No compres problemas ajenos: un proyecto torcido

Este post es una colaboración de un querido amigo que nos comparte una experiencia poco agradable con un intento de cliente.

Voy a comentarles un episodio engorroso en el que un prospecto (que ni siquiera llegó a cliente) me enfadó por su actitud.

Hace un par de semanas me contactó a través del chat de Whatsapp una casa productora de video para que los apoyáramos desarrollando un proyecto pequeñito de realidad virtual. Lo curioso es que supieron que en mi negocio tenemos capacidad para realizar este tipo de proyectos gracias a que publicamos una muestra de nuestro trabajo en Facebook. Debí empezar a desconfiar porque, pesar de que les ofrecimos atender su solicitud a través de nuestra línea fija de teléfono, ellos insistieron en utilizar como teléfono el Whats.

El proyecto era verdaderamente pequeño pero de carácter urgente, para publicarse en redes sociales al día siguiente; podríamos haberlo desarrollado bastante fácil con el equipo de baja resolución (HDTV) que tenemos en la oficina. Coticé dos días de trabajo (la locación donde se capturaría parte del proyecto está fuera de la Ciudad de México, por lo que el proyecto se capturaría un día y se procesaría al siguiente, con carácter de urgente pero sin un sobreprecio elevado).

Nosotros tendríamos que capturar un evento de premiación, por lo que la ocasión era irrepetible, tenía que capturarse bien al primer intento y tenía que publicarse mientras la premiación fuera aún noticia fresca.

La solicitud de trabajo la recibimos un jueves para ir a la locación el sábado siguiente. El viernes estuvimos esperando la llamada de nuestro prospecto para confirmar (o cancelar) la solicitud, de manera paralela estuvimos ajustando nuestra agenda para poder cumplir con el proyecto si se confirmaba. Esta llamada nunca llegó.

La siguiente semana, por ahí del miércoles volvimos a recibir una llamada por Whats; era nuestro prospecto informándonos que habían decidido comprar un equipo de alta resolución (4K) para desarrollar ellos mismos el proyecto e iban a requerir únicamente que nosotros les ayudáramos con el armado y programación del mismo para compartirlo en redes sociales. En ese momento yo todavía creía, ilusamente, que podíamos apoyarlo de alguna manera y llevar a cabo un negocio pequeño pero interesante, así que pregunté cuáles eran las características del equipo que habían comprado y cuáles eran los ajustes que utilizaron en las cámaras de video del mismo. En ese momento me di cuenta que no habían capturado el evento de manera óptima y que desarrollar el proyecto, si acaso se salvaba el material que capturaron, sería un trabajo muy complicado. Calculé que aproximadamente se llevaría también un par de días de desarrollo cuando menos así que les ofrecí el mismo precio que para la opción de desarrollo que no tomaron.

Inmediatamente, el prospecto reclamó; no le parecía correcto que le cobráramos lo mismo porque ellos proporcionarían los archivos fuente para desarrollar el producto final. Además habían invertido en comprar el equipo para capturar el evento. En ese momento, consulte con mi socia y decidimos no colaborar con ellos.

Analizando el desarrollo de este proyecto que “no fue” encontramos varios elementos que debieron prender nuestras alarmas de cliente malo y que, por la premura, pasamos por alto:

  1. Solicitaron nuestro trabajo dos días antes de que se llevara a cabo un evento que tenía una fecha preestablecida desde por lo menos un mes antes ¿por qué no nos contactaron antes?
  2. El prospecto nunca se comunicó con nosotros por un medio distinto al Whats. Nunca levantó el teléfono para hacer una llama y procuró siempre comunicarse de la manera más baratita posible: no estaba dispuesto a pagar los minutos de teléfono fijo o celular de una conversación telefónica con nosotros.
  3. Su casa productora está trabajando para las oficinas en México de una de las agencias de publicidad más grandes del mundo, y no se atrevieron a decirles que ellos no desarrollaban el tipo de material que les estaban solicitando: optaron por no decir NO a su cliente, aunque eso implicó comprometerse a desarrollar un proyecto que no sabían si podían desarrollar. Este es el peligro que corren muchas agencias/casa productoras, etc. que se comprometen a desarrollar proyectos para los cuales tienen que subcontratar a otros proveedores.
  4. Decidieron ahorrarse el dinero de contratar a un experto (yo) con años de experiencia desarrollando el contenido que necesitaban y prefirieron invertir en comprar un equipo que no habían utilizado nunca (y que, por sus comentarios, configuraron de manera errónea).
  5. Compraron el hardware sin contar con el software necesario para realizar su proyecto (este síndrome debe tener algún nombre).
  6. Cuando nos pidieron ayuda para completar el trabajo, evaluaron,para su conveniencia, que debía costarles menos que el desarrollo completo. No estaban conscientes de los costos de corregir una grabación que se  capturó mal.

