Defendiéndome del regateo

Falling Victim to Free Trap
Lo siento, este no es un post con final feliz… todavía.

Todo comenzó como de costumbre, un prospecto me contacta para ofrecer un proyecto interesante que, por su importancia requiere de una visita a sus oficinas. Durante la reunión les bailé y canté mientras los convencía de que soy la persona indicada para llevar a cabo el trabajo. Después de la visita, que consideré todo un éxito, les envié una cotización con mi mejor propuesta. Me interesaba mucho ganar este proyecto, era atractivo e interesante. Supongo que, como mis precios eran bastantes razonables, al martes siguiente se animaron a pedirme una nueva propuesta, mucho más compleja y que incluía una urgencia: las primeras fotos debían realizarse ese mismo viernes. Acepté el reto, actualicé los números y esperé a tener el visto bueno mediante el pago del anticipo. Llamaron el miércoles para confirmarme la aprobación del proyecto, PERO (siempre hay un pero) no podían tramitar tan rápido el anticipo; entonces solicité una bonita orden de compra; me dijeron que no habría problema para generarla, sólo debía enviarles, asap, seis documentos y dos formularios firmados para darme de alta como proveedor. Como nadie me iba a intimidar con un muro administrativo, me propuse enviarles todo en menos de media hora ¡y lo logré!

Cuál sería mi desconcierto cuando, el jueves, me llama una persona desconocida que se presentó como el responsable de compras de la empresa. Me comentó, en el tono más perdona-vidas que pudo, que él era el único que tomaba las decisiones de compras, que tenía en sus manos las propuestas de otros proveedores y que, por alguna extraña razón, no tenía mi cotización en su escritorio. Entonces, con el mayor descaro del mundo, me dijo que esperaba que le enviara mi propuesta con “mi mejor precio”. Francamente consideré que su solicitud estaba fuera de lugar, sobre todo porque ya habíamos agendado la cita para ese mismo viernes con horario y toda la cosa, así que dudaba seriamente sobre la existencia repentina de esos otros proveedores, que sólo tenían la finalidad de hacerme sentir insegura, para que les otorgara un descuento, así nomás, porque sí. Hice mi mejor esfuerzo para no montarme en pantera y le indiqué que le enviaría la misma cotización que ya tenían, y que no iba a darles ningún descuento adicional por varios motivos: el trabajo era urgente, bastante extenso y, además, no recibiría anticipo. Para despedirme le confirmé mi interés en el proyecto y le recalqué que entendía perfectamente que era probable que no optaran por mi propuesta.

Después de reenviar la cotización recibí un escueto correo de este señor que casi me hizo llorar: “¿Ya es lo menos?”. Opté por no contestarlo, estaba tan molesta que seguramente le escribiría algo de lo que después me arrepentiría. Entiendo que parte del trabajo de los encargados de compras es conseguir el menor precio, pero intentarlo bajo la amenaza de “Me das un descuento o no te doy el trabajo” no me espanta, menos cuando sé que eso de los “proveedores más baratos” es una táctica vieja. De todas formas estaba conciente de que era muy probable que todo se fuera al Averno porque no me dió la gana hacer un descuento solicitado con tanta prepotencia.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando, casi a las 20 hrs., me volvió a escribir: “Procederemos como se había acordado, las fotos se tomarán mañana en al horario convenido. La orden de compra se generará a la brevedad.”
Las primeras fotos ya están tomadas, pero la orden de compra aún no llega, supongo que se tomarán su tiempo para enviarla, yo me tomaré el mío para mostrarles las primeras imágenes. Todo apunta a que será una relación de toma y daca bastante desgastante, así que tendré que evaluar mis opciones y sus consecuencias. Ya les platicaré en qué terminó todo el asunto.

Amiguitos del Departamento de Compras: Ya sabemos que es su trabajo velar por los intere$es de sus compañías, pero, POR FAVOR, tomen en cuenta que, cuando el proveedor es un profesionista independiente, que les está ofreciendo un servicio a la medida y de calidad, no estará feliz de entrar a la subasta de “quién cobra menos”. Piénsenlo de esta forma: si tuvieran un familiar con un padecimiento raro ¿regatearían con el médico especialista mientras el paciente sufre en la sala de espera?


