Cuando nuestros servicios dejan de ser negocio

Going out of businessHace 10 años, mi esposo y yo ofrecíamos el servicio de creación de maquetas 3D, desde renders arquitectónicos hasta animaciones tridimensionales de conjuntos industriales. Quienes hayan incursionado en esta área sabrán que los requisitos de software y hardware son onerosos, que el tiempo requerido para hacer un modelado en 3D, la aplicación de texturas y luces y la programación de cámaras virtuales es un trabajo complejo que requiere mucho tiempo para procesar las imágenes (rendereo).

En esa época no muchas personas ofrecían ese servicio en México y tuvimos bastantes proyectos, pero para compañías muy chiquitas que no tenían la capacidad de pagar lo que realmente costaba el servicio. Nosotros cometimos el error de cobrarles sólo lo que estaban dispuestas a pagar, no lo que realmente valía nuestro servicio.

Por el otro lado vimos cómo un despacho que hacía exáctamente lo mismo que nosotros, similar calidad y oferta, comenzó a tener clientes mucho más intere$antes que los nuestros, vimos cómo poco a poco hacían proyectos más ambiciosos y caros. Mientras tanto nosotros seguíamos recibiendo felicitaciones por nuestra calidad, pero estábamos atados a clientes que se retorcían cada que les explicábamos que “volver a hacer el render, con el cambio de color de la fachada, tendría un costo adicional”. Como nos gustaba mucho lo que hacíamos y no queríamos ver a los clientes descontentos muy frecuentemente rehacíamos segmentos completos de las animaciones sin aumentar el importe de la factura.

Infortunadamente nuestras animaciones se volvieron una herramienta para que el cliente visualizara, por primera vez, cómo se iba a ver su edifico y, si no era lo que esperaba, ponía a su arquitecto a trabajar en una nueva propuesta que nosotros volvíamos a animar una y otra vez.
Trabajábamos como locos todo el día, renderéabamos toda la noche y, si la fecha de entrega ya estaba encima, rentábamos computadoras o servicios online de “granjas de renders”. Pero el balance era incorrecto: gastábamos más de lo que cobrábamos.
El colmo fue cuando otro cliente nos envió una animación con un recorrido virtual del Hotel Mandarin Oriental de Nueva York para que nos diéramos una idea de la calidad que esperaba en su animación —Fíjense bien que en las copas de las mesas del restaurante se ve el reflejo de todo el ambiente.— Técnicamente éramos capaces de desarrrollar ese efecto, pero el precio que este cliente había pagado por nuestros servicio estaba a años luz de lo que soñaba. Sin considerar, por supuesto, que su desarrollo inmobialiario iba dirigido al sector medio bajo.

Entonces nos sentamos a analizar cuáles habían sido nuestros errores:

1. Estabamos cobrando nuestro servicio por abajo de los costos.

No cotizar correctamente nos costó mucho, no teníamos un ahorro para crecer y no pudimos competir contra otros despachos que comenzaron a crecer gracias a que cobraban lo justo y se lo vendían a los clientes adecuados.
En esa época trabajamos con clientes que nos llamaban recomendados por otros clientes, eramos buenos, bonitos y BARATOS.

2. No buscamos clientes diferentes.

No tuvimos la visión de dedicar un tiempo para buscar clientes con los que nos interesara trabajar. Esperábamos a que ellos llegaran a nosotros y eso nunca sucedió. No tuvimos la capacidad de invertir en el equipo humano y técnico necesario para “dar el brinco”.

3. Dejamos de amar algo que nos gustaba hacer.

Literalmente nuestras computadoras no se apagaban durante días, y nosotros desayunábamos, comíamos y cenábamos junto a ellas. Cada vez las exigencias técnicas de los clientes eran mayores y los pagos se tardaban cada vez más en llegar. Nos encantaba nuestro trabajo, pero comenzamos a padecerlo.

