Queremos tu trabajo, no podemos pagarte

disenador editorial2Me estoy cansando de ver anuncios donde requieren diseñadores para trabajar gratis.

Estos avisos hacen uso de la modalidad de “intercambio en especie”, “oportunidad de aprendizaje” o el clásico “te daremos el chance de mostrar tu trabajo al mundo”… y ¿saben qué? ¡Ya estuvo bueno de abusar de los diseñadores! Si no te van a pagar con dinero entonces no se puede llamar empleo o trabajo.

Difícilmente encontraré un anuncio que solicite a un arquitecto para construir una casa al cual se le ofrezca “pago en especie”. Tampoco abundan las ofertas para secretarias a las que se les pague con “aprendizaje”. Mucho menos habrá un requerimiento para un abogado que no cobre a cambio de que “su trabajo sea mostrado al mundo”. Entonces ¿porque los diseñadores somos menospreciados como profesionales? la respuesta es simple: como somos demasiados, peleamos por ofertas ridículas y ocupaciones disfrazadas de empleo.

Mis sugerencias si aspiras a trabajar en una empresa:

  • Considera que el periodo de prueba en un empleo no debe ser a cuenta de tus ahorros, si no te pagan en esta etapa de inicio ¿qué te hace pensar que lo harán después?
  • Recuerda que el truco de los trainees está bien para entretener a los jovencitos que están terminando la universidad, pero si ya tienes más de 30 años ¡no puedes darte el lujo de trabajar gratis para aprender!
  • Cuando un despacho o asociación ofrece un Trabajo (sí, así con mayúsculas) te debe dar un contrato y prestaciones, debes estar dado de alta en una nómina y recibir tu pago puntualmente. Si algo de esto te falta ¡no estás en un empleo formal! Ojo: entregar recibos de honorarios no te hace “empleado” de la empresa, sólo demuestra que en realidad no estás contratado y eres un freelancero que cubre un horario en una oficina, sin derecho a crear antigüedad.

Y si eres freelancero:

  • Recuerda que tú, y sólo tú, decides cuando vas a donar tu trabajo. Tú, y sólo tú, debes evaluar qué asociación o persona merece que le regales tu tiempo y trabajo. Obviamente, a menos que alguien te mantenga, donar tu trabajo “a la causa” sólo lo puedes hacer como una ocupación parcial, nunca con disposición total de tu tiempo.
  • Si alguien te convence de pagarte en especie (con cosas, pues) evalúa si realmente lo que te están ofreciendo es algo que verdaderamente quieres o necesitas. Recuerda la historia que platiqué sobre la diseñadora a la que le pagaron con depiladoras No-no: ¡qué problema fue venderlas!
    Si alguien ofrece pagarte en especie realmente te está pagando menos, me explico: el dueño de la fábrica de juguetes te ofrecerá pagarte los $10,000 pesos que te debe con mercancía valuada en su catálogo por un total de $10,000 pesos; el detalle es que a él esos juguetes realmente le cuestan fabricarlos aproximadamente $7,000. Al final te está pagando 30% menos de lo que le costaría pagarte con dinero.
  • Si eres un profesionista independiente, y ya tienes por lo menos cinco años trabajando por tu cuenta, ya sabes que te están cuenteando cuando un cliente te dice:
    — Hazme una prueba gratis para que me anime a encargarte el proyecto.— No te podemos pagar, pero vamos a incluir tu crédito para que puedas presumirlo en tu portafolios.
    — Estamos evaluando a varios ilustradores y vamos a optar por el que mejor desarrolle el brief.
    — Nos encantan tus fotografías ¿podrías enviarnos varias para nuestra revista? no hay pago, pero es promoción.
  • Si por alguna extraña razón decides trabajar a cambio de otra cosa diferente al dinero, por favor, deja muy claro los alcances del proyecto, establece plazos claros y nunca permitas que te traten como un empleado al que sí le pagan.

Como bien dice @ElDivanDelCopy :

No se reciben ofertas SIN PAGO o donde “se paga con aprendizaje”. “Aprendizaje” mis huevos.

Mi huella en Las Vegas

Eso de ser princesa nunca se me dio. Lo mío es vestir de mezclilla y tenis cómodos.  Como tengo un sólo vestido en mi clóset nadie podrá acusarme de ser glamorosa ni nada por el estilo. No me apasionan las bolsas ni los zapatos, tal vez mi única obsesión sea ser puntual.

