No compres problemas ajenos: un proyecto torcido

Este post es una colaboración de un querido amigo que nos comparte una experiencia poco agradable con un intento de cliente.

Voy a comentarles un episodio engorroso en el que un prospecto (que ni siquiera llegó a cliente) me enfadó por su actitud.

Hace un par de semanas me contactó a través del chat de Whatsapp una casa productora de video para que los apoyáramos desarrollando un proyecto pequeñito de realidad virtual. Lo curioso es que supieron que en mi negocio tenemos capacidad para realizar este tipo de proyectos gracias a que publicamos una muestra de nuestro trabajo en Facebook. Debí empezar a desconfiar porque, pesar de que les ofrecimos atender su solicitud a través de nuestra línea fija de teléfono, ellos insistieron en utilizar como teléfono el Whats.

El proyecto era verdaderamente pequeño pero de carácter urgente, para publicarse en redes sociales al día siguiente; podríamos haberlo desarrollado bastante fácil con el equipo de baja resolución (HDTV) que tenemos en la oficina. Coticé dos días de trabajo (la locación donde se capturaría parte del proyecto está fuera de la Ciudad de México, por lo que el proyecto se capturaría un día y se procesaría al siguiente, con carácter de urgente pero sin un sobreprecio elevado).

Nosotros tendríamos que capturar un evento de premiación, por lo que la ocasión era irrepetible, tenía que capturarse bien al primer intento y tenía que publicarse mientras la premiación fuera aún noticia fresca.

La solicitud de trabajo la recibimos un jueves para ir a la locación el sábado siguiente. El viernes estuvimos esperando la llamada de nuestro prospecto para confirmar (o cancelar) la solicitud, de manera paralela estuvimos ajustando nuestra agenda para poder cumplir con el proyecto si se confirmaba. Esta llamada nunca llegó.

La siguiente semana, por ahí del miércoles volvimos a recibir una llamada por Whats; era nuestro prospecto informándonos que habían decidido comprar un equipo de alta resolución (4K) para desarrollar ellos mismos el proyecto e iban a requerir únicamente que nosotros les ayudáramos con el armado y programación del mismo para compartirlo en redes sociales. En ese momento yo todavía creía, ilusamente, que podíamos apoyarlo de alguna manera y llevar a cabo un negocio pequeño pero interesante, así que pregunté cuáles eran las características del equipo que habían comprado y cuáles eran los ajustes que utilizaron en las cámaras de video del mismo. En ese momento me di cuenta que no habían capturado el evento de manera óptima y que desarrollar el proyecto, si acaso se salvaba el material que capturaron, sería un trabajo muy complicado. Calculé que aproximadamente se llevaría también un par de días de desarrollo cuando menos así que les ofrecí el mismo precio que para la opción de desarrollo que no tomaron.

Inmediatamente, el prospecto reclamó; no le parecía correcto que le cobráramos lo mismo porque ellos proporcionarían los archivos fuente para desarrollar el producto final. Además habían invertido en comprar el equipo para capturar el evento. En ese momento, consulte con mi socia y decidimos no colaborar con ellos.

Analizando el desarrollo de este proyecto que “no fue” encontramos varios elementos que debieron prender nuestras alarmas de cliente malo y que, por la premura, pasamos por alto:

  1. Solicitaron nuestro trabajo dos días antes de que se llevara a cabo un evento que tenía una fecha preestablecida desde por lo menos un mes antes ¿por qué no nos contactaron antes?
  2. El prospecto nunca se comunicó con nosotros por un medio distinto al Whats. Nunca levantó el teléfono para hacer una llama y procuró siempre comunicarse de la manera más baratita posible: no estaba dispuesto a pagar los minutos de teléfono fijo o celular de una conversación telefónica con nosotros.
  3. Su casa productora está trabajando para las oficinas en México de una de las agencias de publicidad más grandes del mundo, y no se atrevieron a decirles que ellos no desarrollaban el tipo de material que les estaban solicitando: optaron por no decir NO a su cliente, aunque eso implicó comprometerse a desarrollar un proyecto que no sabían si podían desarrollar. Este es el peligro que corren muchas agencias/casa productoras, etc. que se comprometen a desarrollar proyectos para los cuales tienen que subcontratar a otros proveedores.
  4. Decidieron ahorrarse el dinero de contratar a un experto (yo) con años de experiencia desarrollando el contenido que necesitaban y prefirieron invertir en comprar un equipo que no habían utilizado nunca (y que, por sus comentarios, configuraron de manera errónea).
  5. Compraron el hardware sin contar con el software necesario para realizar su proyecto (este síndrome debe tener algún nombre).
  6. Cuando nos pidieron ayuda para completar el trabajo, evaluaron,para su conveniencia, que debía costarles menos que el desarrollo completo. No estaban conscientes de los costos de corregir una grabación que se  capturó mal.