Te cuidado con los clientes manipuladores

TitireteroEl otro día estaba oyendo en el radio la participación del sicoterapéuta Mario Guerra. Hablaba sobre las personas manipuladoras que se aprovechan de los demás sin tener respeto por la persona, su tiempo o su trabajo. Los llamó “titiriteros emocionales” porque saben qué hilos jalar para que tú hagas lo que él o ella quieren.
Mientras escuchaba la descripción de este tipo de personas me acordé perfectamente de varios ex-clientes y las formas en que me manipularon, cuando yo era más inocente.

Te comparto las características de estos malos clientes (o malos jefes) para que los identifiques, o confirmes si ya te has topado con alguno:

  • Un manipulador te hacen sentir especial porque te eligió a ti: de todos los demás tú fuiste el privilegiado que tiene el honor de trabajar para ellos. En general adulará tu trabajo, para que creas que te reconoce, pero sólo será así mientras le seas útil y atiendas sus necesidades, a veces exageradas, sin detenerte a pensar si te conviene trabajar para esta persona. En el momento en que ya no le resultes útil dejará de tomarte las llamadas y contestarte los correos. Obviamente le tendrá muy sin cuidado pagarte lo que te debe.
  • Los clientes manipuladores se presentan como personas muy buenas, muy generosas y no tienen empacho en presumirte lo valiosas que son para la sociedad; te lo dicen para que confíes plenamente en ellos y hagas cosas que normalmente no harías, por ejemplo, esperarlos horas para que te reciban. Pero recuerda: es muy probable que te estén choreando*. A tí no te consta nada de lo que te cuentan. Piensa que, por lo general, las personas verdaderamente bondadosas no andan presumiedo sus méritos a la primera provocación.
  • Cuando solicitas un anticipo a este tipo de clientes, te toparás con mil excusas para negártelo: te cuentan sus historias de genios incomprendidos, de víctimas de robos de todo tipo, te convencerán de que tienen vidas muy complicadas y son seres atormentado por las circunstancias. Al final apelan a tu empatía y solidaridad para que trabajes sin un anticipo.
  • Para ellos no hay horarios, te llamarán a la hora en que se les ocurra una solicitud y esperarán que los atiendas como si trabajaras exclusivamente para ellos. Siempre demandan una respuesta rápida de tu parte, no te dan tiempo de evaluar adecuadamente su proyecto, necesitan una respuesta afirmativa inmediata. Este es el tipo de mal cliente que te pide que lo visites en su casa, un domingo por la noche, para que le muestres cómo va el trabajo que le estás haciendo.
  • Los clientes manipuladores son muy hábiles para marearte con sus palabras, su objetivo es que les digas que sí a todo lo que te solicitan. Si recibes una llamada de este tipo de personas es probable que, cuando cuelgues el teléfono, sientas que algo no está bien y que te comprometiste con cosas que no son adecuadas. Ten cuidado, conviene hacerle caso a tu instinto de conservación, si consideras que el cliente se aprovechó de ti a la mala, corre y dile que has reflexionado las solicitudes y que debes hacer alguna observación.

Cuando confrontes a un cliente manipulador es probable que te responda con ataques directos como: –¡Qué mal, yo pensé que estaba tratando con un profesional!– o –No me hagas esto a mí ¿qué no te das  cuenta del problema en que me encuentro?– o –No me hagas perder el tiempo ¿puedes o no puedes hacer el trabajo?– En cualquier caso es importante que estés calmad@ y no permitas que esta persona te obligue a trabajar para ella si no estás de acuerdo en las condiciones.
Y como reza el dicho Más vale decir “aquí corrió” que “aquí murió”.

* Chorear: en México, significa que alguien te atrapa en una red de mentiras.

pleca
En otras historias más agradables, les cuento que la escapadita a Puebla de la semana pasada estuvo muy interesante, me encantó participar en el evento Living Design de la UADLAP. Gracias a los organizadores por la estancia y todos los detalles, estuvo de lujo.