4. Perdimos el “Momentum

Sucedió algo que teníamos previsto: las Universidades comenzaron a capacitar a sus alumnos de Arquitectura en técnicas de modelado y animación 3D. Comenzamos a competir con decenas de jóvenes que, desde su habitación en casa de sus papás, realizaba trabajos de buen nivel y precios irrisorios. Tanto el software como el hardware estaban subsidiados con precios especiales para estudiantes.
Después, los desarrolladores inmobiliarios pudieron contratar a estos universitarios para que trabajaran de tiempo completo en la creación de animaciones 3D. Nuestros servicios dejaron de ser requeridos.

Después de realizar este análisis de la situación tuvimos que tomar una decisión muy fuerte: o entrábamos a una guerra de precios contra los nuevos competidores o “cambiábamos de liga” haciendo una fuerte inversión para comprar equipo más “pro” y contratar a dos personas que se integraran al despacho. Decidimos que no queríamos hacer lo primero y no teníamos la capacidad financiera de hacer lo segundo. Cerramos esa área del despacho y nos quedamos con los servicios que nos daban un mayor margen de utilidad.

Fue un periodo bastante doloroso en el que aprendimos, a la mala, que no es suficiente con amar lo que haces, TIENES que poder vivir de ello, de lo contrario es un sacrificio, no un negocio.

¿Somos demasiados diseñadores gráficos?

multitud

Tengo varias semanas evitando escribir este post, busqué otros temas menos espinosos, pero siempre resonaba en mi cabeza una vocecita  “Si no lo escribes seguiré aquí, molestándote como bocinero del metro”.

Como varios de ustedes ya saben, yo estudié Diseño Gráfico en la ENAP hace más de 20 años, poco antes del boom del uso de la computadora para las artes gráficas. Fue una época de transición donde, de repente, se puso de moda ser Diseñador. Las grandes Universidades vieron cómo aumentaba dramáticamente la matrícula para esta carrera, tanto, que muchos jóvenes no alcanzaban lugar. Entonces las otras Universidades decidieron que era buen negocio ofrecer la carrera de Diseño Gráfico. Así como ahora está de moda estudiar Gastronomía, muchas escuelas abrieron cursos de “Diseño por computadora” para atraer a la multitud de personas que deseaban volverse diseñadores ricos y famosos.

Honéstamente no sé quién corrió el rumor de que los diseñadores ganan más que cualquier otro profesionista, pero fue un chisme poco realista. Como en cualquier otra disciplina creativa (arquitectura, música, pintura) existen unos pocos que se vuelven ricos gracias a sus grandes dotes, años de arduo trabajo, extraordinaria inspiración, interesantes contactos y tener la suerte de haber estado en el lugar correcto en el momento adecuado. También hay varias decenas de diseñadores que tienen un puesto muy envidiable en las más prestigiadas agencias de publicidad que también pueden presumir sueldos muy buenos. Pero, aceptémoslo, no hay suficientes puestos bien pagados para los miles de diseñadores gráficos que cada año egresan en México.

La oferta de diseñadores es mucho mayor a la demanda del mercado
En México, no sé en otros países, la cantidad de personas ofreciendo servicios relacionados con el diseño es desproporcionalmente mayor a la de empresas que están dispuestas a pagar lo correcto por esos servicios. Ojo: no estoy diciendo que en México ya no se requiera el Diseño Gráfico, al contrario, hay miles de negocios que se verían seriamente beneficados si contaran con un diseñador capaz que desarrolle un empaque, un sitio web, una identidad gráfica, una foto de producto, o lo que sea necesario para que mejore su imagen. Lo que digo es que hay demasiados clientes que no están dispuestos a pagar lo justo por el trabajo creativo y fráncamente no ayuda que existan tantos profesionales (y no profesionales) dispuestos a cobrar menos que su competencia. Aquí podemos contar a los recién egresados que, por desconocimiento y/o urgencia, están dispuestos a trabajar prácticamente gratis como becarios o trainees deshechables. Es un principio básico de economía: a mayor oferta los precios bajan.