Como colofón: recibimos un último mensaje de Whats, dándonos las “Gracias por Nada”, mencionando su disgusto porque “entre colegas nos ponemos el pie”.

Confío en que esta experiencia me permitirá identificar a los malos prospectos antes de invertirles tiempo.

Cuando decirle SÍ a un prospecto

 

Constantemente los diseñadores, ilustradores, fotógrafos y demás entes crativos nos quejamos de los clientes malos, de sus solicitudes ridículas, de sus constantes cambios y la falta de seriedad a la hora de pagar. A veces pensamos que a los clientes les gusta jugar con nuestro tiempo, que son indecisos por naturaleza y reacios a valorar nuestro trabajo creativo.

Si bien parte o todo esto puede ser real para un cliente en particular lo cierto es que son pocos los que se preocupan por explicar cómo debe iniciarse una relación de servicios creativos.

La urgencia de ganar un cliente

Cuando los freelanceros tenemos una mala temporada esperando que caiga el próximo cliente podemos caer en el error de decirle SÍ al primero que pase. A veces algunos prometeran cosas que no podrán cumplir, como un fecha de entrega, otras trabajarán bajo condiciones poco dignas como la de ofrecer precios de hambre.

Hay clientes que huelen la desesperación de los freelanceros y abusan de la situación de poder que les otorga la promesa de pagar por un servicio. He visto diseñadores que se tiran al piso y patalean porque un cliente no les pagó un trabajo de $400 pesos. Para empezar ¿realmente conviene tener clientes con una facturación de $400 pesos? ¡Por supuesto que no! Si tus servicios son demasiado simples, baratos,comunes y corrientes tendrás que contar con MUCHOS clientes para que tu trabajo pueda darte de comer.

Yo prefiero invertir tiempo y recursos en pocos proyectos más redituables. Por eso mismo descarto los prospectos que, desde la primera llamada, mencionan que necesitan algo “sencillo” que, en el fondo, quiere decir que quieren un servicio barato.

Las primeras preguntas son clave

Hace unos días platicaba con la manager de eventos de un local en Polanco que tiene muy claras las preguntas que le debe hacer a un prospecto cuando llama:

  • ¿Qué tipo de evento desea realizar? (boda, presentación de libro, fiesta de cumpleaños, etc.)
  • ¿Para qué fecha tiene pensado el festejo? ¿será de día o de noche?
  • ¿Cuántas personas tiene en mente?
  • ¿Qué tipo de comida/bebida desea?

Con esta preguntas básicas ella se puede tener una idea clara del tipo de cliente que la está contactando. También puede deshalentar a los preguntones que sólo quieren saber precios, pero que realmente no tienen el presupuesto requerido para realizar el evento de sus sueños. Me platicó que, después de muchos “tira y afloja” con un prospecto que quería cotizar la comida de fin de año de una empresa, llegó a la conclusión de que el presupuesto que tenían no alcanzaba para más que una comida colectiva en el VIPs. Entonces se vió obligada a desanimarlo de la mejor manera: le dijo que la reservación del día se realizaba en el momento que depositaran el anticipo del %50 (que por cierto no era reembolsable si decidían cancelar la reservación con menos de 15 días). Obviamente el prospecto no regresó.

Nota al margen ¿Cuántos de ustedes todavían creen que es “de mal gusto” hablar de anticipos con los clientes?

Con este ejemplo en mente ¿cuáles son las preguntas clave que deberías recabar de un prospecto desde el primer contacto? Redáctalas e imprímelas para tenerlas siempre a la mano.