Imaginen cuál sería mi angustia cuando me enteré que, como parte de las actividades de la convención en Las Vegas a la que asistiríamos mi esposo y yo, se incluía una cena formal. ¿Qué me voy a poner? dije repitiendo un famoso cliché. ¿Cómo debería vestirme para esa importante ocasión en la que, además, iría representando a mi país? Todo el asunto me pareció cuesta arriba: compré un bonito vestido blanco animada por los comentarios de mi marido, era muy pegadito y con la falda más corta de lo que jamás había usado. Cuando volví a probármelo en casa me di cuenta de que no podría usar ropa interior normal pues se marcaba to-di-ta. Hasta ese momento de mi vida cobró sentido la existencia de las fajas sin costuras y las pezoneras de silicón.

Cuando le conté a mi madre sobre este importante evento no dudó en contribuir con mi correcta presentación: me entregó una cajita que contenía el primer anillo que ella pagó con su dinero, un collar de plata que había sido de mi abuela y unos aretes prestados de mi hermana que, aunados a una pulsera de una tía constituían, literalmente, las joyas de la familia. Dicha cajita viajó pegada a mí hasta Las Vegas.

La convención inició como estaba programada. Los más de cien participantes habían llegado desde todos los continentes y mi esposo y yo éramos los únicos mexicanos en el evento. La fecha de la cena se aproximaba y yo tenía todo listo para vestirme como lo había planeado semanas atrás.

Llegado el día comencé a prepararme con suficiente tiempo; vestirme me tomó solo unos minutos y, antes de ponerme los zapatos, busqué el frasco que había comprado la ocasión. La etiqueta lo decía todo: “Medias en spray, rocíe generosamente sobre las piernas para obtener una apariencia uniforme y nacarada“. Como anticipé que el spray podría alcanzar a desprender una nube de color decidí realizar la operación dentro de la enorme tina del baño del hotel. El primer chisguete fue decepcionante, dos ríos de color negro corrían por mis piernas. Cada vez que oprimía la válvula escupía un tono distinto: amarillo, café, rosa ¿acaso el frasco contenía un muestrario de todos los colores de piel que existían en el mundo? Lo agité lo mejor que pude pero el resultado no mejoró. Para empeorar mi precaria situación mi marido tocó a la puerta del baño para confirmarme que ya era hora de irnos. No recuerdo qué fue lo que le grité, pero lo alejé con éxito.

Derrotada decidí quitarme todo el pigmento que escurría por mis piernas. Como no podía salir de la tina batallé para alcanzar  una toalla para manos con la cual comencé a frotar mis variopintas extremidades. Para mi sorpresa los pigmentos le habían tomado cariño a mi piel y rehusaban abandonarla. En mi desesperación tallé lo más fuerte que pude y terminé, cinco minutos después, con unas piernas manchadas y rojas de ardor. Para colmo mi vestido también había participado de la orgía de color ¡Mi hermoso y ya no tan blanco vestido!

Salí del baño descalza para mostrarle a mi esposo el desastre de mi persona. Comencé a llorar y declaré que no bajaría a la cena. Lo había estropeado todo. Tampoco recuerdo cómo él me convenció de cambiarme de ropa y ponerme un pantalón sobre el vestido. Me faltaba peinarme.

Cuando regresé al baño la escena me dejó horrorizada, era igualita a Psicósis. Tomé la misma toalla e intenté quitar las manchas de pigmento de las paredes de la tina, pero sólo logré extender el daño. Lo intenté con un poco de agua y jabón pero solo obtuve la apariencia de un gigantesco plato de mole mal lavado.

Angustiada por la hora decidí dejarla como estaba y bajamos al salón donde se llevaba a cabo la cena. Quería pasar desapercibida, que nadie notara mis ojos rojos y mi falta de glamour. Paso a paso comencé a relajarme, no ví a nadie vestido de manera formal, las playeras y los tenis abundaban. Uno que otro asistente usaba bermudas y chanclas. Ahora estaba a salvo, nadie me vería feo a pesar de no estar vestida como princesa.

La cena era bastante más informal de lo que esperaba, me encontraba formada en la barra del buffet cuando se acercó uno de los organizadores del evento para decirme –¡Hey, ustedes los mexicanos siempre tarde!– Sentí que sus palabras resonaron en todo el salón y yo me quería morir. Las lágrimas volvieron a asomarse en mis ojos y le contesté – I´m so sorryyyyyyyyy!!!

Sospecho que sorprendí al pobre hombre con mi sentida respuesta pues intentó consolarme diciéndome que no me preocupara, que los brasileños son más impuntuales. No sé que pasó el resto de la cena, sólo recuerdo que cuando regresamos al cuarto volví a intentar remover las manchas de la tina. Mi esposo me explicó que el personal de limpieza utilizaría un solvente especial al día siguiente. Por si las dudas llené la tina con agua para evitar que la pintura se secara.

