Freelanceros en viaje de negocios

… o cómo aprendía a amar el aire acondicionado.

No me pregunten porqué, pero en el último mes he tenido que viajar a cuatro ciudades con altas temperaturas: Mérida, Monterrey, Culiacán y Los Mochis. No falta el inocente que me dice —¡Ay, que suertuda tú que te puedes andar paseando por todo el país!— A lo que siempre respondo: —No es suerte, es la consecuencia directa de mi trabajo… y no, no me ando paseando.

Trabajar como fotógrafa para empresas me ha permitido conocer muchos lugares, pero no como turista. La planeación que requiere un viaje de trabajo no tiene nada que ver con unas vacaciones por placer. Todavía recuerdo con inquietud la ocasión en que volé a Panamá para realizar unas fotografías para una agencia española ¡y regresé el mismo día! fue un viaje muy desgastante para el que debí haberme quedado una noche. Sin embargo, sucumbí a las exigencias de la agencia y recorté los gastos lo más que pude. El problema fue que mi vuelo llegó una hora y media tarde, tuve que hacer la sesión fotográfica en chinga y regresar como de rayo al aeropuerto para no perder el vuelo de regreso. Fue un viaje muy estresante.

A continuación te comparto mis 10 sugerencias para viajar por trabajo:

1. Siempre cobra los viáticos por adelantado, nunca compres un boleto de avión si tu cliente no ha depositado el anticipo y estés 100% seguro de las fechas de la visita. Cancelar o cambiar un vuelo siempre tiene un costo.

2. Como lo predicaba George Clooney en la película “Up in the air”: Viaja ligero. Procura que todo quepa en una maleta pequeña que puedas llevar en el equipaje de mano, así evitarás perder el tiempo esperando en las bandas del aeropuerto, además de que no tendrás que preocuparte por la pérdida del mismo. Si tienes que documentar maletas evita dejar en ellas equipo electrónico, llamará la atención de los amantes de lo ajeno.

3. Reserva un hotel que quede cerca de la locación que visitarás, ahorar algunos pesos hospedándote al otro lado de la ciudad no es una idea sabia, perderás tiempo y dinero trasladándote a cada rato. Considera hospedarte en “hoteles de negocios” (como City Express, Holiday Inn Express, One, Microhotel, etc), sus precios son accesibles, sus instalaciones son seguras y algunos hasta incluyen un desayuno sencillo. Nada de lujos extra.

4. Además del transporte y alojamiento debes considerar el precio de los traslados en la ciudad: es muy fácil caer en la tentación de no contemplar el gasto en taxis para bajar el costo de los viáticos pensando que podrás moverte en otro tipo de transporte público, la realidad es que eso no es muy práctico, a menos que conozcas bien la ciudad, tengas tiempo de sobra y no andes cargando equipo. Considera que los taxis de los aeropuertos y centrales de autobuses nunca cobran menos de $150 pesos.

5. Si bien puedes reducir los gastos alimentándote con sánwiches del 7-Eleven, piensa que andar malcomiendo no es la elección más inteligente, tu rendimiento puede verse deteriorado seriamente. Contempla gastar entre $100 y $200 pesos en cada comida. Prefiere hacerlo en restaurantes que puedan proporcionarte facturas, los viáticos son deducibles en tu contabilidad mensual. Si no puedes obtener una factura, por lo menos guarda el ticket de compra, te servirá de comprobante de gastos.

6. Investiga un poco acerca de la ciudad que visitarás, recorre virtualmente sus calles con Google Street View y familiarízate con la zona que visitarás. A mi me pasó que no me di cuenta que mi hotel estaba sobre una carretera y era imposible atravesarla a pie para llegar al centro comercial de enfrente que estaba a sólo unos metros.

7. Tu seguridad en primero; ya sé que voy a sonar a abuelita, pero por ningún motivo te expongas a situaciones peligrosas. Recuerda que viajas solo(a) y eres el único responsable de tus actos, no te vaya a pasar como al mexicano que saltó del crucero brasileño en una “puntada de borracho”. ¡Aplica el sentido común, carambas!

8. Lo siento, no vas de paseo. Un error común en los primeros viajes que realizan los freelanceros es pensar que el cliente les está patrocinando las vacaciones. Debes tener muy claro que el principal objetivo del viaje es hacer un negocio al cual le deberás dedicar todo el tiempo necesario; ya después, si te quedan unas horas libres, podrás visitar algún museo, probar la gastronomía del lugar, pasear por la playa o conocer el centro de la ciudad. Yo he tenido que visitar destinos 100% turísticos como Cancún y no contar ni con 20 minutos para bajar a la playa o entrar a la alberca.