También les platico que me gustó que en el evento Diseño en Escena de la UVM se animaran a hacer muchas preguntas, me gusta la idea de poder compartir mis experiencias y descalabros con los estudiantes de diseño.
Aprovecho para compartir mi emoción por la invitación que recibí para ir a mi amada ENAP a dar la plática Lo que me hubiera gustado saber cuando terminé la universidad. Todo apunta a que el 6 de mayo a las 17:00 hrs. regresaré a mi Alma Mater. Aprovecharé para ver cómo ha cambiado mi escuela en los últimos veintitantos años ¿seguirá vendiendo café el cafenauta?

Cuánto necesitas para empezar como freelance (Podcast)

logoLanaLa semana pasada tuve la fortuna de volver a platicar con mi estimada Ovejita Financiera sobre temas de freelanceo y finanzas personales. El tema que nos ocupó en el podcast #101 de Blog&Lana fue el de los recursos que debemos contemplar si estamos interesados en volvernos freelanceros. Los invito a que escuchen el cotorreo, a ver si de paso les damos alguna idea sobre qué inversiones son indispensables para comenzar a trabajar de manera independiente.

>>Escuchar el podcast<<

logo post anteriorReleyendo el post anterior (Las canijas agencias de publicidad) me percaté de una omisión que no quería dejar pasar: ¿se han dado cuenta que muchas “agencitas” de publicidad rara vez tienen sus oficinas en el lugar que indican como su domicilio fiscal? Alguna vez le pregunté al dueño de una de ellas cuál era el motivo de no dar de alta su dirección real, su respuesta me dejó fría: –Si algún día me busca Hacienda se van a topar que es la casa de mis papás y pues a ellos que les pueden quitar ¿la tele?– En el momento me quedé sin palabras, después recapacité y percibí que es una práctica común para, según ellos, evadir posibles acciones legales en su contra. Se me ocurrieron varias ventajas de poner a tus padres en ese predicamento… ok, no.

 

LogolivingY para los que todavía no lo saben, porque seguramente no me siguen en Twitter, les confirmo que participaré en el evento LIVING DESIGN 2013 organizado por la UDLAP y que tendrá lugar en el Auditorio de la Fundación Universidad de las Américas Puebla, los días 11, 12 y 13 de abril. El sábado 13, después de la Fiesta Living Desing, esperaré a las 9:00 hrs. a los diseñadores cuya cruda no los obligue a quedarse en cama. En la plática compartiré 10 cosas que me hubiera gustado saber cuando acabé la universidad ¿A quién veré por alla?

 

Diseño en escena_miniA los diseñadores del norte de la Cd. de México les platico que tendré el gusto de inaugurar el evento Diseño en Escena que organiza el Comité estudiantil de Diseño Gráfico de la UVM. La cita es el lunes 15 a las 10:00 hrs. en la UVM Lomas Verdes.

 

 

 

MancuernaY ya que estamos entrados en los anuncios, les cuento que el otro día estaba leyendo en Twitter a mi querida @Alletta que, para variar, andaba haciendo berrinches porque algunos de los diseñadores que le envían archivos de impresión y corte de vinil ¡nomás no dan una! Entonces, ella tuvo la maravillosa idea de ofrecer visitas guiadas para que los alumnos de diseño (y uno que otro profesional curioso) conozcan de primera mano cuáles son los secretos para obtener el mejor resultado de nuestros diseños impresos. Les sugiero que le tomen la palabra y corran, literalmente, a contactarla para agendar esta educativa visita (al rato seguramente se hartará de recibir visitas y los mandará al Averno).
¿Es Ud. profesor de “Sistemas de impresión”? ¡pues ya se le está haciendo tarde para llevar a sus alumnos a visitar Mancuerna en Atizapán de Zaragoza!


Las canijas agencias de publicidad

iStock_000004362999XSmallNo me gusta generalizar, así que no lo haré: hablaré de MI experiencia con cerca de diez agencias de publicidad pequeñas con las que he colaborado en los últimos años. No he trabajado con más porque, para ser sinceros, NO me entusiasma la forma como tratan a los freelanceros. Nunca las busco, pero por una u otra razón me encuentran y me convencen para que colabore con ellos en las campañas de empresas grandotas, y es allí cuando doy mi brazo a torcer: tal vez será porque me gusta ver mi trabajo en los sitios de internet de esas grandes marcas que, probablemente, nunca se hubieran acercado a mí directamente. Para eso contratan las empresas a una agencia de publicidad, para que les dé soluciones integrales. Concedo que es en parte mi EGO (y mi maldito hábito de comer tres veces al día) el que me ha conducido a aceptar trabajar en estas campañas, aunque mis últimas experiencias me han orillado a replantearme este tipo de colaboraciones.