A eso de las 3 de la mañana desperté angustiada y regresé al baño para corroborar que nada había sido un sueño. Al día siguiente todo seguía igual, nos bañamos y bajamos para asistir a la primera conferencia de la mañana. Yo pensaba con inquietud que la recamarera ya habría pasado por la habitación y trataba de imaginar cuánto nos cobraría el hotel por una tina nueva. En el primer receso corrí a la habitación y al entrar al baño me alegré al ver que la mayor parte del pigmento ya no estaba allí, excepto una muy bien definida huella* de uno de mis pies que resistió a todos los solventes.

No cabe duda de que “lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas”.

 

*Aquí dejo una pésima foto de ella.

El anticipo es la prueba de fuego

AnticipoTuve ese canijo presentimiento de fracaso desde la primera vez que me contactó este prospecto. Pero, sinceramente, era un proyecto bonito y grande, así que decidí no hacerle caso a mi sentido arácnido y me avoqué a la fase de planeación.

El prospecto era un restaurante de una cadena mediana que tiene 27 sucursales repartidas en 13 estados de la República. El encargo de su departamento de marketing era tomar dos fotografías del interior de cada restaurante en menos de un mes… fácil ¿no? en teoría sí, pero no resultó una tarea sencilla revisar los horarios de los vuelos y los autobuses para hacer rutas y cubrir todas las locaciones (a veces hasta tres en un solo día), crear un cronograma que indicara el horario exacto de mi llegada a cada sucursal y calcular los viáticos.

Además, el dueño de la cadena quería que no aparecieran clientes en las fotos, así que, o se tomaban antes de la apertura o se confiaba en que el personal del restaurante haría lo necesario para reservar ciertas mesas y dejarlas listas justo a la hora que yo les había indicado.

Todo el plan estaba bastante matado, pero era factible, así que le dediqué varias horas a definir un cronograma pulido y correcto. Cuando lo presenté a la encargada de mercadotecnia le encantó, entonces le solicité el anticipo y envié la factura correspondiente. A los dos días me llamó apenada para decirme que, debido al Mundial de fútbol, no se podrían hacer las tomas en las sucursales que cuentan con bar, así que deberíamos eliminarlas del programa. También me indicó que debía cambiar algunas fechas por “asuntos de inventario”.

Para no hacerles el cuento largo les diré que, a lo largo de un mes, elaboré cinco versiones del cronograma por diferentes motivos, entre ellos, el aumento de precios en los boletos de avión y autobús debido a la llegada de las vacaciones de verano. Obviamente al prospecto no le gustó que el precio de los viáticos aumentara, pero a mí tampoco me encantó que el número de fotografías acordadas al principio fuera disminuyendo.

Un mes y medio después del primer contacto, por fin teníamos un acuerdo sobre las fechas y horarios para realizar las tomas fotográficas.

Y entonces todo valió queso…

Como los asiduos lectores de este blog sabrán, yo no comienzo a trabajar sin anticipo ¡y menos en un proyecto que requería la compra anticipada de boletos y reservaciones de hotel! Por lo tanto, una vez acordado el cronograma, le envié al prospecto la factura correspondiente y le solicité el depósito del 50%.

Días después de recibir la factura electrónica, me llamó, el viernes a las 19:30 hrs., para decirme que los datos que me había enviado estaban mal y que debía volver a enviarle la factura a nombre de otra razón social.

—De acuerdo, te la envío en un momento.– Le confirmé.

—No te apures, ya voy de salida, mejor mándamela el lunes.— Me dijo despreocupadamente.

El lunes por la mañana recibí otra solicitud de modificación en el calendario. Como ya me sospechaba que se trataba de técnicas dilatorias para hacerse pato con el pago del anticipo, le pedí que me firmara un sencillo contrato y le di tres días de plazo para que realizaran el depósito del anticipo. Me respondió que se encontraba fuera de la ciudad y que agradecía mi comprensión (?)

El día que se cumplió el plazo, me mandó un correo extrañándose por mi falta de confianza al pedirle que firmara un contrato, me dijo que la nueva factura estaba mal y me aclaró que el anticipo estaría “sin falta” la siguiente semana. Entonces tomé el teléfono y le llamé para informarle que el proyecto se cancelaba.

No fue una llamada sencilla, la voz se me entrecortaba de coraje y nervios al declinar un proyecto de ese tamaño. Quería aclararle que había tomado esa decisión porque no veía compromiso de su parte, pero al final sólo le dije que tenía varios pendientes con otros clientes y que ya no podía postergarlos más. La encargada de mercadotecnia me dijo de todo: que yo no era profesional, que la iba a hacer quedar muy mal con sus jefes y que no podía dejarla colgada. Yo sólo tragué camote, le dije que ya no podía atender su solicitud y no le ofrecí ninguna opción. Sinceramente no tenía ganas de arreglarle un problema que yo no había creado.