9. Siempre contempla un porcentaje para gastos no previstos, créeme, no es raro que algo se salga del itinerario y tengas que pagar extra por cualquier cosa. Te recomiendo que lleves dinero en efectivo, pero procura pagar los gastos con una tarjeta de débito asociada a tu cuenta fiscal, así será más fácil comprobar tus viáticos y hacer tu declaración mensual. Ojo: si tuviste que viajar para realizar un trabajo la factura que le expidas a tu cliente debe decirlo claramente, por ejemplo: Proyecto de levantamiento fotográfico en Mérida, Yucatán. De lo contrario no podrás justificar el viaje de trabajo.

10. Piensa que vas como embajador de tu ciudad o país. Yo soy chilanga y siempre que lo menciono las personas se espantan un poco, tienen una imagen desfavorable de los habitantes de la Cd. de México. Me interesa que sepan que no todos lo que vivimos acá somos ladrones o embaucadores, que habemos muchísimas personas que trabajamos intensamente, como lo hacen muchas otras en todos los rincones del mundo. Me gusta escuchar a la gente, conocer sus ideas y temores. Hace quince días visité Monterrey, N.L. Allí un taxista me dijo que los habían obligado a ir a un mitin en favor de Ivonne Ortega del PRI, pero que ellos ya sabían que “El Bronco” la tenía ganada. Interesante profecía del futuro.

Y tú ¿qué tips has aprendido cuando tienes que viajar por trabajo?

Clientes mañosos y mentirosos

Esta semana tuve que batallar con personas poco honestas que pusieron a prueba mi serenidad y paciencia. El primer caso se trató de un cliente que me solicitó un paquete de fotos para sus dos nuevos edificios de oficinas en renta. El primer el proyecto se desarrolló como estaba previsto, hubo dos rondas de revisiones sin mayor novedad.  Justo cuando yo casi lo había dado por terminado, me habló su secretaria para informarme que el color de las paredes interiores “estaba mal”:

— ¿Cómo que está mal el color de las paredes? no me queda claro porqué dicen eso.
— Es que no es un color chocolate, es más bien durazno.
— El color de las paredes es café oscuro, no tiene nada de durazno.
— Por eso te digo que está mal tomado, lo vas a tener que retocar.
— Te aseguro que no está mal fotografiado, tal vez se trate de una cuestión perceptual…
— No, mi jefe dice que tienes que arreglarlo.

La conversación no terminó muy amigablemente, le dije que podría “desaturar parejo” las fotos, pero no retocar a mano todas las paredes pues se vería falso. Ella no quedó muy conforme con mi respuesta.
Dos días después, casualmente, tuve una cita a cinco cuadras del edificio que había fotografiado y, sin haberlo planeado, decidí tomarme unos minutos para visitarlo y ver si realmente me había equivocado tanto con el balance de color de mi cámara. El vigilante, que ya me conocía, me dejó pasar sin problema y me preguntó que cuáles oficinas quería ver si “las antiguas o las que estaban recién pintando”. Mi sentido arácnido me indicó que allí había algo que no estaba bien, así que rápidamente le dije que me interesaba ver ambas oficinas.

Mientras yo tomaba fotos con mi celular el vigilante me platicó que al dueño no le había gustado el color oscuro con el que habían pintado originalmente las oficinas así que mandó volverlas a pintar con un color más claro. Incluso me mostró un marco de ventana que tenía ambos colores… priceless… click… click.

Con toda la evidencia en mi celular regresé a mi despacho con una mezcla de emociones, por un lado me sentía tranquila al confirmar que había realizado las fotos correctamente, pero estaba muy enojada porque habían tratado de engañarme y obligarme a retocar sus fotos haciéndome pensar que yo me había equivocado.

Como este era el primero de dos proyectos con el mismo cliente (yo ya había recibido el anticipo de ambos) decidí que no me iba a pelear a lo menso diciéndole ¡eres un maldito mentiroso, hoy fui al edificio y me encontré a los pintores cambiando el color de las paredes! ¿¿porqué me hiciste creer que yo me había equivocado, vil gusano del inframundo??… no, no, nada de eso. Cuando le llamé me atendió su secretaria y le di la oportunidad de no confrontarnos:

— Oye, te quiero platicar que hoy visité el edificio de oficinas y me encontré con los pintores. Ya me enteré del problema con las pinturas de las paredes y quiero confirmarte que las fotos se van a quedar con el color de cuando las tomé…
— Ahhh, okey… entonces ya lo viste… es que mi jefe…
— Sí ya sé lo que pasó, pero no hay problema. Si te parece bien te mando hoy la factura por el saldo de este proyecto, en cuanto está pagado te mando los archivos grandes para que tu webmaster ya pueda ir subiendo las fotos.
— Sí, sí, me parece muy bien ¿cuándo hacemos la cita para tomar las fotos del otro edificio?…

Y así quedó todo claro sin reclamos ni azotes, le dije sutilmente que ya los había cachado mintiendo, que no había problema y que podíamos seguir con los proyectos como los habíamos pactado.
De todas formas guardaré las fotos como un souvenir de un cliente mentiroso.

