Queremos tu trabajo, no podemos pagarte

disenador editorial2Me estoy cansando de ver anuncios donde requieren diseñadores para trabajar gratis.

Estos avisos hacen uso de la modalidad de “intercambio en especie”, “oportunidad de aprendizaje” o el clásico “te daremos el chance de mostrar tu trabajo al mundo”… y ¿saben qué? ¡Ya estuvo bueno de abusar de los diseñadores! Si no te van a pagar con dinero entonces no se puede llamar empleo o trabajo.

Difícilmente encontraré un anuncio que solicite a un arquitecto para construir una casa al cual se le ofrezca “pago en especie”. Tampoco abundan las ofertas para secretarias a las que se les pague con “aprendizaje”. Mucho menos habrá un requerimiento para un abogado que no cobre a cambio de que “su trabajo sea mostrado al mundo”. Entonces ¿porque los diseñadores somos menospreciados como profesionales? la respuesta es simple: como somos demasiados, peleamos por ofertas ridículas y ocupaciones disfrazadas de empleo.

Mis sugerencias si aspiras a trabajar en una empresa:

  • Considera que el periodo de prueba en un empleo no debe ser a cuenta de tus ahorros, si no te pagan en esta etapa de inicio ¿qué te hace pensar que lo harán después?
  • Recuerda que el truco de los trainees está bien para entretener a los jovencitos que están terminando la universidad, pero si ya tienes más de 30 años ¡no puedes darte el lujo de trabajar gratis para aprender!
  • Cuando un despacho o asociación ofrece un Trabajo (sí, así con mayúsculas) te debe dar un contrato y prestaciones, debes estar dado de alta en una nómina y recibir tu pago puntualmente. Si algo de esto te falta ¡no estás en un empleo formal! Ojo: entregar recibos de honorarios no te hace “empleado” de la empresa, sólo demuestra que en realidad no estás contratado y eres un freelancero que cubre un horario en una oficina, sin derecho a crear antigüedad.

Y si eres freelancero:

  • Recuerda que tú, y sólo tú, decides cuando vas a donar tu trabajo. Tú, y sólo tú, debes evaluar qué asociación o persona merece que le regales tu tiempo y trabajo. Obviamente, a menos que alguien te mantenga, donar tu trabajo “a la causa” sólo lo puedes hacer como una ocupación parcial, nunca con disposición total de tu tiempo.
  • Si alguien te convence de pagarte en especie (con cosas, pues) evalúa si realmente lo que te están ofreciendo es algo que verdaderamente quieres o necesitas. Recuerda la historia que platiqué sobre la diseñadora a la que le pagaron con depiladoras No-no: ¡qué problema fue venderlas!
    Si alguien ofrece pagarte en especie realmente te está pagando menos, me explico: el dueño de la fábrica de juguetes te ofrecerá pagarte los $10,000 pesos que te debe con mercancía valuada en su catálogo por un total de $10,000 pesos; el detalle es que a él esos juguetes realmente le cuestan fabricarlos aproximadamente $7,000. Al final te está pagando 30% menos de lo que le costaría pagarte con dinero.
  • Si eres un profesionista independiente, y ya tienes por lo menos cinco años trabajando por tu cuenta, ya sabes que te están cuenteando cuando un cliente te dice:
    — Hazme una prueba gratis para que me anime a encargarte el proyecto.— No te podemos pagar, pero vamos a incluir tu crédito para que puedas presumirlo en tu portafolios.
    — Estamos evaluando a varios ilustradores y vamos a optar por el que mejor desarrolle el brief.
    — Nos encantan tus fotografías ¿podrías enviarnos varias para nuestra revista? no hay pago, pero es promoción.
  • Si por alguna extraña razón decides trabajar a cambio de otra cosa diferente al dinero, por favor, deja muy claro los alcances del proyecto, establece plazos claros y nunca permitas que te traten como un empleado al que sí le pagan.

Como bien dice @ElDivanDelCopy :

No se reciben ofertas SIN PAGO o donde “se paga con aprendizaje”. “Aprendizaje” mis huevos.

Mi huella en Las Vegas

Eso de ser princesa nunca se me dio. Lo mío es vestir de mezclilla y tenis cómodos.  Como tengo un sólo vestido en mi clóset nadie podrá acusarme de ser glamorosa ni nada por el estilo. No me apasionan las bolsas ni los zapatos, tal vez mi única obsesión sea ser puntual.

Imaginen cuál sería mi angustia cuando me enteré que, como parte de las actividades de la convención en Las Vegas a la que asistiríamos mi esposo y yo, se incluía una cena formal. ¿Qué me voy a poner? dije repitiendo un famoso cliché. ¿Cómo debería vestirme para esa importante ocasión en la que, además, iría representando a mi país? Todo el asunto me pareció cuesta arriba: compré un bonito vestido blanco animada por los comentarios de mi marido, era muy pegadito y con la falda más corta de lo que jamás había usado. Cuando volví a probármelo en casa me di cuenta de que no podría usar ropa interior normal pues se marcaba to-di-ta. Hasta ese momento de mi vida cobró sentido la existencia de las fajas sin costuras y las pezoneras de silicón.

Cuando le conté a mi madre sobre este importante evento no dudó en contribuir con mi correcta presentación: me entregó una cajita que contenía el primer anillo que ella pagó con su dinero, un collar de plata que había sido de mi abuela y unos aretes prestados de mi hermana que, aunados a una pulsera de una tía constituían, literalmente, las joyas de la familia. Dicha cajita viajó pegada a mí hasta Las Vegas.

La convención inició como estaba programada. Los más de cien participantes habían llegado desde todos los continentes y mi esposo y yo éramos los únicos mexicanos en el evento. La fecha de la cena se aproximaba y yo tenía todo listo para vestirme como lo había planeado semanas atrás.

Llegado el día comencé a prepararme con suficiente tiempo; vestirme me tomó solo unos minutos y, antes de ponerme los zapatos, busqué el frasco que había comprado la ocasión. La etiqueta lo decía todo: “Medias en spray, rocíe generosamente sobre las piernas para obtener una apariencia uniforme y nacarada“. Como anticipé que el spray podría alcanzar a desprender una nube de color decidí realizar la operación dentro de la enorme tina del baño del hotel. El primer chisguete fue decepcionante, dos ríos de color negro corrían por mis piernas. Cada vez que oprimía la válvula escupía un tono distinto: amarillo, café, rosa ¿acaso el frasco contenía un muestrario de todos los colores de piel que existían en el mundo? Lo agité lo mejor que pude pero el resultado no mejoró. Para empeorar mi precaria situación mi marido tocó a la puerta del baño para confirmarme que ya era hora de irnos. No recuerdo qué fue lo que le grité, pero lo alejé con éxito.

Derrotada decidí quitarme todo el pigmento que escurría por mis piernas. Como no podía salir de la tina batallé para alcanzar  una toalla para manos con la cual comencé a frotar mis variopintas extremidades. Para mi sorpresa los pigmentos le habían tomado cariño a mi piel y rehusaban abandonarla. En mi desesperación tallé lo más fuerte que pude y terminé, cinco minutos después, con unas piernas manchadas y rojas de ardor. Para colmo mi vestido también había participado de la orgía de color ¡Mi hermoso y ya no tan blanco vestido!

Salí del baño descalza para mostrarle a mi esposo el desastre de mi persona. Comencé a llorar y declaré que no bajaría a la cena. Lo había estropeado todo. Tampoco recuerdo cómo él me convenció de cambiarme de ropa y ponerme un pantalón sobre el vestido. Me faltaba peinarme.

Cuando regresé al baño la escena me dejó horrorizada, era igualita a Psicósis. Tomé la misma toalla e intenté quitar las manchas de pigmento de las paredes de la tina, pero sólo logré extender el daño. Lo intenté con un poco de agua y jabón pero solo obtuve la apariencia de un gigantesco plato de mole mal lavado.

Angustiada por la hora decidí dejarla como estaba y bajamos al salón donde se llevaba a cabo la cena. Quería pasar desapercibida, que nadie notara mis ojos rojos y mi falta de glamour. Paso a paso comencé a relajarme, no ví a nadie vestido de manera formal, las playeras y los tenis abundaban. Uno que otro asistente usaba bermudas y chanclas. Ahora estaba a salvo, nadie me vería feo a pesar de no estar vestida como princesa.

La cena era bastante más informal de lo que esperaba, me encontraba formada en la barra del buffet cuando se acercó uno de los organizadores del evento para decirme –¡Hey, ustedes los mexicanos siempre tarde!– Sentí que sus palabras resonaron en todo el salón y yo me quería morir. Las lágrimas volvieron a asomarse en mis ojos y le contesté – I´m so sorryyyyyyyyy!!!

Sospecho que sorprendí al pobre hombre con mi sentida respuesta pues intentó consolarme diciéndome que no me preocupara, que los brasileños son más impuntuales. No sé que pasó el resto de la cena, sólo recuerdo que cuando regresamos al cuarto volví a intentar remover las manchas de la tina. Mi esposo me explicó que el personal de limpieza utilizaría un solvente especial al día siguiente. Por si las dudas llené la tina con agua para evitar que la pintura se secara.

A eso de las 3 de la mañana desperté angustiada y regresé al baño para corroborar que nada había sido un sueño. Al día siguiente todo seguía igual, nos bañamos y bajamos para asistir a la primera conferencia de la mañana. Yo pensaba con inquietud que la recamarera ya habría pasado por la habitación y trataba de imaginar cuánto nos cobraría el hotel por una tina nueva. En el primer receso corrí a la habitación y al entrar al baño me alegré al ver que la mayor parte del pigmento ya no estaba allí, excepto una muy bien definida huella* de uno de mis pies que resistió a todos los solventes.

No cabe duda de que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”.

 

*Aquí dejo una pésima foto de ella.

El anticipo es la prueba de fuego

AnticipoTuve ese canijo presentimiento de fracaso desde la primera vez que me contactó este prospecto. Pero, sinceramente, era un proyecto bonito y grande, así que decidí no hacerle caso a mi sentido arácnido y me avoqué a la fase de planeación.

El prospecto era un restaurante de una cadena mediana que tiene 27 sucursales repartidas en 13 estados de la República. El encargo de su departamento de marketing era tomar dos fotografías del interior de cada restaurante en menos de un mes… fácil ¿no? en teoría sí, pero no resultó una tarea sencilla revisar los horarios de los vuelos y los autobuses para hacer rutas y cubrir todas las locaciones (a veces hasta tres en un solo día), crear un cronograma que indicara el horario exacto de mi llegada a cada sucursal y calcular los viáticos.

Además, el dueño de la cadena quería que no aparecieran clientes en las fotos, así que, o se tomaban antes de la apertura o se confiaba en que el personal del restaurante haría lo necesario para reservar ciertas mesas y dejarlas listas justo a la hora que yo les había indicado.

Todo el plan estaba bastante matado, pero era factible, así que le dediqué varias horas a definir un cronograma pulido y correcto. Cuando lo presenté a la encargada de mercadotecnia le encantó, entonces le solicité el anticipo y envié la factura correspondiente. A los dos días me llamó apenada para decirme que, debido al Mundial de fútbol, no se podrían hacer las tomas en las sucursales que cuentan con bar, así que deberíamos eliminarlas del programa. También me indicó que debía cambiar algunas fechas por “asuntos de inventario”.

Para no hacerles el cuento largo les diré que, a lo largo de un mes, elaboré cinco versiones del cronograma por diferentes motivos, entre ellos, el aumento de precios en los boletos de avión y autobús debido a la llegada de las vacaciones de verano. Obviamente al prospecto no le gustó que el precio de los viáticos aumentara, pero a mí tampoco me encantó que el número de fotografías acordadas al principio fuera disminuyendo.

Un mes y medio después del primer contacto, por fin teníamos un acuerdo sobre las fechas y horarios para realizar las tomas fotográficas.

Y entonces todo valió queso…

Como los asiduos lectores de este blog sabrán, yo no comienzo a trabajar sin anticipo ¡y menos en un proyecto que requería la compra anticipada de boletos y reservaciones de hotel! Por lo tanto, una vez acordado el cronograma, le envié al prospecto la factura correspondiente y le solicité el depósito del 50%.

Días después de recibir la factura electrónica, me llamó, el viernes a las 19:30 hrs., para decirme que los datos que me había enviado estaban mal y que debía volver a enviarle la factura a nombre de otra razón social.

—De acuerdo, te la envío en un momento.– Le confirmé.

—No te apures, ya voy de salida, mejor mándamela el lunes.— Me dijo despreocupadamente.

El lunes por la mañana recibí otra solicitud de modificación en el calendario. Como ya me sospechaba que se trataba de técnicas dilatorias para hacerse pato con el pago del anticipo, le pedí que me firmara un sencillo contrato y le di tres días de plazo para que realizaran el depósito del anticipo. Me respondió que se encontraba fuera de la ciudad y que agradecía mi comprensión (?)

El día que se cumplió el plazo, me mandó un correo extrañándose por mi falta de confianza al pedirle que firmara un contrato, me dijo que la nueva factura estaba mal y me aclaró que el anticipo estaría “sin falta” la siguiente semana. Entonces tomé el teléfono y le llamé para informarle que el proyecto se cancelaba.

No fue una llamada sencilla, la voz se me entrecortaba de coraje y nervios al declinar un proyecto de ese tamaño. Quería aclararle que había tomado esa decisión porque no veía compromiso de su parte, pero al final sólo le dije que tenía varios pendientes con otros clientes y que ya no podía postergarlos más. La encargada de mercadotecnia me dijo de todo: que yo no era profesional, que la iba a hacer quedar muy mal con sus jefes y que no podía dejarla colgada. Yo sólo tragué camote, le dije que ya no podía atender su solicitud y no le ofrecí ninguna opción. Sinceramente no tenía ganas de arreglarle un problema que yo no había creado.

Estaba muy enojada por haber invertido tanto tiempo en la planeación y no estaba dispuesta a jugármela con este proyecto. Estoy segura de que había muchas posibilidades de que algo se saliera de control, pues lo que mal empieza mal acaba. Afortunadamente era cierto lo de los otros clientes, así que no he tenido tiempo de lamentarme demasiado por este tropiezo.