Estaba muy enojada por haber invertido tanto tiempo en la planeación y no estaba dispuesta a jugármela con este proyecto. Estoy segura de que había muchas posibilidades de que algo se saliera de control, pues lo que mal empieza mal acaba. Afortunadamente era cierto lo de los otros clientes, así que no he tenido tiempo de lamentarme demasiado por este tropiezo.

 

Peripecias en territorio Godínez

Las últimas palabras del cliente eran las deseadas “Muchas gracias por todo Leonora, mi jefa quedó muy contenta con el proyecto y ya firmó tu Acta de entrega-recepción.”

Muy bien, pensé para mis adentros, ahora viene la parte que menos me gusta: la cobranza. Sentí un pequeño ardor en el estómago al repasar todos los trámites que había realizado hasta ese momento para cotizar, concursar y ganar este proyecto para una dependencia del Gobierno Federal. Ahora tenía que armarme de paciencia para concluir los trámites para ingresar mi factura y, si San John Lennon me era favorable, recibir el pago en, más o menos, 30 días.

thinking ideas facial expression

Junté todos y cada uno de lo papeles que tenía en expediente, les saqué copia y los ordené como mejor pude. Me puse mis zapatos más cómodos y me dirigí a la dependencia. Saliendo del metro no fue difícil localizar la puerta principal del edificio, sólo había que seguir a todas las personas que, como yo, llevaban una carpeta o portafolios con documentos. Luego de sortear decenas de puestos callejeros, representantes de las más variadas viandas chilangas, llegué a la recepción donde me canalizaron a los últimos pisos.

El elevador que tomé se esforzaba en transportar a los pasajeros. Una miserable plaquita decía: “Máximo 8 personas”, pero no aclaraba cuál era el peso máximo que se esperaba de cada uno. De lo contrario, los reclamos y las miradas acusadoras no se harían esperar.

El viaje hasta mi destino tomó más de 6 minutos, deseaba haber contemplado las escaleras, pero ya estaba enbarcada en el paseo. La apertura de puertas en cada uno de los pisos mostraba escenas imborrables: en uno se ancanzaba a ver a una decena de personas con enormes rebanadas de pastel servidas en microscópicos platos de plástico, todas empeñadas en caber en el cubículo de la festejada. En otro piso ví un improvisado puesto de Herbalife que competía con otro de perfumes genéricos.

En el penúltimo piso las puertas se abrieron para mostar una escena peculiar: todo el hall estaba inundado con garrafones de agua, la mitad vacíos, la mitad llenos. No quiero imaginar al  pobre empleado encargado de realizar el cambio.

Al llegar a mi destino me presenté con la persona indicada; cual sería mi sorpresa cuando me contestó:

—No señorita, usted no está dada de alta en nuestro sistema, me hubiera acordado de su nombre.
Hice una inspiración profunda, como si deveras supiera yoga, y dije:
—Estoy segura de que estoy dada de alta en el sistema, de lo contrario no habría recibido el contrato ¿podríamos revisarlo en su computadora?

Le dedicamos los siguientes minutos a “cazar” una silla para que pudiera sentarme, parece ser que en esos lugares las sillas son consideradas objetos de lujo y son propiedad privada. Luego de “robar” con éxito la silla del que se fue a la Villa, el funcionario se tomó su tiempo para buscar y corroborar, a su pesar, que sí me encontraba dada de alta en su famoso sistema. Entonces me pidió todos mis papeles para revisarlos como quien busca el número ganador de la lotería. Después de la minusiosa revisión me confesó que su departamento jurídico aún no liberaba cierto documento, pero que de todas formas me permitiría proseguir con el trámite. Entonces me envió a otro piso para que entregara mi factura.

Ahora sí tomé las escaleras. Al llegar pregunté al oficial de la entrada por la persona en cuestión y me envió a un escritorio vacío. Su vecino se limitó a decirme “Está en una diligencia, no sé a qué hora regresará“. Derrotada me dirigí al elevador cuando el mismo oficial me detuvo para decirme:

—Viene a entregar una factura ¿verdad? El muchacho con el que acaba de hablar también las recibe, regrese con él.

Después de agradecer su información me volví a plantar frente al vecino y le extendí mi factura junto con otros papeles.

— Hola otra vez, me comentan que usted también puede recibirme estos papeles.—
— Sí, pero sólo se reciben lunes, miércoles y viernes.—
— De acuerdo, entonces ¿cómo a qué hora puedo regresar mañana?—
— No, mañana yo ya no voy a estar en este departamento… pero, bueno, se los voy a recibir.
— Muchas gracias.— Contesté mientras tomaba sin permiso la silla de su vecino ausente.