El anticipo manda

El otro cliente con el que no estuve contenta esta semana es una agencia de publicidad que me contactó para hacer varias fotografías de una franquicia de laboratorios médicos con sucursales en el D.F. y otras ciudades.

Me hablaron desde el año pasado, pero el proyecto ha tenido muchos retrasos pues el cliente final se tarda mucho en aprobar los presupuestos. Cuando todo parecía que estaba listo para arrancar me dijeron que no podrían dar el anticipo del 60% que yo solicitaba, pero que podían dar tres pagos del 33%.

Yo les confirmé que sí, pero que las visitas fuera del D.F. tendrían que ser programadas al final, cuando ya hubieran pagado por lo menos el 66% del total. Me respondieron que no había problema al respecto, pero que necesitaban que les enviara el calendario de visitas a las sucursales por escrito. Así lo hice, pero en el cronograma les indique que estaba sujeto al pago del anticipo del 33%.

Tres días antes de iniciar el proyecto no había recibido ningún pago. Llamé para ofrecerles una reprogramación de fechas pero me dijeron, muy espantados, que no se podían cambiar las fechas que ya habían “hecho toda la logística”. Entonces pensé “este proyecto ya valió ver…dura” y les recordé que si no había anticipo no había confirmación de fechas.

Patalearon todo lo que pudieron, me pusieron en “speaker” con quien sabe cuantos fulanos que, en resumidas cuentas, me juraron que me iban a pagar cuando su cliente les pagara a ellos.

Como yo ya estoy podrida de escuchar esa excusa les dije, lo más serena que pude, que desde el principio les aclaré que yo no trabaja así, que si ellos no cobraban anticipos a sus clientes no era mi problema, y que me daba tristeza de tener que dejar el proyecto antes de empezarlo.

Al día siguiente me enviaron un correo que parecía redactado por un adolescente borracho; decía algo parecido a recibir un pago hasta el viernes y que si les podía reprogramar todo. Les contesté que podían depositar cuando quisieran, que hasta entonces reprogramaríamos todo, no antes.

Ya pasó el viernes y no recibí ningún depósito de su parte. Probablemente ya contactaron a otro fotógrafo, espero que le vaya bien.

Y tú ¿cómo lidias con clientes mentirosos?

 

 

 

 

 

Desorganización: el enemigo no. 1 del freelancero

Mientras estudiaba Diseño Gráfico tuve un compañero que era exepcionalmente bueno para la ilustración fantástica, entregaba trabajos dignos de premios que despertaban envidia de la buena y de la mala. Su futuro era muy prometedor.

Años después me lo encontré en una reunión de exalumnos y nos enteramos que, luego de haber sido la estrella de algunos despachos y agencias de publicidad decidió volverse independiente. Entonces, para su mala suerte, comenzó su declive. Una serie de infortunados episodios lo llevaron a la bancarrota y ahora de clases de computación en el negocio de su prima.

En mi experiencia, lo que sucede cuando alguien decide saltar a las desconocidas aguas del freelanceo, es que no tienen lo necesario para salir aflote. Podrás tener grandes cualidades en tu área profesional, ser muy buen ilustrador, un magnífico redactor, un hábil programador o un creativo diseñador gráfico, pero si eres desorganizado realmente debes reconsiderar tu incursión en el trabajo independiente.

¿Qué le pasó a este aventajado excompañero?

Como la historia de mi excompañero me pareció muy interesante e ilustrativa para este blog le invité un café para que me compartiera sus experiencias con miras a escribir este post. Después evalué que hubiera sido mejor invitarle unos mezcales, pero pues uno no es adivino.

Sucedió que un buen día mi excompañero se cansó de las agencias de publicidad, le tenía muy molesto que lo vieran como “obrero del mouse”. La  gota que derramó el vaso de su paciencia fue el día que se enteró que un chica de cuentas, que llevaba seis meses en la agencia, ganaba más que él que llevaba dos años en el equipo que había ganado varios premios para la misma.

Entonces decidió que era tiempo de independizarse. Renunció y se llevó el contacto de tres clientes para los que comenzó a trabajar desde su casa. Entonces se  enfrentó a su gran enemigo: la desorganización. El tiempo nunca le alcanzaba, a veces se saltaba una comida para poder seguir trabajando, luego se dormía tardísimo jugando algún videojuego, se despertaba super tarde y se ponía a trabajar mientras comía cualquier cosa junto a la computadora. Solía cancelar citas en el último momento y evitaba usar una agenda pues alegaba que los calendarios son para las personas que tienen mala memoria. Los fines de semana se la pasaba perdiéndose compromisos familiares y rara vez salía con amigos.  Sus clientes grandes le pedían constantemente cosas que él no podía entregar, hasta que dejaron de llamarlo.