A principios de este año leí varios resúmenes de sueldos que colocaban a los diseñadores y a los actores en los renglones de las profesiones peor pagadas en México. A eso debemos sumarle que, a diferencia de un arquitecto o un médico, a los diseñadores no nos piden que presentemos nuestra cédula profesional para realizar un trabajo, entonces cualquiera se puede autonombrar diseñador nomás porque tomó algunos cursos del uso de software. Sí, es una competencia desleal, pero no va a desaparecer.

Entonces ¿se puede vivir bien como diseñador gráfico? SÍ, pero no va a ser fácil. Para sobresalir del mar de diseñadores tengo dos sugerencias:

Amplía tus capacidades más allá de los requisitos escolares En la vida real los tiempos de desarrollo son brutalmente cortos, los clientes no te van a llamar con semanas de anticipación para solicitarte un trabajo, por lo general lo harán cuando ya están quemados de tiempo y necesitan resultados en pocos días.  Ser muy creativo es súper útil, pero ser organizado lo es más, de nada sirve tener ideas geniales si no eres capaz de aterrizarlas y entregarlas a tiempo, sin excusas.
Aléjate de los mercados saturados Los diseñadores que hacen de todo y le entran a lo que sea son los que menos oportunidad tienen de ganar porque se enfrentan a un mayor número de competidores.

Y tú ¿qué haces para sobresalir en tu trabajo?

La Guerra de Precios

Todos lo sabemos, cuando la oferta es mayor que la demanda el precio de los bienes o servicios baja. Y entonces llega la guerra de precios que pretende atraer a los compradores con costos castigados, a veces ridículos, que arrojan márgenes de ganancia microscópicos. Los que consigan vender más unidades sobrevivirán la batalla, los más débiles languidecerán hasta, eventualmente, desaparecer.
El mercado de trabajo de los diseñadores no es ajeno a este principio básico de economía. Entonces ¿cómo vencer en esta Guerra de Precios? muy sencillo: no entrando a ella.

Las estrategias

No vendas lo que todos venden
Jícama con limón

Sígueme la corriente con la siguiente analogía: Imagina que visitas el mercado de La Merced, o el de Portales o el de tu colonia, verás que las frutas y verduras de temporada están presentes en todos los locales, sus precios son similares, pero bajos, la competencia obliga a los vendedores a ofrecer un precio similar o, si se puede, uno o dos pesos más bajo que su vecino; su ganancia, obviamente, será mínima.
¿Cómo ganarle más a las mismas frutas y verduras y verduras de temporada? simplemente pelándolas, picándolas y colocándolas en vasitos con chile y limón. De esta forma ofrecen un producto de temporada pero al doble del precio.

No compitas por precio

Sigo con el ejemplo anterior: en el mercado el precio del kilo de jícama es de $10 pesos, en los supermercados, la misma jícama, pelada y picada cuesta $30 pesos el kg. En los negocios especializados en frutas preparadas venden las famosas paletas de jícama que pueden estar cubiertas de diversos picantes. Más aún, existe un negocio especializado en este tipo de paletas y clama ser el auténtico creador de las famosas Jicaletas, se convirtió en una franquicia que ofrece sabores como el de chamoy “que no pica” hasta una exótica preparación morada que sabe deliciosa.

Preparar una paleta de jícama implica más trabajo y más inversión, pero el precio de una hermosa Jicaleta morada es mucho mayor al del kilo de jícama ¿me explico?

Vuélvete un especialista

En la Ciudad de México existe un mercado de barrio que tiene fama de abastecer las cocinas de los mejores restaurantes: el Mercado de San Juan. Allí venden productos gourmet que abarcan desde exóticas carnes, seleccionados vegetales, extrañas frutas y abarrotes europeos. Los precios que se manejan no tienen nada que ver con los del tianguis que se pone los jueves en el camellón de mi colonia. Por ejemplo, existe un puesto especializado en hongos de toda la república que vende a $120 pesos los 100 grs. de los ejemplares más cotizados. La señora que atiende es una consumada conocedora del reino fungi y asesora a sus clientes para una mejor elección y comparte recetas regionales. Cuando no es temporada de lluvias ofrece paquetes de hongos deshidratados que vende todo el año. Como no tiene competencia, ella dicta los precios, y los chefs se aguantan.