 

Peripecias en territorio Godínez

Las últimas palabras del cliente eran las deseadas “Muchas gracias por todo Leonora, mi jefa quedó muy contenta con el proyecto y ya firmó tu Acta de entrega-recepción.”

Muy bien, pensé para mis adentros, ahora viene la parte que menos me gusta: la cobranza. Sentí un pequeño ardor en el estómago al repasar todos los trámites que había realizado hasta ese momento para cotizar, concursar y ganar este proyecto para una dependencia del Gobierno Federal. Ahora tenía que armarme de paciencia para concluir los trámites para ingresar mi factura y, si San John Lennon me era favorable, recibir el pago en, más o menos, 30 días.

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Junté todos y cada uno de lo papeles que tenía en expediente, les saqué copia y los ordené como mejor pude. Me puse mis zapatos más cómodos y me dirigí a la dependencia. Saliendo del metro no fue difícil localizar la puerta principal del edificio, sólo había que seguir a todas las personas que, como yo, llevaban una carpeta o portafolios con documentos. Luego de sortear decenas de puestos callejeros, representantes de las más variadas viandas chilangas, llegué a la recepción donde me canalizaron a los últimos pisos.

El elevador que tomé se esforzaba en transportar a los pasajeros. Una miserable plaquita decía: “Máximo 8 personas”, pero no aclaraba cuál era el peso máximo que se esperaba de cada uno. De lo contrario, los reclamos y las miradas acusadoras no se harían esperar.

El viaje hasta mi destino tomó más de 6 minutos, deseaba haber contemplado las escaleras, pero ya estaba enbarcada en el paseo. La apertura de puertas en cada uno de los pisos mostraba escenas imborrables: en uno se ancanzaba a ver a una decena de personas con enormes rebanadas de pastel servidas en microscópicos platos de plástico, todas empeñadas en caber en el cubículo de la festejada. En otro piso ví un improvisado puesto de Herbalife que competía con otro de perfumes genéricos.

En el penúltimo piso las puertas se abrieron para mostar una escena peculiar: todo el hall estaba inundado con garrafones de agua, la mitad vacíos, la mitad llenos. No quiero imaginar al  pobre empleado encargado de realizar el cambio.

Al llegar a mi destino me presenté con la persona indicada; cual sería mi sorpresa cuando me contestó:

—No señorita, usted no está dada de alta en nuestro sistema, me hubiera acordado de su nombre.
Hice una inspiración profunda, como si deveras supiera yoga, y dije:
—Estoy segura de que estoy dada de alta en el sistema, de lo contrario no habría recibido el contrato ¿podríamos revisarlo en su computadora?

Le dedicamos los siguientes minutos a “cazar” una silla para que pudiera sentarme, parece ser que en esos lugares las sillas son consideradas objetos de lujo y son propiedad privada. Luego de “robar” con éxito la silla del que se fue a la Villa, el funcionario se tomó su tiempo para buscar y corroborar, a su pesar, que sí me encontraba dada de alta en su famoso sistema. Entonces me pidió todos mis papeles para revisarlos como quien busca el número ganador de la lotería. Después de la minusiosa revisión me confesó que su departamento jurídico aún no liberaba cierto documento, pero que de todas formas me permitiría proseguir con el trámite. Entonces me envió a otro piso para que entregara mi factura.

Ahora sí tomé las escaleras. Al llegar pregunté al oficial de la entrada por la persona en cuestión y me envió a un escritorio vacío. Su vecino se limitó a decirme “Está en una diligencia, no sé a qué hora regresará“. Derrotada me dirigí al elevador cuando el mismo oficial me detuvo para decirme:

—Viene a entregar una factura ¿verdad? El muchacho con el que acaba de hablar también las recibe, regrese con él.

Después de agradecer su información me volví a plantar frente al vecino y le extendí mi factura junto con otros papeles.

— Hola otra vez, me comentan que usted también puede recibirme estos papeles.—
— Sí, pero sólo se reciben lunes, miércoles y viernes.—
— De acuerdo, entonces ¿cómo a qué hora puedo regresar mañana?—
— No, mañana yo ya no voy a estar en este departamento… pero, bueno, se los voy a recibir.
— Muchas gracias.— Contesté mientras tomaba sin permiso la silla de su vecino ausente.

El joven procedió a revisar en su computadora el mismo famoso sistema hasta que dijo con tono triunfal:

— ¡Le faltó enviar su XML por correo!
— Ya lo envié, a los correos que indica Compranet.
— No, pues yo no lo recibí.
— No nos preocupemos, en este momento se lo reenvío ¿cuál es su correo? — Le pregunté mientras sacaba mi teléfono, consultaba mis correos enviados y tecleaba su dirección ¡A que eso no se lo esperaba!
— Ok, pero no trae una copia de la factura para que se la selle de recibido ¿verdad?
— Sí, traigo tres.

Una vez sellada y firmada la copia me dispuse a continuar la peregrinación por las oficinas, pero el muchacho me informó que eso era todo, que en 20 días recibiría el depósito electrónico.

Me despedí con la sonrisa de alguien que vuelve a tener confianza en la Humanidad. Casi beso al oficial cómplice.

Mientras bajaba los diez y siete pisos iba pensando en el porcentaje adicional que sumé a este trabajo por concepto de trámites administrativos.

Los departamentos de compras deberían saber que, mientras más complicado sea su sistema de pagos, más caros saldrán los proyectos. Y si se trata de Gobierno, peor.

Hablando de Gobierno…

La semana pasada recibí la gratísima noticia de que la SEP ya le pagó sus honorarios a los ilustradores que participaron en la Protesta Ilustrada ¡bien por ellos que decidieron no callarse y reclamar sus pagos atrasadísimos!

Por otro lado, al grupo de editores que conozco todavía no les pagan. Dicen los rumores que, como les deben mucho más que a los ilustradores, aún no les darán una fecha para saldar sus adeudos. Espero que la SEP atienda próximamente a todos sus proveedores y termine con este penoso capítulo de falta de pagos. #SEPpagame

Lo más curioso es que, aún sabiendo de los problemas que tiene la SEP para pagar los honorarios de sus colaboradores externos, muchos ilustradores nuevos han aceptado recientemente trabajar sin contrato y con tarifas menores. Parece que en un futuro próximo los ilustradores verán con buenos ojos pagarle a la SEP para que sus obras aparezcan en los libros de texto gratuitos. Espero que no.

 

 

 

La danza de los cambios

Seguro te ha pasado que tuviste un cliente al que le encantaba hacer cambios todo el tiempo, desde el clásico “—¿Y cómo se vería si mezclas el logotipo 1 y el 3?” hasta el “—No, mira, yo creo que ya perdimos el camino con tantas modificaciones, mejor nos regresamos a la primera propuesta.”
Una amiga mía se quejaba de que tenía casi un año realizando modificaciones al sitio web de un cliente y el asunto parecía no tener fin. Otro colega se agitaba porque ya había invertido más dinero y tiempo del que tenía presupuestado para terminar un proyecto que se había convertido en un verdadero tormento. Yo odiaba a estos clientes indecisos, hasta que me senté a considerar cómo evitar llegar al callejón de los cambios interminables, que agotaban mi paciencia y desgastaban la relación. Entendí que en la mayoría de las veces somos nosotros los que permitimos que los proyectos no se concluyan en el tiempo adecuado.

A mí me ha funcionado la regla de oro que dice:

Establece los límites desde el principio

Dimensiona correctamente: No es difícil darse cuenta cuando un prospecto no tiene muy claro lo que necesita, si detectas a una persona con poca claridad sobre su proyecto debes ayudarlo a enfocar sus necesidades antes de ponerte a desarrollar propuestas como loco. Mientras mejor acoten el trabajo desde el inicio menos probabilidades tendrás de recibir cambios injustificados.
Define el número de rondas de modificaciones que el cliente tiene derecho a solicitar: Por ejemplo, puedes anotar en tu cotización, que el proyecto está sujeto a “hasta tres rondas de modificaciones”. De esta forma tu cliente sabe de antemano que deberá ajustar sus observaciones a un número finito de interacciones.
También puedes indicar el costo adicional que tendrán las horas de trabajo extra. Yo opino que no es suficiente con escribir “Todo concepto no considerado será cotizado aparte”.
Informa cláramente cuanto tiempo dedicarás a un proyecto: Salvo casos muy contados, cada trabajo que acepto lo acompaño de un cronograma que indica la fecha en la que se realizará cada parte del desarrollo, desde el día del pago del anticipo hasta la fecha exacta de las revisiones, cuándo espero cometarios del cliente y cuándo entregaré el proyecto. De esta forma el cliente sabe que existe un tiempo para solicitar cambios y un tiempo para aplicarlos.
Si no acostumbras definir un tiempo específico para la realización de cambios seguramente estarás perdiendo tiempo y dinero. Si un proyecto se prolonga más allá de lo esperado no podrás abordar otros encargos.

Piénsalo así: si tú eres el anfitrión de una cena de cumpleaños ¿te imaginas qué pasaría si tus invitados deciden que no quieren irse durante varios días? ¿tenías planeados los nuevos gastos de alimentación y alojamiento para todos? ¿o deberías simplemente informarles que la fiesta ya terminó?
Definir el tiempo también aplica para los horarios de atención los clientes deben saber que no eres un asistente que está a su disposición 7/24 (a menos que estés cobrando por un servicio con absoluta disponibilidad) Para esto, a veces es necesario que le informes cuáles son los horarios y días en los que responderás sus correos y llamadas; parece obvio, pero he tenido clientes que escriben correos el sábado a las 11 de la noche y esperan que les responda en el momento. Recuerda que hay una diferencia entre ser servicial y ser servil como lo comenta este post de Grafiscopio.

Prepárate para un cierre anticipado

Al final siempre habrá clientes difíciles que, por más que más esfuerzo que hayamos realizado, piden cambios incesantemente por diferente razones, como alguna de estas:

  • Están acostumbrados a pedir modificaciones por el simple hecho de que pueden hacerlo, piensan si van a pagar por algo deberán sacarle todo el provecho posible.
  • Son inseguros y permiten que otras personas, ajenas al proyecto, hagan comentarios con observaciones contradictorias.
  • Existen varias personas involucradas en la toma de decisiones y tienen diferentes visiones sobre el proyecto; en lugar de llegar a acuerdos piden cambios constantes.
  • No les agrada nada lo que les muestras. Es nuestro trabajo averiguar si su solicitud de cambios está justificada o si están buscando algo diferente a lo que se estableció en un principio. También existe la posibilidad de que no seamos la persona indicada para desarrollar el estilo que el cliente estaba buscando. Por esto es importantísimo que los prospectos tengan acceso a nuestro portafolios de trabajos y puedan evaluar si les gustan nuestro estilo y habilidades.

Si la cantidad de cambios no te permiten avanzar en la realización de un proyecto, y esto afecta el desarrollo de otros encargos, es posible que debas tomar la difícil decisión de concluir un trabajo antes de haberlo terminado… pero, por favor ¡¡no sólo abandones al cliente y desaparezcas!! Huir del problema no es la opción que debe tomar un profesional, yo te sugiero que hables con la persona indicada y hagas una breve descripción del estado del proyecto, expliques cuáles son tus motivos de la suspensión del desarrollo y ofrezcas una conclusión atractiva para ambas partes. Si firmaron un contrato de servicios tendrán que acatar los acuerdos establecidos como el que indica que el anticipo no se devuelve si el proyecto se comenzó a desarrollar.

Al final nadie quiere llegar a este punto, pero al igual que en una mala relación sentimental, es mejor hacerse cargo de la situación antes de que la situación se lo cargue a uno.

 

Aléjate de los prospectos misteriosos

Hace poco recibí la llamada de un prospecto que me pidió una cita para reunirnos con su jefe y darme más información sobre un proyecto fotográfico que sonaba interesante. Acordamos vernos en un punto intermedio, un restaurante de conocida cadena. Media hora después de la hora pactada aparecieron con una disculpa:
—Tuvimos que dejar el coche muy lejos porque no encontramos lugar en la calle. —Dijo el primero.
—Pero si el estacionamiento del restaurante está casi vacío. —Dije en tono de reclamo.
—Es que odio los estacionamientos que cobran.—Afirmó el jefe del primero.incógnito

Después de esa afirmación se prendió, en mi mente, el primer foquito rojo.

Ya instalados en la mesa les entregué mi tarjeta de presentación; como no recibí la suya a cambio la solicité explicitamente pero sólo escuché un “¡Uy, es que ya se nos acabaron!(Se encendió el segundo foquito rojo).

Luego, los dos prospectos de dedicaron a cuestionarme sobre mi experiencia con cierto tipo de fotografía, preguntaron si era dueña de todo mi equipo, si estaba titulada y si tenía disponibilidad para viajar. Como mi respuesta a todas sus preguntas fue afirmativa procedieron a informarme que estaban participando, a través de otra empresa, en una licitación para PEMEX y que necesitaban que les proporcionara una cotización ASAP. Confieso que en ese momento me emocioné un poco: realizar un proyecto fotográfico para una de las empresas más grandes de México sonaba muy interesante.

Entonces tomé mi pluma e intenté recabar la información indispensable para elaborar una propuesta económica, sin embargo, me resultó imposible sacarles mayores datos. Me dijeron que no tenían información detallada sobre el proyecto,  pero que necesitaban les proporcionara una cotización con la lista de precios de mis servicios.

Yo contesté de manera automática: “No manejo listas de precios,  analizo las características específicas de cada solicitud y elaboro propuestas a la medida.” Como mi respuesta no los dejó muy contentos les propuse enviarles algunos ejemplos de proyectos complejos para que se dieran una idea del tiempo de desarrollo y los precios. Ofrecí enviar la información a su correo electrónico que, sin sorpresa, resultó ser un correo de Hotmail (ahora ya se había prendido una alarma en mi mente).