Entonces tuvo que decirle “sí” a cualquier proyecto chiquito que le pusieran enfrente y, como era de esperarse, sus ingresos se vinieron abajo. En gran parte gracias a su desorganizada vida.

Así transcurrieron tres años de altibajos, problemas de sobrepeso, broncas con el SAT y dos rupturas sentimentales. Hasta que su prima le ofreció un trabajo de tiempo completo como instructor de ilustración digital. Y, curiosamente, ahora está más feliz. El horario fijo de su nuevo trabajo lo obliga a levantarse a la misma hora todos los días, contar con hora y media para comer con calma. Su jefa le pide recibos quincenales y le entrega sus hojas de retención puntualmente. Todos los días regresa a su casa a las 19:30 y le sobra tiempo para atender sus compromisos personales. La paga no es altísima, pero le permite pagar las cuentas. Aunque anda pensando en freelancear por las noches sabe que no es la mejor idea.

Mi cuestionamiento

Lo que le reclamé a mi excompañero no fue muy bien recibido pues le confirmé que lo que le hizo falta en sus años como independiente era organización. Le dije:

– Yo también tengo un horario para trabajar, nunca me salto comidas, tengo asignado un tiempo para a las actividades administrativas y que me doy mis escapadas para ir a ver a los cuates y a mi familia.

– Sí, pero hay algo en lo que no podrás competir: trabajas sola.- Contestó triunfal.

– Sí, pero para eso tengo Tuíter ¿no?, ja ja, ja. No, ya en serio, me encanta trabajar sola, no soportaría tener a un jefe espiando sobre mi hombro.

– A mí no me espía nadie.

– Ok, era una expresión…

– Sale, ya me tengo que ir.

#Shales

Clase magistral de cómo fregar al freelancero

Ciudad SlimPor alguna extraña razón, durante las últimas semanas he tenido varias citas en Ciudad Slim (Nuevo Polanco). Como todos los chiliangos sabemos, ir a esa parte de la ciudad en coche es un  desperdicio de tiempo, dinero e hígado. Quedarse atorado en el tráfico de Polanco un viernes a las 18:00 hrs. es la antesala al manicomio. Sabido esto, como buena chilanga* que soy, decidí llegar a estas citas en transporte público: saliendo de Metro Polanco tomo una bonita ecobici** nueva y pedaleo tranquila a mi destino (ojo con llegar sudando). El asunto me salió particularmente bien en las primeras dos ocasiones, pero en la tercera tuve la mala suerte de no encontrar un espacio para dejar mi bicicleta en las cicloestaciones cercanas a mi destino. Afortunadamente llegué  15 minutos antes de mi cita, así que crucé los dedos y esperé pacientemente a que algún compañero ciclista tomara una ecobici para poder dejar la mía.

Mi espera transcurrió mientras salivaba junto a un puesto callejero de sopes y quesadillas. Este changarro*** estaba atendido por una activa mujer que, cual malabarista, movía sus manos de la masa al relleno, del aceite hirviendo a los platos, de las salsas al queso rallado. Yo me encontraba hipnotizada los movimientos de esta maga de la gastronomía popular cuando un grupo de cuatro trabajadores de la construcción se detuvieron frente a su puesto. El que ostentaba el mayor rango portaba un casco protector y un chaleco de obra limpiecito. Tomó la palabra a nombre del grupo y preguntó con voz firme:

— ¿A cómo los sopes?
— A $12
— Oiga en la otra cuadra están a $10
— Pero estos son más grandes.
— Haga un esfuerzo madre, le vamos a pedir 12 sopes.
— ¿Verdes o rojos?
— Campechanos, regresamos por ellos en 15 minutos.
— ¿Sencillos verdad?
— Sí, pero con cara de dobles.

El grupo se retiró. Yo estaba totalmente sorprendida por la escena cuando la súbita llegada de un ciclista me libró del atolladero y pude dirigirme a mi cita.

De regreso a mi casa reflexioné sobre la “clase magistral” de la que había sido testigo. Me resultaba aterrador haber escuchado, en una conversación tan corta, la forma en la que un prospecto consiguió un descuento, puso sus condiciones, no pagó un anticipo y encima aclaró que sus expectativas sobre el producto eran mayores a las que había pactado. Y para terminarla de rematar se dio el lujo de llamarle “madre” a la señora del puesto ¡no me imagino que pudiera tratar así a su propia madre!

Me pregunto si este grupo de trabajadores realmente regresó a los 15 minutos.

Obviamente la señora tuvo gran parte de la responsabilidad en este abuso pues no ofreció mucha resistencia ante las demandas del trabajador. No hubo negociación, sólo aceptación. Tal vez el miedo a perder al prospecto la hizo actuar tan sumisamente.