En resumen: El precio no debe ser el factor más importante por el cual te conozcan los clientes, sino por lo que te hace diferente de los demás. Si tu ofreces un servicio de diseño que es igual al de muchos te enfrentarás a una desgastante Guerra de Precios donde nadie sale bien librado: nadie se volverá rico diseñando e imprimiendo tarjetas de presentación a $150 pesos el millar.

La impuntualidad de los diseñadores

Diseñadora impuntualUna de las malas famas que tenemos los diseñadores, y en especial los que trabajamos por nuestra cuenta, es la falta de puntualidad en las entregas. Y esa mala fama está ganada a pulso: muchos colegas consideran que no es tan malo entregar uno o dos días después de la fecha comprometida. Desafortunadamente la cultura de la impuntualidad nos hace daño a todos, genera gastos innecesarios, estresa las relaciones con los clientes y daña nuestra imagen profesional.

Tuve un cliente que siempre me solicitaba los proyectos con gran urgencia, me enviaba un correo para explicarme su solicitud, me llamaba por teléfono a los cinco segundos de haberlo enviado y casi lo tenía respirando sobre mi oreja durante el desarrollo. En ocasiones me enviaba mensajitos el fin de semana para preguntarme cómo iba su proyecto, total que ya me traía mareada. Lo desagradable es que me dí cuenta que me mentía al respecto de sus fechas límites, poco a poco comprendí que sus “urgencias” no lo eran tanto. Casi siempre, dos días después de haber recibido los archivos finales, seguía solicitando modificaciones pues “casualmente” le habían aplazado la entrega. Así que un buen día le dije:
–¿Oye Fulanito, porqué siempre andas en el corre-corre con tus proyectos? ¿porqué me haces solicitudes con tanta urgencia, como si no te fuera a cumplir? ¿cuándo te he quedado mal con una entrega?
–No me has quedado mal porque yo no dejo que me quedes mal. No lo tomes personal, pero sé que a los diseñadores hay que estarlos correteando para que entreguen a tiempo. Si les das chance, se vuelven bien colgados.
Yo me quedé con la boca abierta: estaba recibiendo ese trato gracias a las malas experiencias que él había tenido con otros proveedores. Tiempo después, y en vista de que yo siempre le entregaba su trabajo justo en la fecha acordada, aprendió que a mí no necesitaba estarme pastoreando para que cumpliera con las fechas de entrega.

Una sugerencia para irnos quitando la mala fama de colgados

Los freelaceros necesitamos darle a los clientes la certeza de que recibirán su proyecto en la fecha acordada, punto.
Si un cliente no recibe su proyecto en el día prometido muy probablemente sea porque nosotros no calculamos correctamente nuestros tiempos de desarrollo, y eso es grave.
Si tú quieres cobrar como profesional debes saber exáctamente cuántas horas/días requerirá cada fase de un proyecto, también debes contemplar algo de tiempo para los imprevistos, como quedarse sin conexión a internet durante toda una mañana. Obviamente hay eventos extraordinarios que se salen totalmente de nuestro control, pero estos serán la exepción, no la regla.

Para calcular adecuadamente nuestros tiempos necesitamos contemplar que los proyectos no se deben abordar como si se trataran de desarrollos absolutamente continuos, esto es, si su realización demanda diez horas no debo de ser simplista y pensar “si mañana le dedico todo el día lo saco sin problemas”. Esa es una manera irreal de calcular el tiempo. Si yo evalúo que un proyecto tomará 10 horas de trabajo ya sé que, en la práctica, serán dos días de trabajo. Lo explico: casi todos los días paso cerca de 10 horas en mi despacho, PERO de esas 10 horas debo restar el tiempo que dedico a contestar correos, responder el teléfono, elaborar una cotización, prepararme un café, revisar mi tuíter, ir al baño, comer, correr tras el señor de la basura, jugar con el nuevo doodle, separar a mis gatos que se están peleando, etc. Entonces, siendo realista, ya sé que sólo podré dedicar seis horas a trabajar de lleno en determinado proyecto. Entonces al cliente debo decirle que, a partir de la recepción de su anticipo, me tomará dos días realizar su trabajo.