Como colofón: recibimos un último mensaje de Whats, dándonos las “Gracias por Nada”, mencionando su disgusto porque “entre colegas nos ponemos el pie”.

Confío en que esta experiencia me permitirá identificar a los malos prospectos antes de invertirles tiempo.

Concursos de diseño: entra bajo tu propio riesgo

 

Esta semana mi querida @azulaureo trajo a mi atención dos convocatoConvocatoria El Bronco2rias de concursos de diseño bastante peculiares pues ambos ofrecen premios altamente cuestionables.

El primero se trata del diseño del logotipo para el nuevo Gobierno de Nuevo León, representado por el polémico Jaime Rodríguez, alias El Bronco, que en un afán incluyente y confianzudo convoca a “que la raza participe (sic) y de entre sus propuestas se defina un logotipo para darle cuerpo al lema Nuevo León, donde lo imposible se hace posible“.

De entrada la convocatoria suena muy atractiva, pues se trata de un logotipo que acompañará el inicio de un gobierno muy particular, que comenzó a hacer historia desde que El Bronco anunció su candidatura independiente. Ahora, en su carácter de Gobernador Electo, su equipo de comunicación social se atreve a realizar este concurso cuyo fabulosísimo premio consiste en…

¡¡Una cena con el Gobernador electo!!!

Probablemente este valiosísimo premio podría ser visto como una oportunidad de oro para más de un periodista que desearía compartir los alimentos, a la luz de las velas, con el carismático Bronco, pero estoy segura de que la mayoría de los mortales preferirían que sus esfuerzos “diseñísticos” estuvieran reconocidos con alguna cantidad de común y corriente dinero. Sobre todo pensando que, como lo describe la convocatoria, “Todas las propuestas pasarán a ser propiedad del Gobierno del estado de Nuevo León“, dejando a los participantes sólo con “los derechos morales del autor“.

Como era de esperarse de un concurso que está abierto a cualquier mexicano que pueda sostener un lápiz o manipular un mouse, tiene un simpático nivel de propuestas que rayan en lo cómico-trágico (ver galería).

La convocatoria dice que el 2 de octubre se daría a conocer al afortunado ganador, pero la página de internet aclara que será hasta el día 12 cuando sabremos cuál imagen habrán preferido los usuarios de Facebook.

Plan con maña

AANS UNAM 2El otro concurso de logotipo lo convoca la American Association of Neurological Surgeons (AANS) Capítulo UNAM cuyo tentador premio es un viaje de 7 noches y 8 días para dos adultos y dos niños a alguno de los paradisíacos resorts de lujo que maneja la empresa Vida Vacacions . Este premio sonaría increíblemente bien si no fuera por dos pequeños detalles:

  • Las letras chiquitas de las especifiaciones dicen “El premio no incluye impuestos, alimentos ni bebidas, propinas ni cualquier otra actividad o servicio que se desee adquirir o solicitar en el desarrollo.” Esto significa que el feliz ganador tendrá que afrontar los gastos derivados de la alimentación de cuatro personas, durante una semana, en su estadía en la Riviera Maya, Los Cabos o, ya de menos, en Acapulco. ¿Alguien quiere hacer las cuentas de a cuánto dinero puede ascender este gasto? Ojalá haya un Walmart en las cercanías del resort de lujo.
  • Investigando un poco sobre la empresa Vida Vacations resulta evidente que se trata de un negocio que se dedica a la venta de tiempos compartidos, por lo tanto me resultaría muy raro que no intentaran convencer al ganador, con sus conocidas y persuasivas técnicas de ventas,  para que adquiera una membresía.

Visto así ya no se ve tan atractivo el premio que ofrece la AANS ¿o sí?