El factor tiempo

Ok, ya le enviaste la cotización al prospecto y te dijo que has sido el elegido por los dioses para realizar el trabajo ¡felicidades!.. pero no te olvides de poner por escrito las fechas en las que deberán suceder el pago del anticipo, las revisiones, la entrega definitiva y el pago final. Me consta que los proyectos más atractivos se vuelven una pesadilla cuando el no quedan claros algunos puntos como estos:

  • El cliente no considera indispensable cumplir con el pago del anticipo para iniciar formalmente el proyecto. Si tú no aclaras este punto entonces no te quejes cuando el cliente se demore en realizar los pagos. Las compañías telefónicas saben que es suficiente con cortar el servicio para que sus clientes corran a pagar sus adeudos.
  • El cliente piensa que puede solicitar todas las modificaciones que se le antojen durante el proceso creativo, aunque impliquen más horas de desarrollo que las contempladas originalmente. En tu cotización deben quedar asentadas el número de revisiones que incluirás por el precio pactado y aclarar cuánto cuesta el trabajo adicional no contemplado. Aclara que el pago será por un proyecto específico y que no te está pagando por estar disponible incondicionalmente durante el tiempo que dure el desarrollo.

Recuerdo a un cliente que tuve en Cuernavaca que se le hizo facil pedirme que llevara algunos cheques a su oficina en la Cd. de México pues “me quedada de paso”. Obviamente le dije que no. Luego me enteré que solía hacer este tipo de solicitudes a sus proveedores, como la de recoger a sus hijos del colegio pues “les quedaba de paso”.

  • Al cliente no le urge el trabajo, así que puede dejar de darte retroalimentación por periodos variados. Es indispensable que acuerdes desde el principio la fecha de entrega, aunque sea aproximada, porque no es lo mismo perseguir a un cliente durante un mes que durante medio año.

Me interesa que quede claro que muchas veces nos quejamos de situaciones con los cliente que simplemente son nuestra culpa. Son resultado del miedo o la pena que nos da dejar las cosas aclaras desde el principio, por temor a que el cliente se moleste y se vaya; pero ¿no sería mejor que un cliente malo se autodescalifique desde el principio y se vaya antes de que invirtamos nuestro valioso tiempo y cerebro en un proyecto que se vislumbra poco rentable?

 

Concursos de diseño: entra bajo tu propio riesgo

 

Esta semana mi querida @azulaureo trajo a mi atención dos convocatoConvocatoria El Bronco2rias de concursos de diseño bastante peculiares pues ambos ofrecen premios altamente cuestionables.

El primero se trata del diseño del logotipo para el nuevo Gobierno de Nuevo León, representado por el polémico Jaime Rodríguez, alias El Bronco, que en un afán incluyente y confianzudo convoca a “que la raza participe (sic) y de entre sus propuestas se defina un logotipo para darle cuerpo al lema Nuevo León, donde lo imposible se hace posible“.

De entrada la convocatoria suena muy atractiva, pues se trata de un logotipo que acompañará el inicio de un gobierno muy particular, que comenzó a hacer historia desde que El Bronco anunció su candidatura independiente. Ahora, en su carácter de Gobernador Electo, su equipo de comunicación social se atreve a realizar este concurso cuyo fabulosísimo premio consiste en…

¡¡Una cena con el Gobernador electo!!!

Probablemente este valiosísimo premio podría ser visto como una oportunidad de oro para más de un periodista que desearía compartir los alimentos, a la luz de las velas, con el carismático Bronco, pero estoy segura de que la mayoría de los mortales preferirían que sus esfuerzos “diseñísticos” estuvieran reconocidos con alguna cantidad de común y corriente dinero. Sobre todo pensando que, como lo describe la convocatoria, “Todas las propuestas pasarán a ser propiedad del Gobierno del estado de Nuevo León“, dejando a los participantes sólo con “los derechos morales del autor“.

Como era de esperarse de un concurso que está abierto a cualquier mexicano que pueda sostener un lápiz o manipular un mouse, tiene un simpático nivel de propuestas que rayan en lo cómico-trágico (ver galería).

La convocatoria dice que el 2 de octubre se daría a conocer al afortunado ganador, pero la página de internet aclara que será hasta el día 12 cuando sabremos cuál imagen habrán preferido los usuarios de Facebook.