He de confesar que cuando era más joven tenía la mala costumbre de dejalo todo “para el último momento posible” creo que disfrutaba el rush de adrenalina que se produce cuando estás trabajando contra el reloj, en una especie de reto personal que me llevaba a trabajar hasta la madrugada. Comía cualquier tipo de fast food que evitara despegarme de la computadora. En resumen, me la malpasaba, pero yo decía que lo disfrutaba. Lo malo de ese modo kamikase era que cualquier imprevisto me hacía perder el control. Diseñar a las 2 de la mañana, mal alimentada y sin haberme bañado en todo el día, dejaba de ser divertido. Luego mi salud me hizo un llamado de atención y me obligó a comenzar a organizar mejor mis horarios.

Para mí, una fecha de entrega es un compromiso que estoy totalmente dispuesta a asumir, yo sabré qué tengo que hacer para cumplirla. Si se calculan correctamente los tiempos JAMÁS se debe llamar a un cliente para pedirle un prórroga. De la misma forma yo no aceptaré que el cliente me cambie la fecha de pago ¿me explico?

Actualmente me entra una sensación de desesperanza cada que escucho a un colega que, por ganarse un cliente, promete fechas de entrega que de antemano sabe que no cumplirá. Al final eso nos hace daño a todos.

El Trabajo Especulativo

Últimamente han aparecido diferentes sitios que ofrecen servicios de diseño a bajo costo a través de un sistema conocido como Trabajo Especulativo: un cliente pide, a través de un sitio dedicado a publicar proyectos de diseño, la creación del logotipo de su negocio; ofrece una “recompensa” de equis cantidad y espera cómodamente a que le lluevan las propuestas gratis, luego realiza sus observaciones y cambios para que los finalistas peléen durante varias interacciones por el visto bueno definitivo. Al final sólo hay un ganador.

El siguiente video explica, en inglés, cuáles son las desventajas del Trabajo Especulativo:

Les platico mi experiencia directa
Leí, en el sitio 99designs.com, las bases del concurso del diseño de una etiqueta para un nuevo vino tinto y presenté mis propuestas lo más rápido que pude. Asombrosamente ya se me habían adelantado otros 87 diseñadores de diversas partes del mundo. Al día siguiente volví al sitio para ver si el misterioso “cliente” había revisado mis etiquetas y sinceramente me emocioné cuando ví que les había otorgado una puntuación de 5 estrellitas ¡voy muy bien! me dije. Obviamente mis propuestas no eran las únicas que habían pasado a la siguiente fase, pero el “cliente” me escribió, muy escuetamente, lo que le gustaría cambiar de mi diseño, así que corrí a realizar las modificaciones. ¡Quería ganarle a los otros diseñadores a como diera lugar! (el rush de adrenalina era estimulante).

Y luego el “cliente” se quedó callado por tres días, no entró a ver ninguna de las nuevas propuestas y en el foro de 99designs.com comenzaron a escucharse los reclamos de los participantes hasta que, por fin, volvió a dar señales de vida. La buena noticia era que el “cliente” aún seguía interesado en mis propuestas y ¡¡mi diseño pasó a la final!! La última fase duró más de una semana: iban y venían mis propuestas gráficas y las de los otros dos finalistas… hasta que me llegó un mensaje directo donde el “cliente” me decía, en un muy mal redactado inglés, que mi propuesta era la que más le agradaba, pero que para ganar, además de la etiqueta del vino tinto, debía diseñar la del vino blanco ¡por el mismo precio! Le contesté que no me parecía justo y que prefería retirar mis propuestas del concurso.