Consideraciones generales sobre la participación en concursos

Además de las sabias advertencias que hace el sitio Graficopio.com sobre los concursos, les recomiendo que:

  1. No participen en convocatorias de diseño que estén abiertas a cualquier persona, profesional o no: es obvio, no hay manera de poner a competir de forma justa a personas que no comparten los conocimientos y técnica sobre la creación gráfica de una imagen institucional.
  2. No se involucren en concursos de diseño donde los usuarios de redes sociales tienen ingerencia en el resultado final: la creación de un logotipo que representará a una institución o un gobierno estatal, no debe debatirse bajo los principios de popularidad en Facebook o Twitter, donde los perfiles de chicas pechugonas o gatitos tiernos son de los más seguidos.
  3. Nunca caigas en la trampa de participar en convocatorias donde el premio es la promesa de difundir tu trabajo: este es el recurso más bajo que puede utilizar un convocante para obtener muchas propuestas de forma gratuita. Al respecto de andar regalando el trabajo, me gusta mucho lo que dice Stephen Silver en este video que también conocí gracias al sitio Grafiscopio.com << Inserción NO pagada :D
  4. Revisa que el premio no implique un gran desembolso de dinero: si te sale más caro el caldo que las albóndigas, seguramente hay algo mal planteado.

¿A ustedes les ha tocado participar en un concurso como estos? muero del morbo por conocer sus experiencias.

Clientes mañosos y mentirosos

Esta semana tuve que batallar con personas poco honestas que pusieron a prueba mi serenidad y paciencia. El primer caso se trató de un cliente que me solicitó un paquete de fotos para sus dos nuevos edificios de oficinas en renta. El primer el proyecto se desarrolló como estaba previsto, hubo dos rondas de revisiones sin mayor novedad.  Justo cuando yo casi lo había dado por terminado, me habló su secretaria para informarme que el color de las paredes interiores “estaba mal”:

— ¿Cómo que está mal el color de las paredes? no me queda claro porqué dicen eso.
— Es que no es un color chocolate, es más bien durazno.
— El color de las paredes es café oscuro, no tiene nada de durazno.
— Por eso te digo que está mal tomado, lo vas a tener que retocar.
— Te aseguro que no está mal fotografiado, tal vez se trate de una cuestión perceptual…
— No, mi jefe dice que tienes que arreglarlo.

La conversación no terminó muy amigablemente, le dije que podría “desaturar parejo” las fotos, pero no retocar a mano todas las paredes pues se vería falso. Ella no quedó muy conforme con mi respuesta.
Dos días después, casualmente, tuve una cita a cinco cuadras del edificio que había fotografiado y, sin haberlo planeado, decidí tomarme unos minutos para visitarlo y ver si realmente me había equivocado tanto con el balance de color de mi cámara. El vigilante, que ya me conocía, me dejó pasar sin problema y me preguntó que cuáles oficinas quería ver si “las antiguas o las que estaban recién pintando”. Mi sentido arácnido me indicó que allí había algo que no estaba bien, así que rápidamente le dije que me interesaba ver ambas oficinas.

Mientras yo tomaba fotos con mi celular el vigilante me platicó que al dueño no le había gustado el color oscuro con el que habían pintado originalmente las oficinas así que mandó volverlas a pintar con un color más claro. Incluso me mostró un marco de ventana que tenía ambos colores… priceless… click… click.

Con toda la evidencia en mi celular regresé a mi despacho con una mezcla de emociones, por un lado me sentía tranquila al confirmar que había realizado las fotos correctamente, pero estaba muy enojada porque habían tratado de engañarme y obligarme a retocar sus fotos haciéndome pensar que yo me había equivocado.

Como este era el primero de dos proyectos con el mismo cliente (yo ya había recibido el anticipo de ambos) decidí que no me iba a pelear a lo menso diciéndole ¡eres un maldito mentiroso, hoy fui al edificio y me encontré a los pintores cambiando el color de las paredes! ¿¿porqué me hiciste creer que yo me había equivocado, vil gusano del inframundo??… no, no, nada de eso. Cuando le llamé me atendió su secretaria y le di la oportunidad de no confrontarnos:

— Oye, te quiero platicar que hoy visité el edificio de oficinas y me encontré con los pintores. Ya me enteré del problema con las pinturas de las paredes y quiero confirmarte que las fotos se van a quedar con el color de cuando las tomé…
— Ahhh, okey… entonces ya lo viste… es que mi jefe…
— Sí ya sé lo que pasó, pero no hay problema. Si te parece bien te mando hoy la factura por el saldo de este proyecto, en cuanto está pagado te mando los archivos grandes para que tu webmaster ya pueda ir subiendo las fotos.
— Sí, sí, me parece muy bien ¿cuándo hacemos la cita para tomar las fotos del otro edificio?…

Y así quedó todo claro sin reclamos ni azotes, le dije sutilmente que ya los había cachado mintiendo, que no había problema y que podíamos seguir con los proyectos como los habíamos pactado.
De todas formas guardaré las fotos como un souvenir de un cliente mentiroso.