Plan con maña

AANS UNAM 2El otro concurso de logotipo lo convoca la American Association of Neurological Surgeons (AANS) Capítulo UNAM cuyo tentador premio es un viaje de 7 noches y 8 días para dos adultos y dos niños a alguno de los paradisíacos resorts de lujo que maneja la empresa Vida Vacacions . Este premio sonaría increíblemente bien si no fuera por dos pequeños detalles:

  • Las letras chiquitas de las especifiaciones dicen “El premio no incluye impuestos, alimentos ni bebidas, propinas ni cualquier otra actividad o servicio que se desee adquirir o solicitar en el desarrollo.” Esto significa que el feliz ganador tendrá que afrontar los gastos derivados de la alimentación de cuatro personas, durante una semana, en su estadía en la Riviera Maya, Los Cabos o, ya de menos, en Acapulco. ¿Alguien quiere hacer las cuentas de a cuánto dinero puede ascender este gasto? Ojalá haya un Walmart en las cercanías del resort de lujo.
  • Investigando un poco sobre la empresa Vida Vacations resulta evidente que se trata de un negocio que se dedica a la venta de tiempos compartidos, por lo tanto me resultaría muy raro que no intentaran convencer al ganador, con sus conocidas y persuasivas técnicas de ventas,  para que adquiera una membresía.

Visto así ya no se ve tan atractivo el premio que ofrece la AANS ¿o sí?

Consideraciones generales sobre la participación en concursos

Además de las sabias advertencias que hace el sitio Graficopio.com sobre los concursos, les recomiendo que:

  1. No participen en convocatorias de diseño que estén abiertas a cualquier persona, profesional o no: es obvio, no hay manera de poner a competir de forma justa a personas que no comparten los conocimientos y técnica sobre la creación gráfica de una imagen institucional.
  2. No se involucren en concursos de diseño donde los usuarios de redes sociales tienen ingerencia en el resultado final: la creación de un logotipo que representará a una institución o un gobierno estatal, no debe debatirse bajo los principios de popularidad en Facebook o Twitter, donde los perfiles de chicas pechugonas o gatitos tiernos son de los más seguidos.
  3. Nunca caigas en la trampa de participar en convocatorias donde el premio es la promesa de difundir tu trabajo: este es el recurso más bajo que puede utilizar un convocante para obtener muchas propuestas de forma gratuita. Al respecto de andar regalando el trabajo, me gusta mucho lo que dice Stephen Silver en este video que también conocí gracias al sitio Grafiscopio.com << Inserción NO pagada :D
  4. Revisa que el premio no implique un gran desembolso de dinero: si te sale más caro el caldo que las albóndigas, seguramente hay algo mal planteado.

¿A ustedes les ha tocado participar en un concurso como estos? muero del morbo por conocer sus experiencias.

Y que me inscribo al gym

Además de los obvios beneficios de hacer ejercicio, ir al gimnasio es una actividad estimulante en todos los sentidos.

Para nadie es un secreto que el trabajo desde casa o freelanceo favorece los hábitos más sedentarios: levantarse tarde, comer junto a la computadora, no salir mas que lo indispensable, cambiar las reuniones con los amigos por noches de bomberazos, etc.
En mi caso en particular me di cuenta de que el 80% del tiempo que paso despierta lo dedico a mi trabajo, mi tiempo libre lo uso, principalmente para ver Netflix, comer y estar en mi casa… O SEA que me la vivo sentada.

Ya entrada en las confesiones les diré que pesaba 8 kilos de más y me quedaba clarísimo que necesitaba hacer cambios drásticos en mi rutina diaria. Llevaba mucho tiempo queriendo hacer alguna actividad física que no incluyera caminar en el súper, llevármela tranquila en el paseo ciclista o ir al la tiendita de la esquina por cervezas.

A principios de este año abrieron un gimnasio a cuatro cuadras de mi casa. La verdad es que ya existían otros gyms bastante cerca, pero siempre encontraba excusas para no inscribirme: que si no tenía tiempo, que si no tenía dinero que si ___escribe aquí cualquier excusa___ .

Entonces dejé de hacerme pato, fui a conocer sus instalaciones y decidí inscribirme a principios de julio. Estaba muy emocionada por las perspectivas de mejorar mi salud y, de paso, quitarme la pancita, tener brazos más fuertes y recuperar mi antigua silueta. Corrí a comprarme unos tenis nuevos y ajustada ropa para ejercicio.

Para mi sorpresa tuve que salir de la ciudad en varias ocasiones durante las dos primeras semanas y me quedé con una fuerte sensación de frustración por haber pagado una mensualidad que no pude “desquitar” desde el principio. Hacia el final de mes por fin tuve dos horas libres y ¡me di la oportunidad de tomar una clase de Zumba! Digo “darme la oportunidad” porque la música que se usa para esa actividad nunca ha sido mi favorita, pero me di cuenta de que me divertí muchísimo bailando y girando como loca durante 50 minutos.