Comparto cuáles son los puntos que me desagradan de trabajar con las agencias de publicidad:

  • La hipocresía. Extrañamente, la mayoría de las personas que trabajan en ellas, desde la recepcionista hasta los dueños, viven en “Happyland” un mundo donde todos se tutéan, se dan besos y abrazos a la menor provocación, son altamente informales y siempre firman sus correos con un “¿Me apoyas? Mil gracias“. Eso no tendría nada de malo, si no fuera porque no les compro esa máscara de buena-ondita-súper-amigable que desaparece en el segundo exacto en que les recuerdas que te deben el pago de un proyecto.
  • La mala comunicación. Dialogar con el cliente final se vuelve prácticamente imposible, las agencias son muy celosas y evitan a toda costa que escuches de primera mano los requerimientos y objeciones del cliente final. Me rompe el alma que la chica de cuentas me llame para decirme, como quien ordena un Té Chai Latte Venti deslactosado, que al cliente no le gustaron las propuestas y que tendremos que comenzar desde cero. Entonces pienso que la dirección creativa no fue la adecuada o que los representantes del cliente no tienen caraja idea de lo que quieren comunicar.  Otras veces pienso que los vendedores de las agencias de publicidad le tienen tanto miendo al cliente que no osan defender las propuestas, sólo se limitan a apuntar los cambios sin chistar.
  • Su bizarra administración. Lograr que las agencias de publicidad me paguen un anticipo ha sido una labor difícil, pero lo he conseguido. No comprometo mi tiempo si no recibo la confirmación a través del depósito del 50%… cobrar el 50% restante es otra historia. No acepto trabajar bajo el esquema de “Te pagaremos cuando que el cliente nos pague” porque quedaría en la situación más indefensa de todas: no conozco cómo se llevó a cabo la negociación entre el cliente final y la agencia, así que no tengo la certeza de cuando llegará “el día que les paguen”.
    Si la agencia no pactó un anticipo se da por sentado que ésta tiene los recursos económicos para cubrir el desarrollo del proyecto, sin embargo, muchas veces esto no es cierto. La agencia se financia de sus proveedores, hace malabares macabros con los gastos y toman los recursos de otros proyectos para pagar lo urgente. También conozco agencias que “ahorran” en los sueldos porque varios de sus colaboradores son trainees que reciben pagos simbólicos o extranjeros que ni siquiera están dados de alta en nuestro sistema tributario y que cobran menos que los profesionales mexicanos.
  • Su avalancha de solicitudes. Los correos van y vienen en una frenética carrera cuya meta, sospecho, es la de romper el récord de la cadena más grande de emails con CC-CCO-Replay to all-Replay-Replay… hasta el infinito. Nunca logro convencerlos de que todos podríamos ahorrarnos tiempo si alguien, de repente, tiene la buenísima idea de tomar el teléfono y pedir, de forma concreta, justo lo que requiere, sin necesidad de enviarle una copia a todo el mundo.
  • El anonimato. Al final del día quien se pondrá la “estrellita” por mi trabajo es la agencia de publicidad ya que yo no podré presumir el resultado que incluye mi colaboración. Así que, nada de mostrarlo en mi portafolios… sólo lo sabrá mi mamá.
  • Te ven como su empleado a tiempo completo: Lo que más me desconcierta de trabajar para una agencia de publidad es que piensen que eres un recurso que está tan disponible como uno de sus empleados. Demandan atención completa a tiempo completo por el periodo que dure el proyecto. Debo estar comprometida con la marca tanto como ellos y, cuando termine, se olvidarán de mí sin el menor problema. Justo es en este momento cuando necesito echar mano de mis mejores habilidades para conseguir que el pago del saldo se haga contra entrega, de lo contrario ya sé que me la pasaré persiguiéndolos hasta el cansancio… hasta que dejan de responder mis correos y no me toman la llamada.