El anticipo manda

El otro cliente con el que no estuve contenta esta semana es una agencia de publicidad que me contactó para hacer varias fotografías de una franquicia de laboratorios médicos con sucursales en el D.F. y otras ciudades.

Me hablaron desde el año pasado, pero el proyecto ha tenido muchos retrasos pues el cliente final se tarda mucho en aprobar los presupuestos. Cuando todo parecía que estaba listo para arrancar me dijeron que no podrían dar el anticipo del 60% que yo solicitaba, pero que podían dar tres pagos del 33%.

Yo les confirmé que sí, pero que las visitas fuera del D.F. tendrían que ser programadas al final, cuando ya hubieran pagado por lo menos el 66% del total. Me respondieron que no había problema al respecto, pero que necesitaban que les enviara el calendario de visitas a las sucursales por escrito. Así lo hice, pero en el cronograma les indique que estaba sujeto al pago del anticipo del 33%.

Tres días antes de iniciar el proyecto no había recibido ningún pago. Llamé para ofrecerles una reprogramación de fechas pero me dijeron, muy espantados, que no se podían cambiar las fechas que ya habían “hecho toda la logística”. Entonces pensé “este proyecto ya valió ver…dura” y les recordé que si no había anticipo no había confirmación de fechas.

Patalearon todo lo que pudieron, me pusieron en “speaker” con quien sabe cuantos fulanos que, en resumidas cuentas, me juraron que me iban a pagar cuando su cliente les pagara a ellos.

Como yo ya estoy podrida de escuchar esa excusa les dije, lo más serena que pude, que desde el principio les aclaré que yo no trabaja así, que si ellos no cobraban anticipos a sus clientes no era mi problema, y que me daba tristeza de tener que dejar el proyecto antes de empezarlo.

Al día siguiente me enviaron un correo que parecía redactado por un adolescente borracho; decía algo parecido a recibir un pago hasta el viernes y que si les podía reprogramar todo. Les contesté que podían depositar cuando quisieran, que hasta entonces reprogramaríamos todo, no antes.

Ya pasó el viernes y no recibí ningún depósito de su parte. Probablemente ya contactaron a otro fotógrafo, espero que le vaya bien.

Y tú ¿cómo lidias con clientes mentirosos?

 

 

 

 

 

Clase magistral de cómo fregar al freelancero

Ciudad SlimPor alguna extraña razón, durante las últimas semanas he tenido varias citas en Ciudad Slim (Nuevo Polanco). Como todos los chiliangos sabemos, ir a esa parte de la ciudad en coche es un  desperdicio de tiempo, dinero e hígado. Quedarse atorado en el tráfico de Polanco un viernes a las 18:00 hrs. es la antesala al manicomio. Sabido esto, como buena chilanga* que soy, decidí llegar a estas citas en transporte público: saliendo de Metro Polanco tomo una bonita ecobici** nueva y pedaleo tranquila a mi destino (ojo con llegar sudando). El asunto me salió particularmente bien en las primeras dos ocasiones, pero en la tercera tuve la mala suerte de no encontrar un espacio para dejar mi bicicleta en las cicloestaciones cercanas a mi destino. Afortunadamente llegué  15 minutos antes de mi cita, así que crucé los dedos y esperé pacientemente a que algún compañero ciclista tomara una ecobici para poder dejar la mía.

Mi espera transcurrió mientras salivaba junto a un puesto callejero de sopes y quesadillas. Este changarro*** estaba atendido por una activa mujer que, cual malabarista, movía sus manos de la masa al relleno, del aceite hirviendo a los platos, de las salsas al queso rallado. Yo me encontraba hipnotizada los movimientos de esta maga de la gastronomía popular cuando un grupo de cuatro trabajadores de la construcción se detuvieron frente a su puesto. El que ostentaba el mayor rango portaba un casco protector y un chaleco de obra limpiecito. Tomó la palabra a nombre del grupo y preguntó con voz firme:

— ¿A cómo los sopes?
— A $12
— Oiga en la otra cuadra están a $10
— Pero estos son más grandes.
— Haga un esfuerzo madre, le vamos a pedir 12 sopes.
— ¿Verdes o rojos?
— Campechanos, regresamos por ellos en 15 minutos.
— ¿Sencillos verdad?
— Sí, pero con cara de dobles.