—Oye Javier ¿me regalas la dirección de la página de internet de tu empresa? – Pregunté con tono de desconfianza.
—Esteee… es que no la vas a encontrar. Somos la Empresa XYZ, pero perdimos el dominio porque alguien nos lo quitó ¡pero ya lo vamos a recuperar!—Contestó con risa nerviosa.
—Ok ¿me regalas algún número fijo de tu oficina?—Le dije bastante seria.
—Ya tienes mi celular, ese lo cargo para todos lados.— Definitivamente ya estaban sonando en mi cabeza las alarmas de ¡¡Cliente malo a la vista, cliente malo a la vista!!

No sé qué cara puse en ese momento pero el jefe desvió la conversación diciéndome que ellos “querían jugársela conmigo, pero que no era la única a la que le estaban solicitando una cotización“… pobrecitos, pensaron que con esa afirmación yo me preocuparía, pero todo lo contrario: fue justo en ese instante cuando tomé la decisión de no trabajar con ellos. Abracé mi rica taza de café y dejé que la reunión terminara con la poca inercia que aún tenía.

Como ya no estaba mostrando interés, los dos prospectos intentaron torpemente atraer mi atención “bombardeándome” con información que terminó por asustarme:
—Tenemos un contacto buenísimo adentro de PEMEX y ya tenemos prácticamente ganada la licitación.
—Nuestro socio capitalista ya rentó una oficina especial para este proyecto, en cuanto salga la primera orden de servicio ya te podremos dar datos más específicos del trabajo.
—Tal vez necesitemos que te vayas a trabajar allá durante una semana… o dos meses.
—Mira, en el fondo lo que necesitamos es tener dentro del equipo a un diseñador gráfico con cédula profesional que tenga experiencia comprobable de, por lo menos, dos años en trabajo fotográfico.
—Y si tú no puedes hacer el trabajo no importa, basta con que lo supervises.
—No requieres hacer el trabajo personalmente, lo que necesitamos es que nos envíes tus documentos y nos firmes unos papeles.

En ese momento agradecí la interrupción de la amabilísima mesera que me dio oportunidad de fingir que estaba recibiendo una llamada que me obligaba a dejar la reunión inmediatamente.

Mientras me despedía uno de los prospectos me solicitó que la siguiente cita la llevaramos a cabo en mi despacho ¡el horror! La verdad no quise prolongar la agonía así que les confirmé que prefería no trabajar en un proyecto que sonaba más grande de lo que podría atender y que no me acordaba dónde había dejado mi cédula profesional.

De regreso repasé lo que había sucedido en esa reunión y confirmé que había tomado la decisión correcta. Nunca debo trabajar para personas que se hacen las misteriosas y que eluden dar información clara sobre su empresa; que hablan de proyectos “enormes” y no tienen dinero ni para pagar el estacionamiento.

Al final nunca me enteré a que se dedican exáctamente, tal vez solo eran intermediarios que buscan reunir equipos de trabajo para crear empresas fantasmas que cubran, en papel, los requisitos para ganar alguna licitación. Triste realidad.

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

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Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.

No ofrezcas cosas que no haces

Mi delicioso caldo de menudencias.

Mi delicioso caldo de menudencias.

El viernes pasado fuimos a comer deliciosos caldos de pollo a un restaurante especializado en este tipo de brebajes. La carta es clara y concisa: ofrecen caldos de cualquier parte del pollo, algunos refrescos y pocos postres. No necesitan más, tienen buen sazón, sus precios son correctos, los meseros son eficientes y el local siempre está lleno.

Mientras nosotros nos atiborrábamos con las enormes tortillas y las ricas salsas llegó un grupo de tres personas que pusieron en evidencia una gran debilidad del negocio. El intercambio con el mesero fue más o menos así:

– Oye, me dijeron en la marisquería de junto que este negocio es de uno de los hermanos y que aquí podíamos pedir platillos de allá.– Afirmó uno de los comensales recién llegados.
– Esteeee… sí señor, ahorita le paso la carta de la marisquería.

Pasado un momento regresa el mesero a tomar la orden.

— ¿Qué les voy a traer?
— Yo quiero unas tostadas de ceviche ¿le ponen perejil?– Dijo el primero.
— Sinceramente no sé señor.— Resopló el mesero.
— Pues ve a preguntar, aquí te esperamos.

El mesero hace una mueca de desagrado y le pide a otra mesera que lo cubra mientras corre al local de al lado.

En ese momento nosotros terminamos de comer y no podemos pedir la cuenta porque el mesero salió del restaurante. Cuando regresa no nota que ya tiene a dos mesas intranquilas que necesitan ser atendidas. Por el momento su prioridad son las personas que están pidiendo platillos de la marisquería del hermano del dueño del local.

— Me dice el cocinero que el ceviche sí lleva perejil. — Confirmó el mesero.
— Bueno, a mí me lo traes sin perejil. — Indicó el primero.
— A mí me traes un pescado empapelado. — Pidió el segundo.
— Y yo quiero los pulpos en su tinta y una cerveza. — Remató el tercero.
— Lo siento señor, quí no vendemos cerveza.— Se disculpó el mesero.
— ¡Pero en la marisquería siempre pido cerveza!— Reclamó el comensal.
— Es que aquí no tenemos el permiso…—Continuó el mesero.
— Tráeme una Corona, ándale, nadie se va a dar cuenta.— Insistió el cliente.

En resumidas cuentas el atarantado mesero tuvo que lidiar con clientes que no pidieron platillos que preparan su restaurante, necesitó correr varias veces al local de junto lo que le valió que sus otras mesas se desesperaran porque no estaban siendo atendidas como se debe. Y probablemente no recibirá propina porque no consiguió que el cocinero le quitara el perejil al ceviche y terminó regañado porque no pudo servir una cerveza.

Ojo, el problema no es del pobre mesero que, me consta, hizo todo lo necesario para atender a las extraviadas personas que decidieron pedir mariscos en un restaurante de caldos de pollo. El problema lo generaron los hermanos, dueños de negocios contiguos que tuvieron la “brillante” idea de ofrecer, ambas cartas en los dos locales. En teoría la idea suena bien, pero en la práctica es un completo despapaye; o sea, un gran relajo agravado por la desorientación de las partes que da por resultado clientes insatisfechos y empleados agobiados.

¿Y qué tienen que ver los caldos de pollo con el trabajo del freelanceo? te estarás preguntando.

Sucede que hace tiempo, cuando ofrecía el servicio de diseño de identidad corporativa, gran parte de mi esfuerzo lo dedicaba a supervisar y corretear un servicio que yo no realizaba: la impresión de todo tipo de soportes relacionados, desde folletos y tarjetas hasta la elaboración de calendarios de cursos y boletines internos. Nada que no pudera manejar, hasta que uno de mis clientes, que alguna vez me pidió un logotipo, me encargó que le elaborara una caja de luz gigante con sus respectivas lonas. Invertí mucho tiempo en coordinar su hechura, rentar una camioneta para transportar la caja de luz hasta Pachuca, supervisar su montaje y lidiar con los detalles que se no podía preever, como la necesidad de agujerar las lonas para evitar que el anuncio saliera volando debido a los fuertes vientos de la localidad.

Después de la tercera vez le dije a mi cliente que mejor contactara con el fabricante de las cajas de luz y el impresor de las lonas, pero él me dijo que no le interesaba trabajar directamente con esos provedores, que para eso me pagaba a mí, para que resolviera completo el proyecto.

“Zapatero a tus zapatos”

Después de hacer una evaluación cuidadosa tuve que despedir a este cliente, no estaba ganando lo suficiente como contratista de cajas de luz para anuncios. Además estaba descuidando a mis otros clientes que me buscaban por mis servicios de diseño. Fue interesante aprender a hacer cajas de luz gigantes, pero no extraño estar subida en una escalera, a la mitad de la carretera, gritándole a un electricista que hacía lo que quería.

Obviamente se pueden ofrecer servicios integrados con otras disciplinas, siempre evaluando que el porcentaje de tiempo, dinero y esfuerzo no sean mayores a los de nuestra área de experiencia. No caigas en la trampa de “darle servicio al cliente, no importa lo que pida”, podrías terminar como el mesero de la historia.

 

 

Querido prospecto: por favor contesta

Hace poco me diagnosticaron gastritis nerviosa y la culpa se la echo, principalmente, a los prospectos que llaman para solicitarme una cotización.

Me explico: las llamadas suelen ser bastante similares, alguien necesita de mis servicios, yo le hago las preguntas de rigor y, si considero que la solicitud lo amerita, me comprometo a enviarle una cotización formal en un plazo no mayor a 24 hrs.

Cuando cuelgo el teléfono reviso el sitio web del prospecto para conocer más sobre su compañía y usar los términos adecuados al momento de redactar la propuesta económica. Después, dependiendo de la complejidad del proyecto, dedico desde 15 minutos hasta 2 horas en redactar una propuesta a la medida. En pocas ocasiones empleo hasta un día completo reuniendo los elementos para elaborar una cotización.

Como soy freelancera el tiempo que uso en redactar y presentar una cotización se lo robo a todas mis otras actividades. Es un tiempo que invierto en un prospecto que, espero, se volverá un cliente.

Chiflando en la loma

Mi malestar se manifiesta cuando, después de haber enviado la cotización en cuestión, el susodicho prospecto enmudece y no tiene la cortesía de contestar con un nada honeroso “Gracias, ya recibí la propuesta”.

Varios me han dicho que es mi obligación enviar todas las cotizaciones que se me solicitan, que al final resultarán en mi propia conveniencia. Sí, de acuerdo, pero ¿acaso es mucho pedir que, por lo menos, den acuse de recibido? Me gusta pensar que, después de todo, tratamos con personas, no sólo con el departamento X de una compañía.

Después de varios días de no haber recibido ningún tipo de respuesta me pongo a pensar: Seguramente no le gustó mi propuesta, A lo mejor encontró un precio más bajo, Tal vez no escribí bien su dirección y no le llegó el correo, ¿Y si esta persona salió de viaje?, ¿Qué tal que…? y le doy vueltas hasta que me arde el estómago.

Luego de no obtener su retroalimentación tengo que reunir el ánimo de presencia para hacer la famosa llamada de seguimiento: –¡Hola, buenos días! Soy Fulanita, le llamo para dar seguimiento a su solicitud de la semana pasada ¿me podría regalar algún comentario sobre la propuesta que le envié?–

Entonces escuché de un maravilloso software que se llama Boomerang que sirve, entre otras cosas, para rastrear los correos que envío desde Gmail. Su uso es muy sencillo: cuando escribo un correo electrónico le agrega una cookie que me avisará cuándo y cuantas veces fue abierto ese email y si le dieron clic a las ligas que incluí. A mí me gusta mucho porque me ayuda a evaluar, indirectamente, el interés que obtuvo mi propuesta pues me indica si el correo fue visto de inmediato, si lo abrieron una o veintidós veces y me da información sobre cuál de las ligas que envié tuvo más éxito.

Para mí, este software es oro molido pues me ayuda a saber qué tan interesado se encuentra el prospecto en el correo enviado. De esta forma, cuando realizo la llamada de seguimiento ya tengo algunos elementos que me ayudaron a preveer la respuesta de la persona.

Hoy hago menos “entripados”, pero mi afición a los curados de fresa no le ayuda a mi gastritis.

GoDesig2014

Y pasando a cosas más agradables les quiero platicar que me invitaron a participar en el evento Go Design 2014 Festival de ilustración y Diseño que se llevará a cabo del 29 de abril al 3 de mayo en Xalapa, Veracruz, MX.

Y aquí viene la buena noticia para los lectores de este blog (por lo menos para los que viven en México): los organizadores del festival se mocharon con una cortesía para acceder el sábado 3 de mayo a las 6 conferencias, 2 demos en vivo, visitar la expo y asistir a la fiesta de clausura.

Las pláticas las daremos Alan Guzmán, Odiseo de Tinxinda, Carlos Lerma de Golpe Avisa, Wachavato, Tania y Esteban de Jours de Papier y su servilleta ¡va a estar genial!

¿Qué hay que hacer para ganar esta bonita cortesía? Pues se las voy a poner sencillita, la verdad me molestan los concursos en los que piden te pares de cabeza y recites el himno nacional mientras subes al metro, vestido de payaso, en hora pico.

Sólo pido que cumplas con los siguientes requisitos:

  1. Que seas ilustrador(a) o diseñador(a): Porque Go Design 2014 está dirigido a especialmente a este público, y pues si eres actuario no te va a servir.
  2. Que estés dispuesto a estar en Xalapa todo el día 3 de mayo: De preferencia desde tempranito porque la plática que yo voy a dar será la primera del programa. Ojo, la cortesía no incluye viáticos.
  3. Que vayas de volada a seguir la cuenta de @GoDesignMX

Si cumples con estos requisitos, y de verdad quieres asistir a las conferencias, por favor escribe en los comentarios de este post tu nombre y cuenta de Twitter o tu feis.

Yo recopilaré los nombres de tod@s los interesados hasta el lunes 24 de marzo a las 10:59 a.m. A esa hora los meteré en una tómbola (neta tengo un tómbola de bingo muy bonita) y sortearé tres ganadores: el primer lugar se lleva la cortesía completa, el segundo y tercero se llevan un descuento del 2×1. El premio de consolación, para todos los participantes, consiste en un precio especial de $400 para acceder al día de las conferencias.

¿Quién dijo yo?

Cuando nuestros servicios dejan de ser negocio

Going out of businessHace 10 años, mi esposo y yo ofrecíamos el servicio de creación de maquetas 3D, desde renders arquitectónicos hasta animaciones tridimensionales de conjuntos industriales. Quienes hayan incursionado en esta área sabrán que los requisitos de software y hardware son onerosos, que el tiempo requerido para hacer un modelado en 3D, la aplicación de texturas y luces y la programación de cámaras virtuales es un trabajo complejo que requiere mucho tiempo para procesar las imágenes (rendereo).

En esa época no muchas personas ofrecían ese servicio en México y tuvimos bastantes proyectos, pero para compañías muy chiquitas que no tenían la capacidad de pagar lo que realmente costaba el servicio. Nosotros cometimos el error de cobrarles sólo lo que estaban dispuestas a pagar, no lo que realmente valía nuestro servicio.