Después probé todo el repertorio de clases grupales: desde Yoga hasta levantamiento de pesas, pasando por sesiones de patadas voladoras, imposibles clases de GAP y divertidas horas de todo tipo de bailes. Me di cuenta de que, a pesar de mi demandante trabajo de freelanceo, siempre puedo encontrar tiempo para ir a hacer ejercicio, aunque sea tres veces por semana. Ni siquiera viajar era pretexto para dejar de hacer ejercicio, hoy en día hasta los hoteles de medio pelo tienen gimnasio.

Antes de que alguien me diga que eso de ir al gimnasio es muy caro les recuerdo que en la Ciudad de México hay montones de parques con aparatos para hacer ejercicio de forma gratuita, y muchos gyms cobran desde $350 al mes, así que quien no se ejercita es porque no quiere.

Tal vez es cierto eso de la adicción a las endorfinas que se liberan en nuestro organismo cuando hacemos ejercicio de forma recurrente, tal vez es el inevitable “taco de ojo”, tal vez son los evidentes cambios que noto en mi cuerpo, el asunto es que me siento muy bien por hacer cambiado mi sedentaria rutina.

El ejercicio me ayuda a liberar la tensión del trabajo en la computadora, también me viene muy bien imaginar a un cliente malo cuando practico mis derechazos y mientras uso la elíptica me concentro en la solución a un problema específico.

Si tú eres freelancero y has notado que esas lonjitas ya dejaron de ser sexis, te recomiendo que consideres realizar alguna actividad física recurrente, te garantizo que te vas a sentir MUCHO mejor.

Por cierto, asisto a un gimnasio que se encuentra en un primer piso y no me explico como es que muchos de los asistentes ¡usan el elevador para evitar subir por las escaleras!

Perdieron la chamba por chambones

La semana pasada me contrataron para fotografiar una zona industrial de Michoacán, la persona que se encargó de conducir la camioneta que me transportaba por las instalaciones, me chismeó porqué yo me había ganado la chamba*:
Resulta que en años anteriores contrataron a una agencia de publicidad muy cool para realizar videos y tomar las fotos de las instalaciones. Me contó que el primer año fueron tres personas las que conformaron el equipo, el siguiente año eran cinco y el último año fueron siete personas las enviadas por la agencia.
— Supongo que los requerimientos fueron aumentando — dije casual.
— Para nada, el resultado era el mismo, pero esos chavos se pasaron de listos enviando a un equipo más grande de que se requería.
— ¿Entonces no todos chambeaban? — dije con tono de que quería saber más.
— No, todos daban órdenes, pero sólo dos cuates hacían las tomas. Nos daba mucha lata hacerlos entender que debían usar casco y chaleco fluorescente todo el tiempo. Un día llegaron bastante tarde, con cara de crudos y tres de ellos sin zapatos de trabajo, por lo que se tuvieron que quedar en la camioneta todo el día. Para no aburrirse se dedicaron a hacer comentarios sexosos sobre las mujeres que se topaban. — Me dijo en voz baja.
— Sospecho que no se estaban tomando muy en serio su visita.
— Pues yo creo que no, me tocó ver que uno de ellos se molestó porque un jefe de taller le llamó la atención: quería entrar con mocasines sin calcetines, pantalón de manta arremangado y sombrero chistosito.
<<Pantalón de lino, no manta; sombrero Panamá, no chistosito>> pensé, pero daba igual, el punto es que el chavo no tenía conciencia del lugar que estaba visitando, o no le importaba.
De golpe recordé la risa que me dan las personas que desembarcan en el aeropuerto de la Ciudad de México, provenientes de algún destino de playa, con chanclas y pareo, aún con rastros de arena en la espalda. Nomás se bajan del avión y sufren con el frío de la terminal, ponen ojitos tristes al ver que está lloviendo y se enojan porque no traen a la mano ningún suéter. Adolecen de una total falta de previsión.
El asunto es que, ante tanta falta de seriedad de la mentada agencia de publicidad el cliente de Michoacán los mandó a volar, el departamento de mercadotecnia se compró una cámara de video y un drone y buscó alternativas para el levantamiento fotográfico: así llegué yo. Recuerdo que en la cotización me exigían que confirmara el número de personas que se requerían para realizar las fotos, yo les reiteré varias veces que sólo viajaría yo. Ahora sé porqué estaban tan preocupados.