El grupo se retiró. Yo estaba totalmente sorprendida por la escena cuando la súbita llegada de un ciclista me libró del atolladero y pude dirigirme a mi cita.

De regreso a mi casa reflexioné sobre la “clase magistral” de la que había sido testigo. Me resultaba aterrador haber escuchado, en una conversación tan corta, la forma en la que un prospecto consiguió un descuento, puso sus condiciones, no pagó un anticipo y encima aclaró que sus expectativas sobre el producto eran mayores a las que había pactado. Y para terminarla de rematar se dio el lujo de llamarle “madre” a la señora del puesto ¡no me imagino que pudiera tratar así a su propia madre!

Me pregunto si este grupo de trabajadores realmente regresó a los 15 minutos.

Obviamente la señora tuvo gran parte de la responsabilidad en este abuso pues no ofreció mucha resistencia ante las demandas del trabajador. No hubo negociación, sólo aceptación. Tal vez el miedo a perder al prospecto la hizo actuar tan sumisamente.

El miedo es el peor de los consejeros

Cuando un prospecto nos pide un descuento nunca debemos permitir que el miedo dicte nuestras acciones. Todos hemos escuchado esa maldita vocecita en nuestra cabeza que dice cosas como:

“Mejor accede a hacerle un descuento antes de que se desanime y se vaya”
“Acepta trabajar por menos de lo que vale tu servicio, es mejor algo a nada”
“Ya invertiste tiempo en este prospecto, no dejes que se vaya, acepta sus condiciones”

El problema es que, una vez que el prospecto huele nuestro miedo, la relación se vuelve abusiva. La semana pasada me quejaba en Twitter sobre un prospecto que me pidió una cotización por un proyecto, luego me dijo que quería que se lo “paqueteara” con otros dos proyectos y, no conforme con el descuento que le ofrecí simplemente me escribió: “Ya hable con mi socio y dice que te pagaremos E$TO por los tres proyectos”. Por la redacción de su correo claramente leí que se trataba de un “tómalo o déjalo”. Mi respuesta era obvia, no iba a permitir que el prospecto le pusiera precio a mi trabajo así que le redacté este escueto correo:

Estimada Fulanita:

Definitivamente no puedo trabajar con ustedes por ese monto.
De todas formas agradezco que me hayan considerado para este proyecto.

Saludos.

Soy sincera cuando le digo NO a un prospecto y me despido, sé que lo más probable es que no vuelva a saber de él, pero lo más raro es que, en más de una ocasión, he obtenido el resultado contrario; después de dos o tres días me escriben como si nada hubiera pasado y me preguntan por el trámite para realizar su anticipo ¡qué mundo tan loco!


 

Vocabulario para los que no viven en México:

*Chilango(a): Habitante de la Cd. de México
**Ecobici: Sistema de renta de bicicletas proporcionadas por el gobieno local.
*** Changarro: Nombre despectivo dado a un local comercial con pocas aspiraciones.

 

Enero es un buen mes para despedir clientes malos

Este 2015 lo comencé muy hacendosa: cambiamos el piso del despacho y nos deshicimos de cerca de veinte kilos de papeles y basura. Reacomodamos los escritorios y los libreros. Dejamos nuestro lugar de trabajo muy ordenado y coqueto.

AdiosLuego llegó el momento de hacer la limpieza de clientes: revisé mis facturas y cotizaciones del año pasado y evalué quienes eran los clientes que recibirían tarjeta de año nuevo y quienes no. Analicé quienes son los clientes que con los que me encantaría volver a trabajar, con cuáles no me molestaría tomar otro proyecto y con quienes de plano no vuelvo a colaborar.

Este año, principalmente voy a despedir cuatro tipos de clientes:

1. El cliente chillón que siempre está pidiendo descuentos, rebajas o trabajos más elaborados por el mismo precio que pagó la última vez. Sí, yo sé que el 2014 fue un año difícil para todos, pero odio pensar que algunos clientes sólo se fijan en los descuentos que obtienen en lugar de los beneficios que disfrutan con mi trabajo.

2. Los clientes que no saben diferenciar entre la relación profesional y la vida personal. Curiosamente este año me tocaron dos clientes que querían que sintiera compasión por sus tristes historias. Uno me pedía que trabajara sin anticipo porque estaba muy gastado por la enfermedad de su hija y otro hasta me mostró la cicatriz de su operación de corazón, esperando que sintiera lástima por su caso y bajara el costo de mis honorarios. Señores: si no tienen los recursos necesarios para andar contratando servicios profesionales ¡no nos llamen! y por favor no anden tratando de obtener servicios gratis nomás porque “la vida ha sido canalla con ustedes”.