El ganador se publicó al día siguiente y su diseño era sorprendentemente parecido al mío, pero con sutiles modificaciones. Y en vez de quejarme o alejarme del sitio ¡participé en otros 10 concursos! con diversos resultados; no gané ninguno pero gasté el tiempo y esfuerzo que podría haber invertido en proyectos propios. Mi motivación principal era la emoción de competir, participar en una carrera contra diseñadores de todo el mundo y ganar estrellitas. Además, había personas que estaban ganado una fortuna en ese tipo de sitios y yo quería ser una de ellas.

Para mi fortuna, a la mitad de este frenesí, llamó a mi despacho una empresa que necesitaba de mis servicios y me tuvo ocupada a tiempo completo durante tres semanas. Gracias a eso me alejé de 99designs.com, aunque confieso, como adicta en recuperación, que a veces extraño el adrenalinazo que me proporcionaba ¡mal por mí!

La licitaciones: el trabajo especulativo que ofrece el gobierno
Recientemente trabajé de cerca con una empresa internacional que tiene oficinas en México. Me solicitaron una presentación interactiva muy compleja, y cara, para apoyar su propuesta para el concurso de licitación que el gobierno de un estado había lanzado. Además de mi presentación habían invertido un gran presupuesto en el diseño, proyección y maqueta de un proyecto arquitectónico de grandes dimensiones. ¿Cuál era el premio? la administración de dicha instacia durante 5 años, lo que significaba muchos millones de pesos. Sobra decir que si no ganan tal vez ni las “gracias” les den. Son grandes apuestas que las grandes empresas pueden afrontar.

Caso similar el que “sufren” las agencias de publicidad que entran a una competencia de baile y canto al ritmo que les marca el jugoso cliente que acaba de despedir a su anterior firma de mercadotecnia.

¿Qué hacer cuando alguien nos pide que compitamos con otros diseñadores enviando propuestas gratuitas?
Por lo general quienes aceptan este tipo de solicitudes son jóvenes empresas que buscan clientes, rara vez se ve a profesionales experimentados diseñando gratis por una promesa de trabajo.

A muchos diseñadores no les gusta trabajar gratis para ver si chance es chicle y pega, pero opinan que “Las cosas son así y pues hay que aguantarlo” y otros opinamos que “Las cosas son así porque hay personas que lo aguantan”.

Cuando un prospecto revisa tu portafolios de proyectos puede saber claramente si lo que ve le agrada o no, entonces puede evaluar si le interesa trabajar contigo o no, así de simple.

Otro tipo de trabajos especulativos son los concursos de diseño que convoca, desde un desconocido en Face Book, hasta un gobierno a nivel internacional. Como existen todo tipo de concursos, mi recomendación es que, si realmente te interesa participar en alguno, lo hagas completamente consciente de sus características, sus beneficios y desventajas.  El sitio chileno Grafiscopio.com tiene un interesante post al respecto de estos concursos.

Si les interesa conocer más aspectos del  trabajo especulativo les dejo estas ligas: www.no-spec.com y antispec.com

Le agradezco al Arq. Elías Garza su sugerencia para escribir sobre este tema.

Y en otras cosas

Sigo recopilando información sobre el trabajo de los trainees, becarios y prácticantes profesionales, si me quieres compartir tus experiencias por favor mándame un DM a @LeonoraVaro. Gracias de antemano.

¿Sabes cuánto cobra tu competencia?