Por el otro lado vimos cómo un despacho que hacía exáctamente lo mismo que nosotros, similar calidad y oferta, comenzó a tener clientes mucho más intere$antes que los nuestros, vimos cómo poco a poco hacían proyectos más ambiciosos y caros. Mientras tanto nosotros seguíamos recibiendo felicitaciones por nuestra calidad, pero estábamos atados a clientes que se retorcían cada que les explicábamos que “volver a hacer el render, con el cambio de color de la fachada, tendría un costo adicional”. Como nos gustaba mucho lo que hacíamos y no queríamos ver a los clientes descontentos muy frecuentemente rehacíamos segmentos completos de las animaciones sin aumentar el importe de la factura.

Infortunadamente nuestras animaciones se volvieron una herramienta para que el cliente visualizara, por primera vez, cómo se iba a ver su edifico y, si no era lo que esperaba, ponía a su arquitecto a trabajar en una nueva propuesta que nosotros volvíamos a animar una y otra vez.
Trabajábamos como locos todo el día, renderéabamos toda la noche y, si la fecha de entrega ya estaba encima, rentábamos computadoras o servicios online de “granjas de renders”. Pero el balance era incorrecto: gastábamos más de lo que cobrábamos.
El colmo fue cuando otro cliente nos envió una animación con un recorrido virtual del Hotel Mandarin Oriental de Nueva York para que nos diéramos una idea de la calidad que esperaba en su animación —Fíjense bien que en las copas de las mesas del restaurante se ve el reflejo de todo el ambiente.— Técnicamente éramos capaces de desarrrollar ese efecto, pero el precio que este cliente había pagado por nuestros servicio estaba a años luz de lo que soñaba. Sin considerar, por supuesto, que su desarrollo inmobialiario iba dirigido al sector medio bajo.

Entonces nos sentamos a analizar cuáles habían sido nuestros errores:

1. Estabamos cobrando nuestro servicio por abajo de los costos.

No cotizar correctamente nos costó mucho, no teníamos un ahorro para crecer y no pudimos competir contra otros despachos que comenzaron a crecer gracias a que cobraban lo justo y se lo vendían a los clientes adecuados.
En esa época trabajamos con clientes que nos llamaban recomendados por otros clientes, eramos buenos, bonitos y BARATOS.

2. No buscamos clientes diferentes.

No tuvimos la visión de dedicar un tiempo para buscar clientes con los que nos interesara trabajar. Esperábamos a que ellos llegaran a nosotros y eso nunca sucedió. No tuvimos la capacidad de invertir en el equipo humano y técnico necesario para “dar el brinco”.

3. Dejamos de amar algo que nos gustaba hacer.

Literalmente nuestras computadoras no se apagaban durante días, y nosotros desayunábamos, comíamos y cenábamos junto a ellas. Cada vez las exigencias técnicas de los clientes eran mayores y los pagos se tardaban cada vez más en llegar. Nos encantaba nuestro trabajo, pero comenzamos a padecerlo.

4. Perdimos el “Momentum

Sucedió algo que teníamos previsto: las Universidades comenzaron a capacitar a sus alumnos de Arquitectura en técnicas de modelado y animación 3D. Comenzamos a competir con decenas de jóvenes que, desde su habitación en casa de sus papás, realizaba trabajos de buen nivel y precios irrisorios. Tanto el software como el hardware estaban subsidiados con precios especiales para estudiantes.
Después, los desarrolladores inmobiliarios pudieron contratar a estos universitarios para que trabajaran de tiempo completo en la creación de animaciones 3D. Nuestros servicios dejaron de ser requeridos.

Después de realizar este análisis de la situación tuvimos que tomar una decisión muy fuerte: o entrábamos a una guerra de precios contra los nuevos competidores o “cambiábamos de liga” haciendo una fuerte inversión para comprar equipo más “pro” y contratar a dos personas que se integraran al despacho. Decidimos que no queríamos hacer lo primero y no teníamos la capacidad financiera de hacer lo segundo. Cerramos esa área del despacho y nos quedamos con los servicios que nos daban un mayor margen de utilidad.

Fue un periodo bastante doloroso en el que aprendimos, a la mala, que no es suficiente con amar lo que haces, TIENES que poder vivir de ello, de lo contrario es un sacrificio, no un negocio.

¿Somos demasiados diseñadores gráficos?

multitud

Tengo varias semanas evitando escribir este post, busqué otros temas menos espinosos, pero siempre resonaba en mi cabeza una vocecita  “Si no lo escribes seguiré aquí, molestándote como bocinero del metro”.

Como varios de ustedes ya saben, yo estudié Diseño Gráfico en la ENAP hace más de 20 años, poco antes del boom del uso de la computadora para las artes gráficas. Fue una época de transición donde, de repente, se puso de moda ser Diseñador. Las grandes Universidades vieron cómo aumentaba dramáticamente la matrícula para esta carrera, tanto, que muchos jóvenes no alcanzaban lugar. Entonces las otras Universidades decidieron que era buen negocio ofrecer la carrera de Diseño Gráfico. Así como ahora está de moda estudiar Gastronomía, muchas escuelas abrieron cursos de “Diseño por computadora” para atraer a la multitud de personas que deseaban volverse diseñadores ricos y famosos.

Honéstamente no sé quién corrió el rumor de que los diseñadores ganan más que cualquier otro profesionista, pero fue un chisme poco realista. Como en cualquier otra disciplina creativa (arquitectura, música, pintura) existen unos pocos que se vuelven ricos gracias a sus grandes dotes, años de arduo trabajo, extraordinaria inspiración, interesantes contactos y tener la suerte de haber estado en el lugar correcto en el momento adecuado. También hay varias decenas de diseñadores que tienen un puesto muy envidiable en las más prestigiadas agencias de publicidad que también pueden presumir sueldos muy buenos. Pero, aceptémoslo, no hay suficientes puestos bien pagados para los miles de diseñadores gráficos que cada año egresan en México.

La oferta de diseñadores es mucho mayor a la demanda del mercado
En México, no sé en otros países, la cantidad de personas ofreciendo servicios relacionados con el diseño es desproporcionalmente mayor a la de empresas que están dispuestas a pagar lo correcto por esos servicios. Ojo: no estoy diciendo que en México ya no se requiera el Diseño Gráfico, al contrario, hay miles de negocios que se verían seriamente beneficados si contaran con un diseñador capaz que desarrolle un empaque, un sitio web, una identidad gráfica, una foto de producto, o lo que sea necesario para que mejore su imagen. Lo que digo es que hay demasiados clientes que no están dispuestos a pagar lo justo por el trabajo creativo y fráncamente no ayuda que existan tantos profesionales (y no profesionales) dispuestos a cobrar menos que su competencia. Aquí podemos contar a los recién egresados que, por desconocimiento y/o urgencia, están dispuestos a trabajar prácticamente gratis como becarios o trainees deshechables. Es un principio básico de economía: a mayor oferta los precios bajan.

A principios de este año leí varios resúmenes de sueldos que colocaban a los diseñadores y a los actores en los renglones de las profesiones peor pagadas en México. A eso debemos sumarle que, a diferencia de un arquitecto o un médico, a los diseñadores no nos piden que presentemos nuestra cédula profesional para realizar un trabajo, entonces cualquiera se puede autonombrar diseñador nomás porque tomó algunos cursos del uso de software. Sí, es una competencia desleal, pero no va a desaparecer.

Entonces ¿se puede vivir bien como diseñador gráfico? SÍ, pero no va a ser fácil. Para sobresalir del mar de diseñadores tengo dos sugerencias:

Amplía tus capacidades más allá de los requisitos escolares En la vida real los tiempos de desarrollo son brutalmente cortos, los clientes no te van a llamar con semanas de anticipación para solicitarte un trabajo, por lo general lo harán cuando ya están quemados de tiempo y necesitan resultados en pocos días.  Ser muy creativo es súper útil, pero ser organizado lo es más, de nada sirve tener ideas geniales si no eres capaz de aterrizarlas y entregarlas a tiempo, sin excusas.
Aléjate de los mercados saturados Los diseñadores que hacen de todo y le entran a lo que sea son los que menos oportunidad tienen de ganar porque se enfrentan a un mayor número de competidores.

Y tú ¿qué haces para sobresalir en tu trabajo?

¿Más vale cliente malo conocido que bueno por conocer?

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La semana pasada recibí la llamada de un antiguo cliente al que le había perdido el rastro; tras darnos los respectivos parabienes por el nuevo año procedimos a la tradicional queja de siempre: el año está empezando lento para los negocios. Acto seguido me pidió que le enviara una cotización para un proyecto que le solicitó uno de sus peores y más viejos clientes.
La plática fue más o menos así:
 

– ¡¿Todavía estás trabajando para ellos?! ¿después de que dejaron de pagarte
  durante meses y luego te salieron con que querían más descuentos?– Le pregunté.
– Es que son mi cliente más grande y pues no les puedes decir que no.– Replicó.
– Pero, además ¡se llevaron a tu diseñadora estrella a trabajar a su corporativo!
– Sí, ya sé, ahora ella nos llama para corretearnos, je, je.
– Luego me enteré de que parte de tus proyectos se los dieron a otro despacho.
– Sí, ya ni me digas. Pero pues no queda más que aguantarse.
– Ay Iván, creo que te gusta ser un proveedor golpeado.

Así como en nuestras relaciones sentimentales tenemos predilección por cierto tipo de personalidad, también nuestras relaciones profesionales suelen presentar patrones de conducta que no son ni casuales ni saludables.

Dicen que los diseñadores gráficos somos muy sufridores y que nos gusta quejarnos de que nuestros clientes son unos malditos que no pagan y nos hacen la vida imposible, pero ¿no será que estamos escogiendo a los clientes incorrectos, una y otra vez?

Alguna vez me quedé viendo un programa sobre violencia doméstica en el Canal 11, me pareció dramático escuchar varios testimoniales de mujeres que habían sido maltratadas por sus parejas durante años. Cada vez iban permitiendo mayores vejaciones hasta que terminaban en el hospital, abandonadas o muertas. Cuando la conductora les preguntó porque permitían esos abusos ellas dieron explicaciones muy sentimentales, pero, después de reflexionarlo, varias aceptaron que era el interés económico el que las tenía amarradas a una persona que, ni de lejos, era la que debía estar a su lado.

Ya en otro post he escrito sobre las señales que debemos detectar cuando un prospecto nos contacta. Los freelanceros no podemos darnos el lujo de aceptar trabajar para una persona que tiene un alto potencial de volverse un mal cliente, Time is money, honey.

Pero como “hasta al mejor cazador se le va la liebre” es posible que el prospecto en cuestión no haya disparado las alarmas hasta que ya está muy avanzada la relación. Entonces, si un cliente se volvió una mala inversión ¿cuál es la maldita justificación para continuar trabajando con él? ¿masoquismo? ¿miedo? ¿hambre?

Más vale malo conocido que bueno por conocer

Esta es la frase predilecta de los mediocres que prefieren lidiar con un cliente abusivo al que ya le “conocen sus mañas” y ya saben lo que le gusta y cómo le gusta. Aquí el poco esfuerzo invertido por parte del freelancero parece justificar una relación mala, como una vieja amistad con una persona que nos cae bastante mal, pero a la que ya estamos acostumbrados. El esfuerzo que le dediquemos a buscar nuevos clientes será recompensado con un refrescante cambio que nos permitirá crear una buena relación desde las primeras etapas.

Otra pésima razón para no despedir a un cliente malo es el miedo a quedarnos sin trabajo para siempre: –Si dejo a mi cliente más grande me voy a quedar sin chamba. Lo malo de esa postura es que los clientes malos “saben oler el miedo” y pueden manipularnos a su antojo con frases como –Huy, está muy caro, voy a ver quién me lo hace más barato. O –Ándale, apóyame en este proyecto para que te consiga más pedidos.

Y luego está el diseñador que piensa que merece que lo maltraten porque está recién salido de la universidad, porque cree que no está a la altura del cliente o simplemente porque tiene la autoestima bajísma y acepta trabajar para clientes que no tienen el más mínimo aprecio por el ejercicio profesional de un trabajdor independiente. Para muestra este botón que circula en Facebook, donde se muestra un claro desprecio por el trabajo de diseño, rebajándolo al estátus de un hobbie que nadie se toma en serio.

Lovely Store

¿Qué tal si el tiempo dedicado a quejarnos de esos clientes lo empleamos en buscar nuevos prospectos? De esos que retan nuestra creatividad, aprecian nuestro servicio profesional y pagan por ello. Sí, ya sé que no está facil, pero nadie va a venir a hacerlo por nosotros así que ¡a darle átomos!

Una receta para calcular (bien) tus costos

En esta ocasión mi señor marido se anotó un diez al escribir sobre un tema que es necesario dominar para trabajar como freelancero, emprendedor o dueño de una pequeña empresa.
La mala noticia: nunca nos lo enseñaron en la escuela. La buena noticia: aquí están los elementos básicos para que calcules correctamente los costos de tus servicios y corras a revisar tus cotizaciones. Spoiler: al final incluimos una liga para que bajes una hoja de cálculo lista para usar. Aprovechen.

Para que cualquier freelancero tenga un negocio que funcione de manera saludable es necesario entender algunos de los indicadores financieros más básicos. Independientemente de la complejidad de la actividad económica que desarrollemos, hay unas sencillas fórmulas para calcular cuánto cuesta nuestro trabajo y en cuánto tenemos que venderlo para obtener utilidades y evitar perder dinero.

Primero hay que entender  unos conceptos muy simples:

Costos Directos (CD)

Los costos directos son aquellos insumos que intervienen directamente en la fabricación de un producto o servicio. Básicamente son:
a) Materia prima: insumos consumibles que se lleva el cliente ya transformados, en el caso de un freelancer que presta un servicio estos insumos pueden ser mínimos. Por ejemplo, la memoria USB que entregamos al cliente con el diseño de su sitio web.
b) Mano de obra: el sueldo del empleado o empleados que intervienen directamente en la elaboración del bien o servicio. Ojo: el freelancero debe asignarse un sueldo por realizar ciertas labores.

Los costos directos siempre son variables: si grabamos dos DVDs para entregar un proyecto nos cuestan la mitad que si grabamos cuatro. Otro ejemplo de costo directo son los viáticos y boletos de avión si requerimos atender un cliente fuera de nuestro lugar habitual de trabajo (como ir a fotografiar una locación en otro estado de la república, varía dependiendo de la ubicación).

