boletos estaba controlado por el gobierno, los dueños de las salas invertían lo menos posible en las instalaciones, los asientos estaban llenos de agujeritos cortesía de los cigarros que la gente se fumaba sin pudor  mientras veían la última entrega de Disney; los pisos tenían un práctico antiderrapante formado por capas de chicles, refrescos derramados y vaya usted a saber qué otras cosas orgánicas. Los baños los evité en la medida que mi vejiga lo permitió.

Recién estrenada mi mayoría de edad me tocaron las funciones en el enorme cine Latino o el cine Paris, donde, para tratar de evitar el faje y agasaje de las parejitas, dejaban prendidas las luces de la sala durante toda la función.

En el circuito de cines clubes de centros culturales o la Cineteca tampoco cantaban mal las rancheras.

Y ya estábamos resignados cuando…

Ir al cine era una experiencia agridulce, hasta que llegó 1995 y se estrenó el primer Cinemark en el centro Nacional de las Artes. La verdad fue un gran acontecimiento, pero más sonado por el numerito que montaron los miembros del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) que pretendían impedir el paso de los espectadores atraidos cual polillas por la luz de un nuevo tipo de cine. ¿Deveras creían tenían autoridad moral para reclamar sus plazas en los nuevos cines? ¿era posible que pensaran que serían aceptados bajo la condición de que “yo sólo puedo vender dulces, pero, por contrato no puedo hacer otra cosa”? ¿en realidad tenían idea del cambio que se avecinada?

Yo sólo les puedo decir que la primera película que ví allí, fue StarTrek: Generations y la escena de inicio jamás se me olvidará, justo el el minuto 2:17 mi marido y yo brincamos de nuestras butacas ¡era increíble poder ver una película con el sonido como debía de ser!

Y ya no había marcha atrás

Una vez que se prueba lo bueno, lo mediocre pasa a una categoría inferior. Muchos estábamos dispuestos a pagar más por una experiencia mejor, hasta ese momento desconocida.

¿Y qué tiene que ver toda esta historia con el trabajo de Freelanceo? pues es un recordatorio de si nos instalamos en la cómoda medianía y no aspiramos a ofrecer un servicio renovado, simplemente porque pensamos “que la gente no lo pagará” estamos condenados a un estancamiento profesional que nos alejará de proyectos más interesantes y mejor pagados. Obviamente se necesita tiempo, dinero y esfuerzo para mantener actualizadas nuestras destrezas. En el caso de los Freelanceros la capacidad de adaptación es una de nuestras principales fortalezas y ¿sabes qué? no es opcional: ante los nuevos los requerimientos de los clientes “te aclimatas, o te acli-mueres”.

Y para los que se vean tentados a contarme chistes que incluyan balas perdidas en cines, chalecos antibalas, etc. les aviso que ya están pasados de moda.

Cómo ganar dinero sin trabajar (tanto)

Sí, lo sé: este es un título hasta cierto punto pretencioso, pero logré que llegaras hasta aquí ¿no?

Una de las principales desventajas del trabajo freelance es la incertidumbre al respecto de los ingresos que recibimos cada mes; tenemos temporadas buenas, regulares y, a veces, malas. Justo en las temporadas ñangas nos comemos las uñas y damos vueltas cual león enjaulado, hacemos todas las llamadas de seguimiento a los prospectos que nos solicitaron una cotización, pensamos en que deberíamos promovernos más… y le damos reload cada dos segundos a nuestro correo porque ¡tiene que llegar alguna chamba!

Justamente así estábamos mi esposo y yo en una temporada de “vacas flacas” cuando nos decidimos a hacer algo que habíamos postergado por falta de tiempo (y no, no es lo que están pensando ¬¬). Nos pusimos a revisar cuáles eran los requisitos para vender nuestras fotos, ilustraciones y modelos 3D en varios sitios de microstock, así que enfocamos nuestras energías en volvernos contribuyentes de IstockPhoto, Turbosquid y 3dStudio. Ya habíamos escuchado que varios diseñadores estaban ganando bastante dinerito vendiendo sus “sobritas” en internet. El proceso no fue tan fácil como nos hubiese gustado, pero tampoco fue imposible. Obviamente estos sitios no aceptan cualquier cosa y se ponen sus moños para aprobarte una foto, una ilustración o un video. Conozco a algunos diseñadores que después del vigesimoquinto rechazo le mientan la mamá a IstockPhoto y optan por abandonar. Yo también estuve a punto de hacerlo, hasta que comencé a ganar dinero; al principio sólo fueron unos poquitos dólares, pero significaron lo suficiente como para que mi ego comenzara a trabajar ¡había personas que estaban pagando por usar mis imágenes! Entonces subimos más material, con resultados diversos: se vendían muy mal los archivos en los que habíamos puesto gran parte de nuestras esperanzas, a cambio se comenzaron a vender muy bien algunas imágenes que no eran nuestras consentidas PERO que le eran útiles a alguien en algún lugar del mundo… yeah!

Pero no te me vayas a emocionar, se ganan centavitos por cada archivo que se vende, el negocio es para los que administran los sitios, obviamente.

Luego conocí en persona a varios “Istockeros” mexicanos que ganan más de $8,000 pesos mensuales en Istockphoto, ellos me hicieron ver que, si quería vender más, debía dedicarle más tiempo a elaborar fotos específicamente para la venta y no conformarme con subir las “sobritas” de mis proyectos.

Para nosotros las ganancias en este tipo de sitios es de $100 a $200 dólares al mes. Ya sé que no es mucho, pero por lo menos nos sirve de ahorro y he de confesar que ya tiene como un año que no subo nada nuevo.
Yo me dí de alta en Istock.com en el 2006 y, si hubiera ahorrado ese dinero ¡¡ya me habría comprado un coche con las ganancias!!

Mi intención de platicarte esto es que, la próxima vez que no estés saturado de trabajo, pienses en contribuir en algún sitio de microstock; no te volverás rico, pero por lo menos te ayudará a pagar la comida corrida.

Y si tú ya contribuyes en alguno de estos sitio ¿porqué no nos platicas cómo te va?