El joven procedió a revisar en su computadora el mismo famoso sistema hasta que dijo con tono triunfal:

— ¡Le faltó enviar su XML por correo!
— Ya lo envié, a los correos que indica Compranet.
— No, pues yo no lo recibí.
— No nos preocupemos, en este momento se lo reenvío ¿cuál es su correo? — Le pregunté mientras sacaba mi teléfono, consultaba mis correos enviados y tecleaba su dirección ¡A que eso no se lo esperaba!
— Ok, pero no trae una copia de la factura para que se la selle de recibido ¿verdad?
— Sí, traigo tres.

Una vez sellada y firmada la copia me dispuse a continuar la peregrinación por las oficinas, pero el muchacho me informó que eso era todo, que en 20 días recibiría el depósito electrónico.

Me despedí con la sonrisa de alguien que vuelve a tener confianza en la Humanidad. Casi beso al oficial cómplice.

Mientras bajaba los diez y siete pisos iba pensando en el porcentaje adicional que sumé a este trabajo por concepto de trámites administrativos.

Los departamentos de compras deberían saber que, mientras más complicado sea su sistema de pagos, más caros saldrán los proyectos. Y si se trata de Gobierno, peor.

Hablando de Gobierno…

La semana pasada recibí la gratísima noticia de que la SEP ya le pagó sus honorarios a los ilustradores que participaron en la Protesta Ilustrada ¡bien por ellos que decidieron no callarse y reclamar sus pagos atrasadísimos!

Por otro lado, al grupo de editores que conozco todavía no les pagan. Dicen los rumores que, como les deben mucho más que a los ilustradores, aún no les darán una fecha para saldar sus adeudos. Espero que la SEP atienda próximamente a todos sus proveedores y termine con este penoso capítulo de falta de pagos. #SEPpagame

Lo más curioso es que, aún sabiendo de los problemas que tiene la SEP para pagar los honorarios de sus colaboradores externos, muchos ilustradores nuevos han aceptado recientemente trabajar sin contrato y con tarifas menores. Parece que en un futuro próximo los ilustradores verán con buenos ojos pagarle a la SEP para que sus obras aparezcan en los libros de texto gratuitos. Espero que no.

 

 

 

La danza de los cambios

Seguro te ha pasado que tuviste un cliente al que le encantaba hacer cambios todo el tiempo, desde el clásico “—¿Y cómo se vería si mezclas el logotipo 1 y el 3?” hasta el “—No, mira, yo creo que ya perdimos el camino con tantas modificaciones, mejor nos regresamos a la primera propuesta.”
Una amiga mía se quejaba de que tenía casi un año realizando modificaciones al sitio web de un cliente y el asunto parecía no tener fin. Otro colega se agitaba porque ya había invertido más dinero y tiempo del que tenía presupuestado para terminar un proyecto que se había convertido en un verdadero tormento. Yo odiaba a estos clientes indecisos, hasta que me senté a considerar cómo evitar llegar al callejón de los cambios interminables, que agotaban mi paciencia y desgastaban la relación. Entendí que en la mayoría de las veces somos nosotros los que permitimos que los proyectos no se concluyan en el tiempo adecuado.

A mí me ha funcionado la regla de oro que dice:

Establece los límites desde el principio

Dimensiona correctamente: No es difícil darse cuenta cuando un prospecto no tiene muy claro lo que necesita, si detectas a una persona con poca claridad sobre su proyecto debes ayudarlo a enfocar sus necesidades antes de ponerte a desarrollar propuestas como loco. Mientras mejor acoten el trabajo desde el inicio menos probabilidades tendrás de recibir cambios injustificados.
Define el número de rondas de modificaciones que el cliente tiene derecho a solicitar: Por ejemplo, puedes anotar en tu cotización, que el proyecto está sujeto a “hasta tres rondas de modificaciones”. De esta forma tu cliente sabe de antemano que deberá ajustar sus observaciones a un número finito de interacciones.
También puedes indicar el costo adicional que tendrán las horas de trabajo extra. Yo opino que no es suficiente con escribir “Todo concepto no considerado será cotizado aparte”.
Informa cláramente cuanto tiempo dedicarás a un proyecto: Salvo casos muy contados, cada trabajo que acepto lo acompaño de un cronograma que indica la fecha en la que se realizará cada parte del desarrollo, desde el día del pago del anticipo hasta la fecha exacta de las revisiones, cuándo espero cometarios del cliente y cuándo entregaré el proyecto. De esta forma el cliente sabe que existe un tiempo para solicitar cambios y un tiempo para aplicarlos.
Si no acostumbras definir un tiempo específico para la realización de cambios seguramente estarás perdiendo tiempo y dinero. Si un proyecto se prolonga más allá de lo esperado no podrás abordar otros encargos.