Entonces me pregunto ¿dónde quedó toda la buenísima vibra del principio? ¿a dónde se fueron las promesas de más trabajo? ¿qué pasó con tantas sonrisas y palabras lindas? Podría pensar que estoy haciendo algo mal al elegir con quien trabajar, pero las experiencias de otros freelanceros me confirman que muchas agencias de publicidad pequeñas son bien canijas.

Comienzo a replantearme este tipo de colaboraciones, yo me lo pierdo.


No seas tu enemigo a la hora de cobrar

UnsureTodo el tiempo veo cómo nos quejamos de los clientes que no pagan a tiempo y que se hacen que la virgen les habla a la hora de hablar de dinero. Sin embargo, para ser justos, también hay que aceptar que muchos jóvenes freelanceros se ponen en una situación desventajosa a la hora de recibir el pago por su trabajo.

Parece mentira, pero tengo conocidos que, bajo miles de pretextos, aún no se han dado de alta en el SAT; por lo tanto no cuentan con recibos de honorarios o facturas. Son los clásicos compañeritos de la escuela que nos llaman después de años de no verlos para pedirnos que, por favorcito, les prestemos una factura o recibo para poder “cobrar un trabajito para un cliente malaondita que no quiere soltar el dinero si no es a cambio de dicho papelito”. Confieso que yo, en un malentendido sentido gremial, “presté” un recibo de honorarios para que un “pobrecito” compañero pudiera realizar su trámite. Obviamente acordé que el IVA me lo tendría que abonar el susodicho, pero sobra decir que tuve que estarlo correteando cerca de tres meses para que me lo pagara. Lo malo vino después: cuando le platiqué a mi contador mi “buena acción solidaria” casi me dió un zape mientras me reclamó –¿Y el ISR, se lo vas a regalar o qué?– Y luego me explicó que ADEMÁS del IVA, se debe contemplar el ISR y, ahora, el IETU. Sólo entonces me quedó claro porqué no me conviene andar prestando mis recibos (además de que es un delito fiscal).
Para que me sintiera más mal, el “simpático” de mi contador aprovechó para compartirme la historia de otra de sus clientas, una diseñadora gráfica a la que un familiar convenció de darse de alta en Hacienda desde que estaba en los primeros semestres de la universidad. El motivo era, en apariencia, inofensivo: su tío tenía un negocio de impresión de fotografías y, como tenía problemas con su situación migratoria, convenció a la chica de ser “la cara fiscal” de su negocio. A cambió le imprimía todas sus fotos gratis. Como era de esperarse, esta historia no tuvo final feliz: al cabo de 3 años el negocio de fotografía tenía serios problemas de evasión de impuestos, un buen día cerró sus puertas y el pariente se regresó a su país sin avisarle a nadie. La estudiante heredó una broncotota de esas que nunca queremos tener.

Otra forma de facilitarle a un cliente que no te pague es que no tengas cuenta de banco. Suena bobo, pero cuando cobré uno de mis primeros trabajos me entregaron un cheque que decía “Para abono en cuenta del beneficiario”. A mí no me preocupó esa leyenda en lo más mínimo hasta que fui al primer banco que se me ocurrió y no pude cobrarlo. Pero ¿cóooooomoooo? ¿no me iban a entregar mi dinero a menos de que abriera una cuenta en su chinche banco? ¡pero que injusticia! Salí indignada a contárselo a mis papás… Luego de ser ilustrada en los principios básicos del sistema capitalista mexicano mi papá me acompañó a abrir mi primera cuenta de débito.

Actualmente ya es raro que alguien te pague con un cheque, mucho menos con efectivo. Para cualquier empresa es obvio que sus proveedores tienen una cuenta de banco donde puedan recibir un depósito electrónico. Ojo: no es lo mismo tener una cuenta de tarjeta de crédito que una cuenta fiscal que va a sociada a tu RCF con la cual realizarás tus transacciones profesionales.