El Costo Directo Unitario (CDU) representa piezas fabricadas u horas trabajadas desarrollando un servicio y se calcula dividiendo nuestro Costo Directo (CD) entre el número de unidades.

CDU = CD / Unidades

Costos Indirectos (CI)

Son las demás erogaciones que ayudan a llevar a cabo la operación del negocio, como: renta del local, material de papelería, conexión a internet, sueldos del personal administrativo, anuncios y publicidad, mensajería o reparto, servicio de limpieza, etc.

Otro costo indirecto que a menudo es pasado por alto es la depreciación de los bienes tangibles del negocio (las computadoras, mobiliario, vehículos, etc.) y la amortización de bienes intangibles (primas de seguro, costos de instalación de redes, etc.).

A diferencia de los costos directos, los costos indirectos suelen ser fijos. Por ejemplo, nos cuesta lo mismo la renta mensual de la línea telefónica si trabajamos tres días o el mes completo.

Nota: el sueldo del  freelancero debería entrar dentro de esta categoría, pero para fines de hacer cuentas podemos considerarlo mitad  costo directo y mitad costo indirecto (asumiendo que va a estar trabajando en parte como operativo y en parte como administrador de su negocio).

Costo Total (CT)

El Costo Total (CT) de la operación de un negocio se calculará con esta fórmula:

CD + CI = CT

Y el Costo Unitario (CU), ya sea de un producto o del tiempo que desarrollamos un servicio, se calcula dividiendo nuestro Costo Total (CT) entre el número de unidades que desarrollamos:

CT / unidades = CU

Utilidad Deseada (UD)

Es un porcentaje que debe fijar el freelancero. Esta es la cantidad que queremos obtener de utilidad. Aunque un 30%-35% sería ideal, hay que investigar los precios que maneja la competencia y el costo que tiene nuestro producto o servicio en el mercado. Como es un valor arbitrario puede estar influenciado por el prestigio o reputación que tenemos en nuestra actividad.

Precio de Venta (PV)

Ahora que sabemos cuál es el Costo Unitario (CU) de nuestro producto o servicio y que ya establecimos una Utilidad Deseada (UD), podemos calcular el Precio de Venta (PV) con una sencilla fórmula:

PV= CU/(1-UD)

El famoso Punto de Equilibrio (PE)

El objetivo fundamental de un negocio es hacer dinero. Podemos estar facturando mucho y aún así tener pérdidas. La manera más sencilla de saber si estamos ganando, o no, dinero es conocer nuestro Punto de Equilibrio (PE). Este indicador calcula el nivel de ventas necesario para igualar los ingresos con los costos totales, en otras palabras es el punto donde no se obtienen pérdidas ni ganancias. Este punto de referencia es importante porque nos indica en qué momento generar más ventas generará utilidades o generar menos ventas ocasionará pérdidas.

PE=CI/(PV-CDU)

La Ganancia no es lo mismo que la Utilidad

Finalmente queda aclarar un par de conceptos que se confunden fácilmente, sobre todo cuando alguien nos propone iniciar un negocio similar a los multiniveles: Los márgenes de Ganacia (G) y Utilidad (U) .

La Utilidad (U) es la diferencia entre el Precio de Venta (PV) y el Costo Unitario (CU):

U=PV-CU

 La Ganancia (G) es la diferencia entre el Precio de Venta (PV) y el Costo Directo Unitario (CDU):

G=PV-CDU 

Noten que para calcular las ganancias no se contemplan los costos indirectos del negocio, pero para calcular la utilidad sí. Es un error muy común confundir estos dos términos y hay que evitarlo: si solo contemplas los márgenes de ganancia para fijar tus precios entonces muy probablemente estás regalando tu trabajo y tu infraestructura.

Un ejemplo práctico

A continuación les presentamos una hoja de cálculo (descargar el archivo .XLS “Calculadora de costos”) donde se aplican todas las fórmulas en un ejemplo con tres escenarios distintos. Queremos calcular nuestros costos para la elaboración de 10, 20 o 100 ilustraciones diarias.

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La materia prima para hacer cada ilustración (papel, una marialuisa de cartón y lápices de colores) cuesta $5.00  y nos cobran $10.00 por enmarcar cada ilustración. La suma de estos costos es el Costo Directo Unitario (CDU) ($15.00).

Además, tenemos un Costo Indirecto (CI) de $100.00 al día (entre renta de un local, pago de luz, etc.).

Dependiendo del número de ilustraciones que pretendemos enmarcar va a variar nuestro Costo Total (CT). Noten que no varía de forma proporcional (el Costo Total de enmarcar 20 ilustraciones NO es el doble que el costo de enmarcar 10: la parte de costos indirectos se conserva y los costos directos varían.

A continuación, calcularemos el Precio de Venta (PV) de nuestro trabajo utilizando el porcentaje de Utilidad Deseada (UD). Vale la pena recordar que en México el Impuesto Sobre la Renta (ISR) se calcula con base a la utilidad, así que más o menos una tercera parte de ese porcentaje se va a volver una contribución (o sea que es dinero que no es tuyo, sino que deberás apartar para pagar los impuestos). Fijar una utilidad deseada muy baja puede volver atractivo el precio de nuestro trabajo como freelanceros, pero vamos a tener que trabajar mucho más para alcanzar nuestro punto de equilibro. Por otra parte, fijar una utilidad muy alta nos va a permitir alcanzar rápido nuestro punto de equilibro, pero nos puede volver poco competitivos ante nuestros clientes. Si no tenemos mucha información respecto al margen de utilidad de nuestra competencia podemos fijar este número entre un 30% y 35%.

En nuestro ejemplo, noten que entre mayor sea el número de ilustraciones enmarcadas que planeamos producir el costo unitario y el precio de venta disminuyen (aunque tengamos planeado el mismo margen de utilidad). También es notable que el Punto de Equilibrio (PE) aumenta, mientras que para una producción estimada de 10 ilustraciones necesitamos vender 5 para quedar “tablas”(la mitad de lo que planeamos producir), para una producción estimada de 50 llegamos al punto de equilibrio vendiendo únicamente 11 (un poco más de la quinta parte de lo que planeamos producir).

Estos números son un ejemplo hipotético, pero las fórmulas de la hoja de cálculo se aplican de una manera similar para cualquier modelo de negocio, ya sea un trabajo de freelance haciendo páginas web o para vender papas fritas en un puesto ambulante.

En nuestra labor cotidiana, necesitamos conocer nuestra capacidad de trabajo (en el ejemplo, es el renglón de cuantas ilustraciones podemos crear al día). Recuerden que los días sólo tienen 24 horas y que no podemos venderlas todas como horas de trabajo (hay que comer, dormir, divertirnos, trabajar y no se puede hacer todo al mismo tiempo). También es importante recordar que, aunque los profesionistas independientes podamos contabilizar 40 horas de trabajo a la semana en nuestra hoja de cálculo, lo más realista es que buena parte de esas horas las tengamos que dedicar a hacer trabajo administrativo (como preparar cotizaciones, contestar teléfono y mails, ir al banco a pagar la luz, preparar el café, etc.) que debemos considerar como un Costo Indirecto y no como mano de obra o Costo Directo.

Calcular nuestros costos, utilidad y punto de equilibro es una actividad que puede ser tediosa pero es indispensable para saber si verdaderamente estamos cobrando correctamente nuestro trabajo o si estamos subsidiando a nuestros clientes.

Y tú ¿qué tal andabas calculando tus costos?

¿Debemos “hacer show” para los clientes?

show2Tuve un maestro de fotografía que nos recomendaba “hacer show” cuando el cliente estuviera presente durante una sesión de fotografía de producto. Nos explicaba que, además, era buena idea llenar el set de tripiés, luces y otros artilugios, aún cuando no fueran necesarios para las tomas. Recuerdo cómo nos lo contaba:

“Cuando me contrata una agencia de publicidad para realizar una sesión de fotografía de producto a menudo me veo rodeado por una decena de personas: mi asistente, uno o dos encargados de las agencia, uno que otro trainee preguntón, un amigo del amigo, el cliente final y su pareja sentimental.

Son las 5 de la tarde y me tomo todo el tiempo del mundo para ubicar las lámparas, conectarlas, arreglar el ciclorama, cambiar cien veces de lugar el tripié con la cámara, intercambiar lentes, probar filtros… y luego volver a cambiarlo todo. Si se trata de la fotografía de un producto con alguna parte reflejante le pido a mi asistente que limpie la superfice con un pincel fino, como si se tratara de la recuperación de huellas en una escena del crimen.

Ahora son las 8 de la noche y los mirones ya se quieren ir, no tienen idea de cuánto tiempo más se llevará este detallista proceso. Así, como en fiesta en la que ya no hay alcohol, uno a uno se despiden deseándome que la noche no le sea larga. Una vez que ya se fueron todos le pido a mi asistente que quite todas las lámparas extras y hacemos el shooting de trancazo en 10 minutos. Empacamos todo y nos vamos a casa a las 8:30.”

Él es un profesional con mucha experiencia y su recomendación me pareció exagerada. Pero un día me sucedió que dejé las llaves dentro de la casa y tuve que llamar al seguro para que me enviaran a un cerrajero. Cuando llegó le avisé que la chapa era de alta seguridad y que probablemente tendría que usar métodos alternos para abrirla. Mientras yo parloteaba sacó unas ganzúas pequeñitas y abrió la puerta en ¡¡exáctamente 5 segundos!! Ante mi sorpresa la volvió a cerrar y fingió trabajar durante 10 minutos más para darme la impresión de que su labor era más complicada. Es obvio que el poco tiempo que tardaron el cerrajero y mi maestro en concretar sus tareas es el resultado de meses, tal vez años, de estudio y muchas horas de práctica. Leer la fábula de El Gallo.

Entonces ¿vale la pena hacer tanto show?

A lo largo de los años he aprendió que algunos clientes, cuando pagan por un servicio y esperan ser espectadores del proceso, se sienten defraudados si no reciben suficiente “espectáculo”. Comparándolo con una pelea de box podríamos confirmar que si hay un knockout en el primer round muchos se sentirán decepcionados.

Yo, que me dedico principalmente a la fotografía, siempre llevo mi equipo en estuches especiales y uso un chaleco que grita “ya llegó la fotógrafa” pues debo dejar en claro que yo soy la persona correcta para realizar el trabajo.

El espectáculo que los freelanceros podemos ofrecer a nuestros clientes no siempre podrá ser tan ostentoso, por eso te sugiero que cuides algunos detalles antes de reunirte con un prospecto:

  • Nunca entregues una tarjeta de presentación que tiene las esquinas gastadas, darás la impresión de que lleva años guardada en tu cartera.
  • Si usas una laptop para mostrar tu trabajo procura que su teclado esté impecable y jamás le pegues una calcomanía de Bob Esponja pues podría parecer que es la computadora de tu sobrino.
  • Si eres ilustrador no te conformes con mostrar tu portafolios digital, encárgate de realizar algunas impresiones finas de tus mejores ejemplos. No olvides registar tu trabajo ante Derechos de Autor por si el cliente te pide que le dejes alguna muestra.
  • Si eres diseñador gráfico o te dedicas a alguna área “creativa” puedes llevar ropa casual, pero jamás confundas el look divertido y relajado con la falta de aseo.
  • Desafortunadamente la “primera impresión” sí cuenta, así que antes de salir a una cita párate frente al espejo y haz el ejercicio mental de preguntarte ¿Si hoy me conociera por primera vez, me contrataría?

Y tú ¿haces algún tipo de show para tus clientes?

Ocupaciones para cuando no hay chamba

En los últimos tres años me ha pasado que, justo en diciembre, no me cae ningún proyecto. Así nomás, como si a los clientes se los hubiera tragado la tierra, me quedé chiflando en la loma. Me tranquilizo sabiendo que en enero regresarán cual zombies resucitados.

La buena noticia es que, como no es la primera vez que me pasa, ya había tomado mis previsiones y ahorré lo necesario para esta temporada de vacas flacas.

Con tanto tiempo libre las opciones de entretenimiento obvias se pueden repasar como el menú de un restaurante conocido: leer ese libro que tenemos abandonado, ir al cine a ver El Hobbit 2, rentar todas las temporadas de Breaking Bad, ir al museo a ver esa exposición antes de que la quiten, etc. Pero ¿qué tal si dedicamos un poco de tiempo a actividades menos divertidas pero más redituables?

Este fin de año lo voy a dedicar, además de comer cosas ricas y engordar como loca, a planear una estrategia de medios sociales, a actualizar mi portafolios y a diseñar nuevas tarjetas de presentación. Todas estas actividades son importantes, pero siempre dan paso a las “urgentes” y nunca le dedico tiempo para realizarlas.

Si vives en México, otra actividad poco divertida, pero a la larga indispensable, es tramitar tus facturas electrónicas. Como sabrás, la Reforma Fiscal nos obligará a todos los freelenceros a emitir comprobantes electrónicos a partir de enero del 2014. La “buena noticia” es que el SAT ha dado una prórroga para algunos contribuyentes:

“Como facilidad para las personas físicas que en el último ejercicio declarado tuvieron ingresos iguales o menores a 500 mil pesos y emitieron comprobantes impresos o CFD, podrán seguir facturando bajo estos esquemas hasta el 31 de marzo de 2014, siempre y cuando a partir del 1 de abril migren al esquema de facturación electrónica CFDI.”

Lo anterior significa que tienes “chance” de migrar a la facturación electrónica antes del 31 de marzo si tus ingresos totales del 2013 fueron menores de $500,000 pesos. No importa si expides facturas impresas o entregas recibos de honorarios, a partir del 2014 todos estos comprobantes se deberán generar de forma electrónica.