Piénsalo así: si tú eres el anfitrión de una cena de cumpleaños ¿te imaginas qué pasaría si tus invitados deciden que no quieren irse durante varios días? ¿tenías planeados los nuevos gastos de alimentación y alojamiento para todos? ¿o deberías simplemente informarles que la fiesta ya terminó?
Definir el tiempo también aplica para los horarios de atención los clientes deben saber que no eres un asistente que está a su disposición 7/24 (a menos que estés cobrando por un servicio con absoluta disponibilidad) Para esto, a veces es necesario que le informes cuáles son los horarios y días en los que responderás sus correos y llamadas; parece obvio, pero he tenido clientes que escriben correos el sábado a las 11 de la noche y esperan que les responda en el momento. Recuerda que hay una diferencia entre ser servicial y ser servil como lo comenta este post de Grafiscopio.

Prepárate para un cierre anticipado

Al final siempre habrá clientes difíciles que, por más que más esfuerzo que hayamos realizado, piden cambios incesantemente por diferente razones, como alguna de estas:

  • Están acostumbrados a pedir modificaciones por el simple hecho de que pueden hacerlo, piensan si van a pagar por algo deberán sacarle todo el provecho posible.
  • Son inseguros y permiten que otras personas, ajenas al proyecto, hagan comentarios con observaciones contradictorias.
  • Existen varias personas involucradas en la toma de decisiones y tienen diferentes visiones sobre el proyecto; en lugar de llegar a acuerdos piden cambios constantes.
  • No les agrada nada lo que les muestras. Es nuestro trabajo averiguar si su solicitud de cambios está justificada o si están buscando algo diferente a lo que se estableció en un principio. También existe la posibilidad de que no seamos la persona indicada para desarrollar el estilo que el cliente estaba buscando. Por esto es importantísimo que los prospectos tengan acceso a nuestro portafolios de trabajos y puedan evaluar si les gustan nuestro estilo y habilidades.

Si la cantidad de cambios no te permiten avanzar en la realización de un proyecto, y esto afecta el desarrollo de otros encargos, es posible que debas tomar la difícil decisión de concluir un trabajo antes de haberlo terminado… pero, por favor ¡¡no sólo abandones al cliente y desaparezcas!! Huir del problema no es la opción que debe tomar un profesional, yo te sugiero que hables con la persona indicada y hagas una breve descripción del estado del proyecto, expliques cuáles son tus motivos de la suspensión del desarrollo y ofrezcas una conclusión atractiva para ambas partes. Si firmaron un contrato de servicios tendrán que acatar los acuerdos establecidos como el que indica que el anticipo no se devuelve si el proyecto se comenzó a desarrollar.

Al final nadie quiere llegar a este punto, pero al igual que en una mala relación sentimental, es mejor hacerse cargo de la situación antes de que la situación se lo cargue a uno.

 

Aléjate de los prospectos misteriosos

Hace poco recibí la llamada de un prospecto que me pidió una cita para reunirnos con su jefe y darme más información sobre un proyecto fotográfico que sonaba interesante. Acordamos vernos en un punto intermedio, un restaurante de conocida cadena. Media hora después de la hora pactada aparecieron con una disculpa:
—Tuvimos que dejar el coche muy lejos porque no encontramos lugar en la calle. —Dijo el primero.
—Pero si el estacionamiento del restaurante está casi vacío. —Dije en tono de reclamo.
—Es que odio los estacionamientos que cobran.—Afirmó el jefe del primero.incógnito

Después de esa afirmación se prendió, en mi mente, el primer foquito rojo.

Ya instalados en la mesa les entregué mi tarjeta de presentación; como no recibí la suya a cambio la solicité explicitamente pero sólo escuché un “¡Uy, es que ya se nos acabaron!(Se encendió el segundo foquito rojo).

Luego, los dos prospectos de dedicaron a cuestionarme sobre mi experiencia con cierto tipo de fotografía, preguntaron si era dueña de todo mi equipo, si estaba titulada y si tenía disponibilidad para viajar. Como mi respuesta a todas sus preguntas fue afirmativa procedieron a informarme que estaban participando, a través de otra empresa, en una licitación para PEMEX y que necesitaban que les proporcionara una cotización ASAP. Confieso que en ese momento me emocioné un poco: realizar un proyecto fotográfico para una de las empresas más grandes de México sonaba muy interesante.

Entonces tomé mi pluma e intenté recabar la información indispensable para elaborar una propuesta económica, sin embargo, me resultó imposible sacarles mayores datos. Me dijeron que no tenían información detallada sobre el proyecto,  pero que necesitaban les proporcionara una cotización con la lista de precios de mis servicios.