3. Los clientes que tardaron demasiado en pagar. Una cosa es que sepas que te van a pagas 60 días después de entregado el proyecto y otra que el cliente se la pase dándote excusas para no pagarte durante meses. También tengo en la mira a algunos clientes de Gobierno que se pasaron de la raya con sus complicados sistemas de contratación que básicamente me quitaron mucho tiempo.

4. Los clientes descorteses. Desde la fulana que me dejó plantada en una cita, sin mayor explicación, hasta el chico maravilla de mercadotecnia que se inventaba viajes para no tomarme las llamadas.

Obviamente no existe tal cosa como una Carta de Aviso de Despido de Clientes; sería ridículo y altamente desagradable tomar el teléfono o enviarle un correo a un cliente malo para “avisarle que está despedido y que no deseo que me vuelva a contactar”.

En mi caso será una posición reactiva en la que esperaré a que el cliente despedido en cuestión me contacte, para hacerle saber que ya no contará con mis servicios. Les diré que tenemos algo así como incompatibilidad en los sistemas de trabajo.

Un cliente que no quisiera despedir

Tengo un cliente que me cae súper bien, es muy entretenido visitarlo en su oficina y pasar horas platicando sobre los proyectos, tomando café. Lo malo es que su compañía es un pésimo cliente, nunca pagan a tiempo y su administración es absolutamente desastrosa. Yo sé que no es su culpa, pero voy a tener que despedirlo; me voy a perder de sus pláticas, pero también voy a ahorrarme el tiempo que invertía en visitarlo.

Un prospecto que decidirá si se queda o se va

La semana pasada me llegó el primer email de trabajo del año: un prospecto, que me contactó en febrero del año pasado, y dejó de responder a mis correos en junio, se apareció de la nada:

“Hola Leonora ¿cómo estás? ¡feliz 2015!
Te pido que me llames el próximo lunes para agendar una cita con mi secretaria para que me visites y discutamos los detalles del proyecto para ver si ya iniciamos en marzo”.

No me podía contener de la risa mientras leía su correo ¿quéría que YO llamara a su secretaria? ¿para ir a “discutir” los detalles de un proyecto de hace casi un año? ¿para ver si se le pega la gana iniciar en marzo? JAJAJAJAJA, no pues no. Esto fue lo que le respondí:

“Hola Fulanito, feliz año para ti también.
Voy a revisar le propuesta que te presenté en febrero del año pasado, una vez que esté actualizada te la enviaré para que la reconsideres. Con gusto espero tu llamada para escuchar tus comentarios y/o dudas al respecto.”

En pocas palabras le dije que ya no le va a costar lo mismo que el año pasado, que no voy a visitarlo para discutir nada y que, si la nueva propuesta es de su interés, con gusto espero que él tome el teléfono.

Este año voy a poner especial cuidado en contactar nuevos prospectos para sustituir a los clientes que voy a despedir. Voy a hablar con empresas fuera de la Cd. de México, a lo mejor me encuentro con algún proyecto interesante.

Ya les iré contando cómo me va en este 2015.

 

No trabajes para la SEP, estás avisado

Sep pagame2Ya en abril había escrito sobre este problema: la Secretaría de Educación Pública no había cumplido con los pagos a ilustradores, editores, diseñadores y demás colaboradores que habían entregado su trabajo para la publicación de diversos libros de texto.

Con tristeza les confirmo que, a un año de que la mayoría de estos freelanceros entregaron su trabajo, la SEP continúa sin cubrir los honorarios de aproximadamente 300 profesionales independientes. A ellos se suman más personas que comenzaron a trabajar en proyectos editoriales a partir del 2014.

La excepción fueron unos pocos ilustradores a los que se les adeudaba menos de $20,000 pesos mexicanos. Todos los colaboradores que superaban esta suma continúan sin recibir pago alguno. Cálculos aproximados hacen suponer que la SEP les adeuda cerca de $16 millones de pesos (sí, leyó usted bien).

En la conferencia de prensa que llevó a cabo en CENCOS el pasado 7 de noviembre, un grupo de trabajadores expertos en revisión de libros denunció que los representantes de la SEP les han dado toda clases de excusas para no entregarles los contratos con los que se habían comprometido a pagarles. Ver boletín de prensa.