El hecho es que nadie se “salvará” de entregar comprobantes impresos. Entonces, si no quieres que un cliente te niegue un pago porque no le puedes entregar su respectivo comprobante electrónico, te sugiero que aproveches estos días de poca actividad para realizar el trámite. Seguramente habrás escuchado que se trata de un trámite engorroso y, siento decírtelo, LO ES. Primero tienes que hacer una cita en tu oficina del SAT para que te expidan una cosa esotérica que se llama FIEL y que te servirá para contratar un servicio de facturación electrónica con algún proveedor autorizado. Los precios de este servicio son muy variados y te recomiendo que platiques con tu contador u otros colegas antes de seleccionar a tu proveedor.

El SAT ofrece el servicio de facturación electrónica de forma GRATUITA. Mi marido, que es un aferrado de conseguir cosas imposibles en internet, se llevó dos días descifrando el procedimiento y ahora genera sus facturas de forma gratuita a través del portal del SAT. Lo malo es que lo tiene que hacer desde una PC porque el dichoso sistema no funciona en Mac (tache para los programadores).

Si bien esto de entregar comprobantes electrónicos es una imposición fiscal (por esos se llaman “impuestos” y no “cooperaciones voluntarias”) yo, que ya facturo electrónicamente desde hace seis meses, trato de encontrarle el lado positivo: por ejemplo, ya no tengo que gastar en el servicio de mensajería para entregar las facturas a los clientes que no radican en mi ciudad, ahora se las envío por correo electrónico. Además, si por alguna razón debo cancelar alguna factura ya no tengo que suplicarle al cliente que me regrese la original, basta con que la cancele desde mi computadora y genere una nueva.

Sin embargo, yo que soy diseñadora gráfica, extraño mucho mis hermosas facturas a color que se ganaron, en más de una ocasión, exclamaciones como ¡Qué padres están tus facturas! El caracter anodino de las nuevas facturas electrónicas me entristece hasta las lágrimas… bueno, no es cierto… es que a veces soy una exagerada.

Como obviamente este es mi último post del 2013 aprovecho para desearte a tí, que lees este blog, que el 2014 sea DE VERDAD mucho mejor que el que acaba. Espero que tu colección de nuevos clientes se incremente con especímenes buenos, bonitos, honestos y que confíen en tus servicios profesionales.

Un abrazo freelencero.

Leonora

Freelancero ¿qué tal anda tu sitio web?

web

Cuando asisto a una exposición y me entregan un volante lo primero que pregunto es ¿Aquí viene la dirección de su página web, verdad? las respuestas van desde un entusiasmado “Sí, por supuesto” hasta un descolorido “Esteee… no, no tenemos sitio de internet” pasando por respuestas variopintas como “Nos puede buscar en Facebook” o la clásica “Es que nuestra página está en remodelación“.

La cruda realidad es que si no tienes un sitio web (ese que empieza con un www, incluye el nombre de tu negocio y termina con un .com) ¡es como si no existieras! Esto es válido para la empresa más grande o el freelancero más chiquito.

Tener un sitio web no es un lujo, es una obligación, sobre todo si eres un profesional que de verdad quiere vivir del trabajo independiente ¿cómo esperas dar certeza a tus clientes si no tienes un sitio que muestre tus trabajos, describa experiencia y venda tus servicios? Las explicaciones que he escuchado para justificar que un freelancero no tenga su propio sitio web son puros pretextos que en el fondo se traducen en una sola: no quieren invertir ni un centavo para pagar un dominio, el hosting y el diseño del mismo. ¿Será que desconocen que el Tío Slim ofrece paquetes completos desde $99 pesos al mes? Obviamente tener un sitio con un diseño personalizado y a la medida puede costar mucho más, pero dará una presencia que bien merece la inversión.

Los que más pena me dan son los que se sienten muy listos pensando que una página gratuita en Facebook sustituye al sitio web, pero les tengo una noticia: cuando alguien hace la búsqueda de un servicio en Google ¡las páginas de Facebook no aparecen! Me pregunto cuántas personas se meten a Facebook para buscar a un despacho de diseño :/

Abrir un blog es gratuito, pero debes pagar para tener una dirección web “normal”. A diferencia de un sitio web, un blog debe actualizarse con más frecuencia, así que tendrás que dedicarle mucho más tiempo a crear contenido nuevo.

Peor que no tener una página web es tener una “En construcción”

Aún no me explico cómo es que muchas agencias de publicidad, despachos de diseño y desarrolladores web tienen el descaro de mostrar su sitio web “En construcción”, “En mantenimiento” o “Próximamente” ¿será que En casa del herrero azadón de palo?

Cuando le pregunto a un Creativo de Agencia porqué llevan tanto tiempo con su sitio en construcción la respuesta es casi siempre la misma “Es que tenemos tanta chamba que no le hemos podido dedicar tiempo a la página”. Lo que yo traduzco como “Somos tan desorganizados (o flojos) que no podemos planear un calendario de desarrollo en nuestro propio beneficio” o peor aún “No somos tan creativos como presumimos, así que no nos arriesgaremos a que los clientes juzguen nuestro trabajo con base a lo que mostraríamos en nuestra página”.

Si de veras estás desarrollando tu sitio web y no tienes más opción que colocar una página temporal, por lo menos describe a qué te dedicas, incluye un correo de contacto y un teléfono. Por favor no olvides incluir el país donde radicas, es increíble ver cómo muchos negocios olvidan indicar que trabajan en México, o en Chile, o España, total, todo el mundo los conoce ¿no?

5 cosas que debes tener antes de ser freelancero

Worry

“Me urge ser freelance” alguien escribió en el Twitter.
“¿Por qué?” preguntó alguno.
“Porque estoy a nada de matar a mi jefa, me tiene podrida con sus críticas hacia mi trabajo.”

Si eres un emplead@ y tu actual trabajo no te hace feliz, tal vez sea momento de cambiar de trabajo, pero no de renunciar a los empleos y volverte independiente. Odiar a tu jef@ no te califica para ser un freelancero exitoso. Y con exitoso no me refiero a que sea mundialmente famoso, sino a que, simplemente, viva decorosamente con las ganancias que obtiene de verder sus servicios como trabajador independiente.

Antes de saltar a las turbulentas aguas del Freelanceo te comparto cinco cosas que debes considerar antes de volverte “tu propio jefe”.

 

 

1. Ser proactiv@

Ser proactivo es tomar la iniciativa de hacer las cosas y no esperar a que las circunstancias se apoderen de nuestro tiempo y recursos.

Para ser freelancero debes ser una persona que siempre esté dispuesta a hacer el trabajo a tiempo y sin que nadie la esté “correteando”. También significa que debes tomar la iniciativa de tus acciones porque nadie vendrá a decirte qué, cómo o cuándo debes hacer las cosas.

En otras palabras: el freelanceo no es para los flojonazos o para los que están acostumbrados a dar el mínimo esfuerzo.

2. Ser freelancero es un trabajo solitario

Trabajar por tu cuenta implica cierto grado de soledad. Olvídate de las comidas de fin de año con los compañeros del trabajo, de partir los pasteles de cumpleaños en la oficina, de organizar el “divertido” intercambio de regalos en Navidad. La mayoría de los freelanceros trabajan solos y muchos, además, lo disfrutan. Pero, si eres de las personas que no soportan estar sin compañía por varias horas al día, es probable que el freelanceo represente una actividad estresante o deprimente.

Por el contrario, si trabajas y vives en una casa con otras personas es probable que debas delimitar tu espacio y horarios de trabajo, de lo contrario te encontrarás atrapado en la rutina de la casa durante el día obligándote a freelancear durante las noches.

3. Ser profesional

Ser un profesional no significa que nunca te equivocas. Ser profesional significa que, si se presenta un problema, cuentas con las herramientas necesarias para corregir el error y cumplir con tus compromisos a tiempo.*

Ser profesional también significa que, quien te contrata, puede tener la tranquilidad de que está pagando por soluciones no por problemas, así que se acabaron las excusas al momento de asumir la responsabilidad de entregar un resultado completo en el tiempo ofrecido.

Cada que un freelancero no cumple con sus compromisos, entrega tarde o mal, le agrega un punto a la desconfianza que varios clientes sienten por nuestro trabajo.

4. Debes ser MUY organizado

Y me refiero a todos los aspectos de la organización en el trabajo:

Organizado con el tiempo: Si eres de los que se espera hasta el último minuto para comenzar a trabajar en un proyecto bajo la “adrenalina de la presión” te platico que tienes pocas probabilidades de continuar muchos años trabajando de forma independiente. Probablemente tu salud o los reclamos de tus clientes te sacarán del negocio. Saber priorizar las tareas es un cualidad altamente redituable.

Organizado con tus finanzas: Saber cuánto te cuesta trabajar por tu cuenta, conocer cuál es el precio de tu trabajo y obtener una ganancia correcta son los puntos básicos para tener una finanzas sanas.

Como freelancero tu tienes que pagar por todo: desde el recibo del teléfono hasta las consultas con el doctor. Si no organizas tu presupuesto correctamente cualquier imprevisto te puede sacar de balance.

Además estás obligado a pagar impuestos cada mes, así que tú eres responsable de llevar las cuentas claras.

Organizado con tu vida personal: Una de las mayores tentaciones al comenzar a trabajar como freelancero es “moder más de lo que se puede tragar”. Los freelanceros novatos suelen tomar más proyectos de los que realmente pueden atender y suelen extender sus horarios de trabajo a las noches y fines de semana. Entonces están robándose el tiempo que deberían utilizar para atender a su familia/amigos/novi@. También suelen estar demasiado ocupados como para disfrutar sus hobbies o tomarse unos días de descanso.

A mí me gusta pensar que “Trabajo para vivir: no vivo para trabajar.”

5. Tienes que ser un poco extrovertido

Trabajar por tu cuenta te obliga a tratar con los clientes directamente, por lo tanto es indispensable que tengas o desarrolles las habilidades verbales necesarias para atraer a un prospecto y convertirlo en un cliente. De nada sirve tener una carpeta deslumbrante si no sabes proponer una idea o defender tu punto de vista en una reunión con el cliente.

He conocido diseñadores freelanceros que no presumen los grandes proyectos, pero a cambio argumentan muy bien sus propuestas, saben venderse a ellos mismos y no los paraliza tomar el teléfono para hablar con los clientes. Esos son los que ganarán la atención.

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Dedicarse al freelanceo es un proyecto de vida, no una ocupación mientras se encuentra un empleo. Ser un trabajador independiente tiene sus partes difíciles, pero también sus grandes retribuciones. Es claro que no a todos les va a gustar subirse a la montaña rusa del autoempleo donde está garantizada la emoción, la diversión y los sustos.

* Esa frase se la robé a mi esposo.

¿Qué hacemos para obtener nuevos clientes? (II)

Esta es la segunda parte sobre las respuesta que recibí a la encuesta que realicé hace unos días.

Si no has leído la primera parte te invito a que lo hagas aquí.

Reparto volantes con mi publicidad en mi zona

A menos de que se trate de un negocio freelance con atención al público, repartir volantes no es una opción adecuada para promover nuestros servicios.

Pago por publicidad impresa (anuncios en periódicos o revistas)

Al igual que la participación en exposiciones especializadas, pienso que la publicación de un anuncio impreso, en el medio correcto tiene la gran ventaja de que llega a las manos de nuestro público objetivo. Obviamente deberá ser un anuncio de un tamaño “decente” y correctamente redactado que invite al prospecto a tomar una acción, como visitar nuestro sitio web o llamarnos por teléfono. Su “desventaja” es que, mientras más difusión tenga el medio impreso, mayor es su costo.

No hago nada, no necesito más clientes

Sí, yo también dije eso en algún momento, pero tarde o temprano deberemos “refrescar” nuestra cartera de clientes.

Otras respuestas

Encuesta2

  • El servicio de LinkedIn puede funcionar si lo que estás buscando es un trabajo fijo. Pero, por los comentarios que he recibido de otros freelanceros, sé que este servicio no te ayuda a conseguir clientes interesantes. A cambio se obtienen contactos de chambitas poco redituales.
  • Sobre los sitios de trabajo especulativo pueden ver lo que escribí en otro post http://clientesmalos.com/2012/12/17/el-trabajo-especulativo/
  • No creo que muchas personas recurran a la Sección Amarilla para ubicar a un freelancero, pero mientras siga existiendo habrá personas que paguen por anunciarse allí.
  • Considero que el famoso Networking puede ser una buena forma de promover nuestros servicios de freelance, sin embargo es una actividad que, como las amistades, requiere de tiempo, cuidado y paciencia.

Bueno, ya les compartí las respuesta que obtuve con esta encuesta informal. Me gustaría saber si alguien ha probado otra actividad para atraer nuevos clientes y además, quiera compartirla con los lectores de este blog. La sección de comentarios es suya.

 

 

¿Qué hacemos para obtener nuevos clientes? (I)

Hace algunos días publiqué una simple encuesta que tuvo como objetivo conocer, de manera muy informal, las actividades que los freelanceros realizamos para atraer nuevos clientes. Obviamente esta encuesta, anónima y por internet, no tiene el rigor de una encuesta seria, pero de todas formas les comparto los resultados. Gracias a los trecientos y tantos participantes.

Abajo comento los pros y contras de cada opción, según mi experiencia.

Encuesta1

Espero a que mis actuales clientes me recomienden con otras personas

Esperar a que un cliente, contento con los resultados de nuestro trabajo, nos recomiende con otros potenciales clientes no es, en sí, una actitud pro-activa. Es más, yo diría que peca de ser bastante pasiva, facilona y poco propositiva. Sería como pensar que no necesitamos hacer casi nada para conseguir nuevos amigos, nuestros actuales cuates deberían encargarse de promovernos con otras amistades ¿no? ¡pues no! conseguir nuevos amigos y que además sean buenos amigos es algo bastante complejo.
Si tú quieres aprovechar los contactos de un cliente satisfecho debes hacer algo muy simple y descarado ¡pídelo! La conversación puede ser algo así:

– Me da mucho gusto que el proyecto que acabo de terminar le haya agradado tanto. ¿Sería muy descarado de mi parte si le pidiera que me indicara si alguno de sus conocidos pudiera beneficiarse de mis servicios?– Lo peor que puede pasar es que te digan que no, pero si te pasan algún contacto tienes buenas probabilidades de acercarte a un prospecto con una excusa real: – Fulano de Tal pensó que tal vez a usted le interesaría saber de mis servicios…

Envío correos electrónicos a las empresas que me interesan

Ok, enviar un correo electrónico con la carta de presentación de tus servicios puede ser una buena idea, siempre y cuando PRIMERO hayas hablado a la empresa en cuestión, obtengas el nombre y correo electrónico de la persona indicada a la cual le has pedido permiso de enviarle tu información (ver contactos en frío más abajo.) De lo contrario, cualquier correo dirigido A quién corresponda será considerado como no solicitado y tendrá microscópicas posibilidades de ser tomado en cuenta. Ni hablar de los servicios masivos de envíos de correos electrónicos que sólo son spam y nadie aprecia.