Yo contesté de manera automática: “No manejo listas de precios,  analizo las características específicas de cada solicitud y elaboro propuestas a la medida.” Como mi respuesta no los dejó muy contentos les propuse enviarles algunos ejemplos de proyectos complejos para que se dieran una idea del tiempo de desarrollo y los precios. Ofrecí enviar la información a su correo electrónico que, sin sorpresa, resultó ser un correo de Hotmail (ahora ya se había prendido una alarma en mi mente).

—Oye Javier ¿me regalas la dirección de la página de internet de tu empresa? – Pregunté con tono de desconfianza.
—Esteee… es que no la vas a encontrar. Somos la Empresa XYZ, pero perdimos el dominio porque alguien nos lo quitó ¡pero ya lo vamos a recuperar!—Contestó con risa nerviosa.
—Ok ¿me regalas algún número fijo de tu oficina?—Le dije bastante seria.
—Ya tienes mi celular, ese lo cargo para todos lados.— Definitivamente ya estaban sonando en mi cabeza las alarmas de ¡¡Cliente malo a la vista, cliente malo a la vista!!

No sé qué cara puse en ese momento pero el jefe desvió la conversación diciéndome que ellos “querían jugársela conmigo, pero que no era la única a la que le estaban solicitando una cotización“… pobrecitos, pensaron que con esa afirmación yo me preocuparía, pero todo lo contrario: fue justo en ese instante cuando tomé la decisión de no trabajar con ellos. Abracé mi rica taza de café y dejé que la reunión terminara con la poca inercia que aún tenía.

Como ya no estaba mostrando interés, los dos prospectos intentaron torpemente atraer mi atención “bombardeándome” con información que terminó por asustarme:
—Tenemos un contacto buenísimo adentro de PEMEX y ya tenemos prácticamente ganada la licitación.
—Nuestro socio capitalista ya rentó una oficina especial para este proyecto, en cuanto salga la primera orden de servicio ya te podremos dar datos más específicos del trabajo.
—Tal vez necesitemos que te vayas a trabajar allá durante una semana… o dos meses.
—Mira, en el fondo lo que necesitamos es tener dentro del equipo a un diseñador gráfico con cédula profesional que tenga experiencia comprobable de, por lo menos, dos años en trabajo fotográfico.
—Y si tú no puedes hacer el trabajo no importa, basta con que lo supervises.
—No requieres hacer el trabajo personalmente, lo que necesitamos es que nos envíes tus documentos y nos firmes unos papeles.

En ese momento agradecí la interrupción de la amabilísima mesera que me dio oportunidad de fingir que estaba recibiendo una llamada que me obligaba a dejar la reunión inmediatamente.

Mientras me despedía uno de los prospectos me solicitó que la siguiente cita la llevaramos a cabo en mi despacho ¡el horror! La verdad no quise prolongar la agonía así que les confirmé que prefería no trabajar en un proyecto que sonaba más grande de lo que podría atender y que no me acordaba dónde había dejado mi cédula profesional.

De regreso repasé lo que había sucedido en esa reunión y confirmé que había tomado la decisión correcta. Nunca debo trabajar para personas que se hacen las misteriosas y que eluden dar información clara sobre su empresa; que hablan de proyectos “enormes” y no tienen dinero ni para pagar el estacionamiento.

Al final nunca me enteré a que se dedican exáctamente, tal vez solo eran intermediarios que buscan reunir equipos de trabajo para crear empresas fantasmas que cubran, en papel, los requisitos para ganar alguna licitación. Triste realidad.

La SEP: a todos dice que sí, pero no les dice cuando

Es increíble la cantidad de freelanceros a los que la Secretaría de Educación Pública les debe dinero. Hace pocos días me reuní con un grupo que representa a cincuenta profesionales afectados por la falta de pago: ilustradores y editores que trabajaron, durante el 2013, para diferentes publicaciones de primaria y secundaria. Parece que es una costumbre de la SEP deber los honorarios de algunos cientos de colaboradores.

Las historias que estos trabajadores independientes me contaron son similares:

Durante el primer semestre del 2013 recibieron una invitación para participar en la creación de diferentes textos. Algunos se enteraron de esta convocatoria a través de solicitudes informales en Facebook.

Una vez asignados los proyectos los freelanceros comenzaron a trabajar sin haber firmado un contrato de servicios, en ese momento nadie tuvo un documento oficial que avalara su participación en las publicaciones. Actuaron de buena fe porque confiaron en la SEP.

Como estos proyectos editoriales eran urgentes, los ilustradores y editores dedicaron todo su tiempo a la realización de los textos que los niños y adolescentes de México reciben en sus aulas todos los años.

En ese momento, los colaboradores desconocían las tarifas de pago de la SEP; algunos tenían una somera idea de lo que recibirían y sólo pocos habían acordado, de palabra, el monto de sus honorarios.