Primero lo primero

La siguiente anéctota que demuestra que, nomás nos dan tantita oportunidad, luego luego perdemos la importancia de priorizar el trabajo: resulta que hace unos años invitaron a un grupo de fans mexicanos de Star Wars a participar en una grabación especial, sin fines de lucro, que incluiría a fans de todo el mundo. La cita fue en Pasadena, California. Les pagaron parte de los gastos (hospedaje y alimentación). Lo triste fue que el saludo mexicano nunca se grabó porque los jóvenes que fueron llegaron tarde a la grabación. La excusa fue inadmisible: rentaron un coche para ir de shopping a un Outlet y se perdieron de regreso.
Compañeros freelanceros: no los voy a aburrir recordándoles que se tomen sus responsabilidades en serio, la verdad, gracias a que algunos no lo hacen, otros tenemos la oportunidad de quedarnos con sus clientes que están pagando por un servicio profesional.
Muchos están acostumbrados a que nadie les diga nada porque llegan media hora tarde, o no observen las medidas de seguridad, tal vez nadie se los va a reclamar, pero que no les extrañe que los vuelvan a llamar.
*Chamba: el trabajo al que nos dedicamos.
Chambón: Persona que no atina a hacer bien las cosas.

Freelanceros en viaje de negocios

… o cómo aprendía a amar el aire acondicionado.

No me pregunten porqué, pero en el último mes he tenido que viajar a cuatro ciudades con altas temperaturas: Mérida, Monterrey, Culiacán y Los Mochis. No falta el inocente que me dice —¡Ay, que suertuda tú que te puedes andar paseando por todo el país!— A lo que siempre respondo: —No es suerte, es la consecuencia directa de mi trabajo… y no, no me ando paseando.

Trabajar como fotógrafa para empresas me ha permitido conocer muchos lugares, pero no como turista. La planeación que requiere un viaje de trabajo no tiene nada que ver con unas vacaciones por placer. Todavía recuerdo con inquietud la ocasión en que volé a Panamá para realizar unas fotografías para una agencia española ¡y regresé el mismo día! fue un viaje muy desgastante para el que debí haberme quedado una noche. Sin embargo, sucumbí a las exigencias de la agencia y recorté los gastos lo más que pude. El problema fue que mi vuelo llegó una hora y media tarde, tuve que hacer la sesión fotográfica en chinga y regresar como de rayo al aeropuerto para no perder el vuelo de regreso. Fue un viaje muy estresante.

A continuación te comparto mis 10 sugerencias para viajar por trabajo:

1. Siempre cobra los viáticos por adelantado, nunca compres un boleto de avión si tu cliente no ha depositado el anticipo y estés 100% seguro de las fechas de la visita. Cancelar o cambiar un vuelo siempre tiene un costo.

2. Como lo predicaba George Clooney en la película “Up in the air”: Viaja ligero. Procura que todo quepa en una maleta pequeña que puedas llevar en el equipaje de mano, así evitarás perder el tiempo esperando en las bandas del aeropuerto, además de que no tendrás que preocuparte por la pérdida del mismo. Si tienes que documentar maletas evita dejar en ellas equipo electrónico, llamará la atención de los amantes de lo ajeno.

3. Reserva un hotel que quede cerca de la locación que visitarás, ahorar algunos pesos hospedándote al otro lado de la ciudad no es una idea sabia, perderás tiempo y dinero trasladándote a cada rato. Considera hospedarte en “hoteles de negocios” (como City Express, Holiday Inn Express, One, Microhotel, etc), sus precios son accesibles, sus instalaciones son seguras y algunos hasta incluyen un desayuno sencillo. Nada de lujos extra.

4. Además del transporte y alojamiento debes considerar el precio de los traslados en la ciudad: es muy fácil caer en la tentación de no contemplar el gasto en taxis para bajar el costo de los viáticos pensando que podrás moverte en otro tipo de transporte público, la realidad es que eso no es muy práctico, a menos que conozcas bien la ciudad, tengas tiempo de sobra y no andes cargando equipo. Considera que los taxis de los aeropuertos y centrales de autobuses nunca cobran menos de $150 pesos.

5. Si bien puedes reducir los gastos alimentándote con sánwiches del 7-Eleven, piensa que andar malcomiendo no es la elección más inteligente, tu rendimiento puede verse deteriorado seriamente. Contempla gastar entre $100 y $200 pesos en cada comida. Prefiere hacerlo en restaurantes que puedan proporcionarte facturas, los viáticos son deducibles en tu contabilidad mensual. Si no puedes obtener una factura, por lo menos guarda el ticket de compra, te servirá de comprobante de gastos.