Cualquiera de los afectados explica cómo la SEP los invitó a trabajar en los libros de texto, sin contratos ni acuerdos por escrito. Esta irregular manera de trabajar ha sido una constante en la forma en que los freelanceros han colaborado por años con la Secretaría de Educación Pública. Uno de estos colaboradores comentó que un empleado de la SEP  los invitó a participar en los libros de Geografía ofreciéndoles el pago “sin impuestos” ¡una Secretaría de Gobierno ofreciendo trabajo informal sin recibos!

¿Dónde está el dinero?

Supuestamente la SEP contaba en el 2013 con la partida presupuestal que permitía la contratación de los servicios profesionales necesarios para la elaboración de los libros de texto, pero extráñamente esa partida nunca se ejerció y se “devolvió” al final del 2013 (!) Nadie sabe dar razón de ella.

Recientemente me enteré que el problema de falta de pago también se extiende a los freelanceros que comenzaron a trabajar para la SEP en el 2014. Algunos de ellos ya han comenzado acciones legales en la Contraloría Interna.

Apóstandole al cansancio

Las negativas del personal que da la cara en la SEP hacen suponer que la dependencia está apostándole a que, tarde o temprano, sus deudores se cansarán de llamarles, escribirles o darse vueltas y vueltas a sus oficinas. Piensan que después de hacerlos perder tiempo, dinero y esfuerzo se resignarán a nunca ver un centavo del trabajo que ya realizaron y actualmente se encuentra en uso en las aulas de las escuelas, desde preescolar hasta educación media.

Urgente advertencia

Si bien las acciones en contra de la SEP no se detendrán es importante que todos los que trabajamos por nuestra cuenta pasemos la voz e informemos a nuestros amigos y conocidos sobre la falta de solvencia de esta dependencia:

  • Si un empleado de la SEP te invita a trabajar en un proyecto relacionado con sus publicaciones ¡aléjate lo más pronto que puedas! perderás un tiempo valioso que podrías dedicar a proyectos realmente rentables.
  • Si un amigo te pide que “le eches la mano” para terminar un trabajo urgente para la SEP considera que es muy probable que nunca recibas el pago prometido.
  • Si una editorial te ofrece un proyecto interesantísimo para colaborar con los libros de texto exige un contrato escrito y no comiences a laborar sin un anticipo.
  • Si piensas que es un “honor” que tu trabajo forme parte de los libros de la SEP, aunque no te paguen, mejor piensa que con “honor” no se paga el súper o la gasolina.

Perdiendo la fe en las instituciones

La situación actual de nuestro país me hace pensar que todo está perdido, que estamos solos y que nadie vendrá a ayudarnos, pero luego me acuerdo que sólo cuando levantamos la voz conseguimos ser escuchados por las personas que tienen la capacidad de resolver los problemas. Me queda claro que la insistencia y exigencia pueden rendir frutos… siempre y cuando los responsables escuchen y dejen de hacerse tontos, actúen y eviten “echarle la bolita” a sus antecesores. ¡SEP, paga ya!

 

 

 

¡Ya, despide a ese cliente malo!

Adios

Muchos freelanceros se quejan de sus malos clientes, pero pocos se atreven a buscar otros. El clásico “más vale malo por conocido que buenos por conocer” se convierte en un mantra que los trabajadores independientes repiten mientras son objeto de malos tratos, falta de pagos y regateos por parte de sus viejos clientes.

¿Será que es nuestro destino fatal toparnos con personas que no aprecian nuestro trabajo, exigen cosas irreales y, además, evitan a toda costa pagarnos a tiempo? La respuesta es NO, NO y mil veces NO. Nuestro futuro siempre será lo que nosotros hagamos de él, si tenemos clientes malos es porque no queremos deshacernos de ellos.

Estos son los pretextos que yo conozco para no despedirlos:

Tengo mala suerte con los clientes

Es muy fácil asumir el papel de víctima pasiva mientras te quejas de tus miserables clientes que piden más de lo que quieren pagar o te colman de cambios. Si siempre te tocan malos clientes revisa qué estás haciendo para atraer ese tipo de personas.

Una amiga de la preparatoria decía que le gustaban los hombres dominantes que la celaban mucho, porque según ella, eso era signo de que la amaban. Varios de sus novios fueron golpeadores.