Mostrando mis servicios en FB y TW

Si bien existe una pequeña posibilidad de que alguien te contacte para un trabajo a través de Facebook y Twitter, son las empresas y no los profesionales independientes los que podrían tener los mejores resultados, siempre y cuando tengan una estrategia clara para redes sociales y, además, le inviertan los recursos necesarios para que esa estrategia funcione.

Si quieres más información sobre las estrategias de márketing que utilizan las empresas para obtener resultados en estos medios te sugiero que sigas el blog de Ángel Buendía http://ornitorrincodigital.com/ ¡está lleno de información útil!

Espero a que alguien visite mi sitio web y me llame

Tener presencia en internet a través de un sitio web es algo realmente básico para cualquier freelancero. Un prospecto que llega a nuestra página de internet, revisa su contenido y toma el teléfono para llamarnos es alguien que se siente realmente atraído por nuestros servicios (aunque no necesariamente se convertirá en nuestro cliente).

El tiempo y dinero que invertimos en tener una página web decorosa podría no servir de nada si no incluyes un teléfono de contacto que le permita a un prospecto llamarte directamente, peor aún si no cuentas con una contestadora que registre las llamadas que no pudiste contestar.

Ojo: tener un sitio web no significa lo mismo que tener una página en Facebook, pero de eso ya hablaré más adelante.

Hago llamadas “en frío” para ofrecer mis servicios

Esta opción no es mi favorita, pero es una de las estrategias que pueden, como oportunidad de sacarte la lotería, contactarte con algún prospecto que “por puritita suerte y coincidencia” andaba buscando a alguien que hiciera lo que tú casualmente haces. Llamar a un prospecto que no te conoce y que no pidió que le llamaras puede ser una actividad muy desgastante y hasta horrible. Requiere tener la piel muy gruesa para no sentirse mal ante las múltiples negativas y falta total de interés por nuestros servicios. Llamar a una compañía con el mejor speech y recibir un cortón seguido por una colgada de teléfono puede hacer que llore hasta el freelancero con la mejor autoestima.

De todas formas les comparto que esta técnica me ha conseguido una o dos chambas interesantes.

Pago por publicidad en internet (Google Adwords, banners, etc.)

Tener presencia a través de las búsquedas de Google es indispensable si sabes que tus clientes buscan allí los servicios que tu ofreces. Su “desventaja” es que cuesta y, para obtener resultados debes, además de invertir el dinero necesario, tener una estrategia clara de publicidad, tener conciencia de lo que es SEO, contar con un landingpage para medir resultados, restringir tus apariciones por zona geográfica, etc. etc.
En mi caso el 90% de los prospectos que me llaman me buscaron y encontraron en Google, “San Google” como yo le digo.

Entro en pánico, corro en círculos y al final no hago nada

Bueno, yo creo que a todos los freelanceros nos ha pasado esto en algún punto de nuestra vida profesional, sobre todo cuando nos quedamos sin proyectos a la vista. Las temporadas de vacas flacas son, no por nada, las temporadas en las que nos preocupamos por atraer nuevos clientes y debería ser al revés: cuando tenemos proyectos debemos comenzar a sembrar para el futuro y tratar de que las temporadas de escasez sean más benévolas. Todo esto que dije es más fácil platicarlo que hacerlo, lo sé.

Participo como expositor en eventos especiales

Puede que esta opción te suene un poco alejada a la realidada del freelanceo, pero, en teoría, si tu has desarrollado muchas páginas web para hoteles y restaurantes, sería una buena idea pagar por un espacio en alguna exposición especializada en turismo o gastronomía. La ventaja es que tendrías la posibilidad de hablar directamente con tu mercado objetivo. La desventaja es, que si no escoges bien el tipo de exposición a la que asistirás, puedes terminar tirando a la basura toda tu inversión.

En la segunda parte de este post comentaré las opciones menos votadas de la encuesta así como las acciones que otros frelenceros indicaron.

¿A tí qué acción te da resultado para atraer a nuevos clientes?

Una historia larga de un cliente gordo

Cliente gordoÉrase una mañana de mayo del 2013 cuando recibí un correo electrónico muy prometedor, una compañía grande y famosa solicitaba mi presencia en una reunión para hablar sobre un posible proyecto fotográfico. Yo estaba hecha unas pascuas, contesté de inmediato y pacté una cita en las oficinas generales del gordo prospecto. Recuerdo que para esa visita hasta perfume me puse ¡no podía dejarlo escapar!

La primera cita fue de color de rosa, ellos estaban buscando a un proveedor de excelente calidad y mis servicios les quedaban como anillo al dedo. Al día siguiente les envié mi propuesta económica que contemplaba un proyecto de tamaño mediano: la realización de las fotografías debería de tomarme alrededor de cuatro horas, más el tiempo del retoque y la entrega digital, nada del otro mundo, pero con una calidad superior a la de los trabajos promedio. Mi cotización fue aceptada sin ningún problema…

… Y entonces todo se volvió una película de drama

Primero me enviaron un documento que contenía por lo menos 100 requisitos técnicos, los cuales debía de llenar, justificar y describir con detalle. Me pidieron que fuera a sus oficinas a firmar un acuerdo de confidencialidad donde me aclaraban que no podría presumir en mi carpeta el resultado del trabajo. Luego me solicitaron los documentos tradicionales para ir tramitando mi alta como proveedor: comprobante de domicilio, RFC, alta en Hacienda, carta de presentación, portada del estado de cuenta de mi banco, referencias de otros clientes y algún otro papel que ya no recuerdo. Para rematar, me avisaron que no daban anticipos y que los pagos salían 90 días después de aceptada la factura. Adicionalmente me pidieron que realizara, de forma gratuita, una prueba de concepto que no era otra cosa que una toma fotográfica donde demostrara tener las cualidades técnicas que ellos buscaban.

Justo en ese momento mi tolerancia se extinguió. Ya no podía dedicarle tanto tiempo a esta propuesta, pasaban las semanas y yo sólo estaba llenando requisitos. Hice acopio de fuerzas, tomé el teléfono y llamé al encargado del proyecto. Le expliqué, de la manera más amable y serena que pude, que estaba declinando la oferta de volverme su proveedor, que los costos que había considerado no contemplaban tantos requisitos administrativos y que, en pocas palabras, eran un cliente más grande de lo que yo podía atender. El encargado estaba realmente contrariado y no aceptó mis explicaciones. Me pidió realizar una cita urgente, ahora con su jefe, para que me convencieran de no renunciar al proyecto.

Yo tenía una mezcla de sentimientos encontrados, por un lado era halagador su demostración de interés (yo pienso que debido al precio de mi cotización más que a mis cualidades profesionales), pero por el otro lado tenía un mal presentimiento al respecto de la cantidad de trámites administrativos que tendría que solventar ¡y que no había contemplado en mi cotización! En la reunión urgente me trataron muy bien y me explicaron que no podrían salir avante en su proyecto si no contaban con mi participación (neta). También me invitaron a que les hiciera una nueva propuesta económica que contemplara la magnitud de los trámites, que incluirían, la firma de un contrato de servicios, el pago de una fianza y la compra de un seguro de responsabilidad civil, por si se daba el caso de que a mí se me ocurriera prenderle fuego a sus instalaciones durante la sesión fotográfica, o algo por el estilo.

Sinceramente estaba abrumada por la complejidad burocrática que este proyecto representaba, así que decidí calcular pesimistamente todo el tiempo administrativo que me consumiría si decidía tomarlo: las juntas con el cliente, la prueba gratuita, el juego de la licitación, la presentación de una propuesta técnica formal, las visita al área de compras, la firma de contratos, la inversión en los seguros, las vueltas para tramitar la órden de compra, la revisión de la factura y ¡casi se me olvidaba! la sesión fotográfica, el proceso de las imágenes, los cambios caprichosos del cliente y la entrega final. Hice mis números y, por el mismo trabajo, pero con toda la tramitología prevista, tendría que cobrar cuatro veces más del precio original. Fráncamente era una locura.

Para mi sorpresa aceptaron la nueva cotización y sólo me pidieron que les otorgara un descuento del 5% “ya para que se animaran”. Hice acopio de “serenidad y paciencia” y acepté sus condiciones.

Una carrera de resistencia

Los trámites iban y venían y la orden de compra que les solicité desde el principio nomás no aparecía. Las juntas, correos y llamadas telefónicas para concertar la sesión fotográfica se prolongaron hasta principios de septiembre, fecha en la cual ¡por fin! realicé las fotos tan largamente proyectadas. Por mi parte el trabajo estuvo listo y entregado una semana después. El cliente quedó encantado con el resultado y yo recibí varias felicitaciones. Pero, como no vivo de aplausos, me avoqué a terminar los trámites para entregar la factura, cosa que hubiera resultado muy simple si no fuera porque buscaron, por todos los medios, evitar que la entregara: que si no estaba bien mi alta como proveedor, que si la razón social iba a cambiar, que si no incluía el número de orden no era válida, etc.

Si bien no me hacía ninguna gracia andar correteando este pago, en ningún momento dejé de llamar y visitar a las personas indicadas para que la factura fuera aceptada. Y como no me iba a esperar los 90 días para que me pagaran eché mano de un servicio de factoraje*. Tras otros 15 días de papeleos, a principios de noviembre, recibí el correo más ansiado del año: el aviso de mi banco con la confirmación del depósito a mi cuenta. Justo cuando se cumplían seis meses desde el primer contacto con el cliente.

¿Valió la pena la espera? Sí. ¿Volvería a realizar un proyecto tan engorroso como este? Sí, siempre y cuando pueda evaluar las complicaciones administrativas a las que me enfrentaré y las cobre adecuadamente. ¿Me gusta trabajar con clientes tan complicados? La verdad no, pero tengo que pensar que tienen proyectos interesantes y son áltamente redituables.

Recomendaciones para tomar proyectos de clientes gordos/grandes

Si tienes la suerte, como yo la tuve, de que te contacte un cliente gordo es indispensable que sepas que:

  • Las compañías grandes dan por sentado que el proveedor (o sea tú) está dado de alta ante Hacienda, preferentemente como Persona Física con Actividades Empresariales o como S.A. y que emite facturas. También pueden trabajar con profesionistas que dan recibos de honorarios, pero no lo prefieren.
  • Si eres  freelancero, debes evaluar si estás dispuesto a dedicarle todo el tiempo administrativo que el proyecto requiere. La avalancha de correos, llamadas y visitas al cliente demandarán una parte importante de tu tiempo.
  • Es indispensable que evalúes tu fortaleza económica: financiar un proyecto largo que, además se pagará a 30, 60 o 90 días, puede dejarte con un agujero económico difícil de reparar.
  • Jamás mientas al respecto de lo que ofreces, un cliente grande siempre te pedirá la mejor calidad y tiene un contrato para exigirlo. No lo tomes a la ligera.
  • No compitas solo por precio, la cantidad de recursos que demanda la atención a un cliente gordo siempre será más grande de la que te imaginaste o te platicaron en un principio. Créeme.

* Si vives en México te recomiendo que te des de alta en el servicio de Cadenas Productivas de Nafinsa (el trámite es gratuito y el personal es muy amable). De manera simplista te diré que se trata de un servicio que sirve para pagarle a los proveedores de algunas instancias de Gobierno y varias empresas privadas a través del sistema de Factoraje: cobran una pequeña comisión a través del banco intermediario, pero te pagan de inmediato y no tienes que esperarte meses.

Si tú no vives en México ¿me podrías informar si en tu país existe un esquema similar al factoraje? Tus compatriotas seguramente agradecerán la información.

Y Tú ¿te has topado con un cliente grande? ¿cómo lidiaste con él?

¿Listo para para trabajar por tu cuenta?

Hoy está de moda ser freelancero, profesionista independiente, trabajador autónomo o, como lo acaba de acuñar @Blogylana: “empresolo“. Aunque los beneficios de trabajar en una empresa siguen siendo atractivos, cada día son menos los egresados de las universidades que encuentran su trabajo soñado en una compañía que les permita desarrollar sus capacidades, les pague bien y, sobretodo, no los sobreexplote.

Por eso resulta atractivo el trabajo por cuenta propia. Ser un autoempleado que gane lo que quiera es una aspiración que está en la mente de muchos trabajadores asalariados. El problema es que a nadie le enseñaron en la escuela cómo establecer un negocio de una sola persona y la mayoría nos lanzamos al océano del freelanceo por las razones más diversas, una de ellas es, obviamente, ganar más dinero.

FreelanceraCuando un diseñador freelancero presume que cobró $60,000 en su último proyecto seguramente levantará la envidia de más de uno, sobre todo de los diseñadores asalariados que ganan, al mes, la tercera parte de esa cantidad. Lo que muchas veces no saben es que los $60,000 pesos son los INGRESOS NETOS de ese proyecto, y no representan la UTILIDAD. Me explico: a esa cantidad hay que restarle los impuestos (aproximadamente el 30%), los gastos de la oficina (papelería, teléfono, luz, renta, etc.), los gastos de publicidad (anuncios, página web, folletos, tarjetas de presentación, etc.), la depreciación del equipo (impresora, computadora, software, cámara fotográfica, etc.) gastos indirectos (contador, comisiones del banco, seguros, etc.) y el tiempo administrativo (elaboración de cotizaciones, visitas al cliente, trámites de cobranza, generación de facturas, etc.). Entonces resulta que al final sólo quedaron como $20,000 de UTILIDAD: con ese dinero el freelancero deberá hacer frente a sus gastos diarios y, si queda algo, ahorrarlo para la temporada en que no caigan proyectos. Así ya no suenen tan atractivos esos 60 mil ¿verdad?