Si te vas a dedicar a trabajar como freelancero DEBES tener claros los asuntos relacionados con los cobros, cómo calcular los impuestos y varios detallitos fiscales más. En México, el SAT ofrece asesorías gratuitas para la elaboración de las declaraciones mensuales, no las he experimentado, pero parece que son útiles. Yo prefiero pagarle a mi contador para que me informe sobre estos temas, aunque de vez en cuando me cuente historias de terror.


La Guerra de Precios

Todos lo sabemos, cuando la oferta es mayor que la demanda el precio de los bienes o servicios baja. Y entonces llega la guerra de precios que pretende atraer a los compradores con costos castigados, a veces ridículos, que arrojan márgenes de ganancia microscópicos. Los que consigan vender más unidades sobrevivirán la batalla, los más débiles languidecerán hasta, eventualmente, desaparecer.
El mercado de trabajo de los diseñadores no es ajeno a este principio básico de economía. Entonces ¿cómo vencer en esta Guerra de Precios? muy sencillo: no entrando a ella.

Las estrategias

No vendas lo que todos venden
Jícama con limón

Sígueme la corriente con la siguiente analogía: Imagina que visitas el mercado de La Merced, o el de Portales o el de tu colonia, verás que las frutas y verduras de temporada están presentes en todos los locales, sus precios son similares, pero bajos, la competencia obliga a los vendedores a ofrecer un precio similar o, si se puede, uno o dos pesos más bajo que su vecino; su ganancia, obviamente, será mínima.
¿Cómo ganarle más a las mismas frutas y verduras y verduras de temporada? simplemente pelándolas, picándolas y colocándolas en vasitos con chile y limón. De esta forma ofrecen un producto de temporada pero al doble del precio.

No compitas por precio

Sigo con el ejemplo anterior: en el mercado el precio del kilo de jícama es de $10 pesos, en los supermercados, la misma jícama, pelada y picada cuesta $30 pesos el kg. En los negocios especializados en frutas preparadas venden las famosas paletas de jícama que pueden estar cubiertas de diversos picantes. Más aún, existe un negocio especializado en este tipo de paletas y clama ser el auténtico creador de las famosas Jicaletas, se convirtió en una franquicia que ofrece sabores como el de chamoy “que no pica” hasta una exótica preparación morada que sabe deliciosa.

Preparar una paleta de jícama implica más trabajo y más inversión, pero el precio de una hermosa Jicaleta morada es mucho mayor al del kilo de jícama ¿me explico?

Vuélvete un especialista

En la Ciudad de México existe un mercado de barrio que tiene fama de abastecer las cocinas de los mejores restaurantes: el Mercado de San Juan. Allí venden productos gourmet que abarcan desde exóticas carnes, seleccionados vegetales, extrañas frutas y abarrotes europeos. Los precios que se manejan no tienen nada que ver con los del tianguis que se pone los jueves en el camellón de mi colonia. Por ejemplo, existe un puesto especializado en hongos de toda la república que vende a $120 pesos los 100 grs. de los ejemplares más cotizados. La señora que atiende es una consumada conocedora del reino fungi y asesora a sus clientes para una mejor elección y comparte recetas regionales. Cuando no es temporada de lluvias ofrece paquetes de hongos deshidratados que vende todo el año. Como no tiene competencia, ella dicta los precios, y los chefs se aguantan.

En resumen: El precio no debe ser el factor más importante por el cual te conozcan los clientes, sino por lo que te hace diferente de los demás. Si tu ofreces un servicio de diseño que es igual al de muchos te enfrentarás a una desgastante Guerra de Precios donde nadie sale bien librado: nadie se volverá rico diseñando e imprimiendo tarjetas de presentación a $150 pesos el millar.


Terrorífica cita con un prospecto

Hace muchos años me contactó un señor para que le ayudara a realizar un trabajo fotográfico para “su jefe”. Al principio todo sonaba bien, me pidió una cotización y una cita para evaluar las tomas que necesitaban de un edificio que desplegaba un anuncio espectacular. En esos días mis instintos para detectar clientes malos aún no estaban tan desarrollados y acepté hacer la cita en plena calle, frente al Hospital Español. Allí estaba yo, a las 10 de la mañana muy puntualita, esperando al prospecto que llegó en una Hummer haciendo aspavientos y tocándome el cláxon para que me subiera a su coche. Primer error.