6. Investiga un poco acerca de la ciudad que visitarás, recorre virtualmente sus calles con Google Street View y familiarízate con la zona que visitarás. A mi me pasó que no me di cuenta que mi hotel estaba sobre una carretera y era imposible atravesarla a pie para llegar al centro comercial de enfrente que estaba a sólo unos metros.

7. Tu seguridad en primero; ya sé que voy a sonar a abuelita, pero por ningún motivo te expongas a situaciones peligrosas. Recuerda que viajas solo(a) y eres el único responsable de tus actos, no te vaya a pasar como al mexicano que saltó del crucero brasileño en una “puntada de borracho”. ¡Aplica el sentido común, carambas!

8. Lo siento, no vas de paseo. Un error común en los primeros viajes que realizan los freelanceros es pensar que el cliente les está patrocinando las vacaciones. Debes tener muy claro que el principal objetivo del viaje es hacer un negocio al cual le deberás dedicar todo el tiempo necesario; ya después, si te quedan unas horas libres, podrás visitar algún museo, probar la gastronomía del lugar, pasear por la playa o conocer el centro de la ciudad. Yo he tenido que visitar destinos 100% turísticos como Cancún y no contar ni con 20 minutos para bajar a la playa o entrar a la alberca.

9. Siempre contempla un porcentaje para gastos no previstos, créeme, no es raro que algo se salga del itinerario y tengas que pagar extra por cualquier cosa. Te recomiendo que lleves dinero en efectivo, pero procura pagar los gastos con una tarjeta de débito asociada a tu cuenta fiscal, así será más fácil comprobar tus viáticos y hacer tu declaración mensual. Ojo: si tuviste que viajar para realizar un trabajo la factura que le expidas a tu cliente debe decirlo claramente, por ejemplo: Proyecto de levantamiento fotográfico en Mérida, Yucatán. De lo contrario no podrás justificar el viaje de trabajo.

10. Piensa que vas como embajador de tu ciudad o país. Yo soy chilanga y siempre que lo menciono las personas se espantan un poco, tienen una imagen desfavorable de los habitantes de la Cd. de México. Me interesa que sepan que no todos lo que vivimos acá somos ladrones o embaucadores, que habemos muchísimas personas que trabajamos intensamente, como lo hacen muchas otras en todos los rincones del mundo. Me gusta escuchar a la gente, conocer sus ideas y temores. Hace quince días visité Monterrey, N.L. Allí un taxista me dijo que los habían obligado a ir a un mitin en favor de Ivonne Ortega del PRI, pero que ellos ya sabían que “El Bronco” la tenía ganada. Interesante profecía del futuro.

Y tú ¿qué tips has aprendido cuando tienes que viajar por trabajo?

Clientes mañosos y mentirosos

Esta semana tuve que batallar con personas poco honestas que pusieron a prueba mi serenidad y paciencia. El primer caso se trató de un cliente que me solicitó un paquete de fotos para sus dos nuevos edificios de oficinas en renta. El primer el proyecto se desarrolló como estaba previsto, hubo dos rondas de revisiones sin mayor novedad.  Justo cuando yo casi lo había dado por terminado, me habló su secretaria para informarme que el color de las paredes interiores “estaba mal”:

— ¿Cómo que está mal el color de las paredes? no me queda claro porqué dicen eso.
— Es que no es un color chocolate, es más bien durazno.
— El color de las paredes es café oscuro, no tiene nada de durazno.
— Por eso te digo que está mal tomado, lo vas a tener que retocar.
— Te aseguro que no está mal fotografiado, tal vez se trate de una cuestión perceptual…
— No, mi jefe dice que tienes que arreglarlo.

La conversación no terminó muy amigablemente, le dije que podría “desaturar parejo” las fotos, pero no retocar a mano todas las paredes pues se vería falso. Ella no quedó muy conforme con mi respuesta.
Dos días después, casualmente, tuve una cita a cinco cuadras del edificio que había fotografiado y, sin haberlo planeado, decidí tomarme unos minutos para visitarlo y ver si realmente me había equivocado tanto con el balance de color de mi cámara. El vigilante, que ya me conocía, me dejó pasar sin problema y me preguntó que cuáles oficinas quería ver si “las antiguas o las que estaban recién pintando”. Mi sentido arácnido me indicó que allí había algo que no estaba bien, así que rápidamente le dije que me interesaba ver ambas oficinas.