Aunque no todos los meses son iguales es cierto que, si eres un profesional independiente competente, si te sabes vender bien, si encontraste el mercado adecuado y atraes a los clientes correctos, puedes tener varios proyectos con buenas utilidades al año.

Utilizo este ejemplo para mostrarte que volverse freelancero no te va a volver rico de la noche a la mañana, por el contrario, si no sabes calcular tus precios en relación a tus gastos y al mercado que quieres abarcar, puedes quedarte sin dinero en un abrir y cerrar de ojos. Ser un buen administrador es una una cualidad esencial para ser un buen freelancero. Si eres un profesionista asalariado y estás pensando en convertirte en profesionista independiente te invito a que planées cuidadosamente tu transición, para empezar te sugiero que contemples tener un fondo ahorrado de por lo menos tres meses de operaciones que te permitirán trabajar para conseguir clientes y generar un punto equilibrio entre gastos y ganancia. OJO: nunca de los nuncas te vayas a financiar con tu tarjeta de crédito. Iniciar una etapa independiente debiendo dinero y pagando intereses altos es una receta para el fracaso.

Una consideración sobre los negocios “Multinivel”

Hace varios años una conocida me invitó a una charla que, según sus palabras, me ayudaría a independizarme económicamente y me cambiaría la vida. Así fue que me encontré sentada, junto a cientos de personas, en un bonito auditorio donde un actor segundón de Televisa, con aires de mesías, intentó demostrarnos con “cuentas alegres” cómo podíamos volvernos ricos e independientes vendiendo jabones.

La confusión entre Ganancia y Utilidad es uno de los principales trucos que se usan en los negocios de Multi-nivel: te plantean un escenario ideal en el que podrás independizarte y ganar miles de pesos con un producto que prácticamente se vende solo, te mienten al hacerte creer que los ingresos netos son tu utilidad, nunca te dicen que tendrás que trabajar en horarios extendidos, que tú te haces cargo de todos los gastos de promoción, la gasolina de tu coche, el traslado de mercancías, las cuentas del teléfono, el pago de la conexión a internet, la cobranza a los clientes morosos, las horas de pláticas para que amigos y conocidos se convenzan de trabajar para ti en ese “fabuloso negocio” de la venta de productos milagro, polvos para lavar cualquier cosa o un jugo cura-cáncer. El que puedas vender $100,000 pesos de mercancías al mes no significa que realmente hayas ganado $100,000. A menos, claro está, que hayas reclutado a veinte de tus familiares y amigos para que trabajen para ti bajo el esquema de pirámide.
Trabajar en un multinivel no te vuelve un trabajador independiente, al contrario, te involucra en una red donde todos son dependientes de alguien más.

Aguas con los socios proxenetas

Let's BoogieEn los años más recientes de mi trabajo como profesional independiente me he topado, en varias ocasiones, con un tipo raro de intermediario al que llamaré socio-proxeneta.
La llamada telefónica o correo electrónico de este personaje puede contener varios de los siguientes puntos:

  • Te dice que ha visto tu sitio de internet y que está encantado con la calidad de tu galería de proyectos.
  • Te presume que él ha trabajado en varias compañías muy importantes.
  • Aclara que en ese momento está buscando iniciar un nuevo negocio pues tiene “cientos” de excelentes contactos en los más altos niveles.
  • Te informa que tú has sido el elegido(a) para realizar el trabajo de, por ejemplo, diseño de páginas web para los cientos de potenciales clientes de este nuevo negocio.
  • Te describe una hermosa imagen de un maravilloso futuro compartido siempre y cuando aceptes el reto de apoyarlo en esta etapa de inicio.
  • En algún momento de la conversación intentará que le proporciones una lista de precios de tus servicios, OBVIAMENTE con un descuento especialísimo dadas las circunstancias tan favorables que se plantean: tú ya no tendrás que preocuparte de conseguir clientes, para eso tienes a un nuevo y flamante autonombrado socio.
  • Ya que logró interesarte en su propuesta te pedirá que le proporciones muestras de tus trabajos, sin mostrar tus datos, claro está.

En principio todo suena fabuloso ¿no? te acaba de caer del cielo a un magnífico vendedor, con grandes contactos, que te propone una relación ganar-ganar. Pero, antes de emocionarte como quinceañera a punto de bajar las escaleras, vuelve a repasar la propuesta bajo una luz menos favorecedora.

  1. No tienes ninguna referencia sobre esta persona, no sabes cómo llegó a tu sitio web y, peor aún ¡él tampoco te conoce! entonces ¿cómo es que te ofrece ser una especie de socio si ni siquiera sabe cómo trabajas?
  2. Si tú eres un freelancero medianamente exitoso sabrás que no es buena idea ahorrarse el trabajo de autopromoción y el trato directo con los clientes. Si aceptas trabajar con un intermediario particular estarás aceptando grandes riesgos como que de repente desaparezca con las muestras de tu carpeta de trabajos. Si sólo te dejó un número de celular y un correo electrónico es difícil que le puedas seguir el rastro.
  3. Sin demeritar el valor que tiene poseer una buena cartera de contactos ¿qué atractivo adicional le aporta a la relación alguien que tiene la ocurrencia de volverse tu socio-proxeneta? ¿No será que el verdadero valor en esta relación sólo lo aportas tú con tu carpeta de trabajos?

No necesitas vejigas para nadar

Las primeras veces que yo caí en sus redes me di cuenta de que se trataba de personas desempleadas que sólo buscaban ganar dinero revendiendo los servicios de profesionales independientes. Una vez me llamó un oficinista de bajo rango, que odiaba su trabajo y busca, en sus tiempos libres, crearse una imagen de publireclacionista intermediario, pero que en el fondo no aportaban un valor real a los proyectos. Me contó que tenía un contacto clave dentro de una empresa de construcción que estaba a punto de iniciar un gran proyecto para gobierno así que me convenció de que le regalara varias aportaciones para una presentación. Luego me pidió que elaborara otras muestras para otro cliente y un montón de cotizaciones. Así estuve como año y medio, al final no se hizo nunca nada. La última vez que me llamó le confirmé que ya no estaba interesada en continuar colaborando en sus propuestas. Los profesionales independientes no necesitamos vejigas para nadar*.

Es probable que existan personas de buen corazón que realmente deseen nuestro bienestar económico y progreso profesional (já, já). Por si las dudas, cuídate de los ofrecimientos de estos personajes que saben decir cosas dulces al oído y buscan beneficiarse del trabajo gratuito de los freelanceros, que solicitan descuentos especiales y revenden sus servicios en condiciones oscuras. Si, de todas maneras, su propuesta te suena interesante, pídele sus datos completos y “gugléalo”. Busca referencias y no tomes una decisión al calor de la conversación.

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* Este dicho en México significa que no necesitas de otros para conseguir tus objetivos.

Freelanceros con miedo

MiedosaYo tengo la teoría de que, por lo menos, la mitad de los problemas que enfrenta un freelancero se deben a sus miedos. El miedo no permite avanzar, es angustiante, te hace perder valiosas oportunidades y, tarde o temprano, te paraliza.

Miedo a conseguir nuevos clientes

Sí, ya sé que la economía está por los suelos, que tal vez los pocos clientes que tienes no son suficientes para mantener tus gastos, pero ¿qué has hecho al respecto para contactar nuevos clientes? ¿Cuándo fue la última vez que levantaste el teléfono para “llamar en frío” a una empresa con la que te gustaría trabajar? Las excusas para no contactar a un prospecto desconocido sobran, desde las perfectamente racionalizadas hasta las verdaderamente absurdas, pero, lo peor que te puede pasar es que te cuelguen el teléfono y, deveras, nadie se ha muerto de eso.

Miedo a perder clientes

Tengo un cliente bastante antiguo al que tenía muchos años de cobrarle lo mismo por cierto trabajo periódico, hasta que un día me di cuenta de que ya no podía seguir cobrándole tan poquito. Me daba pavor pensar en que debía contactarlo para comunicarle las nuevas tarifas ¿y si me mandaba al diablo y de paso lo perdía? Como de todas formas y ya estaba trabajando con pérdida me animé a enviarle un correo muy cortés para informarle que debía actualizar los costos. La respuesta fue un indoloro “De acuerdo.”

Miedo a exigir un trato profesional

Algunos freelanceros confunden el trato profesional con el trato servicial, me ha tocado ver profesionales independientes que se aguantan más de una hora esperando a que llegue su cliente a una cita. Mientras más tiempo esperes a alguien, más desesperado te verás. Los malos clientes saben oler la desesperación y suelen manipular a los freelanceros con baja autoestima.

Miedo a defender tu trabajo

El cliente siempre tiene la razón, pero nosotros tenemos los conocimientos para ayudarlo a obtener un mejor resultado. Nunca tengas miedo a defender tus ideas sobre el proyecto para el que te contrataron. No se trata se ser sordos a las observaciones de los clientes, pero recuerda: tú eres un profesional de tu área y te pagan por aplicar tus conocimientos en beneficio del cliente.

Miedo a exigir un pago puntal

Todos los día nos enteramos de que a alguien no le han pagado lo que le deben por el trabajo que ya realizó. Lo que no escuchamos todos los días es qué están haciendo esas personas para conseguir ese pago atrasado, además de quejarse.

Desde que inicias un proyecto debe quedarles claro (a ti y a tu cliente) cuáles son las fechas críticas en el desarrollo: las fechas del pago del anticipo, las de recopilación de materiales, de revisiones, de la entrega final y la del pago del saldo. Es tu responsabilidad averiguar cuáles son los trámites que tienes que cumplir para entregar una factura y recibir el pago en el tiempo acordado. Cada empresa inventa sus propios sistemas administrativos para realizar sus pagos lo más tarde que se pueda, pero está en tus manos evitar “que te lleven al baile” por ignorancia.

No disfraces al miedo de “pena”

A veces, para no sonar tan mal, decimos que “algo nos da pena”, porque aceptar que “algo nos da miedo” sería aceptar que somos miedosos, así que mejor decimos que somos penosos. Cuando decirmos –Es que me da pena llamar para preguntar por el pago…–  en el fondo lo que sentimos es miedo a tomar el teléfono, hablar con una persona y ser rechazados.

La mejor forma de acabar con el miedo es haciendo algo al repecto: habla, muévete, ofrece, negocia, trabaja. Los problemas no desaparecen solos y ciertamente enfrentarlos da susto, pero el día que te corten el internet por falta de pago, o el día que no te alcance para pagar la renta, ese día te va a quedar muy claro que el miedo no es un buen aliado ¡y menos si eres freelancero! porque nadie va a salir a hacer las cosas por ti.

Obviamente no se trata de volverse una persona temeraria que se avienta al vacío a la menor provocación, pero te aseguro que, si comienzas a afrontar las situaciones que te dan miedo o pena en tu quehacer profesional, tu cuenta de banco empezará a beneficiarse.

¿Qué otros miedos asociados al freelanceo conoces?

Clientes desconfiados

Seguramente has escuchado la historia del pintor que le quedó mal a tu tío, del plomero que dijo que iba por una refacción y nunca regresó o la del maestro albañil que hizo mal las cuentas y ahora pide más dinero para completar el trabajo. Es una triste realidad, pero muchas personas que ofrecen sus servicios a domicilio rara vez son puntuales, cumplidas y bien hechas. Son trabajadores de oficio que llegaron recomendados por algún vecino y pocas veces resultan tan buenos como nos los ponderaron.

De estas malas experiencias surge la gran desconfianza que se siente al contactar a un plomero que, después de jurar que llegaría antes de las 9:00, se aparece hasta las 11:00; que hace unos garabatos sobre un pedazo de papel sucio para solicitar un anticipo para materiales y se desaparece dos horas “porque tuvo que pasar a almorzar al mercado”. Ya con todas las piezas del calentador desconectadas te avisa que no trae la herramienta adecuada, así que tendrás que esperarlo hasta mañana. Lo peor del asunto no será bañarte con agua fría, sino rogar a los dioses que de verdad regrese al día siguiente. Después de varias llamadas fallidas a su celular confirmas tu peor temor: te ha abandonado, se ha ido con las refacciones que compró y te ha dejado el calentador desarmado. Ahora no tienes más remedio que buscar, en internet o la sección amarilla, los datos de una compañía profesional que seguramente te cobrará más por el servicio que, vuelves a rogar, sea mejor que el del plomero que te recomendaron (que, por cierto, reapareció tres días después y se molestó porque sus servicios ya no eran requeridos). Clientes desconfiados

Por eso no me extraña que algunas personas opten por “arreglar” ellos mismos sus dificultades, tienen desconfianza a los trabajadores desconocidos o simplemente quieren ahorrarse dinero ¿Cuántos de nosotros hemos realizado una reparación o remodelación casera con resultados nefastos? Lo mismo pasa con los clientes que, por no gastar, optan por realizar ellos mismos las fotos de sus productos. O peor aún: deciden que no necesitan ningún tipo de ayuda para elaborar su publicidad tras haber sufrido con freelanceros poco confiables que no cumplen con las fechas de entrega y se esconden cuando hay dificultades.

Derivado de estas malas experiencias algunos clientes se resisten a pagar un anticipo y desconfían de los freelanceros… y la verdad los entiendo. POR ESO cada vez me cuesta más trabajo hacerles ver que existen freelanceros que sí son profesionales y que están realmente interesados en ofrecerles soluciones, no pretextos.

¿Quieres que tus clientes confíen en tí? a) Ayúdales a encontrar la mejor solución a sus necesidades, vuélvete su asesor. b) Siempre cumple con los tiempos de desarrollo y entrega puntualmente lo que prometiste. c) No utilices a los demás como pretexto para no cumplir, explicaciones como “Es que mi impresor me quedó mal” o “Mi mamá no me despertó a tiempo” no te harán lucir como profesional. d) Nunca te escondas de tus clientes, ya estás grandecito (esto, por supuesto, también aplica al revés).

Recuerda que los clientes nos pagan para resolver sus problemas no para crealos.

Un cliente contento con los resultados es un cliente que no debería “hacerse pato con tu pago”, pero eso es otra historia.