Hay muchas formas de evaluar el valor económico de nuestro trabajo, algunas las iré abordando en los siguientes post. En este momento iniciaré con una propuesta de “trabajo espía” que es indispensable hacer ANTES de fijar nuestras tarifas/precios. Tal vez te suene obvio, pero ¿tú sabes cuánto está cobrando tu competencia? Cuando hablo de competencia estoy haciendo referencia a otros freelanceros, despachos, agencias, etc. que ofrecen servicios parecidos a los que tú ofreces SIN IMPORTAR SU TAMAÑO. Tal vez tú pienses que tu competencia sólo son los profesionales que tienen tus mismas características, pero no es así, tienes que ponerte en el lugar de tus clientes y evaluar todas las opciones que ellos tienen para contratar un servicio similar al tuyo. El primer paso para saber cuanto cobrar es saber cuánto piden los demás por un trabajo similar y conocer, de primera mano, si existe un precio de mercado para determinado proyecto: por ejemplo, si eres traductor deberás saber si hay un precio preestablecido para la traducción de una cuartilla de un texto científico.

Aunque hay una gran rango de precios por el mismo tipo de trabajo es indispensable que tu estés consiente de los números que otros profesionales manejan, no necesariamente para que tu iguales el mismo precio, pero sí para que sepas de antemano cuánto pagan otros clientes por un servicio como el tuyo. Pondré un ejemplo extremo: si un cliente necesita viajar podrá contemplar desde llamar a un taxi, comprar un boleto de autobús o adquirir un lugar en clase premiere, todo dependerá de sus necesidades y presupuesto (aunque puedo asegurar que habrá clientes que querrán pagar el precio de un boleto de autobús de tercera y llegar tan rápido y cómodo como en el asiento de lujo de un avión). Por eso es indispensable que tú conozcas los precios de la mayoría de las opciones que este cliente puede evaluar: desde las opciones más baratas hasta las más caras, que sepas cuales son las características, ventajas y desventajas de cada uno y, lo más importante, ubiques exáctamente cuál es el tipo de servicio que tu ofreces en comparación con las otras opciones.  Sólo a través de este conocimiento podrás defender ante un prospecto porqué el tipo de sitios de internet que tu desarrollas son muy superiores a los sitios prefabricados que cuestan $700 pesos. O, por el contrario, podrás explicar porqué tú puedes ofrecer un menor precio por una identidad corporativa en comparación con los costos de una agencia de publicidad.

¿Tú sabes quién aparece en los primeros lugares de la búsqueda en Google de **Introduce aquí el nombre de tu especialidad/servicio** en tu ciudad? Cuando los encuentres deberás contactarlos y conseguir una cotización: tendrás que hacerte pasar por un cliente y solicitar toda la información relevante. La cantidad de datos que yo he obtenido con esta técnica es valiosísima: sé perfectamente quién es quién en mi área de especialidad, conozco el nombre y apellidos de mis competidores, sus precios, cómo atienden por teléfono, cómo es su esquema de trabajo, qué ofrecen a los clientes, cuales son sus tiempos de entrega, también sé quien es formal y profesional y quien es un improvisado. Sabiendo hacer las preguntas adecuadas y revisando el sitio de internet de la competencia podemos obtener montones de datos valiosos. Que no se te olvide que La información es poder.

¿Cada cuando hacer esta investigación? idealmente dos veces al año, pero depende del área de tu especialidad.  Yo me conformo con hacer esta labor espía una vez al año, no por falta de ganas sino por falta de tiempo, es una actividad que demanda varias horas y requiere de organización para vaciar los datos obtenidos en un formato que me permita actualizar la información rápidamente, escribir observaciones y hacer anotaciones. Para esto no es necesario ningún sofisticado sofware, puedes comenzar con un simple cuadernito, una hoja de cálculo o un vil procesador de texto.

Conocer cuánto cobra tu competencia es un dato importante al momento de establecer tus precios.

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¡¡Hola 2012!! Para variar todos dicen que este será un año difícil, que la economía está “del nabo”, que la tendencia mundial no es alentadora y que blah, blah, blah. Lo cierto es que todos los inicios de año escucho lo mismo y ya no hago caso de los pronósticos pesimistas porque ¿qué caso tiene iniciar el año con sentimientos derrotistas? Por supuesto que no tengo una bola de cristal para saber qué nos depara este año, pero a mí me gusta pensar en el refrán que dice
“Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.”
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