El miedo es el peor de los consejeros

Cuando un prospecto nos pide un descuento nunca debemos permitir que el miedo dicte nuestras acciones. Todos hemos escuchado esa maldita vocecita en nuestra cabeza que dice cosas como:

“Mejor accede a hacerle un descuento antes de que se desanime y se vaya”
“Acepta trabajar por menos de lo que vale tu servicio, es mejor algo a nada”
“Ya invertiste tiempo en este prospecto, no dejes que se vaya, acepta sus condiciones”

El problema es que, una vez que el prospecto huele nuestro miedo, la relación se vuelve abusiva. La semana pasada me quejaba en Twitter sobre un prospecto que me pidió una cotización por un proyecto, luego me dijo que quería que se lo “paqueteara” con otros dos proyectos y, no conforme con el descuento que le ofrecí simplemente me escribió: “Ya hable con mi socio y dice que te pagaremos E$TO por los tres proyectos”. Por la redacción de su correo claramente leí que se trataba de un “tómalo o déjalo”. Mi respuesta era obvia, no iba a permitir que el prospecto le pusiera precio a mi trabajo así que le redacté este escueto correo:

Estimada Fulanita:

Definitivamente no puedo trabajar con ustedes por ese monto.
De todas formas agradezco que me hayan considerado para este proyecto.

Saludos.

Soy sincera cuando le digo NO a un prospecto y me despido, sé que lo más probable es que no vuelva a saber de él, pero lo más raro es que, en más de una ocasión, he obtenido el resultado contrario; después de dos o tres días me escriben como si nada hubiera pasado y me preguntan por el trámite para realizar su anticipo ¡qué mundo tan loco!


 

Vocabulario para los que no viven en México:

*Chilango(a): Habitante de la Cd. de México
**Ecobici: Sistema de renta de bicicletas proporcionadas por el gobieno local.
*** Changarro: Nombre despectivo dado a un local comercial con pocas aspiraciones.

 

Consideraciones sobre las pruebas de ilustración

En esta ocasión tengo el gusto de presentarles un post invitado, se trata de un texto de mi amiga ilustradora Grimalkin que ya en otras oportunidades ha tenido la generosidad de compartir sus experiencias con los lectores de este blog.

Al final de este interesante texto anoto algunas opiniones personales sobre el tema.


 Qué prueban las pruebas

Por Grimalkin

Es común en el medio editorial mexicano, que los editores, además de ver tu carpeta de trabajos te pidan un prueba que se adapte al material que te envían, es decir, les gusta un tratamiento que diste a una ilustración de tu carpeta, pero dibujaste personas y el editor lo que necesita es que representes a un rinoceronte volando, por lo que necesitan verlo como quedaría finalmente. Hasta aquí la solicitud es comprensible, PERO siempre y cuando sepas cuánto vas a cobrar por tu trabajo, a veces las editoriales se hacen las desentendidas de que esto es trabajo y el trabajo se paga y generalmente las pruebas, no las pagan.

En el feliz caso, de que en el momento de hacer la prueba, tengas la seguridad que te van a dar el trabajo y que te lo van a pagar muy bien, tanto, que el pago absorberá el período de ajuste de las pruebas, entonces es completamente tu decisión aceptar o no. Éste caso me ha pasado y el trabajo con el editor o editora siempre ha sido significativo, he aprendido desde controlar mi ego aceptando los comentarios del editor, hasta ver un trabajo final que me satisface completamente, pero esto es cuando tienes la fortuna de trabajar con un buen editor.

Penosamente, me han llegado trabajos, donde me han pedido pruebas, las he hecho, dicen que les encantan y jamás devuelven mis llamadas. Esas ilustraciones las tomo como experiencia y afortunadamente algunas las he colocado en otros proyectos.

Ambos casos me han orientado para saber cómo identificar a un buen de un mal editor.

No importa el tamaño de la editorial, todos conocemos el caso de Fernández Editores que aún deben a varios ilustradores, igual y puede ser una editorial pequeña, pero tiene buen conocimiento de arte y de ventas. Creo que la diferencia esta en el trato que recibes desde el primer mail de contacto, me ha pasado que me escriben:

Hola, me encanta tu trabajo, mira te cuento, somos una editorial en desarrollo y queremos generar 20 libros álbum, nos encantaría que tú ilustraras dos, te anexo el cuento. Te platico que el editor y la autora prefieren éste tipo de estilo, te lo anexo, y nos encantaría que nos enviaras una prueba. En cuanto a los honorarios, estamos pagando $1,000 por doble página y $1,500 la portada.

Para finalizar te comento, además de ti hay dos ilustradores mas a los que les hemos pedido una prueba.