Mientras yo tomaba fotos con mi celular el vigilante me platicó que al dueño no le había gustado el color oscuro con el que habían pintado originalmente las oficinas así que mandó volverlas a pintar con un color más claro. Incluso me mostró un marco de ventana que tenía ambos colores… priceless… click… click.

Con toda la evidencia en mi celular regresé a mi despacho con una mezcla de emociones, por un lado me sentía tranquila al confirmar que había realizado las fotos correctamente, pero estaba muy enojada porque habían tratado de engañarme y obligarme a retocar sus fotos haciéndome pensar que yo me había equivocado.

Como este era el primero de dos proyectos con el mismo cliente (yo ya había recibido el anticipo de ambos) decidí que no me iba a pelear a lo menso diciéndole ¡eres un maldito mentiroso, hoy fui al edificio y me encontré a los pintores cambiando el color de las paredes! ¿¿porqué me hiciste creer que yo me había equivocado, vil gusano del inframundo??… no, no, nada de eso. Cuando le llamé me atendió su secretaria y le di la oportunidad de no confrontarnos:

— Oye, te quiero platicar que hoy visité el edificio de oficinas y me encontré con los pintores. Ya me enteré del problema con las pinturas de las paredes y quiero confirmarte que las fotos se van a quedar con el color de cuando las tomé…
— Ahhh, okey… entonces ya lo viste… es que mi jefe…
— Sí ya sé lo que pasó, pero no hay problema. Si te parece bien te mando hoy la factura por el saldo de este proyecto, en cuanto está pagado te mando los archivos grandes para que tu webmaster ya pueda ir subiendo las fotos.
— Sí, sí, me parece muy bien ¿cuándo hacemos la cita para tomar las fotos del otro edificio?…

Y así quedó todo claro sin reclamos ni azotes, le dije sutilmente que ya los había cachado mintiendo, que no había problema y que podíamos seguir con los proyectos como los habíamos pactado.
De todas formas guardaré las fotos como un souvenir de un cliente mentiroso.

El anticipo manda

El otro cliente con el que no estuve contenta esta semana es una agencia de publicidad que me contactó para hacer varias fotografías de una franquicia de laboratorios médicos con sucursales en el D.F. y otras ciudades.

Me hablaron desde el año pasado, pero el proyecto ha tenido muchos retrasos pues el cliente final se tarda mucho en aprobar los presupuestos. Cuando todo parecía que estaba listo para arrancar me dijeron que no podrían dar el anticipo del 60% que yo solicitaba, pero que podían dar tres pagos del 33%.

Yo les confirmé que sí, pero que las visitas fuera del D.F. tendrían que ser programadas al final, cuando ya hubieran pagado por lo menos el 66% del total. Me respondieron que no había problema al respecto, pero que necesitaban que les enviara el calendario de visitas a las sucursales por escrito. Así lo hice, pero en el cronograma les indique que estaba sujeto al pago del anticipo del 33%.

Tres días antes de iniciar el proyecto no había recibido ningún pago. Llamé para ofrecerles una reprogramación de fechas pero me dijeron, muy espantados, que no se podían cambiar las fechas que ya habían “hecho toda la logística”. Entonces pensé “este proyecto ya valió ver…dura” y les recordé que si no había anticipo no había confirmación de fechas.

Patalearon todo lo que pudieron, me pusieron en “speaker” con quien sabe cuantos fulanos que, en resumidas cuentas, me juraron que me iban a pagar cuando su cliente les pagara a ellos.

Como yo ya estoy podrida de escuchar esa excusa les dije, lo más serena que pude, que desde el principio les aclaré que yo no trabaja así, que si ellos no cobraban anticipos a sus clientes no era mi problema, y que me daba tristeza de tener que dejar el proyecto antes de empezarlo.

Al día siguiente me enviaron un correo que parecía redactado por un adolescente borracho; decía algo parecido a recibir un pago hasta el viernes y que si les podía reprogramar todo. Les contesté que podían depositar cuando quisieran, que hasta entonces reprogramaríamos todo, no antes.

Ya pasó el viernes y no recibí ningún depósito de su parte. Probablemente ya contactaron a otro fotógrafo, espero que le vaya bien.

Y tú ¿cómo lidias con clientes mentirosos?