Las prisas, los cambios súbitos de personal en la SEP y su mala organización para asignar el trabajo contribuyeron para crear un clima de confusión y frustración entre los freelanceros. Algunos de ellos simplemente optaron por abandonar sus encomiendas, pero la mayoría, motivados por su sentido de profesionalismo, hicieron lo necesario para cumplir con sus compromisos con la SEP, aunque no mediara ningún documento oficial.

Una vez entregados los trabajos los ilustradores y editores comenzaron a recibir información diversa al respecto de sus pagos: que si primero debían enviar una cotización, que si deberían esperar 15 días, que si la persona a cargo del proyecto había sido despedida… y así pasaron varios meses.

Para diciembre del 2013 la preocupación era general, a todos les decían que sí les iban a pagar, pero el personal de la SEP no se comprometía por escrito a dar una fecha concreta:

Sobre el particular le comentó que su trámite ya está en el administrativo correspondiente y estamos a la espera de la indicación, para proceder al pago.”

A principios del 2014 ya era evidente que para la Secretaría de Educación Pública no era una prioridad cumplir con sus compromisos adquiridos durante el 2013, peor aún, muchos de los empleados que convocaron y coordinaron los proyectos habían sido “removidos” de sus puestos. Entonces los freelanceros se encontraron en la peor situación de todas: sin un documento que avalara su trabajo ahora tienen que lidiar con nuevos funcionarios que, al respecto, sólo quieren lavarse las manos.

En febrero varios ilustradores decidieron unirse para enviar una carta dirigida a la Maestra Alba Martínez Olivé, Subsecretaria de Educación Básica. No recibieron respuesta.

10003487_600195800055595_510771878_n

 

Entonces tuvieron la buena idea de hacer una Protesta Ilustrada con la que denunciaron su situación en las redes sociales. Ese mismo día la SEP los convocó a una reunión urgente. En ella les prometieron, otra vez de palabra, que sus pagos saldrían a mediados de Marzo. Pero llegada la fecha les dijeron que tendrán que esperar hasta mediados de abril o mayo para recibir su dinero.

 

El colmo

Las excusas de la para no pagar que da el personal de la SEP son: “Es que no hay dinero, el recurso no está asignado”, “Lo siento mucho, pero yo acabo de llegar y apenas me estoy enterando del problema”. También han echado mano de las técnicas dilatorias para prolongar la espera: “Es que para pagarte tienes que ir al INDAUTOR a registrar tu obra y luego necesitamos que nos envíes una cotización con todos tus papeles, entonces ya veremos qué se nos ocurre para hacerte dar más vueltas”.

Algunos de los freelanceros han recibido solicitudes extraoficiales para acordar un pago menor o de plano aceptar dinero no fiscal, o sea en efectivo, de parte del Instituto de Investigaciones Educativas. Una de las áreas contables de la Secretaría corrió el rumor de que será hasta diciembre de este año cuando algunos afectados recibirán sus pagos.

En una reunión con los editores una empleada de la SEP les dijo: “Miren, ahorita no les vamos a pagar ¡pero les vamos a dar más trabajo!”

#SEPpagame

No sé a ustedes, pero a mí me indigna la forma en la que los freelanceros somos ninguneados en este país, peor aún que sea por una institución educativa que debería de practicar los valores que promueve en sus publicaciones: respeto, justicia y honestidad.

Por otro lado me enorgullece que existan profesionales independientes que decidan exigir sus derechos en forma organizada. Gracias a ellos, y al ruido que han generado en los medios, ahora  sabemos de lo mal que se les ha tratado, nos enteramos las mentiras que les han dicho y conocemos de la desorganización administrativa de la SEP.

Desde este pequeño espacio en la web los invito a que nos unamos al reclamo de nuestros compañeros freelanceros mediante el hashtag #SEPpagame. Por favor sigamos haciendo ruido y reclamando una solución inmediata al problema.

El lado positivo

Esta experiencia ha sido muy desgastante, sin embargo, un grupo de editores afectados ha decidido ver el lado positivo y están planeando crear una Asociación Civil que, a través de un Colectivo, brinde asesorías legales y fiscales a los trabajadores independientes. También tienen interés en organizar talleres profesionales  para sus colegas.

Un último comentario

Estas últimas palabras van dirigidas a los freelanceros que, aunque también afectados por la SEP, han decidido mantenerse callados. Ustedes que se han sido “cautelosos” por miedo a que los vayan a vetar, les confirmo que, si algún día reciben el pago de sus honorarios, será, en mayor medida, gracias a sus colegas que prefirieron exponerse y llamar la atención.

Para cambiar la cultura del trabajo freelance tenemos que empezar respetando nuestro trabajo.