No es cierto que te persiga la “mala suerte”, si ya te descubriste escogiendo al mismo tipo de cliente malo ¡haz algo para cambiar ese patrón! ¡YA!

Hay que educar al cliente

Por supuesto que debemos ayudar a nuestros clientes a resolver sus proyectos ampliando sus opciones, mostrándoles el alcance de nuevas técnicas y solucionando sus dudas con información clara y verídica. Sólo enseñándoles parte de la magia y evidenciando nuestros conocimientos podemos ganarnos su confianza y presentarnos como profesionales.

Sin embargo, educar al cliente jamás deberá ser sinónimo de soportar a alguien que se comporta como niño berrinchudo que sólo ve para su conveniencia. Tu tiempo debe estar enfocado a trabajar en un proyecto, no a lidiar con personas que cambian de parecer a cada rato, que son inmaduros en sus relaciones profesionales o que simplemente no confían en tus recomendaciones porque eres muy joven.

Si pasas más tiempo discutiendo con el cliente que trabajando en su proyecto perderás tiempo y dinero.

Hay que ser profesional

Muchos diseñadores piensan que nunca deben dejar ir a un cliente porque hay que aguantarse, como los machos.

–¡Cómo que no voy a poder con los encargos extravagantes del cliente! ¡claro que puedo, para eso soy profesional!– y pues listo, nada es más fácil que ponernos nosotros mismos la soga al cuello.

Ser profesional no significa ser mártir, sufrir nunca será buena idea para ganar el sustento. Ser profesional es resolver, con estándares profesionales, el problema que plantea el cliente y cobrar en consecuencia.

El ejercicio profesional puede estar lleno de retos y a veces algunos aspectos pueden salirse de control, en esos casos debemos replantear los proyectos para evitar afectar nuestra salud. Eso de “trabajar toda la noche y comer cuando se pueda” es un signo claro de falta de organización.

Mi trabajo debe agradar

A los diseñadores nos pagan, entre otras cosas, para obtener un resultado estéticamente agradable. Como los cantantes, los diseñadores amamos aplauso y la aceptación. Para nosotros no hay peor escenario que cuando un cliente nos dice “No me gusta lo que estás diseñando”. Entonces tomamos el comentario como una afrenta a nuestra honra profesional y estamos dispuestos a probarle que somos capaces de hacer cualquier cosa para agradarle. En principio, eso no está mal, pero debes tener muy claro lo que le escribiste al cliente en la cotización: si ofreciste hacer cinco propuestas, debes obtener un visto bueno después de la segunda revisión, de lo contrario estarás comenzando a perder tiempo y dinero.

Algunas personas están acostumbradas a exigir mucho más de lo que están dispuestas a pagar. Si tú cotizaste la creación de un logotipo no aceptes hacer gratis el folleto y la papelería de la empresa sólo por agradar a tu cliente. Si la empresa requiere servicios adicionales debe contar con los recursos necesarios para pagarlos.

Si tú, llevado por tu deseo de aceptación, comienzas a regalar tu trabajo, te convertirás en un patrocinador más que en un proveedor profesional. Con la desventaja de que nunca aparecerá una placa en las oficinas de tu cliente que diga

“A nuestra bien amada diseñadora, que nunca le dijo no a nada, siempre estuvo dispuesta a hacer hasta lo imposible por agradarnos y, además, JAMÁS nos cobro por todo el trabajo extra.”
SEPTIEMBRE DEL 2018

Quiéreme, por favor

Me resulta llamativo ver cómo las mujeres diseñadoras son las que más buscan agradar con su trabajo, parece que la educación tradicional ha logrado que varias de nosotras busquen la aceptación a toda costa:

Tienes que hacer cosas agradables para que los demás te quieran.

Nunca contradigas a las personas, las harás enojar, y si se enojan ya no te querrán.

Es tu obligación servir a los demás, hazlo con tu mejor cara.

Las mujeres son multitasking y pueden atender muchos pendientes al mismo tiempo.

Aturdidas por este tipo de enseñanzas, varias diseñadoras confundirán un rechazo profesional con una declaración de abandono que las obligará a hacer “lo que sea” para mantener a sus clientes (malos) contentos.

En resumen: cada quien tiene los clientes que atrae, si no te gustan tus clientes actuales cambia tu oferta, explora nuevos nichos, investiga qué cosas está haciendo bien tu competencia, modifica la redacción de tu sitio web, trabaja en la creación de un portafolio vendedor, etc., etc. Y por favor, deja de trabajar con clientes que no te hacen feliz.