Tras una rápida presentación me comentó que su jefe se reuniría con nosotros más adelante en el recorrido.
–¿Recorrido?– Pregunté nerviosamente –¿Qué no íbamos a ver un edificio y ya?–
–No, tenemos varias locaciones en la ciudad que quiero que veas. Trajiste tu cámara ¿verdad?
–Esteeee… no, pensé que primero íbamos a evaluar el tamaño del trabajo.
–¡Ash! ¿te doy un consejo?– Obviamente no esperó a que le contestara. –”Para hacerla en los negocios siempre tienes que estar bien preparada”– Me sermoneó para conseguir que me sintiera mal por no portarme “profesional”. Y remató con una frase salvadora: –Pero no te preocupes, allí en la guantera traigo una cámara, tienes tres cuadras para revisarla y aprender a usarla. Quiero que mi jefe vea que eres una buena fotógrafa. Segundo error.

Nos estacionamos en doble fila frente a un edificio en Polanco y me pidió que hiciera la mejor toma de un anuncio espectacular desde el camellón de enfrente. Regresamos al coche y nos dirigimos a otras locaciones de la ciudad que incluyeron un paso de autos sobre Periférico ¡que no tenía acceso a peatones! así que a pie, en contraflujo y sin contar con una banqueta de resguardo, tomé las fotos de otros anuncios espectaculares. A esas alturas del recorrido el fulano que me llevaba ya no se molestaba en bajarse del coche, simplemente me indicaba cual era la cartelera que le interesaba y me abría la puerta para que, al más puro estilo canino, me lanzara a tomar las fotos. Tercer error.

Cerca del medio día, después de visitar ocho locaciones, me atreví a preguntarle cuánto tiempo más nos tomaría este “safari fotográfico”, a lo que me contestó -¿Qué, ya te cansaste?– Respondí que no, pero que tenía que estar de regreso a mi despacho antes de la hora de la comida. El imbécil interpretó que yo tenía hambre y sacó de abajo de su asiento un paquete de galletas que me entregó sin siquiera volterar a verme. Cuarto error.

Entonces el susudicho recibió una llamada, supuestamente de su jefe, en la que le indicaba que pasara a recoger a alguien. Yo me sentí aliviada porque interpreté que ya habíamos terminado el recorrido, cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: –Vamos a pasar a recoger a una persona y de allí nos vamos todos a la oficina, mi jefe te está esperando.– Quinto error.

Cerca de las 14:30 hrs. me encontraba yo en quién-sabe-qué-piso, de quién-sabe-qué-edificio de Polanco, esperando en un pasillo, junto a un garrafón de agua, sin agua. El Fulano entró a una oficina y al cabo de unos minutos salío para pedirme su cámara y comentarme que su jefe se había ido a comer, pero que no tardaba en regresar. Esa fue la gota que derramó el vaso, así que con la poca dignidad que me quedaba le dije que era una falta de respeto haber dispuesto de toda mi mañana sin avisarme. Me dí la vuelta y salí como pude del edificio. Primer acierto.

De regreso a mi casa me dí cuenta de lo que había pasado: el Fulano me había sacado como treinta fotografías gratis, también comprendí que seguramente no existía el famoso Jefe. En pocas palabras, me habían timado bien y bonito.
El resumen de mis errores:

Primer error: Suena obvio, pero jamás debemos hacer una cita en plena calle ¡y menos subir al coche de un desconocido! Nos exponemos a que nos roben la laptop, la cámara o lo que sea que utilicemos para hacer una presentación.

Segundo error: Permitir que alguien nos haga sentir mal para obligarnos a realizar cosas que no teníamos previstas. Debí negarme a tomar fotos desde el principio, punto.

Tercer error: Realizar actividades que ponen en riesgo nuestra integridad física. Me comporté de manera estúpida por mi deseo de quedar bien con el prospecto.

Cuarto error: Permitir que alguien más disponga de tu tiempo/persona como si fueras su empleado.

Quinto error: Ser tan inocente como para seguir creyendo las mentiras de un tipo que ya nos robó tiempo y trabajo.

Sobra decir que jamás volví a saber del Fulano.

Y tú ¿has tenido citas terroríficas con algún prospecto/cliente?


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