Por qué hay que huir de un trabajo así:

  1. El texto o cuento (no sé porqué algunas editoriales no se dan mas tiempo de encontrar textos novedosos e inteligentes) definitivamente si no haces clic con él, es mas difícil involucrarte creativamente, si el texto habla que los niños son los amos del mundo y jamás menciona a las niñas… pues cómo que no late.
  2. El estilo sugerido. Pregunto, para que revisan tu carpeta de trabajo y terminan envíandote el estilo de otro colega, si bien te va, porque a veces envían muestras del álbum de estampitas, de la amistad de los 70´s y así quieren a los personajes. (!?)
  3. La feliz prueba, si tienes tiempo y ganas, como experimento, intenta hacer una prueba como ellos quieren, en el mejor caso que les guste, entrarás en el laberinto de correcciones y correcciones que terminaran con el cariño con el que empezaste el proyecto, y en el peor caso, comenzaras el juego tonto de enviar y enviar pruebas y más pruebas hasta que les guste algo o te digan que mejor no te dan el mentado libro y te quedaste con 6 pruebas a color, un mes de trabajo, varios corajes y todo ¡de a gratis!
  4. Sin mencionar lo bajo que están los tabuladores. Pero ya que toqué este punto hablemos del pago por regalías, algo que también te proponen las editoriales a cambio de que te involucres sin pagarte hasta que comiencen las ventas.
    Frases como “Firmaremos un contrato dónde este todo claro y bla bla bla”, se tropiezan cuando le pides a la editorial cuentas claras y reales, algunas las dan, otras ni te responden o sencillamente te dicen, “Mira tu libro no se ha vendido cómo queríamos, de hecho hemos tenido pérdidas al imprimirlo…” Y hazle cómo quieras.
    Otra cosa, a ver editores (me refiero a los inexpertos): si van a contratar a alguien por regalías ¿no sería mejor plan involucrar al ilustrador o a la ilustradora, dándole libertad en su estilo, con su propia voz para interpretar el texto? Así se logra que se sienta parte el proyecto y contribuya en el plan de venta, con acciones como dar talleres al público, presentaciones del libro, mostrando en exposiciones los originales, acciones que se realizan en el gremio, y a veces sin cobrar nada (otro gran tema) pero, si se generan ingresos por la venta de libros, pues le entramos con todo, es trabajo, ganamos todos.
  5. Aguas con “hay otros dos incautos como tú trabajando de a gratis, entréguenme sus ideas y ya veo a quien le doy el libro si a ustedes o a algún cuarto, que es el primo de la escritora, pero dibuja bien bonito.” No hay que esforzarse por una propuesta así.

No es cosa de cambiar al medio, de hecho creo que antes estaba mucho mejor, es cosa de cambiar uno mismo, de tener respeto y autoestima por nuestro trabajo y verlo así como un trabajo del que vivimos muchos. No porque tengas una herencia, te mantenga tu marido o tu esposa, vivas con tus papás, que son situaciones afortunadas, no cobres bien tú trabajo ni lo hagas respetar, porque ahí si estás dándole otra vuelta a la soga que nos puede llegar a ahorcar a todos. Es más, si estás en una situación privilegiada, con más razón no aceptes trabajos que ni te van a tratar ni a pagar bien, no por tener chorrocientos libros ilustrados todos bien feos, eres un mejor ilustrador, a veces es al contrario.


Ahora mis comentarios:

El medio de la ilustración, por lo menos en México, se ha vuelto un campo de malas prácticas, un lugar de competencia despiadada y deficiente respeto por el derecho de autor. Cada año salen de las universidades cientos de nuevos ilustradores deseosos de que su trabajo se dé a conocer, a veces sin importar que el cliente no pague lo justo por su trabajo. En ocasiones me sorprende que aún no se le haya ocurrido, a alguna mente diabólica, la infame idea de subastar sus espacios de ilustraciones al mejor postor. Seguramente algún ilustrador imbécil pagaría una buena lana con tal de tener algo publicado.

¿Se puede cambiar un sistema tan viciado como el de las editoriales? Lo veo difícil, pero lo que se puede hacer es cambiar la estrategia a nivel personal. Mi primera sugerencia es que, si eres ilustrador profesional, hagas lo necesario para tener una carpeta digital muy buena, con los mejores ejemplos de tus proyectos. Ser muy buen ilustrador(a) mejora las posibilidades de que las editoriales no te anden pidiendo muestras gratis. Aunque no falta el editor caradura que te pide que concurses por una portada:

Otras

Si has recibido un mal trato profesional por parte de alguna editorial o agencia de publicidad ¡pasa la voz con tus conocidos! Evita que tus amigos ilustradores pierdan tiempo con empresas en las que no valoran el trabajo creativo. También haz justicia con los buenos profesionales de las editoriales y reconócelos públicamente.

Por otro lado, a mí me encantó esta respuesta de Carlos Higuera:

Carlos HigueraY tú ¿has recibido solicitudes abusivas para ganarte el derecho a trabajar en las ilustraciones de un libro o revista? Si la respuesta es sí ¿nos compartirías la captura de pantalla de la solicitud? También puedes enviarla a varoleonora@gmail.com

 

Cómo visitar a un cliente

El otro día me encontré, junto con otros proveedores, haciendo antesala para ver a un cliente en sus oficinas. Lo que más me llamó la atención fue ver a una diseñadora gráfica joven, de falda y tacones, que llevaba una carpeta grande de trabajos. Estaba bastante nerviosa y hojeaba las revistas como si en ello le fuera la vida. Después envió como quince whatsapps. Cuando finalmente la llamaron su teléfono iba sonando con todas las respuestas a sus mensajes.

Yo tengo algo así como 20 años freelanceando y cuando visito prospectos en sus oficinas, ésto es lo que he aprendido:

Preparando la visita

Cuando alguien me pide una cita para platicar sobre un proyecto es mi responsabilidad investigar lo mejor que pueda todo lo relacionado con su empresa: revisar su sitio web, su FB y TW. Obtener una buena información sobre el prospecto me ayudará, entre otras cosas, a escoger mejor los ejemplos de mi trabajo que le mostraré.

Tiene años que no cargo una carpeta física con mis trabajos impresos, al principio recurrí a una laptop y desde que apareció el iPad siempre lo uso para mostrar mis proyectos (online y offline). Doy por sentado que, si tú eres diseñador o programador, tienes un sitio web (o blog, o Behance o lo que sea en línea) para enseñar tus muestras, aunque sean escolares.

Un día antes de la cita ubico en Google Maps el domicilio del prospecto, identifico el inmueble con Pegman y reviso la calle y sus alrededores para evaluar si puedo llegar en coche o si es más conveniente hacerlo en transporte público.

También anoto el nombre, puesto y teléfono de la persona que visitaré en un postit que pego en mi celular. Tener a la mano el teléfono del prospecto es útil en el improbable caso de que tenga que avisarle que no podré llegar a tiempo.

Sobre el vestuario sólo diré que el dicho que reza “como te ven te tratan” es 90% cierto. Te sugiero que, si eres diseñador freelancero no te vistas como abogado, los clientes esperan a alguien creativo no a una persona de traje y corbata o tacones y medias. PERO por favor tampoco te presentes como becario de agencia de publicidad: las playeras con frases chuscas, los pantalones andrajosos y los tenis mal amarrados NUNCA te ayudarán a dar una imagen profesional. Sí, es probable que así te vistas todos los días, pero si quieres cobrar lo que vale tu trabajo tienes que demostrar que inviertes parte de ese dinero en tu vestuario.

Antes de salir de tu casa verifica que llevas tu identificación, tus tarjetas de presentación, una libreta de anotaciones, una pluma que no sea Bic (que se note que puedes comprar una pluma menos corriente), tu dispositivo móvil recién cargado, tarjeta multimodal y cambio (para pagar el estacionamiento o comprar algo para beber).

En el registro

Odio pasar por los registros de los edificios, casi siempre me topo a señoritas malencaradas u oficiales a los que no les preocupa hacerme esperar más de lo necesario. Por esto es importante llegar al lugar de la cita, por lo menos con diez minutos de anticipación. Un día me pasó que me presenté puntual en la recepción, pero la cita era en el piso 12 y no funcionaba el elevador.

TIP: Cuando te pidan llenar la carpeta de registro fíjate en quiénes han sido las personas que llegaron antes que tú, en ocasiones me he encontrado los nombres de mi competencia. Esta información puede ser útil para saber con quiénes ha hablado el prospecto y así alimentar tus argumentos.

En la sala de espera

Desde que llegas a las oficinas del cliente debes se muy observador, evalúa el ambiente que tienen, el humor de la gente que trabaja allí, las condiciones de los muebles, si te ofrecieron algo de beber, etc. ¿El lugar se percibe ordenado y agradable? ¿el personal está trabajando en condiciones adecuadas? Aunque estas observaciones te parezcan triviales en realidad te muestran claramente qué puedes esperar de la relación con esa empresa. En una ocasión me tocó visitar un despacho de mala muerte que tenía varias puertas con marcas de haber sido abiertas a patadas, varias veces… la señal no era muy prometedora.

En la antesala debes poner tu teléfono en modo de vibrar para que no te interrumpa a la mitad de la reunión, pero que te avise que recibiste una llamada. Saca una de tus tarjetas de presentación y colócala en un lugar accesible, será lo primero que le entregues al prospecto. Enciende tu laptop o dispositivo móvil y deja listos los archivos que deseas mostrar.

Frente a frente

Cuando el prospecto te reciba ¡sonríe! es la mejor manera de iniciar una relación que, confío, será de mutuo beneficio. Cuando estreches su mano no te olvides de verlo(a) a los ojos, habla fuerte y claro:

“– ¡Buenas tardes ingeniero! Soy la diseñadora Pita Pérez, nos contactamos por teléfono la semana pasada.”

Una buena reunión no debe durar menos de 20 minutos ni más de una hora.

Al terminar recapitula los acuerdos a los que llegaron y agradece el tiempo que el prospecto te dedicó.

De regreso

Guarda bien la tarjeta que te entregó el prospecto.

Envía la información que hayas prometido durante la reunión.

Evalúa si realmente te interesa trabajar con este prospecto, se vale arrepentirse.

Si te realmente quieres trabajar con esa empresa sale seguimiento al proyecto, no esperes a que ellos te llamen.

Y tú ¿tienes algún tip para visitar a los clientes/prospectos?

El día que evité una boda

Hace muchos años trabajé con un grupo de diseñadores muy jóvenes, la mayoría eran recién egresados de la universidad. Después de cinco años de relación laboral los conocía bastante bien: sabía quiénes eran sus parientes cercanos y hasta cómo se llamaban todas y cada una de sus mascotas. Obviamente también conocía el estatus sentimental de todos.

Uno de estos diseñadores tenía especial interés en independizarse y trabajar por su cuenta. Como era bastante bueno yo no dudaba que, tarde o temprano, lo conseguiría. Él tenía 25 años y su novia estudiaba la carrera de Diseño Gráfico. Llevaban juntos poco más de un año. Eran de esas parejas bonitas que podrían trabajar anunciando cualquier cosa.

Un buen día él me confesó que estaba muy emocionado porque le iba a proponer matrimonio a su linda novia. Seguramente él pensaba que yo me subiría al barco de su emoción, pero para su desconcierto no fue así:

— ¡No inventes Rubén! Liliana está muy chiquita.
— No, ya va a cumplir 21.
— Bueno, lo que quise decir es que aún no está lista ¡ni siquiera ha terminado la carrera!
— Por eso no hay problema: yo nos voy a mantener.
— No lo digo nada más por la cuestión económica Rubén. Liliana necesita concentrar sus esfuerzos en terminar su carrera. ¿Porqué no se esperan a que ella acabe la universidad?
— Es que no me quiero esperar, muchas cosas pueden suceder en dos años.
— Sí, de acuerdo. Si se casan ahorita en dos años ya van a tener bebés.
— Yo no la voy a presionar para tener familia, pero si ella quiere pues nos haremos responsables.
— No Rubén, déjame aclarar mi punto: Tú ya terminaste la carrera, te titulaste y ya tienes trabajo. Estas comenzando a tener tus propios clientes y estás listo para irte a vivir solo. Liliana está a la mitad de la carrera, depende económicamente de sus papás y no tiene ninguna experiencia laboral. Dale la oportunidad de que concluya esta etapa de su vida sin la presión de una nueva vida en pareja, no seas gacho.
— Tú no entiendes, la amo demasiado…

Y con esa frase digna de un hit popero terminó nuestra conversación.

Mi intención fue la de evitar que dos personas jóvenes se complicaran la vida innecesariamente ¿y si Rubén se quedaba sin trabajo? ¿y si Liliana se embarazaba de gemelos como sus tías? Llámenme pesimista, pero no veía cuál era el beneficio de casarse justo en ese momento.

Meses después la pareja se separó y me enteré que él nunca le propuso matrimonio. ¡Sospecho que mis palabras surtieron efecto y evité una boda! Al principio me sentí un poco culpable, pero al poco tiempo Rubén y Liliana ya tenían nuevos amores.

No quiero iniciar una discusión sobre si la maternidad es un elemento para que las mujeres no avancen tan rápido en el plano profesional, pero les comparto mi experiencia directa: Cuando me dedicaba a dar cursos de software para diseñadores gráficos nos encontrábamos muy seguido con la mamá diseñadora que, después de tener y atender a sus hijos pequeños, decidió retomar su carrera y le estaba costando un ovar… mucho actualizar sus conocimientos en el uso de la computadora. Tampoco podían pasarse dos días completos en un bomberazo porque su prioridad era atender a su familia.

Luego me pregunto porqué son más los hombres que se vuelven famosos como diseñadores, ilustradores o directores de despachos de diseño. También reflexiono sobre los eventos de diseño en nuestro país: el 80% de los ponentes siempre son hombres. Lo curioso es que en estas carreras las mujeres somos mayoría. Entonces ¿dónde nos quedamos detenidas? ¿en qué momento dejamos de aspirar a un mejor puesto? ¿cuándo nos dio miedo volvernos independientes? o ¿cuándo decidimos que es mejor conformarnos con lo que tenemos?